sábado, 8 de enero de 2011

+ 08-01-11 + Historias paralelas

Me he despertado con las primeras luces del alba. El aire fresco de la mañana se ha hecho notar mientras, desconcertado y desubicado, me he percatado de que he pasado la noche durmiendo en la terraza. Por lo visto, tras terminar de escribir la entrada anoche, apoyé la cabeza en la mesa de la terraza y me quedé 'out'. Nada más despertarme, me he levantado de la silla totalmente acartonado y me he desperezado. Mientras realizaba esto, mi atención se ha centrado en un par de gaviotas que, entre sonoros graznidos, planeaban surcando el viento. Ha sido maravilloso ver durante unos instantes la danza de esas dos aves. Una pena que los gemidos de los de ahí abajo hayan desviado mi atención de tan curioso espectáculo. Ha sido como si accionasen un interruptor en mi cabeza, permitiéndome así poder escuchar a los merodeadores que se agolpan alrededor del edificio, ya que unos segundos antes los gemidos estaban pasando desapercibidos para mis oídos. Será que ya estoy demasiado acostumbrado a escuchar los lamentos de estos seres... si se puede acostumbrar uno a esto.
Bien. Estaba observando el panorama cuando he notado que había alguien a mi espalda. Haciendo uso de ese sistema natural de defensa que hemos desarrollado en todo este tiempo, me he girado automáticamente echando mano a desenfundar la pistola. La voz de Eduardo ha resonado, diciendo "Tranquilo, tranquilo. Soy yo". He respirado aliviado. Eduardo me ha dado una palmadita en la espalda y se ha situado a mi lado, apoyándose en la barandilla. "Quién iba a decir que el destino nos iba a juntar de nuevo, ¿eh?". La verdad es que es curioso. Ha continuado diciendo "Según he podido deducir, las cosas no acabaron muy bien con los de la 'Iglesia', ¿no?". No me había percatado hasta ese preciso momento de que todavía no le habíamos contado todo lo ocurrido. Le he recomendado que tome asiento ya que la historia era larga. He comenzado desde el principio, desde el día que decidí partir en busca de Iván. No he escatimado en detalles. Teníais que haber visto la cara que se le ha quedado a Eduardo en cuanto he llegado a la parte de Miguel y de como llevó a toda su comunidad a una psicosis colectiva en la que intentaron sacrificarnos como animales. Y en cierto modo, parte de su cometido consiguieron, ya que María y Elena no han tenido tanta suerte como hemos tenido nosotros. Eduardo se ha puesto las manos en la cabeza y ha exclamado "Y pensar que al principio vi a Miguel como un puritano inofensivo...". Igual que todos. Yo creo que al principio todos tuvimos esa impresión, dejando a un lado la desconfianza habitual que le profesamos a los extraños. He continuado narrándole mis peripecias en solitario y mi estancia en el refugio de Eusebio, así como también mi descubrimiento de que Reus sigue siendo zona segura. Sus palabras "Sí, cierto. Reus nunca ha caído, te lo puedo asegurar". Me he quedado un poco sorprendido ante esta respuesta. Le he preguntado que como sabe esto. Su respuesta me ha dejado más helado aún "Porque he estado allí". ¿Qué? ¿como? Eso mismo le he dicho. Aquí es cuando a comenzado a contarme su historia:

"Lo que oyes. A ver, la historia es algo larga, igual o más que la tuya, pero ya que veo que no tenemos nada mejor que hacer, te cuento. No sé si te habrá dicho algo Belén, supongo que sí, pero tras tu partida de la iglesia de Miguel, ella cayó sumida en una depresión. Andaba de allá para acá, llorando por las esquinas, sin comer, sin apenas relacionarse con nosotros... Había días en los que ni siquiera salía de su habitación y teníamos que ir nosotros a intentar que comiera algo. Bueno, viendo su estado y que tan solo había una cosa que podía hacer por ella, decidí salir en tu busca. Era algo que había estado barajando y así lo hice. Llené una mochila con provisiones, busqué un vehículo y espada en mano, salí rumbo a buscarte. Durante un tiempo estuve siguiendo tu rastro, ya que déjame que te diga, eres un descuidado, Erik. Vas dejando pistas haya por donde pasas. Pero un día, no sé si es que te volviste más precavido o yo cometí un descuido, perdí tu rastro. Y fue entonces cuando me vi vagando sin rumbo. Pensé en más de una ocasión en desistir y volver sobre mis pasos, pero imagina el mazazo que habría supuesto para Belén el verme volver sin ti. Así que no había otra opción que seguir hacía delante. Me metí en algún que otro embrollo con los merodeadores, de los cuales en dos ocasiones no salgo con vida para contarlo. Un buen día me quedé sin combustible en el vehículo y tuve que seguir a pie. Dudé si en seguir por la autovía o tomar una vía secundaría que llevaba a un pueblo, el cual no me preguntes el nombre porque ya ni me acuerdo. Tomé la segunda opción. Te lo digo, habría sido mejor tomar la primera. Tardé una hora en llegar a dicho pueblo. Se trataba de un pequeño pueblecito rural, de esos con cuatro calles y un bar en la plaza. Me sorprendí, ya que no encontré ni tan solo un merodeador por la zona. Deambulé por este, bebí agua de una fuente que había en la plaza y me dispuse a entrar al bar. No hubo problema para esto, ya que la puerta estaba abierta. Ya bien por costumbre o bien por lógica, esperaba toparme algún merodeador aquí dentro, pero la realidad fue otra. Ni uno. Esta ausencia de engendros me estaba mosqueando. Rebusqué por todo el establecimiento a ver si había algo de víveres, pero estaba más que saqueado. Estaba apunto de desistir en la búsqueda, cuando al entrar en el almacén hice un hallazgo escalofriante. Entre unas cajas, atada y amordazada, se encontraba una joven de unos 25 años. Esta, al verme, se asustó y comenzó a intentar soltarse de las ataduras. La tranquilicé como pude y lo primero que hice fue quitarle la mordaza. La joven, que apenas la entendía porque no dejaba de tartamudear, comenzó a decirme que por favor la desatará, que no tardarían en venir. Yo al principió no entendí nada y comencé a hacerle preguntas. No debí hacer eso, lo acertado habría sido desatarla y salir de allí a toda prisa. Pero no me percaté de esto hasta que el ruido de unos vehículos resonaron en la puerta. Rápidamente me asomé por la puerta del almacén y a través de los cristales de la entrada vi como acababan de aparcar dos vehículos justo en la puerta. De esté bajaron unos cinco individuos. Iban armados y, créeme, a estas alturas solo me basta una mirada para saber quienes tienen buenas o malas intenciones. Y estos no tenían pinta de llevar buenas. Empuñando la espada, corrí a esconderme tras unas cajas mientras escuché como abrían la puerta del bar. Iban riéndose a carcajadas y hablando entre ellos. La joven, al escucharlos, se puso a llorar y a gritar desesperada. En ese momento no tenía ni idea de como salir airoso de esa. Estaba bien escondido y, si la chica no se chivaba, podría esperar oculto hasta que se volvieran a ir. Pero como ya te habrás dado cuenta, Erik, las cosas no siempre salen como uno quieren. Los cinco personajes entraron al almacén. Yo los podía ver por una rendija que había entre las cajas. Estos iban completamente beodos y comenzaron a decirle a la chica cosas como '¿Nos has echado de menos, zorra?' mientras reían. Uno de ellos comenzó a derramarle sobre la cabeza una botella de whisky mientras le gritaba '¡Bebe, mala puta!'. Te puedes hacer una idea de lo que me costó aguantar mi posición y no salir a rebanarles el pescuezo. La gota que colmo el vaso fue cuando uno de ellos le dijo 'Cogerla y sujetarla sobre la mesa, que esta quiere más' o algo así. La chica se puso a gritar '¡No! ¡No, por favor! ¡Ayúdame!' y entre dos la levantaron y la tumbaron sobre la mesa mientras otro le bajaba la ropa. El otro se bajó los pantalones e imagínate lo que se sacó. Pues aquí fue cuando tuve que saltar, porque como comprenderás, no me iba a quedar quieto a esperar a que la violaran. Salí de detrás de las cajas y me lancé sobre ellos. De un mandoble le corté el miembro al jodido violador. Mientras caía al suelo gritando, dirigí mi espada al segundo, que era uno de los que sujetaban a la chica. De un tajo le corté la yugular. No tuve tiempo para más, ya que uno de ellos, una verdadera bestia de dos metros, me dio un puñetazo que me dejo inconsciente. No sé cuanto tiempo debí estar sin conocimiento, solo sé que cuando desperté estaba atado de pies y manos. Tres de estos individuos estaban de pie frente a mi, el cuarto en un rincón, gritando de dolor y sujetándose lo poco que le quedaba de miembro y el quinto muerto en el suelo sobre un charco de sangre. No me cabía duda, de esta no escapaba, me iban a despellejar como a un cerdo. Uno de ellos se agachó y cogió algo del suelo. Acto seguido me lo lanzó con fuerza y esto me impacto en el pecho. Cuando cayó al suelo y rodó pude ver que se trataba de la cabeza cercenada de la chica. Comencé a gritarles y estos me contestaron con patadas e insultos. Mi intención era cabrearlos lo suficiente para que en un arrebato de ira me dieran un tiro y así evitar que me torturaran. Una solución muy drástica, ¿verdad? Total, me iban a matar, lo suyo es que lo hicieran de la forma más rápida e indolora. Pero no fue así y decidieron mantenerme con vida un tiempo con la finalidad de hacerme pagar lo que les había hecho a sus amigotes. Así que imagina, me convirtieron en su mascota con la única diferencia de que se entretenían conmigo torturándome. Mira...". Eduardo se ha levantado la camiseta y me ha enseñado el pecho y la espalda. Tiene el pecho y parte del abdomen plagado de múltiples cicatrices circulares y profundas y la espalda cruzada de cicatrices rectas. Ha continuado "...las heridas de delante me las hicieron con unas tenazas. Me arrancaron la carne hasta que se cansaron...". Me he quedado horrorizado cuando me ha dicho esto. "...las de la espalda, a latigazos con un cable de una aspiradora. Esto (me ha enseñado la mano toda magullada y ¡sin uñas!) me lo hicieron también con las tenazas. Me arrancaron las uñas una a una...". Debe de haberse percatado de lo mal que lo estaba pasando escuchando las torturas que le infringieron, porque no ha continuado con estas y ha cambiado de tema diciendo: "...bueno, que me voy por las ramas. Lo dicho, los desgraciados se lo estuvieron pasando bien a mi costa. No sé cuanto tiempo me tuvieron retenido, pero fue lo suficiente como para conocer su modo de vida. Todos los días realizaban incursiones de las cuales siempre volvían cargados de víveres, bienes saqueados, alcohol y drogas, y muy de vez en cuando, de algún pobre desgraciado o desgraciada. Con los primeros jugaban a un juego que solo podía nacer de una mente enferma como las suyas. Lo hacían correr por una explanada para ver quien era el primero en acertarle de un balazo. Si el rehén se trataba de una mujer, la retenían un tiempo usándola solo para desahogarse sexualmente. Cuando se cansaban, le cortaban el cuello y a por otra. Yo tuve la suerte de que cometieron el error de dejarme el suficiente tiempo con vida para ver como obtenían su merecido. Un buen día, tras una de sus expediciones, volvieron muy nerviosos. Apuntalaron la puerta, sacaron varias cajas de munición y se apostaron en las ventanas del comercio. Desde mi posición pude ver todo lo que ocurrió. Los tres, porque ya solo eran tres, ya que al que le corte sus partes murió desangrado el mismo día que me apresaron, comenzaron a abrir fuego hacia el exterior. En un primer momento pensé que se trataba de un ataque de una horda de merodeadores. Pero no era así, ya que un disparo atravesó un ventanal y le acertó en la cabeza a uno de esos perros. Aquello parecía una guerra, las balas entraban al bar rebotando por las paredes mientras que estos devolvían los disparos. Apenas transcurrieron 10 minutos de tiroteo cuando los tres ya yacían en el suelo sin vida. Atado en el almacén pude escuchar como se abrían las puertas del bar y varios individuos entraban. Cual fue mi sorpresa al ver que se trataba de militares. Estos me soltaron y tras un breve interrogatorio, me llevaron con ellos. Me sacaron al exterior y me montaron en uno de los jeep's. Intenté recuperar mi katana, pero no me lo permitieron. Ya en el vehículo, se pusieron en marcha. De camino, tuve oportunidad de dialogar con uno de los militares. A la pregunta de que a donde me llevaban, ¿sabes que me respondió? ¡A Reus! ¡Imagina la cara que se me quedó al escuchar esto, Erik! Me contó que llevaban un tiempo tras estos individuos, que les estaban siguiendo la pista desde que comenzaron a saquear zonas cercanas a Reus. Reus por aquí, Reus por allá... no podía creer que estaban escuchando mis oídos. Y mucho menos pude creer lo que estaban viendo mis ojos al llegar a dicha ciudad. Los tres jeep's que formaban el convoy se pusieron en fila frente a una gran puerta metálica, rodeada toda esta por una verja de varios metros de altura. Unos militares abrieron la puerta y pasaron los vehículos. Estos militares corrieron a abrir una segunda puerta. Realizaron este modus operandi al menos con dos puertas más, siendo la última de una especie de hangar. Al entrar a este, nos recibió un grupo de militares con trajes de protección bacteriológica los cuales se encargaron de mi. Me montaron en una camilla y me condujeron a una sala por la cual me hicieron pasar por una especie de ducha a presión. Me explicaron que se trataba de una ducha desinfectante con líquidos especiales. Tras esto, me llevaron por unos pasillos hasta llegar a una especie de hospital. Me internaron en una habitación, donde curaron mis heridas y me dejaron en observación. Parece ser que más que por mi estado de salud, esto lo hicieron para mantenerme vigilado por si acaso estaba infectado. Allí permanecí al menos durante dos semanas. Al poco recibí el alta y me obligaron a presentarme en unas oficinas del ejército, en donde llevan todo el tema de administración. Bien, tras un breve interrogatorio, en el cual tuve la oportunidad de explicarles que no tenía intención de quedarme mucho tiempo, me expidieron un permiso de residencia en Reus que me permitía estar allí durante una semana. De quedarme más tenía que renovarlo o pedir un permiso de residencia sin límite de fecha. Sí, como lo oyes. Allí las cosas funcionan prácticamente igual que como lo hacían antes. No te puedes ni imaginar como controlan todo. Y espera, que me queda por contarte lo mejor. Dentro del perímetro seguro, en donde se concentra toda la población, ¡cada persona tiene su oficio! No es nada raro ver a hombres y mujeres con maletines que van al trabajo, a personas tomando café en una terraza, a alguien leyendo un libro en un parque o a mujeres que vienen con bolsas de comida, las cuales reparten en el centro de alimentos. Se respira normalidad en todos los aspectos, es como viajar al pasado. Eso sí, los militares están presentes en cada rincón de la ciudad, en cada esquina. Y si te alejas del núcleo de la población, es fácil perderse por barriadas desiertas y deshabitadas, a pesar de que están dentro del perímetro de las vallas. Aun así, no hay peligro de toparse con merodeadores, ni dentro ni fuera de las casas. Todo ha sido concienzudamente limpiado. Y siguen trabajando en ello, ya que la ciudad esta en continua expansión. Un día antes de irme, se declaró zona segura el sector K. Según me puede enterar, en la limpieza y anexión de ese sector perdieron la vida cuatro militares...". Supongo que os haréis una idea de la cara que se me ha quedado al escuchar esta parte del relato. A pesar de escucharlo, me es imposible hacerme la idea de que haya un sitio en el mundo donde impere el orden. Le he pedido que me cuente más al respecto. Ha continuado: "Pues al parecer, la ciudad se rige por un comité de gobierno formado por algunos miembros del antiguo gobierno de España y de otros muchos de la oposición. Los peces gordos se marcharon del país al poco de comenzar esta hecatombe y los pocos políticos que quedaron en la península se establecieron en Reus, formando una variopinto grupo de gobierno que es el que gobierna en estos momentos. No sé nada más al respecto, ni siquiera te puedo decir nombres porque no tengo ni idea de quienes están al mando. Lo que si te puedo decir que el espíritu de la democracia se fue al garete en cuando comenzó todo esto y si bien se conservan bastantes cosas de este sistema, como ciertos estatutos y leyes, muchas de las cosas se hacen sin votación ni consentimiento del pueblo. Allí hay una ley, si te gusta bien, si no te gusta ya sabes donde esta la puerta. No sé, lo veo lógico en cierto modo. Hay que reconstruir la sociedad poco a poco, no se puede hacer de golpe...". De todas formas, impera el orden y eso es algo preciado en estos momentos. Tampoco me preocupa mucho esto. Algo que no entiendo es porque Eduardo ha abandonado la ciudad si ya había conseguido algo que ansiamos todos nosotros. Su respuesta, contundente y razonable: "¿Esa es la imagen que tienes de mi? ¿Un cabronazo ruin que deja atrás a sus amigos en cuanto se le presentan las cosas bien? ¿Que acaso tu lo habrías hecho en mi situación?". Por supuesto que no. Esa ha sido mi respuesta. "Pues ya esta. Después de todo lo que hemos pasado juntos no me iba a quedar tranquilo abandonando al grupo. El mismo día que caducó mi permiso, me hice con algo de comida, un arma, que fue este bate de béisbol y abandoné la ciudad. Los militares me abrieron las puertas y sin vehículo comencé a abrirme camino de vuelta a la iglesia. Ya no sabía por donde buscarte y solo me quedaba la esperanza de que hubieses vuelto tu solo a la iglesia, pues yo poco más podía hacer. A los días de partir me agencié un coche y con este me dispuse a cruzar Tarragona. Cometí el fallo de no calcular para cuanto me daba la gasolina y sucedió lo que te imaginas, que me quedé tirado en pleno centro y ya ves como esta esto de transitado, que te voy a contar. Así que no tuve más remedio de seguir a pie. Un día, justo pasaba por esta calle, cuando me vi enfrascado en una pequeña refriega con un grupo numeroso de merodeadores. Por aquel entonces no habían tantos por la zona como los hay ahora. Si hay tantos es en parte por mi culpa. Me estaban rodeando, ya que con el bate no es lo mismo que con mi antigua espada, entonces apareció Antonio. Éste, desde dentro del portal, me gritó que pasara. Si no hubiese hecho esto, quizás no estaría vivo en estos momentos. Desde entonces, han ido llegando más y más merodeadores a las puertas de la finca, todos atraídos por los merodeadores que me vieron entrar y han permanecido día y noche golpeando las puertas. La suerte que hemos tenido hasta que habéis llegado vosotros es que las puertas de ahí abajo eran de un cristal doble y muy robusto, por eso no han podido entrar hasta la fecha...". Le he preguntado que me cuente cosas sobre Antonio. Eduardo se ha quedado en silencio unos segundos, cavilando, y ha contestado: "Pues es un tipo normal. Bastante cobarde, eso sí. ¿Por qué crees que me tendió ayuda? Porque vio en mi el pasaporte de salir de estas cuatro paredes. Se ve que pensó que alguien que habría sobrevivido tanto tiempo ahí fuera podría sacarlo a él y a su hija de esta cárcel de pladur. ¿Por qué crees que contactó con vosotros? Cosa que hizo sin saber yo, ya que si me llego a enterar, ya me habría encargado de haceros saber la verdadera situación de la zona. Pues bien, os hizo venir con intención de que los saquéis de aquí. Por eso os oculto como estaba la situación aquí. Es algo interesado, pero no lo culpo, ya que tiene que mirar por el bien de su hija. Sí lo culpo es por su forma de actuar. En eso sí. Pero bueno, que vamos a hacer. Tenemos que convivir y salir de aquí todos juntos. Mientras no perjudique a los demás todo ira bien...".

De repente, una serie de gritos han resonado en la casa. Era la voz de Susana, la hija de Antonio. Entonces, Eduardo me ha dicho "Esa es otra. Padre e hija se pelean a todas horas". Bien que se hayan entretenido todo este tiempo discutiendo y vociferando con los merodeadores en la calle, pero no ahora con estos distribuidos por toda la escalera de la finca. Llamar la atención de estos iba a presuponer tener a toda la horda echando la puerta abajo. Me he levantado y en cuatro zancadas me he presentado en la habitación de Antonio y su hija. Esta estaba de pie junto a la puerta, señalando y gritándole al padre, que estaba sentado en la cama: "¡Se acabó! ¡Te lo he dicho millones de veces, padre! ¡Basta! ¡¡Basta ya de la misma vieja canción!! ¡¡Ya me he cansado!! ¡¡Ya no soy la niña que era antes!!". Me ha salido del alma decirles "¿Pero en que coño estáis pensando, joder? Tenemos a media Tarragona en la escalera y os atrevéis a armar este escándalo. ¿Estáis locos? Hacer el favor de ser más cuidadosos y guardar vuestros problemas para cuando salgamos de aquí". Ambos se han quedado atónitos mirándome. Tras esto, me he dirigido a la puerta de la casa y por la mirilla de esta he observado el panorama. Los tragaluces de la finca iluminaban el rellano entero y he podido ver con claridad la situación. El rellano estaba repleto de merodeadores. He contado al menos unos 11 diseminados por toda la estancia más los que subían y bajaban la escalera. Por suerte, ninguno se ha percatado de los gritos y no nos han ubicado. Un verdadero alivio. Pero algo me ha sobresaltado y me ha hecho apartarme de la puerta como si me hubiesen propinado un empujón, y es que el merodeador más cercano a la puerta, el cual estaba de espaldas, se ha girado de golpe y ha clavado sus ojos sin vida en el visor de la puerta. ¿Como podía ser? ¡Si no he hecho ni el más leve ruido! Temeroso, me he acercado a la puerta y acercando la cabeza he vuelto a mirar. He respirado aliviado. Dicho merodeador volvía a estar de espaldas a la puerta. Debe haber sido casualidad que se haya girado... o quizá no. No sé, la cuestión es que siguen sin saber donde nos escondemos y eso nos da tiempo para idear un plan de escape.

Al poco se han levantado todos. Belén y Marta han sido los primeros acompañados de Esther. La niña, ajena a la situación y en su mundo infantil, se ha puesto a jugar con unas muñecas que le ha regalado Susana. Esta última no le ha dirigido la palabra a su padre en todo el día. Antonio, por el contrario, ha intentado acercarse a ella hablándole con normalidad. Me da la sensación que nos quiere vender una imagen de normalidad con su hija. Pero los desprecios de Susana muestran la realidad, que es que se llevan fatal. Iván ha permanecido todo el día en silencio, andando de aquí para allá, pensativo. En cuanto he tenido oportunidad, me he acercado a él y le he dicho "Nos comportamos como verdaderos idiotas en el furgón, ¿no crees?". Su respuesta "Sin rencores, Erik. No pierdas el tiempo dándole vueltas a lo que pasó o no pasó. Céntrate en encontrar como salir de aquí". Cierto. A mi pregunta de "¿Se te ocurre algo?" ha respondido "Ocurrirse se me ocurren muchas cosas, pero ninguna rápida y sin hacer el suficiente ruido para que se enteren los podridos de que estamos aquí. He ahí el problema, que en cuanto hagamos el más mínimo jaleo esos perros van a tirar la puerta abajo". En ese mismo instante, un relámpago ha iluminado toda la casa seguido de un estrepitoso trueno. No hemos tardado en salir a la terraza. Por lo visto, en cuestión de minutos se ha formado una tormenta sobre nuestras cabezas. El cielo estaba negro y era cuestión de tiempo que comenzase a llover. Iván me ha dicho "¿Sabes lo que significa eso? Nuestro pasaporte". Se nos estaba presentando una oportunidad de oro. Antonio ha salido a la terraza a toda prisa y ha comenzado a descolgar por la terraza unos cubos. Los ha ido dejando uno a uno suspendidos en el vació con la intención de recoger el mayor número de litros de agua. Iván me ha mirado y me ha dicho "Déjalo que recoja agua, la va a necesitar. Nosotros vamos a salir de aquí hoy mismo. Vamos a preparar las armas, las vamos a necesitar". Al entrar de nuevo en la casa, hemos dado a conocer nuestra intención a todos. Eduardo ya se había percatado de esto. Hemos sacado todas las armas y hemos comenzado a rellenar cargadores. También hemos hecho recuento de munición. Nada más terminar con esto, hemos dejado los petates preparados y hemos salido a la terraza a esperar la señal que nos iba a permitir comenzar la operación. Sentados en la terraza, he comentado "En el momento comencé a llover, los de ahí abajo se van a quedar como estatuas, pero los que están por toda la finca no les va a afectar la lluvia. Sois conscientes de esto, ¿verdad?". Iván ha replicado "Si no lo fuéramos no habríamos preparado las armas. Esta claro que no va a ser un camino de rosas como te gustaría, pero es la única oportunidad que nos queda". Odio tener que darle la razón en este aspecto. No nos podemos permitir el lujo de quedarnos sentados a esperar una segunda oportunidad que quizá no llegue nunca. Además, esto es algo que hemos hecho innumerables veces. Ayer mismo, por ejemplo.

Apenas han pasado unos 10 minutos de esta conversación cuando han comenzado a caer las primeras gotas de lluvia. Eduardo ha asomado la mano y ha dicho "Va a ser una tormenta muy fuerte. La lluvia va a ser torrencial". Tras sus palabras, un rayo ha surcado el cielo y como si le hubiesen escuchado ahí arriba, ha comenzado a caer una cortina de agua que apenas dejaba ver más allá de cinco metros. Nos hemos mirado y entrado a la casa a toda prisa. En cuanto lo hemos hecho, he informado a todos de que salíamos ya. Mientras, Eduardo le ha pedido el hacha a Iván, el cual se la ha dado sin poner peros. Antonio, al escuchar mis palabras de que nos íbamos, ha dicho "¿Qué? ¿Como? ¿Nos vamos ahora? Si esta toda la finca llena de esas cosas". Susana, en tono agresivo, le ha replicado "Pues quédate si es lo que quieres, padre. Yo me pienso marchar con ellos. Tú haz lo que quieras". Antonio se ha quedado callado durante unos segundos y luego se ha levantado a coger algunos enseres. Eduardo ha continuado "El plan es el siguiente. Como ya sabéis, esas cosas, con la lluvia se quedan fuera de cobertura. O sea, que la parte más difícil la tenemos hecha, que es abrirnos paso entre los miles que se agolpan ahí afuera. Pero para llegar hasta ahí tenemos que abrirnos paso por la escalera. Y esto no va a ser fácil, ya que estos no estarán afectados por la lluvia. Sabemos que hay un gran número campando a sus anchas por la finca y en cuanto abramos la puerta van a venir a por nosotros. Así que tenemos que actuar rápido. Iván, Erik y yo vamos a ir en primera linea y vamos a ser la avanzadilla. Antonio y Susana, vosotros os vais a situar en el centro. Solo tenéis que encargaros de la niña y bajo ningún concepto separaros de nosotros. Esther y Belén, cubrir la retaguardia y los que nos vengan por los laterales. ¿Os ha quedado claro?". Tras las palabras de Eduardo, nos hemos situado frente a la puerta de la casa y tras quitar el mueble que parapetaba la puerta, Eduardo ha contado hasta tres y ha abierto de golpe. Todos los merodeadores allí presentes se han girado rápidamente al escuchar la puerta y Eduardo ha 'saludado' al más cercano con su hacha. Le ha partido la cabeza en dos como si se tratase de un melón. Ha seguido dirigiendo mandobles mientras Iván y yo hemos sido los siguientes en salir. Hemos abierto fuego automático sobre todos los merodeadores que inundaban el rellano. Nos ha costado casi un cargador barrerlos a todos. Por precaución, hemos cambiado el cargador a pesar de que aun conservaba algo de munición. Tras salir todos y andando sobre los cadáveres allí esparramados, hemos dirigido nuestro rumbo escaleras abajo. Antonio ha cerrado la puerta de la casa y se nos ha unido de nuevo. He girado la cabeza para ver la situación de mis compañeros. En el centro estaba Susana agarrando con fuerza a Marta. Mientras, Belén y Esther mantenían a raya a los merodeadores que bajaban las escaleras procedentes del piso superior. Nosotros tres nos hemos centrado en los situados en las escaleras que bajaban al piso de abajo. Esta estaba repleta de andantes, pero los hemos eliminado prácticamente sin esfuerzo. Al llegar al rellano de abajo, nos hemos tenido que enfrentar a un nuevo reducto de merodeadores. A nuestra espalda, Belén y Esther seguían con su tarea y abrían ráfagas con los merodeadores que hacían aparición. Así hemos continuado, rellano por rellano, escalera por escalera. Íbamos ya por el tercer piso cuando Eduardo se ha asomado por el hueco de la escalera. Tras esto, se ha vuelto hacía mi y ha dicho "El rellano de la entrada esta repleto de ellos. Y todos están subiendo. Voy a tomar una medida drástica...". Ha echado mano a el bolsillo de su chaqueta y ha sacado algo. Me lo ha enseñado y ha dicho "...la estaba reservando para una situación como esta". Era una granada. Le ha quitado la anilla y la ha dejado caer por el hueco de la escalera. Hemos podido escuchar como esta ha aterrizado en el suelo y, prácticamente al momento, ha estallado. La explosión ha retumbado con fuerza, haciendo temblar el suelo y las paredes. Uno de los cristales del tragaluz se ha hecho añicos. Una pequeña nube de humo y polvo ha ascendido hasta nuestra posición. Nosotros hemos continuado descendiendo y sin cesar en la lucha. A duras penas hemos llegado a la planta baja y hemos visto el panorama. En donde ha caído la granada había un tremendo circulo negro y todas las baldosas de mármol que enlosaban la pared estaban en el suelo hechas añicos. El perímetro de la explosión estaba lleno de miembros, torsos y masas de carne sanguinolentas. A pesar de que la detonación había despejado parte de la sala, esta es muy grande y aún quedaban demasiados en pie. Eduardo ha gritado "¡Eliminemos solo a los que se pongan en nuestro camino, los que no presupongan un peligro, dejemoslos que nos sigan hasta el exterior!". Así lo hemos hecho. Hemos eliminado a los que se nos acercaban y hemos ignorado a los más alejados. Al llegar a la puerta de entrada hemos comprobado que seguía lloviendo con fuerza. A pesar de que los merodeadores estaban como habíamos previsto, 'desconectados', la visión era terrorífica. Una muchedumbre de miles y miles se extendía frente a nosotros. Eduardo e Iván han sido quienes han dado el primer paso. Entre hachazos y empujones han comenzado a abrir camino. Yo he hecho lo mismo haciendo uso de la culata de mi arma. A pesar de esto, los golpeados no respondían a estos estímulos. Todo estaba saliendo según lo previsto. Mientras tanto, la lluvia ya nos había empapado de arriba abajo. Parecía que acabábamos de salir de una piscina. He vuelto mi mirada y he comprobado que todo estaba correctamente a mi espalda. Susana seguía llevando a Marta, la cual se estaba tapando los ojos. Tras ellas, Antonio. Su cara era un poema, una mezcla de horror y pánico. Las chicas seguían en la retaguardia. Todo correcto. Quién nos iba a decir que la cosa iba a cambiar para mal de forma drástica. No sé cuantos metros habíamos transitado, pero estábamos lo suficiente alejados de la finca. Tras nosotros habíamos dejado labrado una senda entre toda la multitud. La cosa se ha puesto fea en el momento que la lluvia se ha transformado de torrencial a simple lluvia, y de lluvia a llovizna. Ha sido así, de repente, como si hubiesen disminuido la potencia cerrando un grifo. Eduardo se ha parado en seco y todos lo hemos imitado. Tras quedarse unos segundos dirigiendo la mirada al cielo, se ha girado y ha gritado "¡Esta escampando! ¡Tenemos que volver! ¡Vamos!". Se me ha encogido el corazón al escuchar esto. Iván ha replicado "¡Y una mierda! ¡Sigamos! ¡Nos da tiempo! ¡No podemos volver ahora!". Eduardo le ha gritado "¡Iván, continua tú si quieres! ¡Yo me vuelvo! ¡Quién esté conmigo que me siga, el que se quiera suicidar que continúe!". Unos gritos a mi espalda me han sobresaltado. Al girarme, he descubierto que quienes gritaban eran Susana y Marta. La mano de un merodeador estaba aprisionando el brazo de Marta. Eduardo, de un rápido movimiento, ha cercenado el brazo del merodeador con su hacha. Los merodeadores comenzaban a activarse de nuevo mientras la llovizna comenzaba a cesar. Trasladándome a la primera línea, que antes era la retaguardia, he gritado "¡¡Rápido!! ¡¡No tenemos tiempo que perder!!" y he comenzado a correr. A mi paso notaba como manos y brazos se interponían en mi camino. Era cuestión de tiempo que los merodeadores estuvieran al 100% de su actividad. Y así ha sido. Apenas a unos metros de la finca, el camino se ha cerrado y me he visto obligado a lanzarme en placaje contra los que cerraban el paso. Eduardo, a mi lado, ha ordenado "¡¡En circulo!! ¡¡Manteneros en circulo!! ¡¡Los desarmados al centro y los demás no cedáis terreno!! ¡¡Solo quedan unos metros!!". Abrirse paso entre la multitud se estaba volviendo cada vez más y más difícil. Yo ya estaba esperando el fatídico y desgarrador dolor de una dentellada. El simple pensamiento de esta posibilidad me horrorizaba. Casi preferiría morir ahí mismo que ser infectado y pasar mis últimas horas de vida esperando a transformarme. Pero a Dios gracias, la cosa no fue así. Entre culatazos, disparos y hachazos, hemos hecho brecha entre la multitud de cadáveres andantes que gemían e intentaban agarrarnos, hasta conseguir llegar a las puertas de la finca. Una vez más, la suerte ha estado de nuestro lado.

Al entrar en esta, hemos contemplado que el patio estaba prácticamente lleno de nuevo de merodeadores procedentes de los pisos superiores. Y ha esto hay que sumarle el embiste por retaguardia de los que estaban entrando desde el exterior. No podíamos perder tiempo. Si habíamos salido airosos de la anterior situación, de esta teníamos más posibilidades. Sin tiempo que perder, nos hemos lanzado al ataque contra los que teníamos delante. Poco a poco nos hemos abierto paso escaleras arriba. Habían merodeadores, pero nada que ver con la cantidad que había nada más salir de la casa. Esto estaba siendo un paseo. Lo malo es que el edificio se estaba llenando de nuevo. Cuando hemos llegado al noveno piso, le he dicho a Antonio que abriese la puerta. Mientras él buscaba las llaves en los bolsillos, nosotros hemos permanecido despachando a los andantes que subían o bajaban al rellano. Se me ha caído el alma a los pies cuando Antonio ha dicho que no encontraba las llaves y no sabía si las había cogido antes de salir. Su hija ha comenzado a increparle y a llamarle inútil. He visto como Iván se estaba poniendo de los nervios y temía que golpease a Antonio. Este, tras buscar en sus bolsillos, ha vaciado su mochila en el suelo y ha empezado a apartar trastos. La hija seguía diciéndole de todo y él ha replicado "¡¡Basta ya, Susana!! ¡¡Hago lo que puedo!!". Yo he intervenido diciendo "¡Pues lo que puedes no es suficiente! ¡¿Las tienes o no las tienes?!". Su respuesta "¡Sí! ¡Por fin! ¡Aquí están!". He podido ver como de entre los enseres de su mochila ha sacado las llaves y he podido respirar tranquilo. No ha tardado en abrir la puerta y al hacerlo, nos hemos asegurado de que no había ningún merodeador que nos viese entrar. Acto seguido, hemos entrado de estampida. Nervioso, he preguntado si alguien ha sido mordido. La respuesta, un unánime "No". Menos mal. Hemos parapetado la puerta y nos hemos sentado a descansar en el salón. Segundo día de emociones fuertes. Y nuevamente aquí enclaustrados.

Nuestra única oportunidad de escapar hasta el momento, y me da que no vamos a tener una mejor, se nos ha ido por el retrete. Ya no sé que podemos hacer. Quizá podemos esperar a una nueva tormenta que sea más duradera, pero a saber cuando cae una nueva. De todas formas, hoy hemos comprobado que dicho plan es arriesgado, ya que estamos a merced del tiempo. No quiero ni pensar que habría ocurrido si la lluvia hubiese tardado un poco más en escampar y nos hubiese pillado dicha situación lo suficientemente lejos como para poder volver. Nos habrían devorado a todos.
Apenas tenemos tiempo, los víveres ya están prácticamente acabados. Se nos comienza a plantear una dura situación: O morir devorados intentando escapar o morir lentamente de inanición en esta casa.

Sinceramente, no sé que es peor...


- Erik -

10 comentarios:

Miembro de la resistencia dijo...

Buenas a todos!

Siento la tardanza en publicar, pero ya tenéis aquí la nueva entrada que esperabais. Espero que os guste y haya merecido la pena esperar. Eso ya me lo decís vosotros :)

Un saludo a todos y espero vuestros comentarios!

Anónimo dijo...

yeaaaaaa broo buena historia

seeyouinthenextlife dijo...

Joderrrr, menuda tensión ha tenido esta entrada. Lo jodido será ver como salen de allí y de que manera.

Ansioso por la siguiente entrada.

Un saludo.

Richzendy dijo...

A caballo regalado no se le mira colmillo, así que no importa cuanto te tardes en actualizar que igual te vamos a leer ya que nos tienes super enviciados!

Buena continuación de la historia, pobre Eduardo con sus torturas, menos mal que su temperamento lo anima a seguir adelante y no en deprimirse por los daños sufridos.

Atmoral dijo...

Muy buena entrada como siempre.

Un saludo y gracias.

El Almacenero dijo...

woww menuda historia, felicidades por tu blog.

Desde el principio me he enganchado a la historia.

¿Para cuando el siguiente capitulo?

Por aqui esperaremos impacientes

Irving Zaid dijo...

Hola ya te extranamos para cuando la siguiente entrada?

Bueno me despido

Anónimo dijo...

buenaaaaaassss¡ ante todo mis mas sinceras felicitaciones por el relato, me tienes enganchadisimo y voy a empezar el 2010, sigue asi y no nos dejes mucho tiempo sin saber nada de erik y sus colegas, te dire lo mismo que le digo a juanmanuel el de zombis gracias muchas gracias por escribir

Anónimo dijo...

soy el enganchadisimo de antes, perdona por no presentarme, se cuadra ante ud.y se pone a sus ordenes je, je el capitanpintaroja

Anónimo dijo...

bueno pues ya termine de leer todo lo que has escrito hasta ahora.
pero veo que hace bastante tiempo que no pones nada. que ha pasado? espero que nada malo y que puedas seguir con este buenisimo relato hasta el final. gracias. capitan pintaroja