martes, 8 de junio de 2010

+ 08-06-10 + Retorno forzado

Hemos rozado nuestro destino casi con nuestros dedos. Jamás hemos estado tan cerca de Reus. El trayecto desde la 'Iglesia del fin de los tiempos' hasta aquí ha sido muy rápido y fluido, ya que la autovía estaba bastante despejada de vehículos y le hemos podido pisar a fondo a nuestros coches. Salvo algunos merodeadores desperdigados en la carretera, no hemos visto ninguna horda significante. Cuando hemos alcanzado el desvío que se supone que nos lleva a Reus y lo hemos transitado, nos hemos llevado una gran desilusión. No hemos recorrido mucha distancia en esta calzada, ya que nos hemos dado de bruces con un tremendo socavón. Sin salir de nuestro asombro, hemos bajado de los coches e inspeccionado este. El socavón era tremendo e imposible de cruzar con los vehículos. Fuera de la autovía habían también una serie de socavones y zanjas. Comparto la opinión de Iván, el cual ha dicho que están hechos a propósito, con dinamita. Han volado la carretera por algún motivo y creo que se cual es. Deduzco, y Eduardo y Hans me han dado la razón, que los militares de Reus han hecho esto para cortar los accesos a Reus. Pero, ¿no se supone que son una comunidad que acoge a más supervivientes? No tiene sentido que echen folletos por las ciudades llamando a la evacuación y que después vuelen los accesos a la ciudad. Después de estudiar todas las formas de intentar pasar los vehículos, hemos desistido y decidido probar suerte autovía arriba, en el siguiente desvío. Así lo hemos hecho. Hemos vuelto a la autovía y hemos buscado la siguiente salida, pero esta estaba peor que la anterior. La habían volado también y era intransitable desde el principio, ya que el socavón se había comido media autovía. Por lo visto, aquí habían utilizado más cantidad de explosivos, ya que el agujero era tremendo. Por si fuera poco, fuera de la calzada y rodeando el socavón artificial, estaba lleno de alambre de espino. A unos metros del agujero también había más de este y con sorpresa además, ya que había tres merodeadores enganchados en el alambre. Con sus extremidades apresadas en el espinoso alambre, no han parado de mirarnos y gemir con los brazos levantados en nuestra dirección hasta que nos hemos ido del lugar. ¿No tienen suficiente con volar las entradas que tienen que poner alambre de espino? Hans ha dicho que solo nos queda una posibilidad. Intentar llegar a Reus desde Tarragona. Según él, las demás carreteras secundarias estarán igual y la única que no habrán volado es la carretera que comunica Reus con Tarragona. El motivo es que buscaran tener acceso a esta ciudad por diversos motivos (abastecerse de los suministros de la otra ciudad, limpiar la ciudad y asegurarla por si Reus cae, etc) Esto tiene lógica, aunque no es algo en lo que podamos confiar al 100%. Quizás el acceso desde Tarragona lo han volado también. Y hay que sumar a todo esto el que si conseguimos llegar, no nos encontremos con una ciudad "muerta" (no olvidemos lo que dijo Miguel). De todas formas, no hemos podido llegar ni a Tarragona.

Ayer a mediodía, nos encontrábamos conduciendo hacía Tarragona. Estábamos casi llegando, cuando la furgoneta que conduce Eduardo y en la que van todos los demás, menos Belén, Hans y el perro, ha frenado en seco. Yo he frenado nuestro coche y he esperado a que reanuden la marcha. No sabíamos a que se debía ese frenazo repentino. Hemos esperado, pero viendo que no reanudaban la marcha, hemos bajado de nuestro vehículo y nos hemos acercado a la furgoneta. Por la ventanilla hemos podido ver como Eduardo, Iván y Elena estaban observando a Fede, el cual estaba acurrucado en un lado del asiento trasero con una espantosa cara de dolor. Desde fuera hemos podido ver como Iván le hablaba y situaba su mano en el hombro de Fede. Cuando hemos abierto la puerta de la furgoneta, hemos escuchado a Fede decir entre lamentos de dolor "¡Me duele! ¡Dios! ¡Es como si me estuvieran apuñalando!". Sus manos las tenía situadas en el vientre. Como hemos podido, hemos sacado a Fede del vehículo, pero este no podía ni mantenerse en pie. Lo hemos tumbado en la calzada y dicho que se moviera lo menos posible. Pero esto era imposible, tumbado en el suelo no ha parado de retorcerse de dolor. Eduardo le ha pedido que le diga donde le dolía y Fede, señalando la parte inferior derecha del vientre, ha dicho "Es insoportable. Llevo algunas semanas con molestia pero ahora... ahora es un dolor que no lo aguanto... Dios...". Hemos buscado en las mochilas calmantes, pero nada, no teníamos ningún tipo de medicación. Todos los medicamentos se habían quedado en la mochila de Esther. Que fallo el nuestro... Y encima nuestra única persona que entendía de medicina, Esther, no estaba con nosotros. Ella podía diagnosticar que le ocurría a Fede.

Aguardamos unos 20 minutos a la espera de que el dolor se le calmara, pero no fue así. En toda nuestra estancia a la espera de una mejoría, solo sirvió para que Fede siguiera agonizando. Nos terminamos de alarmar cuando Belén le tocó la frente a Fede y dijo "Esta ardiendo. Tiene fiebre...". Aquí es cuando nos vimos obligados a tomar una decisión rápida. Le estaba ocurriendo algo grave y su vida estaba en peligro si no hacíamos algo. Pensamos en que hacer, pero ninguno de nosotros tenía la más remota idea. Eduardo fue quién dio la única opción en esos momentos: "Debemos volver a donde esta Esther. Ella es la única persona que conocemos que puede saber que le ocurre y darle algún tipo de medicación". Todos estuvimos de acuerdo, aunque se que a ninguno nos hizo gracia tener que desandar lo andado y mucho menos después de estar tan cerca de nuestro destino. Lo que llevábamos meses soñando lo teníamos a dos pasos de nosotros y ahora nos tocaba retroceder. Pero lo que había en juego era una vida, así que no podíamos escoger otra opción. No tardamos en subirnos a los vehículos y tomar rumbo hacía 'La iglesia del fin de los tiempos'. Tardamos varias horas en llegar hasta allí y cuando llegamos a la puerta del recinto, les dije a Eduardo y a Iván que sacaran a Fede del vehículo mientras yo iba a buscar a Esther y a Miguel. Corrí al interior del edificio y cuando estuve dentro, no vi a nadie. Esto me extraño mucho. Mire en el comedor, pero no vi rastro ni siquiera de ningún perturbado con túnica. Entonces fue cuando me alarme. Algo había pasado aquí. Algo malo. Entre pensamientos de "Sabía que esa gente no era de fiar, lo sabía..." recorrí todo el edificio, incluyendo las plantas superiores, pero no había rastro de NADIE. Cuando baje y llegué al hall, me encontré a Iván y Eduardo cargando con Fede, que seguía quejándose del dolor. También estaba Belén, Elena y Hans. Eduardo me dijo "¿Donde esta la gente?" y mi respuesta fue "No hay nadie. El edificio esta vació". Iván soltó a Fede y fue corriendo a los coches. No tardó en volver, pero esta vez cargado con las armas. Nos dio una a cada uno y dijo "Aquí pasa algo raro y debemos de estar preparados para cualquier cosa. Dividamonos, Eduardo, quédate con Fede, Elena y yo vamos a buscar en las áreas de trabajo y en el campo. Erik, Belén y Hans, mirar en la iglesia". Sin tiempo que perder y empuñando mi subfusil, salimos del edificio y fuimos camino a la iglesia. Esta estaba anexa a el tanatorio y no tardamos en llegar a las puertas. Pegué la oreja a la puerta con la esperanza de oír algún tipo de signo de vida, pero el silencio era sepulcral. Entonces, en voz baja, me dirigí a Belén y a Hans: "Parece que no hay nadie, pero como ha dicho Iván, no podemos fiarnos, ya que aquí esta pasando algo raro. Puede ser que se hayan ido de aquí deprisa y corriendo, pero lo dudo. Voy a abrir las puertas de la iglesia de forma brusca, así que tú, Hans, ponte a mi derecha y tú, cariño, a mi izquierda. Cuando las haya abierto, apuntar al interior y abrir fuego al mínimo signo de peligro, ¿ok?". Ambos asintieron con la cabeza y yo retrocedí unos pasos para coger carrerilla y darle una patada a las puertas. Cogí aire, empuñe fuerte el subfusil y comencé a correr hacía la puerta. Cuando estuve delante de esta, extendí mi pierna y le propine una patada con todas mis fuerzas. Un calambre recorrió mi pierna tras el impacto, pero las puertas cedieron y se abrieron de golpe tras un fuerte estruendo. Seguidamente, apunté al interior con mi arma y Belén y Hans hicieron lo mismo. Lo que vimos en el interior nos dejo paralizados. Pero paralizados de vergüenza. En la iglesia estaban todos y cada uno de los miembros, todos ellos mirándonos con cara de asombro. Al final de la sala, ante un altar y con las manos entrelazadas bajo la barbilla en posición de rezo pero con los ojos clavados en nosotros, estaba Miguel. Allí estaba toda la comunidad, mirándonos. Y nosotros allí, paralizados y con las armas en alto todavía. En mi vida he pasado tanta vergüenza. Pasaron unos segundos que parecieron horas, hasta que de uno de los asientos centrales se levantó alguien y gritó nuestros nombres. Era una chica con túnica y se dirigía hacía nosotros. Cuando estuvo a nuestra altura, diciendo "¡Chicos! ¡Habéis vuelto! ¡El hermano Miguel lo predijo!", vimos de quién se trataba y no salimos de nuestro asombro. Era Esther, disfrazada como un sectario más. ¿Nos vamos dos días y ya le lavan el cerebro? Evité preguntarle porque iba así vestida, ya que teníamos un asunto preferente, pero Belén no pudo contenerse y le soltó "Esther, ¿que haces así vestida?". Esta le contestó "Me la ha regalado Miguel. Es la túnica de iniciada, totalmente lisa. Con el tiempo podre obtener la de creyente. Soy la primera persona de la comunidad que en menos de un día la obtiene. Miguel me la ha dado después de que se encerrara para hablar con Dios...". No salí de mi asombro al escuchar eso y Belén le replicó "¿Como puedes creer en todo eso? Ese hombre se ha montado una secta aprovechando todo lo que ha pasado y esta pasando, nada más. No habla con Dios". Esther contestó "Eso creía cuando llegamos. Pero cuando os fuisteis nos demostró que todo lo que dice es cierto. Nos ha dado pruebas. Tenéis que ver que es capaz de hacer... entonces cambiaréis de opinión y me daréis la razón, ya veréis...". Vi la intención de Belén de querer replicarle y yo también tuve ganas de rebatirle, pero Fede estaba agonizando en el otro edificio y no había tiempo que perder, así que les dije "Ya tendremos tiempo de hablar de esto, pero ahora no es el momento. Esther, Fede esta enfermo y necesitamos que le eches un vistazo. No sabemos que le ocurre. Síguenos". Esther preguntó que le ocurría pero yo comencé a correr hacía el edificio principal y ellos tres me siguieron. Doblando la esquina nos dimos de bruces con Iván y Elena. Iván preguntó "¿Donde están todos los perturbados?" pero no le contestamos. Cuando entramos al hall del tanatorio vimos a Eduardo junto a Fede, que estaba en el suelo con mueca de sufrimiento. Esther se puso de cuclillas junto a Fede y comenzó a hacerle preguntas sobre donde tenía el dolor y como era este. Mientras ella hacia eso, Eduardo e Iván miraban el atuendo de Esther con cara de sorprendidos. Iván me hizo un gesto y señalo a Esther, pero no le contesté.

Cuando esta acabo de hacerle preguntas a Fede, se giró y nos dijo "Tiene la apéndice inflamada, o sea, apendicitis. En la habitación tengo antibióticos y antiiflamatorios, pero no serán suficiente, hay que intervenirle quirúrgicamente. Si no lo hacemos, la inflamación ira a más y se le producirá una peritonitis, que es que se le perforara el apéndice, entonces morirá. Yo he asistido a cirujanos en operaciones de este tipo pero nunca he realizado una. No se si sería capaz de hacerlo sin ayuda...". Le hemos dicho que tiene que hacerlo si no tenemos una mejor opción. Eduardo ha dicho de preguntar en la comunidad si hay alguien que tiempo atrás ejerciera de cirujano, pero la voz de Miguel se ha pronunciado. Estaba detrás nuestra junto a una gran cantidad de miembros de la comunidad. Ha dicho "Sed bienvenidos nuevamente, hermanos. Sabía que volveríais, Dios me lo dijo. Él tiene planes para vosotros. Aunque yo personalmente no me esperaba una llegada tan... tan extraña. Nos habéis pillado en mitad de la misa diaria. En respuesta a lo que has dicho, Eduardo, siento decirte que los miembros de esta iglesia rechazamos cualquier tipo de medicina e intervenciones quirúrgicas. El motivo es que creemos que a quién le llega la hora, le llega, y solo Dios decide esto, por lo tanto, de nada sirve que intentemos sanarlo si Dios a escogido un destino para esa persona. De todas formas, aquí no tenemos nada prohibido. Las únicas dos cosas que están prohibidas aquí son matar y la perversión, así que si queréis buscar a un médico bajo el techo de nuestra humilde iglesia, sois libres de hacerlo. Al igual que si la hermana Esther quiere ayudaros, es libre de hacerlo también, nadie la juzgara. Lo máximo que podemos hacer nosotros es habilitaros la antigua sala de autopsias para que allí llevéis a cabo dicha operación. Allí tenéis diverso material de ese tipo que os puede servir de ayuda. Pero ya os he avisado, si Dios tiene planes para ese chico, de nada servirá que alarguéis su sufrimiento innecesariamente. Bueno, voy a acondicionaros unas cuantas habitaciones para vosotros, ya que supongo que os quedaréis un tiempo. Lo que necesitéis, pedírnoslo". Ninguno le contestó y cuando paso junto a Fede, se agachó y situándole la mano en la cara, le dijo "Tranquilo, hermano. No tengas miedo. Dios te tiene en sus planes". Después de esto, se ha marchado y todos los allí presentes han comenzado a perderse por los pasillos o saliendo al exterior. Solo se han quedado, a parte de nosotros, María y Juanca. Ambos se han acercado y María me ha dado un abrazo. Me ha dicho "Están locos, pero son inofensivos. El único peligro que conlleva vivir con ellos es que son pesados con el asistir a sus misas, pero yo me escaqueo siempre que puedo... Me alegro de volver a verte, Erik".

Después de llevar a Fede a un sofá, han venido dos miembros de la comunidad y, tímidamente, nos han dicho que teníamos nuestras habitaciones preparadas. Nos han acompañado y en la primera hemos dejado a Fede. Esther se ha quedado junto a él, suministrándole algunas pastillas. La siguiente habitación ha sido para Iván y Elena (Iván esta rabioso ante la obligación de quedarse aquí), la otra para compartir entre Hans y Eduardo y la última para Belén y para mi. La verdad que las habitaciones son muy cómodas y con un detalle que valoro mucho: cerrojo. A pesar de que las habitaciones son muy confortables, me recorre un escalofrió el pensar que dichas salas eran velatorios.
Hemos permanecido poco tiempo en las habitaciones desde ayer. No hemos parado desde entonces. Esther, María y Elena están trabajando en aclimatar la sala de autopsias para la operación y limpiando el material a utilizar. Lo están haciendo a toda prisa, ya que según a dicho Esther, es cuestión de tiempo que se le perfore la apéndice y entonces la cosa se complicara mucho y Fede morirá. Esto puede ocurrir en cualquier momento, así que no hay tiempo que perder. Iván y Eduardo van a ir al hospital del pueblo más cercano, el cual nos ha dado la ubicación Miguel. El motivo de que vayan es que necesitamos más material estéril y dosis de sedante para dormir a Fede. Mañana temprano saldrán a conseguir el material. Por otro lado, Hans ha dedicado toda la mañana a buscar a algún miembro de la comunidad que haya sido cirujano o al menos, tuviera una idea de como llevar a cabo una operación. Para nuestro asombro, a encontrado a tres, los cuales ¡se han negado a participar en la operación! Han alegado que por motivos religiosos no pueden ayudarnos. Menudos hijos de la gran puta.

Hoy he intentado hablar con Esther sobre su decisión de formar parte de la comunidad religiosa. He bajado a la sala de autopsias, donde se encuentra trabajando en la limpieza del material. Estaba sola, así que era un buen momento para tratar ese tema. Pero me ha dicho una cosa que me ha trastocado y me ha hecho olvidar lo que quería hablar con ella. Sus palabras han sido: "Erik, necesito que me ayudéis Belén y tú en la operación. Como ya os he dicho, no soy cirujana, así que necesitare todo tipo de ayuda mientras llevo a cabo la intervención. Tenéis que estar junto a mi y hacer lo que yo os diga. La vida de Fede depende de nosotros, así que cuento con vuestra ayuda...". ¿Nosotros ayudando en una operación? ¡No tenemos ni idea de medicina! Aún no se lo he dicho a Belén, pero si a mi ya me horroriza la idea de asumir tan gran responsabilidad, no quiero ni imaginar a ella... De todas formas, haré lo que este en mi mano lo mejor posible. Al menos, lo intentare. Esta noche se lo comunicare a Belén y mañana por la mañana intentare hablar con Esther sobre su rápida conversión a la religión de esta panda de tarados.


- Erik -


sábado, 5 de junio de 2010

+ 05-06-10 + Despedida

Me equivocaba. A pesar de que ayer dije que muy difícilmente iba a dormir con tanto problema rondándome la cabeza, he podido conciliar el sueño. Fue entrar en el coche y caer rendido en cuestión de unos pocos minutos. Ni la incomodidad de dormir encajonado en el asiento del conductor ha podido evitar que me quedara dormido. Ayer me fue muy difícil rechazar la oferta que nos hizo Miguel de acondicionarnos una habitación para cada uno de nosotros. Ya os dije que por nada del mundo nos íbamos a meter Belén y yo allí. Esa gente no esta en sus cabales y no nos fiamos. Todos han pensado igual que nosotros menos Esther y Juanca. Ellos si que no se han podido resistir a la oferta y aceptaron, pasando la noche en el interior del edificio. Intentamos quitarles la idea de la cabeza, pero fue imposible. No se como han tenido valor. Pero su decisión arriesgada ha tenido recompensa. Esta mañana han salido sanos y salvos por la puerta, y, como no, descansados. Mientras ellos han dormido cómodamente en un colchón, nosotros lo hemos hecho aquí sentados. Queráis que no, esto se nota bastante. Al día siguiente de dormir en el vehículo, cuando sales al exterior, se notan todas las extremidades y articulaciones agarrotadas. Y no hablemos de los dolores de espalda... Pero no me arrepiento, y supongo que mis demás compañeros tampoco, de no habernos arriesgado a dormir en esa comuna. Prefiero seguir con mis dolores de espalda que no, por un exceso de confianza, acabar con dolor abdominal a causa de una cuchillada nocturna. Como os decía, Esther y Juanca han salido esta mañana del edificio y han venido a buscarnos. Nos han contado lo maravillosamente que han dormido y la exquisita atención que les ha dado la comunidad. Según cuentan, les han acondicionado las habitaciones como si de un hotel se tratase. Luego nos han dicho que Miguel y la comunidad nos esperaba en el salón comedor para desayunar, que todos querían despedirse de nosotros por nuestra inminente partida, ya que la noche anterior les comunicamos que por la mañana, o como muy tarde, al mediodía, marcharíamos. A pesar de que la noche anterior rechazamos la invitación de cenar con ellos (cenamos en el coche, con alimentos que ellos nos suministraron), hemos aceptado la oferta de desayunar con ellos. No es muy cortes que digamos, el rechazar una invitación de despedida. El único que si estaba dispuesto a rechazarla ha sido Iván. Él les procesa mucha animadversión a todos y cada uno de la comunidad. Los llama "Atajo de puretas insoportables".

Cuando hemos entrado al salón, nos hemos encontrado con casi todos en sus respectivos asientos. Miguel nos ha vuelto a pedir que nos sentáramos en su mesa y así lo hemos hecho. He sido yo uno de los que se ha sentado a su lado. Él nos ha recibido con la misma cortesía de siempre. No se como consigue mantener siempre la sonrisa en la boca. El desayuno ha transcurrido con normalidad. Nos han servido un vaso de leche, galletas y algo de miel (parece ser que tienen también panales de los que obtienen la miel). Como no, Iván no ha probado bocado y su niñita, Elena, se ha comido su parte. Cuando hemos acabado de desayunar, Miguel se ha puesto a hacerme preguntas como "¿Ha donde os dirigís?" y "¿Estáis seguros de que no preferís quedaros?". Le he contestado que nos íbamos hacía el norte y que gracias por la oferta, pero que tenemos pensado buscar algún lugar tranquilo donde no haya llegado la infección o lo que narices sea lo que esta pasando. Esta claro que no le iba a decir la verdad, que nos vamos a Reus porque no nos fiamos de lo que él nos ha dicho. Sus palabras textuales "No perdáis el tiempo, hermanos. Todo esta igual que lo que habéis conocido hasta ahora. Es el apocalipsis que Dios nos ha enviado y esto se extiende a todos los rincones del planeta". Palabras alentadoras donde las haya. Yo me he limitado a no replicarle, pero Iván... Iván no se ha callado. Con tono burlón, le ha dicho "Tu Dios es un poco tocapelotas, ¿verdad?". Al escuchar esas palabras, he temido que Miguel estallase como lo haría cualquier fanático, pero no, todo lo contrario, sonriendo y en tono pausado ha replicado "Hermano, los 'tocapelotas', como tu dices, hemos sido nosotros, que hemos ignorado su palabra. Nosotros somos responsables de todo esto, nadie más. El altísimo solo se limita a darnos lo que nos merecemos para hacernos entrar en razón". Iván no se esperaba que Miguel contestara sin alterarse, es más, creo que su intención era provocarlo. Iván le ha dicho "En primer lugar, no me llames hermano. No soy tu hermano, ni tuyo ni de ninguno de los ignorantes que tienes aquí enclaustrados. Segundo, ¿que me estas contando? ¿que nos merecemos esto? Todos los beatos meapilas siempre tenéis que venir con el mismo cuento. Que si nos merecemos esto, que Dios nos castiga por lo otro... La cuestión es tener que creer en algo, cuanto más absurdo, mejor. ¿Y sabes porqué? Porque vuestras vidas son tan insignificantes y aburridas que necesitáis creer en algo. No tenéis el valor suficiente para enfrentaros a la vida con dos cojones, así que tenéis que inventaros y creer en que un ser divino os ayuda o castiga. Dejaros de chorradas, ¡por favor! Estamos crecidos para creer en cuentos de este calibre, así que abrir los ojos y ver la realidad. Dios no existe ni ha existido jamás. Y si existiera, se cagaría en vuestras plegarias, porque os vería como lo que sois, un atajo de patéticos disfrazados. No se porque coño los muertos se levantan, andan y se dedican a destripar a las personas, pero que no sepa el motivo no quiere decir que tenga que ser algo divino y sobrenatural. La religión es la droga de los ignorantes y eso es lo que os pasa a vosotros, que sois unos ignorantes...". Ni todos los puntapiés que le he dado por debajo de la mesa a Iván han logrado que se callé. Aunque comparto gran parte de su forma de pensar, no es motivo para que ofenda así a Miguel, que hasta el momento, se ha portado correctamente con nosotros. Pero a pesar de todo lo que le ha dicho, Miguel ha seguido con su actitud anterior, tranquilo, sosegado y sonriente. Mientras cogía de la mesa una pequeña cajita metálica, la abría y sacaba una pastilla (¿?) que tomó con agua, contestó "No es mi intención ofenderte cuando te llamo hermano, así que discúlpame si te molesta. Pero todos somos hijos de Dios y, por lo tanto, hermanos. Sobre tu opinión de nosotros, la respeto. Yo no soy quién para juzgar tus palabras y, mucho menos, juzgarte a ti. Solo el altísimo es capaz de eso. Pero te diré una cosa. Yo antes pensaba como tú. Es más, era similar a ti. En tu aspecto y forma de vestir me veo a mi hace años, cuando era joven. Vivir la vida al limite, reírme de la muerte, estar con cuantas más mujeres mejor... Me creía alguien. Me sentía Dios. Pero luego, ciertos hechos que ocurrieron, me hicieron darme cuenta que había llevado una vida poco correcta. Estaba yendo por la senda equivocada. De la noche a la mañana, me vi sin nada. Sin amigos, sin familia, sin dinero, enfermo... Cuando comenzó el apocalipsis fue cuando comprendí que todo lo que me ocurría era que Dios me estaba castigando por mi mala vida. Y ahora estaba castigando a toda la humanidad. Y te preguntaras, ¿por qué esta tan seguro de todo esto? ¿Por qué se dio cuenta cuando empezó el apocalipsis? Muy sencillo. La misma mañana que los muertos comenzaban a levantarse y a andar, Dios me hizo su primera revelación". Todos permanecimos callados e Iván dijo "¿Qué?". Miguel no tardó en decir "Como lo has oído. Dios mismo me habló. Esa fue la primera vez de muchas que la han precedido. Yo quedé asombrado como todos los profetas anteriores a los que se les reveló Dios por primera vez. En su primera revelación, me dijo muchas cosas. Entre ellas, que el apocalipsis había llegado y yo era el último elegido para guiar al rebaño a su reino. El último profeta. Desde entonces, no hay día que Dios no me hable. Todos los días me encierro unas horas en la pequeña habitación que os enseñe ayer y escucho su palabra. Él mismo me aviso que vendríais días antes de vuestra llegada...". Aquí ha sido cuando Iván se ha levantado de golpe y exclamando un "¡¡Venga ya!!" se ha alejado, andando hacía la puerta del comedor. Cuando estaba cruzando esta, nos ha dicho "Os espero en el coche, paso de seguir escuchando más estupideces". Miguel, sin inmutarse, nos ha dicho "Lo compadezco... Esta perdido. Era de esperar que reaccionara así. Todo el mundo lo hace cuando no quiere entender algo. Si no tuvieseis que marcharos hoy, yo mismo le demostraría a ese chico que digo la verdad con algo muy simple...". No he querido preguntar a que se refería. Ya he tenido suficiente teología por hoy. Después de esto, Miguel nos ha dicho que si íbamos a asistir a la misa del día, a lo cual, claro esta, le hemos dicho que no, que teníamos prisa. Nos ha deseado que Dios este con nosotros y que en la misa del día pediría porque volvamos pronto. Esta perdiendo el tiempo con sus plegarias, no pensamos volver por aquí. Ni Dios puede hacernos cambiar de opinión.

Después de despedirnos de Miguel, este y toda la comunidad se han marchado a la iglesia. Nosotros hemos salido al exterior y hemos cargado los alimentos que nos han dejado en la puerta. Cuando estaba junto a Belén llenando nuestro vehículo, Esther se ha acercado a nosotros. Le he sonreído y le he dicho que si quería algo. Cuando de su boca han salido las palabras "Yo no voy. Me quedo", el corazón me ha dado un vuelco. ¿Como se iba a quedar allí ella sola? Belén se ha sorprendido igual o más que yo. No olvidemos que antes de que yo conociera a Belén, ella convivía con Esther, por lo tanto, ambas se tienen mucho apego y cariño. Esta le ha dicho que no sea tonta, que qué pintaba ella allí con todos esos sectarios. Esther a contestado "Lo siento... No puedo seguir adelante. No me quedan fuerzas. Desde que nos enteramos de que Reus ha caído, mis esperanzas y fuerzas para seguir adelante han desaparecido. No soportaría llegar allí y encontrarme la ciudad asolada. Necesito tener un lugar donde asentarme y comenzar una nueva vida. Y este lugar es lo más parecido que he encontrado hasta ahora. Son unos fanáticos religiosos, pero se nota que no son malas personas. Ya lo habéis comprobado. Así que yo me quedo...". Belén y ella se han abrazado y se han puesto a llorar. Echaremos de menos a Esther. Sobretodo, cuando alguno de nosotros caiga herido. Cuando los demás se han percatado de esto, no me ha quedado más remedio que explicar que ocurría. Y mi sorpresa ha sido más mayúscula aun cuando María y Juanca han dicho que también se quedan. Por Juanca me da un poco igual, no hemos tenido tiempo para estrechar lazos con él, pero María... la única persona superviviente de mi antiguo grupo, una buena amiga, nos abandona también. La voy a echar mucho de menos. Aun más la echare de menos cuando tengamos que enfrentarnos a merodeadores o cualquier otro peligro. Ha demostrado su valía a la hora de entrar en combate. Pero es su decisión y yo no puedo hacer nada, más que preguntarle el motivo y de si hay posibilidad de hacer cambiar de opinión. Ha dicho algo similar a lo que ha dicho Esther y no, ha dicho que no podemos hacerla cambiar de opinión. Acto seguido, la he abrazado y he contenido las ganas de llorar. Le he pedido que cuide de Esther y que no pierda de vista a los miembros de "La Iglesia del fin de los tiempos". Que aunque parecen inofensivos, no hay que fiarse de nadie. Me ha jurado que no bajara la guardia y nos ha deseado suerte. Después, se han despedido de todo el grupo. El momento más emotivo ha sido cuando María y Eduardo se han abrazado y ambos se han emocionado. Nunca me había fijado hasta ahora, pero parece que ambos sienten un profundo cariño el uno por el otro. Después, le he dado una palmada en la espalda a Juanca, que estaba a un lado, cabizbajo. Este también nos ha deseado suerte.

Después de despedirnos, nos hemos montado en los coches y nos hemos alejado poco a poco de allí. Verlos por el retrovisor, diciéndonos adiós con la mano desde la puerta del edificio, ha hecho que me acongoje hasta el punto de derramar unas lágrimas. Belén también estaba llorando. Hace horas que nos hemos marchado de allí. Ahora nos encontramos acampados en mitad de la autovía. Llevo hora pensando en si nuestra decisión, o más bien, mi decisión de continuar la marcha a Reus ha sido buena idea. Quizás debimos haber hecho lo mismo que Esther, María y Juanca, resignarnos y habernos quedado con los sectarios. Pero es que no se si será por todo lo que hemos vivido hasta ahora o que, simplemente, algo me dice que no nos fiemos de ellos, pero no me hacía mucha gracia quedarme allí. Quizás, si llegamos a Reus y tal ciudad ya no existe, volvamos a la iglesia. Quizás esa sola sea la única forma de que confiemos en ellos, volviendo y comprobando que María, Esther y Juanca están sanos y salvos. Si llegamos y Reus esta intacta, será que Miguel nos ha mentido y nuestros amigos corren un grave peligro, ya que la comunidad no será de fiar. Que dilema. Bueno, ahora solo podemos desearles lo mejor y mirar hacía delante, no hay más. Lo que sea, será.


- Erik -


viernes, 4 de junio de 2010

+ 04-06-10 + Esperanzas quebradas

Debí suponerlo antes. Era de esperar. Nuestra compañera, la chica sin nombre, ha huido de buena mañana. No sabemos cuando, pero no hace mucho de eso. Son las 7:30 de la mañana y hace un rato que nos hemos despertado. Ha sido Belén quién ha dado la voz de alarma. La chica ha dormido en nuestro coche y cuando Belén se ha despertado, se ha encontrado con la puerta del coche abierta y ni rastro de ella. Ni siquiera ha tenido la delicadeza de cerrarnos la puerta. Nos podía haber sorprendido algún merodeador que estuviese rondando por la zona y no quiero ni pensar en el desenlace. Menos mal que Thor se encontraba en el exterior, el cual debe de haber salido del coche cuando ella se ha marchado. No creo que Thor hubiese permitido que ningún andante se hubiese acercado. Es un perro muy inteligente. Lo primero que hemos hecho al ver que no estaba ha sido avisar a todo el grupo y comenzar a buscarla por los alrededores. La hemos llamado (imaginar lo difícil que es llamar a alguien que no conocemos su nombre... Me he sentido ridículo oyéndome gritar "¡¡Chica!!") pero esta no ha dado señales de vida. Deducimos que ha escapado camino por la salida de la autovía que tenemos a pocos metros de nosotros, así que vamos a ir por allí a buscarla, ya que debe de ir camino al sitio que anoche llamó "CASA" y con el cual estaba tan obsesionada. Calculó que no hace mucho que se ha ido. Si hemos estado buscándola 15 minutos y le sumamos unos 30-45 minutos que escapó, aun estamos a tiempo de poder alcanzarla. Además, ella va a pie y nosotros con los vehículos. Si no ha llegado a su destino o ha tomado un rumbo diferente, daremos con ella. Vamos a buscarla. En cuanto sepamos algo, continuo la entrada.


- Erik -

13:45 - Sorprendente. Todavía sigo alucinando. Nada más acabar con el texto anterior nos hemos puesto manos a la obra para buscar a la chica. Hemos tomado la salida de la autovía de la que os he hablado y la hemos circulado a una velocidad moderada. Por el camino no hemos visto ni un solo merodeador. Llevábamos unos 10 minutos recorriendo esta carretera cuando, en efecto, la hemos divisado andando en la lejanía. Cuando se ha percatado de que la íbamos siguiendo, ha comenzado a correr. Viendo que la estábamos alcanzando, ha variado su rumbo y se ha salido de la carretera, internándose en un campo de oliveras. Ante la imposibilidad de meter los vehículos en el campo, Eduardo, Iván, Fede y yo hemos bajado de los vehículos y nos hemos internado corriendo por el campo.

Era casi imposible seguirla por aquí. La ramas de las oliveras, ante la obvia falta de poda, habían crecido desmesuradamente e impedían la visión. Apenas la veíamos correr entre las oliveras. Nos llevaba bastantes metros de ventaja y nos ha ganado terreno cuando Eduardo, que iba en cabeza, ha tropezado y nos hemos parado a ayudarle. Con Eduardo en pie, hemos retomado la marcha, pero ya no había rastro de ella. Hemos seguido corriendo, pero nada. Hemos parado para tomar aire y entonces ha venido la sorpresa que nadie esperaba. De entre las oliveras, como fantasmas, han comenzado a aparecer una serie de siluetas. Hemos temido lo peor en ese momento. Era un mal momento para toparnos con una horda de merodeadores, ya que por la rapidez con la que hemos bajado de los vehículos, nos hemos olvidado las armas en estos e íbamos desarmados. La primera reacción ha sido ponernos espalda contra espalda todos, ya que estábamos rodeados, y prepararnos para luchar cuerpo a cuerpo. Pero la realidad era muy distinta a nuestros temores. Esas siluetas no eran merodeadores, sino personas de carne y hueso. Iban ataviadas con extraños ropajes, los cuales eran finas túnicas blancas. Eran al menos unos siete, cinco hombres y dos mujeres, y todos nos miraban de forma extraña. Nos observaban de arriba abajo detenidamente. En sus manos portaban largos palos con lazos de acero en el extremo, exactamente los mismos que se utilizaban en las perreras para inmovilizar a los canes. Eduardo, Iván, Fede y yo nos hemos mirado entre si. Con un cruce de miradas fue suficiente para decirnos mentalmente que no llevaban buenas intenciones y que teníamos que salir de allí fuese como fuese. Fue Iván quién tomo la iniciativa. Se lanzó hacía el hombre que teníamos más cerca y le propino un puñetazo que podía haber quebrado una viga de cemento. Este salió despedido y cayó rodando sobre la polvorienta tierra del campo. Acto seguido, Iván cogió el palo de este y amenazó a los demás diciendo un sonoro "¡Venga! ¡El siguiente!". Todos permanecimos en guardia esperando que los otros seis se nos echaran encima, pero no ocurrió así. Cuatro de ellos, lo primero que hicieron fue correr hacía el que había derribado Iván y preocuparse por su estado. Rápidamente lo ayudaron a levantarse, mientras los otros dos nos miraban con más cara de horror que de intención de atacarnos. Aquí fue cuando una voz familiar, a grito de "¡¡No os mováis!!", rompió el silencio. Era María, que acompañada de Hans, Juanca, Belén y Esther, todos armados, apuntaban a los extraños personajes. Observé como la pistola de Juanca temblaba en sus manos. Este chico no parece muy acostumbrado a momentos de suma tensión como ese y mucho menos parece que haya empuñado un arma antes. Los extraños personajes de las túnicas estaban desconcertados y asustados. Dos de ellos sostenían al aun moribundo personaje que había sido golpeado. Uno de estos se dirigió a María y comenzó a tartamudear "Por... por favor... N-no queremos problemas, solo queríamos ofrecer nuestra ho-hospitalidad...". María respondió "Sí, claro. ¿Y nos tenemos que creer eso? Lo que tenéis que hacer es tirar el palito...". No terminó la frase. Una voz que provenía de nuestra espalda, comentó: "Creetelo, hermana. Nuestra intención no es haceros daño. Solo Dios puede decidir eso. Si nos encontramos aquí no es en misión de destruir. Nosotros estamos tan sorprendidos de veros a vosotros como vosotros de veros a nosotros. Bajar las armas, por favor os lo pido...". Al girarme vi a quién hablaba. Un hombre, de unos 50 años aproximadamente, pelo blanco y rechoncho, embutido en una sotana blanca como los demás, con la pequeña diferencia de que la suya llevaba ribetes dorados. A su lado y para mi asombro, abrazado a él y con el rostro cubierto de lágrimas, nuestra amiga la muda, la fugitiva por la que nos encontrábamos allí. Cuando miré a mis compañeros vi que ellos estaban tan sorprendidos como yo. Acto seguido, le pregunté si la conocía. Su respuesta fue concisa y con una sonrisa en los labios: "Por supuesto. Es Eugenia, de nuestra comunidad. La perdimos junto a otros cinco hermanos más que fueron a evangelizar a los salvajes que viven en pecado kilómetros abajo. ¿Que vosotros la conocéis? ¿Sois quienes dice ella que la salvasteis de esas bestias? Si es así, quiero agradeceros...". No pude evitar cortarle, preguntándole "Un momento, un momento... Acláranos dos cosas... ¿Ella habla? Y, ¿has dicho comunidad? ¿Sois más?". Sin borrar la sonrisa de su cara, me contestó con su tono de voz pausado "Sí, Eugenia habla. Pero no lo hace con todos. Solo conmigo y con unos pocos hermanos más. Todos hemos sufrido mucho desde que el apocalipsis comenzó, pero algunos, por sus desenfrenos en su antigua vida, más. Dios les castigo especialmente, aunque después les ha dado una segunda oportunidad para que enmienden sus errores. Es el caso de Eugenia. Antes de que la encontráramos y la lleváramos por la senda correcta, fue objetivo de abusos y torturas que le infringieron unos desalmados. Ese fue el castigo que le envió el altísimo. Pero pudo escapar y Dios la condujo a nosotros en un mundo de oscuridad y tinieblas. Desde entonces, no habla con casi nadie y, mucho menos, con extraños. A tu segunda pregunta, sí, somos una comunidad de hermanos que vivimos en paz y armonía. Rendimos culto a Dios, seguimos su palabra, trabajamos la tierra y nos alimentamos de ella, no infringimos daño a nadie, ni vivo ni muerto. Vivimos a un kilómetro de aquí, en nuestra iglesia. Sería un honor que nos acompañaseis y conocierais a los demás hermanos, siempre y cuando vuestras intenciones sean puras y nobles...". Eduardo replicó "Te lo agradecemos, pero, ¿como sabemos si vuestras intenciones también son puras y nobles? De todas formas, nos dirigimos a Reus. Aquella ciudad es más segura que cualquier comunidad perdida entre campos". La respuesta del hombre fue la que me dejó congelado y horrorizado a partes iguales: "Ya os he dicho que nosotros no hacemos daño a nadie, ni vivo ni muerto. En nuestra comunidad ni siquiera hay una sola arma de fuego. Así que no tenéis nada que temer. Vosotros sois los únicos armados. Sí nuestras intenciones son oscuras, yo seré el primero en situarme delante de tu arma y te pediré que aprietes el gatillo. Mis hermanos harán lo mismo. Pero eso no ocurrirá, porque nuestras almas e intenciones son puras como el agua cristalina que corre por los ríos. Y si nos acompañáis, se que vuestras intenciones no serán oscuras, porque entonces Dios no os habría puesto en nuestro camino. Sobre lo de Reus, siento ser yo quién os de la mala noticia. Esa ciudad cayó hace unos meses. Todos han muerto. No supieron seguir la palabra de Dios, no aprendieron de sus errores y el altísimo mando a su ejercito de no-muertos, al martillo de los impíos, a los maldecidos que están purgando sus pecados, y ellos acabaron con la ciudad del pecado. Sufrieron la ira divina. Ahora, vosotros decidís, nos acompañáis a nuestra iglesia, donde os ofreceremos nuestra hospitalidad y conoceréis a los demás o seguís vagando por el infierno terrenal". Nuestra sorpresa fue mayúscula al oír que Reus había caído. Esther, mientras oía la noticia, soltó el arma y se dejo caer de rodillas sobre la tierra. Cuando el desconocido terminó de hablar, estalló a llorar. Eduardo escuchó la noticia con las manos en la cabeza y María con la cara desencajada. Belén me miró con los ojos bañados en lágrimas. En ese momento, yo sentí unas profundas ganas de gritar, de maldecir, de salir corriendo de allí... pero me contuve. Solo le pregunté si estaba seguro de ello y como lo sabía. Su respuesta fue tajante "Tan seguro como que estamos aquí presentes. Si lo sé, es porque yo en persona intente llegar allí para evangelizar sus almas que vivían en pecado. Cuando llegué, me encontré la ciudad arrasada como fue arrasada Sodoma y Gomorra. Sus habitantes ya estaban purgando sus pecados como no-muertos...". Le pedí que nos dejaran a solas un par de minutos para poder hablar entre nosotros y decidir, y así lo hicieron. El primero en pronunciarse fue Iván, diciendo "Ese sectario miente. No me fió de él". Por el contrario, Eduardo, todavía afectado por la noticia, replicó "No entiendo porque iba a mentir en eso. Parece que dice la verdad. Después de todo lo que hemos visto, ¿de que nos extraña que Reus haya caído? Sabemos de que son capaces esas cosas...". Belén no se ha pronunciado, solo me ha seguido mirando con lágrimas en sus mejillas. Podía leer sus pensamientos. Al igual que me había ocurrido a mi, la esperanza de llegar a un lugar donde vivir tranquilos, donde construir una nueva vida, se acababa de desmoronar. Meses alimentándonos de esa esperanza, la cual nos daba fuerzas para seguir adelante, ahora se había destruido en cuestión de unos segundos. Ahora estábamos perdidos y sin rumbo a seguir. No se si lo he dicho porque me niego a creerlo o para seguir manteniendo viva la llama de la esperanza en mis compañeros, o ambas cosas, pero mis palabras han sido: "No creo que la ciudad de Reus haya caído. Sigue en pie. Estoy seguro de ello y voto por seguir con el plan inicial: intentar llegar allí. Si llegamos allí y entonces veo que la ciudad esta arrasada, entonces me daré por vencido. Pero no lo voy a hacer antes sin verlo con mis propios ojos. Si queréis, podemos acompañar a estos desconocidos a su refugio y así vemos que clases de personas son. Si son de fiar, tendremos un plan B por si Reus ha caído. Ya de paso, les pediremos que nos den agua y comida para el viaje, ya que apenas nos quedan víveres. Levantar la mano los que estáis conmigo...". En ese momento, vi que Belén había cesado de llorar. En sus ojos pude ver como brillaba de nuevo la llama de la esperanza. Belén levanto la mano. Después Eduardo, Hans e Iván. María y Fede también. Los únicos que no la levantaron fueron Esther, que seguía destrozada, y Juanca. Este tenía la mirada perdida y estaba cabizbajo. Mis siguientes palabras fueron "Ok. Perfecto. Falta saber que piensa hacer Elena. Vamos a decirle a este hombre que los acompañamos y luego vamos a por los coches. Allí decidiremos cuando seguimos el viaje". Después de esto, le comunicamos al hombre que los pensábamos acompañar hasta su refugio, pero que nos marcharíamos lo antes posible, y que si nos podría dar víveres para el viaje. Con su habitual sonrisa en los labios, nos dijo "Será un placer, hermanos". Nos indicó el camino para llegar allí y fuimos a por los vehículos.

Cuando llegamos a los vehículos, vimos a Elena, que estaba fuera, correteando con Thor. Estaban jugando. Envidio su capacidad de evasión de la realidad. Cuando le dijimos lo que había ocurrido y que nos habían dicho que Reus había caído, solo le faltó encogerse de hombros.
No tardamos mucho en llegar al refugio de estos extraños personajes. Al borde de la carretera, se erguía un alto y ancho edificio. En lo alto de este, ponía un letrero "Tanatorio La Santísima Trinidad". Al ver que se trataba de un tanatorio, un escalofrío me recorrió todo el cuerpo. A Belén le ocurrió lo mismo. Al lado de la puerta de entrada, había una gran cruz de madera clavada en la pared. Supongo que esta había sido puesta por la gente que ahora la habitaba. Cuando metimos los vehículos en el aparcamiento de la entrada, bajamos y observamos el lugar. En el aparcamiento habían bastantes vehículos abandonados, entre ellos, dos Harleys-Davidson que llamaron la atención de Iván, el cual no tardó en acercarse y observarlas detenidamente. Por la puerta del tanatorio y por alrededores era un no parar. Cantidad de personas salían y entraban del edificio, yendo de un lado para otro, y todos nos miraban sorprendidos. Algunos vestían normal, otros llevaban la túnica blanca que vestían los personajes que acabábamos de conocer. Todos coincidan en algo, y es que cuando nos veían allí esperando, todos aceleraban el paso y desaparecían rápidamente. Era como si nos tuvieran miedo...

El extraño hombre y su séquito tardó en llegar unos unos 10 minutos. Sus primera palabras fueron "Ser bienvenidos a la 'Iglesia del fin de los tiempos'. Este lugar es vuestra casa también y se puede quedar quién quiera de vosotros. Será tratado como el hermano que es. Ahora, si me permitís, os enseñare el recinto entero y los lugares de trabajo. Ya de paso, os presentaré a todos los hermanos que pueda...". Cuando dijo "La iglesia del fin de los tiempos" me vino a la mente que dicho nombre ya lo había oído. Fue en boca de uno de los caníbales que nos capturaron. Parece que la historia de que los intentaron "evangelizar" es cierta. No ha mentido. Después de decirnos esto, ha comenzado presentándonos a todos y cada uno de los que lo acompañaban y a terminado en él. Su nombre es Miguel, o como él quiere que lo llamemos, "Hermano Miguel". Nosotros también nos hemos presentado y después de esto, nos ha llevado a que viéramos el recinto y alrededores. Primero ha comenzado a enseñarnos el edificio. Nada más cruzar la puerta, hemos quedado sorprendidos por la limpieza y orden que hay en todas y cada una de las estancias. Nos ha llevado a las cocinas, donde habían varias personas preparando la comida del día, luego nos ha llevado a unas salas que habían habilitado como dormitorios, a una gran estancia con mesas y sillas de la que han hecho un inmenso comedor, los baños, después nos ha mostrado una absurda sala diáfana, parecido a un trastero vació de 2x2 metros, que según él tiene mucha importancia. Sus palabras han sido "Aquí es donde Dios me habla". ¿Donde Dios le habla? Este hombre esta peor de lo que pensaba. Por último, nos ha enseñado la iglesia. Esta es inmensa. Se nota que han ampliado la antigua capilla del tanatorio. Luego nos ha enseñado los exteriores. Nos ha llevado a un taller donde fabrican ropas, luego a unas obras pegadas al edificio, en las cuales están trabajando para ampliar el edificio, el campo donde siembran hortalizas y el cual les suministra alimento. Este es gigantesco y repleto de hortalizas y legumbres. En ese momento he contado a más de diez personas trabajando en él. Por último, nos ha enseñado una zona que casi habríamos preferido no conocer. Tras el edificio principal, a varios metros de este, y entre un par de edificios que nos ha dicho que son almacenes para los alimentos, hay una gran cerca que abarca una gran cantidad de terreno. Conforme nos íbamos acercando, hemos visto a personas allí dentro. Lo primero que he pensado ha sido que se trataba de personas haciendo algún tipo de tarea. Pero no. La realidad ha sido muy diferente. Cuando estábamos lo suficiente cercanos para distinguir a esas "personas", hemos visto que se trataban de merodeadores. No se cuantos había allí dentro, pero más de un centenar seguro. Todos agolpaban sus descompuestos cuerpos en la alambrada y cuando nos han visto, se han comenzado a excitar y a poner extremadamente nerviosos. Uno tenía medio brazo metido en un agujero de la verja. Le he preguntado a Miguel que qué hacían tantos merodeadores allí encerrados. Su respuesta ha sido "No los destruimos. Dios nos lo tiene terminantemente prohibido. Son condenados que están purgando sus pecados y ejecutando el plan divino del apocalipsis. Pero Dios es comprensivo y justo. Él nos permite encerrarlos para que no nos den problemas. Cuando hoy, nuestros caminos se han cruzado, nosotros nos encontrábamos capturando condenados. Lo hacemos todos los días y por eso llevamos lazos de inmovilizar perros. Con estos lazos los traemos hasta el recinto. Aquí los debemos de mantener encerrados hasta el día del juicio. Cuando llegué el día del juicio final, sus almas condenadas y las almas de los justos serán llamadas ante el tribunal divino. Los condenados que sus pecados sean leves, habrán concluido su penitencia y podrán entrar en el reino de Dios. Con los justos ocurrirá lo mismo. Los condenadas que sus pecados en vida hayan sido graves, sus almas irán directamente a arder en el fuego eterno para terminar de purgar sus pecados. Todo lo que ocurre esta en los planes de Dios. Quién se convierte en un reanimado, es porque su vida ha sido una vida llena de excesos y pecados. Pero no padezcáis, Dios da una segunda oportunidad a todos. Ellos la debieron tener en su día y la rechazaron o no la quisieron escuchar. Vosotros estáis teniendo la vuestra ahora mismo. Ahora vayamos al comedor, nos gustaría que comierais con nosotros antes de partir". ¿Por qué a todos los tarados les da por encerrar a merodeadores? No es la primera vez que vemos esto. He visto la intención de Iván de replicar a las palabras de Miguel, pero le he hecho un gesto con los ojos y no ha dicho nada. Que más nos da lo que quieran hacer si dentro de nada estaremos lejos de aquí.

Miguel nos ha llevado al comedor, donde estaba la sala repleta de personas. Al menos, unas 50. Una gran cantidad de estos vestían túnicas blancas y alguno llevaba en la cabeza un extraño tocado blanco que le caía por encima de los hombros. Todos nos observaban desde sus asientos. Miguel nos ha conducido a una larga mesa situada al final de la sala y nos ha invitado a tomar asiento. Él ha permanecido de pie en el centro de la mesa y ha pronunciado en voz alta "¡Hermanos y hermanas! ¡Ruego que deis la bienvenida a estos hermanos, los cuales han salvado a Eugenia del campamento de los salvajes!". Toda la sala se ha puesto en pie y ha gritado un fuerte "¡Bienvenidos!". Miguel ha continuado "Dios los ha puesto en nuestro camino. A pesar de que se marcharan pronto, hoy son nuestros invitados y, por lo tanto, debemos de ser buenos anfitriones. Si por el contrario, deciden quedarse en nuestra comunidad, nosotros estaremos felices de que lo hagan y aceptaremos a cada uno de ellos como a uno más de los nuestros. Y ahora, disfrutar todos de estos alimentos que un día más, Dios nos ha dado. ¡Provecho, hermanos!". Después de estas palabras, Miguel se ha sentado y unos chicos y chicas han comenzado a servir comida en los platos. Iván, sentado a mi derecha, me ha susurrado en el oído: "Estos beatos sectarios comienzan a ponerme de los nervios. Comer tranquilos, yo no voy a comer nada que nos sirvan estos. Si estos personajes de circo han puesto droga en la comida, yo me encargaré de freírlos a plomo gustosamente mientras estáis de viaje sicotrópico". Iván y su eterna delicadeza. La comida no llevaba ningún tipo de droga, eso, o no ha hecho efecto todavía. He de reconocer que esas judías pintas estaban divinas. De beber nos han servido un zumo de naranjas que no le he hecho ascos. Y de postre, unas galletas dulces bastante ricas. Después de la comida, Miguel nos ha dado la libertad de que paseáramos por donde quisiéramos mientras sus "hermanos" preparaban los víveres que nos íbamos a llevar para el camino. Así lo hemos hecho. Belén, Eduardo y yo hemos paseado por los alrededores del recinto, mientras hemos cambiado opiniones de todo lo que hemos visto hoy. Los tres hemos llegado a la misma conclusión, son un atajo de perchados que ante la desesperación, se han entregado a la religión para dar una explicación a todo. Pero a pesar de esto, parecen inofensivos. Si quisieran habernos hecho daño, ya lo habrían intentado. Andando andando hemos llegado a una gran explanada verde, donde estaban pastando numerosas vacas y caballos. Parece ser que son propiedad de la comunidad de Miguel.

Algo que no nos ha hecho mucha gracia es el detalle de que tengan encerrados tan cerca a los merodeadores. La experiencia me dice que esta clase de situaciones siempre terminan dando problemas. De todas formas, creo que vamos a pasar la noche aquí. Necesitamos descansar. Por supuesto, Belén y yo (los demás no lo sé) no vamos a dormir en el interior del edificio, aunque Miguel nos ofrezca habitaciones individuales. Lo haremos en los coches. No es muy cómodo, pero al menos podremos pegar ojo y no permanecer toda la noche en vela temiendo que nos asesinen a media noche. Por muy inofensivos que parezcan, las apariencias engañan. Con todo lo vivido hasta ahora, ya no me fío ni de mi sombra. De todas formas, ni aun durmiendo en el coche creo que pueda pegar ojo. Voy a pasar toda la noche dándole vueltas a lo de Reus. A pesar de que he dicho que hasta que no vea la ciudad destruida con mis propios ojos no me dare por vencido, no es así. No mantengo esperanzas después de lo que Miguel nos ha dicho. He dicho todo eso por dar una inyección de esperanza a mis compañeros e intentar engañarme a mi mismo. Que va a ser de nosotros cuando lleguemos a Reus y la encontremos asolada...


- Erik -

jueves, 3 de junio de 2010

+ 03-06-10 + Contratiempos

Ya hace unos días que nos hemos alejado suficiente de la zona donde habían montado el campamento los caníbales. Estos días han transcurrido con total normalidad y sin ningún tipo de enfrentamiento considerable con merodeadores. Según hemos calculado, habremos avanzado unos 30 kilómetros más o menos de los 97 que nos separan de la ciudad de Reus. Llevamos dos días parados sin poder avanzar, ya que en el kilómetro de la autovía que nos encontramos hay un tremendo colapso de vehículos colisionados, lo cual nos impide que avancemos con nuestros respectivos vehículos. Esto parece un cementerio de vehículos. Parece ser que el día en que todo estalló y los días que le precedieron, como millones de personas en el mundo, estas gentes se echaron a la carretera, huyendo de sus casas en busca de un lugar donde no hubiera llegado el caos. No sabían donde estaba ese lugar, por eso se echaron a la carretera y conducieron sin rumbo. Como en este caso, se producieron múltiples accidentes, la mayoría, en cadena. Gente que conducía a todo velocidad y de repente se encontraba con que en medio de la carretera habían varios vehículos estrellados. Eso ocurrió aquí. La caravana de coches destrozados se extiende por toda la autovía, a ambos lados y direcciones de esta. Más que coches son amasijos de hierro fusionados los unos con los otros. La sangre seca cubre el suelo y lo que queda de los vehículos. Algo que me ha impactado es que de la mayoría de los amasijos de hierro, surgen manos que intentan agarrarnos cuando nos aproximamos. De dentro de esos ataúdes de hierro se pueden escuchar gemidos apagados de esas cosas. No quiero ni pensar como debe de ser morir y reanimarse aprisionado entre hierros y no tener posibilidad de salir. No creo que esos seres se percaten de su situación, no son conscientes de que están atrapados y que jamás saldrán de ahí. Si nadie acaba con ellos, pueden pasar años ahí atrapados hasta que el efecto de lo que sea que los reanima se termine y los deje descansar en paz. Esto partiendo de la base de que ese efecto tiene caducidad, que personalmente, no creo que tenga.
Hoy hemos tenido un par de pequeños sustos, pero nada sin importancia. Nos encontrábamos empujando fuera de la carretera los coches de los laterales que podían ser movidos, cuando de un coche, que estaba totalmente destrozado, ha comenzado a moverse un merodeador que parecía muerto. Era una chica joven, de aspecto cadavérico y color amarillento, que estaba aprisionada, entre los hierros, de cintura para abajo. Cuando Iván se ha situado tras el coche que íbamos a empujar, este merodeador que estaba en el coche contiguo, se ha despertado de su letargo y ha extendido sus brazos hacía Iván, llegandolo a rozar con sus huesudas manos. Iván se ha pegado un tremendo susto y su primera reacción al girarse ha sido propinarle una patada en un brazo. Esta extremidad ha salido volando varios metros y se ha perdido entre los coches. Cuando Iván se ha alejado de este merodeador, este ha comenzado a intentar liberarse. Daba repelús ver como se movía hacia delante y hacia detrás, mientras los huesos de su espinazo crujían por cada movimiento, pero esta, impasible a un dolor que haría agonizar a cualquier ser vivo, nos miraba fijamente con la boca abierta, dejando al descubierto sus podridos dientes. Nosotros hemos observado la dantesca escena sin hacer nada. Después de mucho esfuerzo, este desdichado ser, ayudado por su único brazo que le quedaba, ha logrado escapar del amasijo de hierros. No ha logrado sacar sus extremidades inferiores, sino que ha logrado quebrar su cintura y, dejándose caer, ha conseguido separar la parte superior de su cuerpo de la parte inferior. Ha caído al suelo como un saco de patatas y una vez en este, ha comenzado a arrastrarse hacía nosotros entre insoportables gemidos. María le ha apuntado con su arma para dispararle, pero Iván le ha dicho que no gasté munición en, como él ha dicho, "inofensivo ser", y le ha propinado una patada en la cabeza. Esta no ha resistido el impacto de la bota con puntera de acero de Iván y se ha roto con un sonoro crujido. De la cabeza destrozada de la desdichada individua ha salido un liquido negruzco con miles de larvas.

Cuando hemos acabado de despejar la carretera de los coches que podían ser movidos, nos han quedado cientos de los que era imposible moverlos. Coches volcados, amasijos de chatarra que las ruedas no les respondían, coches colisionados que estaban acoplados los unos con los otros... Imposible despejar la carretera sin ayuda de maquinaria pesada. Como dice el refrán, Dios aprieta pero no ahoga. Ahí estaba la solución. Con maquinaria pesada podíamos abrirnos paso entre el cementerio de coches y no muy lejos de nuestra posición, al borde de la autovía, había una especie de fábrica con varias máquinas pesadas, entre ellas, un Bulldozer y dos apisonadoras. Con el Bulldozer era suficiente, así que solo cabía rezar que funcionase. Cuando Eduardo, acompañado por Hans, se ha internado en la fábrica y hemos oído el rugir del motor de la bestia de acero, el grupo entero se ha dejado llevar por el entusiasmo y ha comenzado a aplaudir y a saltar de alegría. Hemos tenido una suerte tremenda cuando ya estábamos practicamente perdidos. Con Eduardo en los mandos de la máquina y después de averiguar como funcionaba esta, hemos dejado a nuestro compañero despejando la carretera y nosotros nos hemos sentado al borde de la autovía. Estaba inmerso en mis pensamientos mientras los demás conversaban, cuando Iván ha aparecido y me ha lanzado una cosa. La he cogido al vuelo y cuando la he sostenido en mis manos he visto que era un paquete de tabaco Marlboro con casi todos los cigarrillos. Cuando le iba a preguntar de donde lo había sacado, Iván se me ha adelantado contestándome "He rebuscado en el interior de algunos coches y he encontrado esto también". En sus manos sostenía tres paquetes más de tabaco, dos botellas de agua bajo sus brazos y algunas latas de conserva. Lo he felicitado por su iniciativa y sin tiempo que perder, he corrido a encenderme un cigarro. Después de tanto tiempo sin practicar el mal habito de fumar, la primera calada ha sido una mezcla de gloria y tos. El tabaco estaba bastante seco, pero no estamos en condiciones de elegir. Como le he dicho a él, Iván ha tenido buena iniciativa buscando cosas útiles en los vehículos. Eso ha sido algo que no se nos ha ocurrido a ninguno de los presentes. A pesar de los últimos acontecimientos, sigo pensando que Iván es una pieza indispensable en el grupo, aunque a veces pierde los papeles. Últimamente esta muy cambiado, para ser exactos, desde que abandonamos la casa de los abuelos. Esta como más vigilante, expectante, como si temiera que fuese a acontecer algo. Quizás es manía mía, pero yo creo que no.

Mientras apuraba el pitillo, he permanecido ausente mirando como Eduardo trabajaba despejando la autovía de vehículos y Thor corría de un lado a otro husmeando y comiéndose cosas que encontraba entre los vehículos. Esta vez ha sido la voz de Hans la que me ha sacado de mis pensamientos. Con su peculiar acento germano, me ha dicho "¿Que tal, Erik? ¿Me invitas a fumar?". Le respondido un "Claro" sonriendo y le he dado un pitillo. Este lo ha cogido y cuando le he dado el mechero, se lo ha encendido y se ha sentado a mi lado. Hemos permanecido en silencio durante unos segundos hasta que Hans ha dicho "Como han cambiado las cosas, ¿verdad? Antes podíamos conseguir cosas tan simples como el tabaco en cualquier lugar y ahora se han convertido en un verdadero lujo difícil de conseguir...". Le he dado la razón y él ha continuado. "Hacía años que no fumaba. Exactamente, unos cinco. Ya casi había olvidado por completo el sabor de un cigarrillo. En circunstancias normales, no habría vuelto a fumar. No sabes lo que me costó dejarlo. Pero ahora, que más da. No voy a preocuparme de poder morir de cáncer de pulmón cuando mañana puedo estar muerto y devorado por una de esas cosas...". No he podido evitar darle la razón en esto también. Él ha seguido hablándome "...que pena que todo se haya ido a la mierda. Me sentía tan bien en España... Tierra de sol y alegría. ¿Sabes? Españoles y alemanes, a pesar de estar tan alejados los unos de los otros, entre nosotros siempre ha habido una especie de hermanamiento, un... como se dice... ¡feeling!. Un feeling que no existía con países vecinos como son Francia y Polonia. A pesar de ser ligeramente opuestos de aspecto, somos tan similares de corazón. Por esa simpatía no-oficial que siempre han tenido nuestras naciones fue la que me hizo venirme a España cuando me planteé salir de mi patria. Recuerdo a mis familiares y vecinos decirme (aquí ha pronunciado una palabra en Alemán que me ha dicho que quiere decir "¡que tierra más preciosa!") cuando les dije que me marchaba a España. Recuerdo como si fuese ayer el día que llegué a España y salí del aeropuerto de Barcelona. Maletas en mano, permanecí unos largos segundos observando todo lo que me rodeaba. Miraba maravillado a las gentes que caminaban de un lado a otro bajo el luminoso sol de esta preciosa tierra. Cuando el taxi me dejo en pleno centro de la capital, quede más maravillado aun. Todo era tan precioso, tan... tan español. Me sentía como en un sueño. Con el tiempo me compré un piso, conocí a la mujer con la que me casé, una preciosa mujer española con la que tengo dos hijos. Yo trabajaba dando clases de alemán e historia alemana y en mis ratos libres, escribiendo libros sobre historia de Alemania, igual que hacía en mi país. Esto último me dejo un buen dinero y me permitió recorrer España de norte a sur, casi siempre con motivo de dar conferencias en universidades. Así transcurrieron mis años en España. Para mi, todo era como un sueño, me sentía feliz. Pero todo sueño acaba y puede transformarse en una pesadilla. Para mi, la pesadilla comenzó cuando en la tele comenzaron ha hablar de un extraño mal que volvía a la personas agresivas. A partir de ahí, todo fue de mal en peor. Me lo tomé como se lo tomó todo el mundo cuando hay alertas de una nueva gripe o algo similar, con miedo pero sin interrumpir nuestras vidas. Yo tenía que dar una conferencia en la universidad de Málaga, así que a pesar de las incesantes y alarmantes noticias de las televisiones y periódicos, hice caso omiso y marche a Málaga, dejando a mi mujer e hijos en Barcelona. No comprendí la verdadera gravedad de la situación hasta que vi ante mis ojos un caso de ese extraño mal que todo el mundo hablaba. En plena conferencia en la universidad, un joven entro en la sala, enfurecido y ensangrentado, y comenzó a atacar a los presentes. Ni los guardias de seguridad, con sus porras en mano y golpeándole, pudieron pararlo. Ellos también resultaron heridos. Cuando consiguieron reducirlo entre toda la sala y vino la policía y la ambulancia, me marché de allí. Lo primero que hice fue llamar a mi mujer. Cuando esta me cogió el teléfono, lo primero que le dije que no llevara a los niños al colegio y que no saliera de casa. Le conté por encima lo que había visto y que la situación era grave, la televisión no mentía. Me despedí de ella y le dije que iba a intentar volar a Barcelona lo antes posible. Esto no pude ser. El aeropuerto estaba colapsado de gente y la mayoría de vuelos estaban siendo cancelados y no nos explicaban el motivo. Fue entonces cuando me enteré de que mucha gente, ante la necesidad de volver a sus casas, estaban olvidando la idea de coger un avión y compraban billetes de autobús. Desesperado, yo hice lo mismo. Sería un viaje largo pero seguro, ya que las estaciones de trenes también estaban teniendo problemas. Íbamos por Valencia cuando recibí la última llamada de mi mujer. Sus palabras fueron que en Barcelona las cosas iban muy mal, que habían altercados en toda la ciudad y se oían disparos día y noche. También me dijo que el día anterior, el vecino del quinto piso había intentado atacarla y que logró escapar metiéndose en casa. Sus últimas palabras antes de que la comunicación telefónica se cortara fueron que estaban evacuando a la gente a un lugar seguro. No pude oír a que lugar se refería, ya que la comunicación se cortó, pero cuando vosotros me hablasteis de la colonia Reus, no me cabe duda de que mi mujer se refería a esta ciudad. No he vuelto a hablar con ella. Las últimas veces que intente llamarla, su teléfono estaba apagado. Pero algo me dice que ella esta en Reus con mis hijos... Volviendo al tema de mi viaje, el autobús finalizó su trayecto por Castellón. Los motivos fueron diversos. El vehículo se averió y varios de los pasajeros se dieron un festín con el conductor y varios pasajeros. Después de esto, los pasajeros supervivientes huimos en diversas direcciones. Yo, junto a cuatro personas más, emprendimos el viaje hacía Barcelona. No teníamos otro sitio donde ir y yo quería llegar a casa para ver si mi mujer seguía allí o había dejado una pista sobre su paradero. Nuestro viaje fue desquiciante y mis compañeros cayeron en su totalidad. Los primeros, una joven pareja de novios, de unos 20 años. La chica fue devorada por una manada de andantes y su novio devorado también al intentar rescatarla. Solo quedamos tres personas. Un hombre de mediana edad, una chica joven y yo. El hombre, Michael se llamaba, fue mordido cuando llegamos a Cataluña y se convirtió en una de esas cosas en cuestión de un día. No fuimos capaces de matarlo, solo de huir cuando se intento abalanzarnos sobre nosotros. Pudimos dejarlo atrás. Al poco tiempo y con ayuda de un coche, transitamos hasta llegar a la zona de los caníbales. Allí nos dieron caza de la misma forma que a vosotros. Una mujer nos pidió ayuda y cuando nos dimos cuenta, teníamos a todo un campamento apuntándonos con armas de fuego. Nos internaron en esa jaula junto a más personas, las cuales iban siendo asesinadas para ser alimento de ese campamento. Mi compañera corrió esa suerte...". Desde que Hans había comenzado a contarme su historia, yo había permanecido observando a Eduardo trabajar mientras escuchaba las palabras de Hans y recreaba cada escena en mi mente. En el momento que Hans ha dicho "Mi compañera corrió esa suerte..." he visto algo que me ha sacado por completo de su historia y me ha hecho volver a la realidad en cuestión de una décima de segundo. Hans, ajeno a lo que yo estaba viendo, seguía relatando su historia mientras mis ojos se centraban en Eduardo. Este seguía montado en el Bulldozer, moviendo la máquina hacia delante y hacía atrás, desplazando los vehículos. En la parte trasera de la máquina, trepando como un reptil, había un escuálido merodeador. Este estaba trepando como podía en dirección a la cabina, donde se encontraba Eduardo. Como movido por un resorte, mi primera reacción, la cual sorprendió a Hans que seguía ajeno a todo esto, fue levantarme de un salto y comenzar a llamar a gritos a Eduardo. Este, bastante alejado e inmerso con el ruido de la maquinaria, no me escuchaba. Todos el grupo se percató de porque gritaba y todos se pusieron a hacer lo mismo. El merodeador ya había conseguido trepar hasta arriba de la parte trasera y ahora se escurría hacia la cabina. No podíamos llegar a tiempo para avisarle. Había que hacer algo y rápido. Corrí hacía el vehículo y busqué el fusil con mira telescópica. Cuando lo encontré, cerrojé el arma, busqué un punto de apoyo en el capó del coche y situé mi ojo en la mira. Una vez ajuste los aumentos de la lente, vi a la perfección al merodeador. Situé la cruceta en el blanco, pero era casi imposible acertarle. Eduardo no paraba de mover la máquina y era casi seguro que fallara el disparo, eso en el mejor de los casos, en el peor, la bala podía alcanzar a Eduardo. Era una lotería. Si no probaba suerte era seguro que ese merodeador se iba a colar en la cabina.

Respire hondo, fije el blanco y... disparé. La bala paso rozando al podrido pero no le acerté. Cerrojé rápido y volví a apuntar. Efectué otro disparo. La máquina se movió en ese instante y la bala impacto en la carrocería del Bulldozer. El merodeador ya estaba entrando en la cabina. Cerrojé y casi sin apuntar, disparé de nuevo. Esa fue la buena. La bala alcanzó al merodeador y lo derribó de la máquina, haciéndolo caer de esta. Eduardo se percató y movió la máquina marcha atrás y, acto seguido, embistió al podrido que se estaba levantando. Por la lente vi como Eduardo nos miró y nos hizo un gesto con el dedo pulgar hacia arriba.

Fue cuestión de una hora que Eduardo trazase un camino entre tantos vehículos. El camino era lo suficiente ancho para que nuestros vehículos continuaran la marcha. Así lo hemos hecho. No nos ha dado tiempo a transitar muchos kilómetros, ya que ha empezado a anochecer y hemos decidido acampar en este lugar. Cuando hemos parado y bajado de los coches, nos hemos quedado sorprendidos. La chica que no habla, la cual Iván ha bautizado como "La muda", se ha quedado absorta mirando a un punto fuera de la carretera. Cuando Esther se le ha acercado y preguntado "¿Que ocurre?", esta, sin apartar la mirada ha levantado el brazo y señalado a donde estaba mirando. Todo el grupo hemos mirado extrañados, pero allí no hemos visto nada. Solo campos y una carretera secundaria a la cual se accedía desde una salida de la autovía. Esther le ha preguntado varias veces "¿Que hay allí?". La chica no ha contestado, solo ha seguido mirando hacia ese punto. Viendo que, para variar, no ha articulado palabra, María le ha dicho que escribiese que hay allí. Por primera vez y contra todo pronostico, nos ha hecho caso. Sobre el polvo de una de las ventanillas de nuestra furgoneta ha escrito "CASA". Nos hemos quedado mirándonos los unos a los otros con cara de poker y "la sin nombre" ha comenzado a andar camino a la salida de la autovía. Le hemos pedido que se detuviera pero no nos ha hecho caso. Ha seguido caminando. Al final, Eduardo y yo nos hemos visto obligados a correr tras ella y detenerla. Cuando la hemos detenido, se ha puesto a llorar y a gritar como una loca. Al menos ya sabemos algo, no es muda, pega buenos gritos. Como hemos podido, la hemos metido en la furgoneta y Belén la ha intentado tranquilizar. Así hasta ahora, que se ha dormido.

¿Casa? ¿Su casa? ¿Entre los campos? Dudo mucho que sea así. Esta chica tiene un grave trastorno psicológico y dudo mucho que este actuando con lógica. Habrá que mantenerla vigilada, sino, escapará y solo conseguirá convertirse en una presa fácil para los merodeadores.



- Erik -

lunes, 24 de mayo de 2010

+ 24-05-10 + Un perdón no merecido

Hace cuatro horas aproximadamente que hemos escogido donde acampar esta noche. Los nuevos han decidido venirse con nosotros. Les hemos contado todo sobre la ciudad de Reus y en su cara hemos podido ver un gesto de esperanza. Bueno, en todos menos en la chica, que seguimos sin conocer su nombre. No ha abierto la boca en ningún momento. Solo observa, cual pajarito. Juanca y Hans nos ha dicho que durante el cautiverio tampoco habló nada. Es una chica rara. Su aspecto ya hace deducir que le ocurre algo. Sus ropas que parecen harapos viejos, su cuerpo extremadamente delgado, rozando la anorexia, su mirada perdida... Definitivamente, es una chica con problemas. No ha dado muestras de tener interés en venir con nosotros. Deducimos que quiere venir porque cuando se lo hemos dicho, no se ha bajado del coche. Así que suponemos que no le importa venirse con nosotros. De todas formas, no la íbamos a dejar ahí abandonada aunque quisiera.
Referente al caníbal, obviamente, no lo hemos llevado con nosotros. Faltaría más. Ni era mi intención ni lo iba a permitir el grupo. Aún así, hemos tenido un pequeño susto relacionado con él, pero eso lo contaré más adelante. Primero quiero hablar de una pequeña charla que he mantenido con él. Cuando decidí llevarlo con nosotros, fue porque quería hacerle unas preguntas. Quería saber el por qué, junto a los de su campamento, asesinó y se alimentó de personas inocentes. Quería conocer detalles de su vida, saber que clase de persona era, descubrir que las malas personas nacen y no se hacen. Después de la charla que he tenido con él, ahora se que todos podemos perdernos en el camino y volvernos en seres irreconocibles.

Voy a transcribir mis preguntas y respuestas con exactitud, ya que me tomé las molestias de anotar en un papel (las fotocopias religiosas del beato, antiguo propietario del coche que conduzco, han servido para algo) todo lo que me ha dicho. Ya de paso decir que al principio se ha mostrado reacio a contestar a mis preguntas, pero con paciencia he conseguido que hablé. Iván quería hacerlo hablar de otra forma, pero a parte de que no aprobaría su método, quería hablar con él a solas. Aquí os dejo la conversación. Como he dicho, las preguntas y respuestas son tal cual se han realizado:


P. ¿Cual es tu nombre, tu edad y de donde eres?

R. Mi nombre es Adolfo, tengo 38 años y soy natural de Tortosa. En realidad, nací en Tarragona pero me crié en Tortosa y siempre me he considerado Tortosí. De todas formas, no sé para que quieres saber todo esto.

P. Ya te dicho que quedaras libre si contestas a mis preguntas. ¿A que te dedicabas antes de que comenzara todo?

R. Trabajaba como profesor en la escuela "San Jordi". Daba clases de matemáticas a alumnos de secundaria. No se que narices obtienes con estas preguntas. ¿Eras periodista? ¿Estas haciendo un reportaje de todo lo sucedido? Si es así, no se donde lo vas a publicar y quien lo va a leer. ¿Has visto a un andante leyendo? Por qué yo no. No pierdas el tiempo, chico, y dejarme ir o hacer lo que tengáis que hacer conmigo.

P. ¿Como llegaste aquí y quienes eran los del campamento?

R. El como llegué es una historia muy larga la cual no te voy a relatar, ya que ni tengo ganas ni creo que te interese. Solo te diré que cuando ves como una veintena de jóvenes es despedazada por dos andantes delante de tus ojos en mitad de una clase y que cuando intentas pedir ayuda te encuentras con que la ciudad esta sumida en un caos, tú primera reacción es huir. Y si huyes y a tu paso te das cuenta de que las ciudades o cualquier zona masificada es un hervidero de infectados, llegas a la conclusión de que las zonas alejadas de las ciudades, como es un bosque, son seguras.

P. No me has contestado a la segunda cuestión

En mi huida, con el transcurso de las semanas, me uní a diferentes grupos de supervivientes. De los dos primeros grupos, la mayoría murieron. Los que sobrevivimos nos terminamos uniendo a un grupo que había acampado en el lugar que arrasasteis. En principio, eran unas 6 personas, que les pillo todo esto en esta autovía y aprovecharon las tiendas de campaña que llevaban en los vehículos para acampar. Con nuestra llegada nos convertimos en unos 17. El campamento fue creciendo día tras día. Por la autopista próxima a la arboleda no paraban de transitar personas que huían de las ciudades y buscaban un lugar tranquilo alejado de los andantes. Cuando el campamento creció lo suficiente y ya nos era imposible albergar a más gente, dejamos de recoger gente y nos dedicamos a pasar desapercibidos. Eramos unas 38 personas y vivíamos aprovisionandonos de un centro comercial ubicado a unos 30 kilómetros de aquí. De allí sacamos más tiendas de campaña, utensilios de cocina, ropa, etc...

P. ¿Teníais comida y os alimentabais de personas? Explícame eso

R. Me parece que no tienes idea de nada. ¿Como has sobrevivido todo este tiempo siendo tan sumamente ingenuo? ¿Te crees que los alimentos se reponían por orden divina? Deberías de ser un poco inteligente y deducir que dicha fuente de provisiones fue agotada. 38 personas alimentándose durante meses... ¿Cuanto crees que duraron los alimentos? Un suspiro. Y eso obviando los que se echaron a perder por falta de frío.

P. Sigo sin entender como pudisteis llegar a ese extremo. Actuasteis como asesinos

R. ¿Y quién te pide que lo entiendas? Es más, ¿quién eres tú para juzgarnos? Por lo visto, tú debes de ser una hermanita de la caridad. Por lo que deduzco, tú y tu grupito habéis estado vagando mucho tiempo. Sois un grupo pequeño que no le presupone un problema el moverse. Os desplazáis fácilmente. Solo os basta dos vehículos y punto. Vuestro camino os va ofreciendo todo lo que necesitáis. Encontráis nuevas tiendas las cuales saquear y obtener alimentos. Pero nosotros eramos 38 personas, que se dice pronto. Mover todo el grupo era prácticamente imposible. ¿Cuantos vehículos íbamos a necesitar? ¿Y el combustible de donde lo íbamos a sacar? ¿Y a donde íbamos a ir? Y crear un grupo de voluntarios para que fueran a buscar alimentos era inútil. A parte de que no podrían traer suficientes alimentos para abastecer a todos, pronto agotaríamos todas las fuentes de provisiones cercanas y tendríamos el mismo dilema. Era malgastar esfuerzo y poner en peligro las vidas de los voluntarios.

P. Cualquier opción era buena menos el canibalismo. Escogisteis el camino más fácil y más cruel

R. Te repito que no teníamos más opciones. Intentamos todas las que estaban en nuestra mano. Hasta probamos cazar un merodeador e intentar comerlo. Sabíamos que comer esa carne pútrida no podía traer buenas consecuencias, a pesar de ello, un compañero la comió para probar. Para tú información, esa persona no tardo en caer enfermo. Se había infectado. Fue cuestión de horas que se convirtiera en un andante y le volásemos la cabeza. Agotada esta opción y la de la caza de animales, no nos quedó otra opción. ¿Te piensas que nosotros, al principio, no estábamos horrorizados con la idea? ¿Te crees que nos imaginábamos comiendo a personas? Estas cosas no se deciden, surgen. Te ves obligado a hacerlas por sobrevivir. Igual de obligados que los tipos esos que se les estrelló el avión en Los Andes y también practicaron la antropofagia. Nosotros teníamos a mujeres y niños, no podíamos permitirnos el lujo de dejarlos morir a la espera de otra solución. Mientras nosotros nos debilitábamos y moríamos de hambre poco a poco, por la autovía no paraban de transitar personas errantes. Nosotros los observábamos ocultos hasta que alguien propuso la idea. Fue Andoni quien tuvo dicha idea. Como él dijo cuando se la expuso a todos, "Cazar para sobrevivir". Créeme, aunque reticentes, todo el grupo levantó la mano para votar la idea. Todos. Cuando esto ocurrió, nos pusimos manos a la obra. Hicimos turnos para vigilar durante todo el día la carretera. A toda persona que cruzaba, la interceptábamos de una u otra forma, nos ganábamos su confianza hasta que los podíamos dejar inconscientes y matar indoloramente. Recuerdo a los primeros que paramos. Era una caravana de chicos y chicas jóvenes que venían del sur. No nos fue fácil hacerles eso. Yo, personalmente, tuve pesadillas durante semanas. Me sentía culpable hasta que comprendí que estábamos haciendo lo correcto.

P. ¿Estábamos haciendo lo correcto? ¿Como puedes decir eso?

Por supuesto que estábamos haciendo lo correcto, no te quepa la menor duda. ¿Te crees que esas personas iban a llegar muy lejos? ¿Te piensas que no iban a acabar cayendo en manos de los andantes? ¡Los iban a devorar ellos! Y después se convertirían en andantes. Solo iban a servir para ser más escoria muerta que, a su vez, iban a convertir a otros en más escoria muerta, así sucesivamente. Desperdiciaban su vida hacia una causa negativa. Ocurría lo contrario si eran cazados y comidos por nosotros. De esta forma, morían por una buena causa. Su muerte no era en vano. Además, nosotros, a diferencia de los andantes, les quitábamos la vida de forma rápida y menos indolora posible. Que ellos perecieran significaba que la comunidad sobreviviera, era que una pequeña sociedad de supervivientes se mantuviera viva y sana, que todos pudiéramos ver un nuevo amanecer, que pudiéramos subsistir y multiplicarnos, para así, el día de mañana, acabar con todo este caos y reconstruir la sociedad nuevamente. La supervivencia ha estado y esta en todos los aspectos de la vida. Sin ir más lejos, mira los animales. ¿Que animal no mata por subsistir? Ya sea para alimentarse o por cualquier otro motivo de supervivencia. El lobo caza a otros seres vivos, el león hace lo mismo, el zorro idem y así sucesivamente. Todos lo hacen con un fin: sobrevivir, velar por su manada y procrear con el fin de asegurar su estirpe. Es la ley de la naturaleza y en todos estos años de vida fácil, el ser humano ha olvidado su condición de depredador. Sí no lo comprendes es porque no quieres. Si tú hubieses estado en nuestro lugar opinarías igual...

P. Jamás. Nunca habría participado en semejante barbarie. Antes prefiero morir de hambre

R. Lo que decía, eres un ingenuo. Y además, egoísta. Egoísta porque piensas individualmente. Te aviso, esta forma de pensar te va a traer muchos problemas con tu grupo. Tienes que pensar siempre colectivamente. No puedes decir que nunca harías algo, debes de preguntarte si el grupo necesita que hagas algo. Si por el grupo tienes que matar, tienes que matar... Por la expresión de tu rostro me atrevería a decir que ya has tenido que matar por tu grupo. ¿Ves? Tú y yo no somos tan diferentes. Hemos hecho cosas "horribles" por el bien del grupo y por nuestra supervivencia. Seguro que antes de hacerlas, pensabas que nunca serias capaz de hacerlas. Por eso te repito, si tú hubieses estado con nosotros, habrías actuado como nosotros. Y no te lo digo en forma de reproche, solo te digo que lo habrías hecho y habrías actuado correctamente. Me reafirmo, no hemos hecho nada que otro en nuestro lugar no hubiese hecho. Ha sido todo por supervivencia y no me arrepiento de nada.

P. ¿Cuantas personas habéis asesinado para alimentaros?

¿Te crees que anotábamos en una libreta el número de las personas que capturábamos? ¿Tú contabas la cantidad de animales que caían en tu plato antes de que sucediera todo? ¿Cuantas pechugas de pollo te comías al año? Esto es lo mismo. No hemos hecho esto por gusto. Lo hemos hecho por necesidad, metetelo en la cabeza. Pero si tanto te empeñas, te diré que más de una centena seguro. Supongo que tu siguiente pregunta era si hacíamos distinciones. Sí, las hacíamos. A los niños no nos los comíamos. Los integrábamos en la comunidad para que se adaptaran. Eso sí, si la caza hubiese escaseado, no habríamos hecho ningún tipo de distinción. De la misma forma te digo que si no hubiéramos tenido la suerte de estar cerca de esta autovía, tan transitada por supervivientes, hasta es posible que nos hubiéramos planteado el escoger a miembros de nuestra comunidad para alimentarnos. Esto no lo habríamos hecho de cualquier forma, sino selectivamente. Habríamos utilizado a los miembros de menos utilidad para la comunidad. Lo habríamos tomado como una selección natural, el triunfo del fuerte sobre el débil...


Después de escuchar semejante serie de atrocidades, he dado por terminada esta "entrevista". Su frialdad al relatar todo, su ausencia de remordimientos, su forma de regocijarse en cada una de sus palabras... me han producido unas tremendas ganas de vomitar y pegarle un tiro entre ceja y ceja. Ahora si me alegro de que Iván haya quemado ese jodido campamento de tarados. Cuando lo capturé con la intención de hacerle preguntas, no esperaba ni por asomo que justificara sus actos de esta forma. Lo jodido es, que a pesar de que se que todo lo que ha hecho él y su gente esta mal, no he encontrado argumentos para rebatirle. Tiene otra moralidad, otra visión de lo que esta bien y esta mal. ¿Como cojones puedo explicar y hacerle entender a un lobo que esta mal matar para alimentarse? Se que no es lo mismo y Dios me libre que no lo justifico, pero es lo que han estado haciendo estos tipos durante todo este tiempo. Otra vez entro en el dilema de lo que esta bien y esta mal. Solo Dios es capaz de juzgar estos actos. Yo, por el contrario, se que nunca habría podido actuar así. Por mucho que él diga que tendría que estar en esa situación.

Muchos de vosotros se que estaréis preguntándoos que hemos hecho con él, si lo hemos asesinado. Quizás habría sido lo mejor. Llevarlo a la cuneta tal cual estaba, atado de pies y manos, y meterle una bala en su cráneo lleno de basura. Pero no ha sido así. Iván ha propuesto matarlo. Su argumento, era un asesino y no merecía una segunda oportunidad. Fede ha apoyado esta moción. Los demás se han mantenido al margen. He sido el único que se ha opuesto, aunque ahora me arrepiento de ello. Cuando Iván lo ha encañonado con la escopeta, he apartado el cañón rápidamente. Iván se ha puesto como un basilisco, pero no he entrado en su juego. Mi respuesta ha sido "No somos como él. Vamos a demostrárselo". He obviado su "¡Como que no! ¡Yo soy más hijo de puta y se lo voy a demostrar!" y he cortado las ataduras del caníbal. Este, con mirada de sorprendido, se ha levantado y me ha mirado directamente a los ojos. Sus palabras han sido "Gracias. Pero ahora más que nunca, te recuerdo que sigues siendo un individualista. No has permitido que me maten por puro egoísmo. No quieres asemejarte a mi, por eso lo has impedido. Pero ya te he dicho que no somos tan diferentes. Todos los aquí presentes somos iguales. La diferencia es que tú te empeñas en creer que no eres así. Un claro ejemplo son tus compañeros. Ellos dos quieren matarme y los otros se abstienen de opinar. Tú eres el único que se empeña en respetarme la vida. No me confundas, te lo agradezco. Pero no somos tan diferentes aunque te empeñes. Ya lo comprenderás. Sobretodo entenderás que hay que anteponer al grupo sobre cualquier otra cosa o de lo contrario, el bienestar de todos se puede venir abajo. Tomatelo como un consejo. Chao". Después de esto, se ha alejado andando autovía abajo. Iván ha intentado pegarle un tiro con el subfusil, pero una vez más, se lo he impedido. En que mala hora.

Nos hemos puesto en marcha y hemos transitado unos cuantos kilómetros. Nos ha caído la noche y hemos decidido acampar en el lugar donde nos encontramos ahora. Ha pasado el tiempo sin ningún tipo de sobresalto y todo ha ocurrido después de cenar. De esto hace apenas unas horas. Estábamos todos preparándonos para dormir cuando Esther se ha ido a mear. Ha salido fuera de la autovía y se ha escondido tras unos matojos. Lo raro ha sido cuando han pasado los minutos y Esther no regresaba. La hemos llamado a voces, pero ella no ha contestado. Cuando hemos mirado tras los arbustos y hemos descubierto que allí no había ni rastro de ella, es cuando he imaginado lo peor. Todo el grupo hemos cogido nuestras armas y linternas y hemos salido de la autovía a buscarla, llamándola a gritos. Nos hemos dividido por grupos de dos y bifrcado para buscarla. Belén y yo íbamos por una zona de arbustos y matojos cuando hemos visto una silueta en la oscuridad. Cuando hemos iluminado a esta, nos hemos quedado helados. Era el jodido caníbal. En sus manos sostenía un cuchillo que lo tenía situado en la garganta de Esther. Esta estaba amordazada y atada de pies y manos. Su mejilla sangraba abundantemente. El caníbal no parecía sorprendido, sino todo lo contrario. Solo ha dicho "Vaya... Ya me habéis jodido el aperitivo". Belén y yo le hemos encañonado rápidamente. Al ver esto, Adolfo ha agarrado a Esther con más fuerza y apretado más el filo del cuchillo contra el cuello de Esther. De los ojos de esta brotaban lágrimas a borbotones. Cuando le he ordenado que la suelte, él solo ha dicho "Te lo advertí, Erik. Debes de anteponer el bienestar de tu grupo ante todo". Le he repetido la orden, pero esta vez a permanecido callado y quieto, utilizando a Esther de escudo. Después de unos segundos de silencio, ha dicho "Veamos si has aprendido algo..." y ha soltado a Esther, la cual a caído al suelo. A pecho descubierto, me ha mirado desafiante y me ha animado a dispararle. No lo he hecho. Lo he seguido encañonando pero no me he atrevido a apretar el gatillo. Finalmente, ha dicho "No has aprendido nada. Matarás a tu grupo con esa actitud" y ha levantado el cuchillo en dirección a Esther. Entonces he disparado tres disparos con la pistola, los cuales le han impactado en su pecho. Recuerdo que mientras a caído de rodillas y con la sangre brotando de su boca, ha dicho mediante un hilillo de voz "Lo sabía... Eres igual que nosotros...". Han sido sus últimas palabras. Los disparos han atraído a todo el grupo, que estaba buscando a Esther alejados de esta zona. Cuando han visto la escena, se han sorprendido. Esperaban cualquier cosa menos que ese puto caníbal nos hubiese seguido. Yo tampoco lo espraba cuando lo hemos encontrado. Mientras Eduardo y María desataban a Esther, Iván se me ha encarado y, empujándome, ha dicho "¡Eres un puto mierda! ¡Lo teníamos que haber matado en su momento! ¡Nos habríamos evitado esto! Esther podía estar muerta ahora mismo por tu jodida imprudencia. ¿Acaso creías que ese tipo se iba a reinsertar? ¿Que se iba a hacer vegetariano a estas alturas? Si no tienes huevos para apretar el gatillo y proteger a los tuyos, deja a los que si que tenemos. Solo haznos ese favor...". No he escuchado más. He dado media vuelta y me he pirado para el coche. Belén me ha seguido y no ha parado de decirme que he actuado correctamente en todo momento, que no soy un psicópata como lo es Iván y que yo no sabía que esto podía ocurrir. Agradezco su apoyo, pero se que lo dice para que me sienta mejor. Lo sé. Lo peor de todo es que ese puto caníbal tenía razón. A veces, no hay que preguntarse lo que esta bien y lo que esta mal si lo que esta en juego es la supervivencia del grupo. He errado.

Quizás, como él a dicho, no soy tan diferente a como era él... A pesar de que en ocasiones me intente poner una mascara para sentirme mejor.


- Erik -



domingo, 23 de mayo de 2010

+ 23-05-10 + Asalto y liberación

Tengo grabado en la mente el brillo de la luna de esa noche. Era... un brillo extraño. Algo me decía que algo malo iba a ocurrir. Una de esas premoniciones que no sabes de donde vienen pero sabes que se van a cumplir. Todos estaban durmiendo. Habíamos acampado al borde de la autopista. Eduardo y los demás dormían en la furgoneta mientras que en el utilitario estábamos Belén y yo. Yo miraba la luna y no paraba de pensar en todo lo sucedido. Todo lo ocurrido hasta la fecha. Por mi mente desfilaban miles de rostros de podridos. Los veía andar por ciudades vacías, por edificios públicos, por sus casas... No se porqué mi mente recreaba esas imagenes. De repente, Belén me tocó la mano. Por lo visto, llevaba un buen rato despierta. Me dijo que en que pensaba. Yo le contesté que en nada en concreto. Sin venir a cuento comenzó a besarme el cuello mientras me acariciaba el pelo. Permanecí quieto dejándome llevar. Hacía tanto tiempo que no sentía una muestra de cariño suya... De un rápido movimiento, saltó de su asiento y se situó encima mía. Comenzamos a besarnos, a quitarnos la ropa desenfrenadamente, tocarnos todo el cuerpo... y ocurrió todo. Los cristales del coche estallaron en mil pedazos. Belén gritó asustada. Un gran número de siluetas camufladas por la oscuridad de la noche rodeaban el coche. Intenté estirar el brazo al salpicadero para coger mi arma pero no me dio tiempo. La puerta del vehículo fue abierta y varias manos tiraron de nosotros con una fuerza sobrehumana. Ambos caímos al exterior. Belén se abrazó a mi mientras yo observe a nuestros agresores. Los miré a la cara uno a uno. Habían hombres y mujeres de todas las edades... No me cabía duda, conocía esas caras. Eran los del campamento de caníbales. Todos nos miraban con una extraña sonrisa. Nos observaban detenidamente. Nos devoraban con los ojos. Intente ponerme en pie para atacarles pero me inmovilizaron rápidamente. Mire al frente. Eduardo y los demás estaban en las mismas que nosotros. Comencé a gritar que nos dejaran en paz, que les daríamos comida, pero eso solo hizo que comenzaran a reírse a carcajadas. Lo que comenzaron a hacer a continuación es una imagen que no paro de recrear en mi mente. Levantaron a Iván y entre varios comenzaron a asestarle puñaladas. Una tras otra, en el pecho, en el abdomen... levantaron a los demás y comenzaron a hacer lo mismo. Los cortaban separando sus extremidades. Los estaban desmembrando a sangre fría. Mientras yo gritaba con todas mis fuerzas y los maldecía, levantaron a Belén. Ella también gritaba. Sabía que le iban a hacer lo mismo. Dos de ellos sacaron sus cuchillos y el primero se lo hundió en la garganta. Mientras la sangre se derramaba, yo entraba en estado de shock. No podía gritar, no podía moverme... solo mirar. Empezaron a tirar de sus extremidades y su cuerpo se partió en dos. Dejaron caer sus restos al suelo y, como si se pusieran de acuerdo, todos se tiraron al suelo a devorar los cadáveres. A mi me dejaron ahí tirado viendo como devoraban los cuerpos de mis compañeros y de mi novia. En ese momento me levanté y me acerque. Sin más, me tiré sobre el cadáver de Belén y me puse a comer de los restos. Con mis manos apartaba restos ensangrentados, los seleccionaba y me los llevaba a la boca. Todos a mi alrededor hacían lo mismo. Eramos bestias. Animales. Por unos instantes mire mis manos. Estaban despellejadas... podridas... Lo último que recuerdo era como del cadáver de Belén sacaba un muñeco. Un pequeño muñeco que parecía de goma. Tenía brazos y pies... era un feto. Me lo llevé a la boca y lo devoré...

No se porqué he tenido esa clase de sueño. Hacía tiempo que no tenía pesadillas de este calibre y mucho menos tan sumamente bizarras. Yo convertido en un merodeador devorando a Belén, desmembrando su cuerpo y comiendo ¿un feto?. No tengo ni idea que quiere decir este sueño. Hay algo a lo que si le encuentro explicación y es a la aparición que hacen los caníbales en el sueño. Hemos vuelto a tener contacto con ellos.

Después del destierro de la casa de Joaquin y Mercedes, permanecimos acampados en una zona segura y bien oculta. Dicho destierro nos había pillado con los preparativos del viaje a mitad, así que decidimos acampar al menos unas 24 horas para terminar de organizarlo todo bien. Pasamos todo el día con los preparativos. Recuento de alimentos, recuento de munición, limpieza de las armas, trazado de rutas alternativas en el mapa... No paramos en todo el día, pero a pesar de eso, yo solo pensaba en una cosa. En la chica que deje en el campamento de los caníbales. Mi mente era asaltada por cantidad de preguntas. ¿Estaría viva? ¿Ya la habrían devorado? ¿Por qué no la salvé cuando tuve ocasión? Era consciente de que si no volvía a por ella, el sentimiento de culpabilidad no me iba a dejar dormir como no me había dejado hasta ahora. No aguante más y cuando llegó la hora de la cena, conté a todo el grupo lo que nos había ocurrido en nuestra última incursión. Iván y Eduardo me miraron sorprendidos cuando comencé a relatar lo sucedido. Los demás, sobretodo Belén, también se quedaron boquiabiertos. Belén se llevó las manos a la boca cuando relaté todo lo que allí vimos y lo que estuvieron a punto de hacernos. Cuando termine el relato, expuse mi intención: Volver a rescatar a esa chica y a los que quedaran allí cautivos. La forma de hacerlo, entrar a sangre y fuego. La respuesta por parte de todo el grupo me dejo asombrado. Un rotundo NO. Esperaba ese NO de Belén, pero no de boca de Eduardo y Fede. Más sorprendido me quedé cuando al alegar "Son seres humanos. Tenemos que ayudarles", Eduardo me respondió "Erik, te comprendemos. Al menos yo te comprendo. Se que eres una gran persona. No soportas el sufrimiento ajeno y te dejarías la piel por ayudar a los demás. Lo has demostrado hasta ahora. Pero tienes que comprender algo. El grupo esta cansado de sufrir y yo el primero. No queremos ver más muertes, no queremos ser participes de masacres innecesarias. Solo debemos de preocuparnos por nosotros, por nuestras vidas y que el mundo siga su curso. Queremos llegar a Reus y olvidar. Olvidar todo lo que hemos visto y hemos sufrido. Es hora de que pensemos en nosotros, ya que no somos hermanitas de la caridad. Como has podido comprobar con Joaquin, cada uno mira por su propio interés y es algo que ahora veo lógico y normal. Por salvar a esa gente no podemos ponernos en peligro nosotros. Que cada palo mantenga su vela. Lo siento...". Iván me miró y acompaño las palabras de Eduardo con un "Tiene razón, hermano". No contesté. No podía comprender actitud tan poco humana y egoísta. Me fui al coche indignado, me tapé con una manta e intente dormir. En el asiento trasero estaba Thor, mirándome. Parecía que supiera que estaba enfadado. Me dio unos lametones y se tumbó a dormir. Pasaron las horas y permanecí dentro del coche, dándole vueltas al asunto. Vi como todos se metieron en la furgoneta, Iván se subió al techo de esta para hacer la primera guardia y Belén entró a nuestro vehículo. Cerré los ojos y me hice el dormido. Ella me dio un beso y se tapó. No tardo en dormirse. Paso una hora aproximadamente. Todos dormían menos Iván, que estaba haciendo la guardia. Se encontraba de espaldas a nuestro coche. Entonces hice lo que llevaba horas pensando hacer. Si nadie iba a ayudar a esa gente, iría yo solo. Si ellos podían dormir tranquilos con ese peso en su conciencia, yo no era capaz. Abrí la puerta del coche lo más silenciosamente que pude. Thor levantó la cabeza y me observó. Como si de una persona se tratase, me llevé el dedo a los labios y le hice un gesto de que no hiciera ruido. Salí y cerré la puerta muy despacio. En mis manos llevaba mi subfusil. Quedaban pocos cargadores, así que tenía que evitar abrir fuego. Iván seguía sin percatarse de mi presencia, ya que estaba de espaldas. Aproveché esto y comencé a andar lentamente rumbo a unos arbustos, con tan mala suerte que pise una rama. Eso fue suficiente para alertar a Iván, que no tardo en apuntarme. Con gestos le dije que no alarmara a los demás, que era yo. Este me miro extrañado, bajo del vehículo y se me acercó. Me preguntó que a donde iba. Mi respuesta fue "A mear", a lo que me respondió "¿Desde cuando llevas el subfusil y no la pipa para ir a mear? Erik, no me caído de un nido, tú y yo sabemos a donde vas y solo te puedo decir que estas loco...". Aguardé en silencio unos segundos, mirándole a los ojos y apuntilló su frase "...pero no tanto como yo. Vamos para allá, nos los cargamos, sacamos a esa tiparraca de allí y volvemos. Pensándolo bien, tengo ganas de marcha y de terminar lo que empezamos". Le dije que no, que debía volver a su puesto de vigía, que me dejara a mi solo. Contestó "No es negociable. O voy contigo o no vas a ningún lado. No te preocupes por la guardia, aquí no hay merodeadores cerca. Ya lo has comprobado hoy, si estuviesen cerca, habríamos visto a alguno. Además, será rápido. Vamos, cuanto antes salgamos más tardaran en echarnos de menos". No tenía otra opción. Juntos comenzamos a andar en busca de la famosa arboleda. No necesitábamos linternas, la luz de la luna era impresionante. Era como un inmenso foco que nos alumbraba.

Caminamos hasta encontrar la arboleda y, una vez en esta, nos internamos en busca del dichoso campamento. No fue fácil transitar por aquí, ya que los arboles apenas filtraban la luz de la luna y como se dice vulgarmente, no veíamos ni tres montados en un burro. Andamos durante unos minutos hasta que divisamos una pequeña luz anaranjada en la lejanía. No cabía duda. Era el campamento de los antropófagos. Conforme nos íbamos aproximando, descubrimos que dicha luz era de una hoguera todavía encendida. Alrededor de esta se vislumbraban algunas tiendas de campaña. Parece ser que después de nuestra escabechina, los supervivientes no habían perdido el tiempo y habían reconstruido su pútrido poblado. Nos situamos a una distancia prudente y observamos. Tenían que tener a alguien haciendo guardia. Tenían que tenerlo... Buscamos con la mirada, hasta que lo vimos. Caminando entre las tiendas de campaña, con una escopeta en sus manos, apareció un individuo. Se situó junto a la hoguera, se desperezó y acto seguido se sentó en una silla que allí había. De su cinturón saco un machete y cogió algo que había cerca de la hoguera. Era un trozo de carne. Restos de la cena de esa noche, supongo. Lo peor de todo es que os podéis imaginar que clase de carne debía de ser. Verlo cortar rodajas y llevárselas a la boca me produjo un profundo asco por el cual casi vomito. Miré a Iván y le pregunté que se le ocurría. Él me contestó "Me voy a alejar unos metros. Tú solo tienes que hacer algo para llamar su atención. Cuando se acerqué para ver que es, lo sorprenderé por la espalda. Fácil y rápido". Iván se alejó de mi posición reptando y yo busqué alguna forma de llamar su atención. Lo único que se me ocurrió fue mover unos arbustos que tenía delante de mi. Cuando hice esto, el individuo miró rápidamente, se levantó y apuntó a mi dirección. Recé porque no fuera de los que disparan y luego preguntan. A Dios gracias no fue así, ya que de lo contrario no estaría aquí relatándoos lo ocurrido. Como os iba diciendo, se levantó y apuntando con la escopeta, comenzó a mirar. Ocultó en los matojos, moví una vez más los arbustos. Este, sorprendido, comenzó a andar cautelosamente hacía mi posición. Como dice el refrán, la curiosidad mato al gato. Cuando estaba a mitad de camino entre mi posición y el campamento, Iván emergió de las sombras, por su espalda, y le asestó una serie de golpes en la espalda mientras le tapaba la boca. Me sorprendió que dichos golpes dejaran fuera de combate a ese hombre, entonces comprendí que los golpes no fueron tales golpes. Descubrí que Iván le había asestado unas puñaladas cuando vi un cuchillo ensangrentado en sus manos. Lo primero que le dije fue que por que había hecho eso, que no había necesidad de matar a nadie. Su respuesta fue contundente: "Tú eliges: Esto o pedirles por favor que nos entreguen a los rehenes. No me seas niño, joder, sabías a que venías. No perdamos tiempo". No comparto ni apruebo el matar a sangre fría. Aunque pensándolo detenidamente, soy el menos adecuado para hablar. Andamos casi agachados por el campamento. Caminamos entre las tiendas intentando hacer el menos ruido posible. Mientras andábamos, yo me iba fijando en todos los detalles. Había ropa tendida, juguetes por todos los lados, libros y revistas, hasta un balón de fútbol... Sigo sin comprender como gente tan aparentemente normal, podía actuar de esa forma.

No tardamos en llegar a las vallas donde encerraban a su "comida". Inconscientemente, comencé a buscar a esa chica. Deseaba con todas mis fuerzas que siguiera viva, que estuviera allí, que no la hubieran devorado. Allí estaba, acurrucada en un rincón y tapada con una manta. Parecía dormida. Junto a ella, habían dos personajes más, un chico joven que permanecía sentado y nos observaba con cara de desconcierto, y otro que estaba tumbado y durmiendo, al menos, aparentemente. Miré al que estaba despierto y le hice el mismo gesto que momentos antes le había hecho a Thor. La pequeña diferencia estaba que ahora se la estaba haciendo a un ser racional que entendía mi gesto. Iván cogió las llaves del candado, que estaban colgadas en el mismo árbol de días atrás. Lentamente y sin hacer ruido, abrió el candado y retiró la cadena. La chica y el individuo del suelo se despertaron y nos miraron sorprendidos. Entendieron a la perfección nuestro gesto de "salir de aquí". Una vez estaban todos fuera, les dijimos en voz baja que nos siguieran y emprendimos la marcha. Pero no andamos unos cinco pasos cuando nos detuvimos en seco. La cremallera de una de las tiendas se abrió y de ella salió un personaje diciendo "Manué, ya voy a darte el relevo...". Se cayó en seco cuando en vez de a "Manué" nos vio a nosotros, encañonandolo. Iván desenvaino su cuchillo y, de un rápido movimiento, se lo puso en el cuello, diciendo "Cualquier tontería y eres comida para los perturbados de tus amigos". Este comprendió que Iván iba en serio y no dijo ni mú. En ese mismo instante recordé lo que había hecho momentos antes con el otro individuo y deduje que lo iba a repetir con este. Mis palabras fueron "Iván, no lo hagas si no da motivos. Nos lo llevamos con nosotros. Al menos, hasta que estemos lo suficientemente alejados para que no de problemas". Mi compañero me miró atónito y dijo "¿Que qué? ¿Que lo llevamos con nosotros? Sí, y ya de paso lo emparejamos con Esther, no te jode... ¿Estas en tus cabales?". Le dije que me hiciera caso por una vez. Le costó, pero accedió a regañadientes. Con este individuo delante, encañonado y sin perderle de vista, y los liberados detrás de nosotros, comenzamos a transitar por el campamento. Una vez salimos de este, Iván me dijo "Se me olvidaba, Erik. Cuando entrabamos al campamento he visto unas latas de gasolina llenas. Nos son de utilidad, así que voy a volver a por ellas. Me acompañara uno de estos que hemos liberado, para ayudarme. No tardaré, pero de todas formas, ves yendo a nuestro campamento con los demás. Y no pierdas de vista a tu amigo el caníbal". No me dio tiempo a decirle que se olvidara de la gasolina, en cuestión de segundos ya había cogido de la camiseta y arrastrado al chico más joven que habíamos liberado e iban de vuelta al campamento. Yo seguí transportando al rehén y a los otros dos.

Habíamos recorrido las mitad de nuestro trayecto, cuando ya me extrañaba que Iván y el otro no estuvieran de vuelta. Fue entonces cuando algo me llamó la atención. A nuestras espaldas, se había levantado una tremenda luz que iluminaba casi toda la arboleda. Era una luz anaranjada que cubría todo el campamento. Esa luz eran llamas que estaban devorando el campamento entero. El fuego cubría todas y cada una de las tiendas de campaña. No tardaron en oírse gritos desesperados. Podía ver fulgurantes siluetas que, cubiertas en llamas, corrían e intentaban alejarse de la tremenda hoguera en la que se había convertido el campamento. No llegaban muy lejos y caían desplomados. El rehén se dejo caer de rodillas al suelo y con la mirada clavada en su comunidad, nos dedico un "Hijos de puta... Sois unos hijos de puta asesinos...". Al escuchar sus palabras no pude evitar pensar la frase de "Le dijo el muerto al degollado". Las llamas no tardaron en propagarse de árbol en árbol. El incendio ya se había declarado y era obvio que dicha arboleda tenía las horas contadas. Mientras observábamos las inmensas llamas, no tardaron en aparecer Iván y su acompañante, ambos cargados con latas de gasolina. Cuando, exhausto y sonriente, llego a nuestra posición, le pregunté que cojones había hecho. Su respuesta fue "Que les jodan. Se lo merecían" y comenzó a andar. En ese campamento habían mujeres y niños y acababan de perecer engullidas por las llamas. Los de ese campamento no merecían vivir por todos sus actos, pero hasta que punto esta justificado lo que había hecho Iván. No lo sé. Por una vez, decidí no juzgar su acto y no decirle nada. Que lo juzgue Dios si existe. Yo mirare el lado bueno, esa gente no volverá a matar a nadie más. Cuando Iván paso junto a a nuestro rehén, le dio las latas de gasolina y le dedicó unas palabras, que fueron "Y tú, no te acostumbres mucho a respirar, que en cuanto pueda te convierto en comida de perro". Este escupió a sus pies en respuesta.

Cuando llegamos al campamento, todos estaban despiertos. Parecía que nos habían estado buscando durante un buen rato. Todos se asombraron al ver que veníamos con más gente. Lo primero que hizo Belén fue darme un tortazo, por el susto que le había dado, y seguidamente un abrazo, por la alegría de ver que estaba bien. Mientras yo conté todo lo sucedido, Iván ató y amordazo al rehén. No fue idea suya, sino mía. Lo hizo a regañadientes, como no. Sigue pensando que lo mejor es matarlo. Yo solo quiero una cosa de esa persona, así que estando yo aquí no le a tocado ni le va a tocar ni un pelo por el momento. Cuando conté lo ocurrido y aguanté la bronca de todos (Eduardo, a día de hoy, sigue sin dirigirme la palabra), los nuevos se presentaron. El chico que había ayudado a Iván a quemar el campamento, se llama Juanca. Es un chico de unos 27 años, de estatura media y pelo castaño. El otro se llama Hans, de 38 años y, como delata su pelo rubio y ojos azules, es alemán. Se que es un tópico, pero saltaba a la vista. Habla un español perfecto. Y la chica... la chica no dijo su nombre. Por no decir, no ha dicho nada hasta ahora. Es como si estuviera muda o en estado de shock. No habla, no se comunica ni por gestos, nada. Solo nos observa con mirada de asustada y se pasa largas horas lloriqueando. Por más que le hablamos y la consolamos, no sale una palabra de sus labios. No se que le pasa. Quizás los acontecimientos de los últimos meses la han dejado así o quizás era una chica con problemas mucho antes de que todo esto comenzara. Sea como fuere, me alegro de que la hayamos salvado. A ella y a los otros dos. Hemos salvado tres vidas. Aunque el precio haya sido quitar unas cuantas. Esto último no me quita el sueño.

Al contrario.

Por fin puedo dormir tranquilo. He enmendado mi error.


- Erik -