jueves, 19 de noviembre de 2009

+ 19-11-09 + 3 días y 4 noches: Con el cañon en la sien

Prosigo:

Como decía, las horas pasaron. La noche llegó y yo estaba ahí, sin poder hacer nada. Arriba de un contenedor por encima de una horda de centenares de merodeadores y a medio trayecto de mi destino. Salir de ésta era prácticamente imposible y yo yacía ahí tirado, desmoronado. No se cuanto permanecí ahí tirado, quizás más de una hora. La angustia era tal, que no sabía que hacer. Pensaba que era el fin y era tontería permanecer ahí arriba más tiempo, esperando una muerte lenta y agonizante. Valía la pena acabar con todo lo antes posible. Me levanté, con el rostro empapado en lágrimas y me puse en una esquina del contenedor. Desde ahí veía a la horda, la cual gemía ansiosa por atraparme. Golpeaban el contenedor y estiraban los brazos en mi dirección. Cogí la pistola y la observé. Seguidamente, quite el seguro, situé el cañón en mi sien y cerré los ojos. Mientras pasaban los segundos, pensaba en si mi cadáver se reanimaría. Este pensamiento me atormentaba. No quería ser uno de esa inmunda escoria. Por otro lado, pensaba que quizás, al efectuar el disparo en la cabeza, no me reanimaría. Era algo que no iba a saber jamás. Poco a poco, fui haciendo presión con el dedo en el gatillo. Ahora pensaba en si sentiría dolor por décimas de segundo. Ya notaba que si tensaba un milímetro más el dedo, el arma iba a escupir la bala. Bajo de mi, los merodeadores estaban más excitados que antes. Los podía oír gemir más sonoramente y golpear más violentamente el camión y contenedor, como si supieran lo que iba a suceder. Aguante la respiración y me preparé para terminar de apretar el gatillo. En ese momento, algo toco mi nariz. Note la misma sensación tres veces más, en diferentes partes de mi rostro. Abrí los ojos. La sensación se repitió. Eran gotas de agua. Miré para arriba sin apartar la pistola de mi sien. Podía ver caer pequeñas gotas de agua. Estaba chispeando.

Baje la cabeza y me dispuse a terminar lo que había empezado. Una simple llovizna no era suficiente para disuadirme de lo que había escogido hacer. En cuestión de segundos, la fina llovizna se convirtió en una cortina de agua, una verdadera tromba. Esto ya me dio que pensar. Baje el arma y mire a la horda. Como ya había comprobado en otra ocasión, estos, bajo la lluvia, se habían sumido en un letargo. Sus brazos ya no estaban en alto, sino colgando, relajados. Su mirada ya no me buscaba, tenían la cabeza con la vista al frente y la mirada perdida. Apenas se movían. Visto esto, una pequeña luz de esperanza se iluminó para mi. Bajo la incesante lluvia y totalmente empapado, me tumbé en el contenedor para comprobar una cosa. Sabía que se quedaban aletargados bajo la lluvia, pero no sabía como reaccionarían si yo pasaba junto a ellos. Descolgué la mochila y la puse a la altura de la horda. Con la mochila delante de los morros de varios merodeadores, comencé a moverla de lado a lado. Estos no mostraban ningún tipo de atención. Comprobado esto, pase al siguiente experimento. Con la mochila, golpeé a varios merodeadores. Les dí bolsazos en la cabeza, una y otra vez. Nada, ni si quiera se movían. Después pasé a la última comprobación. Empuñe la pistola y realicé varios disparos contra la horda. Las balas impactaron en varios merodeadores y estos ni si quiera se inmutaron. Visto esto, ya solo me quedaba bajar y terminar de comprobar mi hipótesis con mis propias carnes. Vacilé unos segundos mientras la lluvia golpeaba mi cabeza. Me encontraba empapado de pies a cabeza. Sin pensarlo más, me descolgué por un lado del contenedor hasta la plataforma y después, al suelo. Una vez aquí, empuñe fuertemente el hacha, esgrimiendolo en alto, preparado por si algún merodeador se me abalanzaba. Ninguno hizo el mínimo gesto de que se hubiese percatado de mi presencia. Con el hacha empuje al merodeador más cercano y lo aparte. Este se desplazó y continuo sin moverse, con la mirada perdida. No perdí más tiempo y comencé a abrirme paso entre la horda. Con las manos y el hacha empujaba sus blandos cuerpos, abriéndome camino entre ellos. Continué rápidamente, sin detenerme y, en ocasiones, despejando el camino a golpe de hacha.

Conseguí abrirme camino entre tanta escoria andante y pude alejarme del núcleo, el cual era donde más habían. Había transitado al menos 9 metros y por ahí los merodeadores estaban menos apiñados y ya podía moverme con libertad. Cuando ya casi no hacía falta que me abriera paso, la tromba de agua se fue convirtiendo en una lluvia más ligera. Viendo que la lluvia arreciaba, me puse nervioso he intente darme prisa. De repente, la lluvia, de la misma forma que comenzó, terminó. Como si hubieran cerrado un grifo, las gotas dejaron de caer. Recuerdo perfectamente como un escalofrío me recorrió el cuerpo y miré aterrado a mi alrededor. Todos los merodeadores se comenzaban a mover lentamente y a fijar sus miradas en mi. Tenía que actuar con más rapidez, así que comencé a correr y a dar hachazos a diestro y siniestro. No sabéis lo repugnante que es sentir como te saltan trozos de carne y sangre coagulada a la cara. Cada paso que daba, había un merodeador que intentaba atraparme. En algunas ocasiones llegaron a sujetarme de la ropa y la mochila, pero conseguí zafarme.

Conseguí encaramarme a un coche y ya en alto, empecé una mejor huida. Los coches estaban mojados y en más de una ocasión resbale, rodando por los capós. Continué la huida lo más rápido posible, hasta que pude alejarme de la zona. Por este trayecto había actividad, pero nada comparado con lo que acababa de cruzar. Continué por instinto, ya que con tanta oscuridad no podía ver apenas nada. Seguí la ruta de coche a coche hasta que hubo un momento en que tenía que bajar al suelo, ya que no habían más vehículos. Con tanta oscuridad esto era algo que me aterraba. Guarde silencio unos segundos para escuchar a mi alrededor. Podía distinguir algún que otro gemido y ruido delante mía, pero no parecía que hubiese un gran número de merodeadores. Dí un bote y baje al suelo. Mi pie aterrizó sobre algo sospechosamente blando. Esta textura ya la había experimentado en otra ocasión. Baje la vista y vi que mi pie estaba hundido en un cadáver podrido. Cuando me fije, descubrí más detalles, y es que ese cadáver estaba levantando las manos y su cabeza, de aspecto calavérico, habría la boca emitiendo un apagado gemido. Aún recuerdo que ni si quiera tenía ojos... ¡Que visión más repugnante! Como un rayo, saqué el pie de su abdomen y salí corriendo. Corrí entre la penumbra, cruce unas vías de tren y vi que el camino se bifurcaba. En ese momento, mi prioridad era encontrar un lugar seguro para refugiarme. Tomé el camino de la izquierda y llegué a una inmensa explanada repleta de coches. Estos parecían nuevos y pronto comprendí que esta zona era utilizada para importar y exportar coches. Antes de transitar por esta, cerré la verja de la entrada, ya que este sitio parecía bueno para pasar lo que quedaba de noche. Por esta zona no había mucha actividad, es más, en todo el trayecto que ande, escondiéndome detrás de los vehículos en todo momento, no encontré a ningún merodeador. Al final del todo, junto al muelle, visualicé una caseta y allí fui, ocultándome para asegurarme de que ningún indeseable que pudiese haber por allí se percatara de donde iba a pasar la noche. Entré en la caseta y atranqué la puerta. Por lo que pude ver, esta caseta era del seguridad. Ya dentro, me acurruqué en un rincón y comencé a darle vueltas a todo lo ocurrido esa noche. Se me erizaba el pelo cada vez que pensaba que estuve a punto de volarme los sesos. Todavía no me creía que hubiese salido de esa. Sin parar de pensar, me quede sobado...


Mañana voy a intentar abreviar la historia de lo ocurrido. Necesito contaros mi situación actual. No paran de ocurrir cosas dignas de mención, pero comprender que necesito contaros todo lo que me ocurrió antes de llegar a mi actual posición.

- Erik -




miércoles, 18 de noviembre de 2009

+ 18-11-09 + 3 días y 4 noches: Rodeado

Prosigo con la historia de lo ocurrido:

El día 6 desperté deslumbrado por los primeros rayos de sol. Al estar a tanta altura, los primeras luces del alba me deslumbraban. Me levanté completamente acartonado por haber dormido sentado en una estancia tan pequeña y salí a la pasarela. Una vez allí, observe el horizonte. La panorámica de la ciudad era espectacular. Podía observar media Valencia desde las alturas. Desde aquí se veía hasta la famosa Ciudad de las artes y las ciencias. También observé la terminal donde me disponía a dirigir mi rumbo. Fije la vista, pero por más que busqué, no vi ningún tipo de actividad humana. Pasé unos minutos observando y me bajé a suelo firme. Una vez en tierra, vi a Thor que estaba husmeando por la zona. Le pusé un poco de agua y fui en busca de unos baños públicos. Cuando los encontré, realicé mis necesidades y me lavé la cara. No se porque, pero me quede absorto mirándome la cara en el espejo. Nunca me había fijado en los cambios que ha sufrido mi rostro. Mi rostro desaliñado esta completamente cubierto de barba. Mi pelo, el cual siempre he llevado rapado, al 1 para ser exactos, ahora lo tenía tan largo como hace años que no lo llevaba. Mis ojos están marcados por unas profundas ojeras. En ese rato que me estuve observando, me di asco a mi mismo. No os exagero.

Una vez acabé de amargarme mirando mi rostro en el espejo, salí y comencé a preparar las cosas para partir. Recargué las armas, hice recuento de alimentos, busqué cosas útiles por la zona y pegué un vistazo al mapa. Según observe en este, había un camino más corto que llevaba a mi destino. Este camino también sale de la rotonda y cruza por un largo puente. Siguiendo por este camino llegaría a la salida sur de las instalaciones portuarias y a la izquierda tendría la entrada trasera de la terminal de contenedores. Después de estudiar la ruta, decidí tomar este camino. Cogí mis cosas, con el rifle colgado a mi espalda y empuñando la pistola, caminé hacía la salida de las instalaciones. Mi sorpresa fue cuando entré al recinto por el cual accedí el día anterior y me lo encontré repleto de merodeadores. Estos habían roto los cristales de la puerta y se agolpaban ante el torno giratorio. ¡Como se las apañan para localizarme! ¡Acaso me huelen o qué! Conté al menos 8, todos ellos agolpados en el torno, pero el cual no habían conseguido cruzar. Rápidamente empuñe mi hacha y a través del torno comencé a darles embestidas. No fue fácil dejarlos K.O. pero lo conseguí. Pase a Thor por el torno y seguidamente lo crucé yo. Mi siguiente visión no fue nada esperanzadora. En el aparcamiento, caminando en mi dirección, habían decenas de merodeadores. Todos con su lenta danza, caminando con los brazos levantados y sus ojos vacíos fijados en mi. Lo bueno es que caminaban dispersados, no eran suficientes para formar una horda compacta.

No perdí tiempo pensando. Agarre bien el hacha con las dos manos, atravesé el hueco de la puerta y comencé a correr en dirección a la marea que se me acercaba. Cuando me acerque a los primeros dos, les arremetí con el hacha y cayeron desplomados. Seguí corriendo y pasé entre tres. Estos intentaron cogerme pero pude escabullirme. Thor iba corriendo a mi lado, sin parar. En mi camino apareció otro merodeador. Sin aminorar la marcha, di un salto y le propine una patada. Este quedó fuera de mi camino. Continué hasta que me interceptaron tres más. Frené en seco y por mi derecha apareció Thor, el cual se abalanzó sobre uno y lo tumbó. Acto seguido, partí por la mitad al primero de un certero hachazo. El hacha se quedo clavado y me era imposible desclavarlo. El otro merodeador ya lo tenía encima, así que saque la pistola del cinturón y abrí fuego contra él. Mientras más merodeadores se acercaban a mi espalda, conseguí descarnar el hacha y seguí corriendo. Me crucé con más indeseables, pero los esquive fácilmente. Sin parar de correr, llegué a la carretera. Esta estaba más repleta que nunca. Entre los coches, decenas y decenas de cuerpos desmembrados hacían aparición. De un bote me subí al coche más cercano y comencé a pasar de coche en coche. Los más cercanos se abalanzaban sobre el coche intentando capturarme, pero yo, más hábil los pateaba y pasaba a un nuevo coche. No se si sería el miedo, la presión de la situación o la constante descarga de adrenalina, pero me sentía que dominaba totalmente la situación. Efectuaba saltos de coche a coche que eran prácticamente imposibles de realizar, a los merodeadores más cercanos les destrozaba la cabeza a hachazos, apartaba a patadas a las manos que me intentaban atrapar... Realicé varios saltos hasta que en uno de ellos apoyé mal el pie y fui directo al suelo. Tuve suerte, ya que con el hacha en la mano podía haberme clavado el filo al caer, pero no fue así. Me levanté rápidamente y me vi rodeado por unos cuantos indeseables. Los conseguí rechazar a hachazos y me volví a encaramar a un nuevo coche y continué la marcha. Seguí la ruta sin variaciones: saltos, hachazos y disparos. Así llegué a la famosa rotonda, la cual me fue más fácil cruzar por el centro y tomé la carretera del puente. La zona del puente estaba más despejada, así que pude transitar más rápidamente. No se cuanto transité, pero cuando llegué a más de la mitad del puente, descubrí que el camino era intransitable. Me sequé el sudor de la frente con la camiseta y observe el panorama. En medio de la carretera yacía un inmenso camión volcado con una cuba. Alrededor de este, habían cantidad de coches empotrados. Uno de ellos había provocado un inmenso agujero en la cuba. Esta cuba tenía varias pegatinas de "material corrosivo". El suelo y los coches estaban recubiertos por una especie de capa oscura. Esto me llamo la atención. Seguí observando hasta que hicieron aparición varios merodeadores. De entre los coches se levantaron varios y por la ventanilla del coche empotrado, emergió otro. El aspecto de estos era diferente, era más grotesco. Estaban prácticamente desnudos y el cuerpo deformado. Sus caras estaban desfiguradas, apenas se les distinguía la boca o nariz y sus extremidades ya no eran tal, sino muñones uniformes. Su cuerpo estaba cubierto de quemaduras e inmensas bambollas. No tarde en comprender a que era debido. Cuando los coches chocaron con la cuba, de esta broto el liquido corrosivo que portaba y este abraso en vida a los desdichados. Ahora ahí seguían, reanimados y deformados. Visto lo visto y que la zona era infranqueable, comencé a retroceder mis pasos. Tenía que tomar la otra carretera, la cual era más larga.

Atrás dejé a los engendros, pero aún podía oír sus gemidos apagados. Retrocedí y encontré mi nueva ruta. Por más que miraba, no veía a Thor. Hacía rato que lo había perdido de vista. Seguí avanzando y mis problemas se multiplicaron, nunca mejor dicho. Por esta zona, la actividad era realmente alarmante. Se podía decir que habían un merodeador por metro cuadrado. A duras penas avancé y avancé, hasta que llegué a una zona que tenía que bajar al suelo obligatoriamente. En plena carretera había un vacío inmenso sin coches. El vehículo más próximo era un camión con un contenedor cargado, el cual estaba a 6 metros. Tras de este, a más de 8 metros del camión, habían nuevos vehículos. El problema de esto residía en que los merodeadores estaban por todas partes. Intente retroceder mis pasos, pero ya era imposible. A mis espaldas se agolpaban el doble. No tenía más remedio que seguir avanzando. Empuñe el rifle y empecé a disparar. Vacié un cargador y tuve que rellenarlo y volver a abrir fuego. Cuando vacié este cargador, hice uso de la pistola. Disparé hasta vaciar este cargador también. Con tanto disparo, pude abrir camino entre tanto merodeador, así que hacha en mano, salté al suelo y comencé a correr. A golpe de hacha elimine a los que me intentaban interceptar y conseguí llegar hasta el camión. Cuando llegué a este, descubrí que no podía continuar si no me habría paso nuevamente a disparos. Intente recargar el arma ahí mismo, pero en cuestión de segundos comenzaron a rodearme. Desesperado y sin saber que hacer, comencé a trepar por el camión. Intente entrar a la cabina, pero allí encerrado había otro merodeador, el cual se lanzó a la ventanilla nada más verme. Seguí trepando y conseguí encaramarme arriba del contenedor. Una vez aquí, comencé a recargar la pistola y el rifle. Una vez hecho esto, me puse de pie en el contenedor y me asomé dispuesto a eliminar al mayor número posible. Cuando vi lo que había ahí abajo, me quedé de piedra. Una inmensa horda ya se había agolpado alrededor del camión. Allí estaban todos, con los brazos estirados, aullando y mirándome. Fui a la parte trasera del contenedor y más de lo mismo. Por el horizonte se divisaban más merodeadores acudiendo a mi posición.

Me empecé a desesperar y abrí fuego contra la horda, pero era inútil, eran demasiados como para poder abrir paso. En esta posición me encontraba seguro, pero, ¿cuanto tiempo podía resistir ahí? ¿2 días? ¿4? Una prisión de la cual nunca podría salir, ya que la horda no se iba a ir de ahí hasta que me atrapara. Pasaron los minutos, pasaron las horas y yo seguía ahí, arriba del contenedor y sin saber que hacer. Empecé a chillar, a maldecirlos y me tumbé, llorando y golpeando con mis puños el contenedor. Por mi cabeza pasaba toda mi vida, todas mis vivencias. Sabía que el final de mi aventura había llegado. Por mi cabeza solo pasaba una cosa, y es que jamás volvería a ver a Belén. Recordaba su dulce cara, su tímida sonrisa, el suave roce se su piel, sus abrazos, sus labios, sus besos... sensaciones que ya nunca más volvería a experimentar. Y lo peor de todo es que ella nunca sabría hasta donde había llegado, ni si quiera lo sospecharía. Ella pensaría que morí en aquel infecto hospital y que todo acabo ese día.

El ocaso me pilló hecho un ovillo en el suelo del contenedor, llorando a lágrima viva y maldiciendo a todo, mientras la horda de ahí abajo no paraba de gemir y multiplicarse...

- Erik -





lunes, 16 de noviembre de 2009

+ 17-11-09 + 3 días y 4 noches

Sigo vivo.

Se que habréis temido lo peor, ya que he estado más de una semana sin publicar, pero los acontecimientos así lo han requerido. Han pasado muchas cosas a lo largo de esta semana, unas buenas, otras malas y otras muy malas. Podría ahorrarme soltar la parrafada abreviando mis vivencias de estos últimos días y contaros mi situación actual, pero no, prefiero contaros todo desde el principio. De eso se trata mi diario, de contaros todo con pleno lujo de detalles para que aprendáis de mis aciertos y errores, y ello os sirva para vuestra propia supervivencia. A lo que iba:

Tras escribir mi última entrada, pasé casi toda la noche en vela, dando vueltas y más vueltas a como pasar el amasijo de coches y merodeadores. Tenía un plan en mente, pero quería otra mejor opción, ya que este no era del todo seguro. Mi plan principal era transitar el camino encaramado encima de los coches, saltando de uno a otro, estando de esta forma más o menos fuera del alcance de los merodeadores. Este plan no me terminaba de convencer, pero era la única mejor opción que tenía hasta el momento. Le di vueltas y más vueltas, pero nada, no se me ocurrió absolutamente nada más.

Llegado el nuevo día, decidí no perder más tiempo y probar suerte. "Que sea lo que dios quiera..." es lo único que me pasaba por la mente. No os voy a engañar, estaba totalmente acojonado. No tenía ninguna esperanza de salir con vida de esta, ya que esa zona es un completo hervidero de merodeadores. Sobre las 12 del medio día, con el sol arriba de mi cabeza, ande hasta el principio del atasco. Con el cuerpo temblando como un flan, me encarame al primer coche y comencé el juego de ir botando de coche a coche. Al principio fue muy fácil, prácticamente pan comido. Recorrí mas de 10 metros sin ningún tipo de presión, ya que por esta zona la actividad de merodeadores era prácticamente nula. Thor me seguía entre los coches sin parar de husmear la zona. Todo marchaba bien, aunque en alguna ocasión me tocaba descender al suelo para poder llegar a otro coche. Por esta zona podía haber transitado caminando por suelo firme, pero no quería correr riesgos. La cosa se complico cuando llegue a la rotonda que os hable en la entrada anterior. Esta zona si que estaba repleta de escoria andante. Como si se les hubiese activado un radar en la cabeza, todos se dirigieron a mi posición. No perdí tiempo y saltando de coche en coche, dirigí mi rumbo hacía la primera terminal de trabajo. No podía mantenerme mucho tiempo encima de un solo coche, ya que los merodeadores se abalanzaban e intentaban cogerme. En más de una ocasión conseguían agarrarme los tobillos y yo tenía que abrir fuego. En otras ocasiones, se subían a los capós de los coches e intentaban reptar hasta arriba. A dios gracias, sus movimientos son lo suficiente torpes que les impiden mantenerse en pie en superficies que no sean el suelo. Nunca había estado tan sumamente cerca de una horda semejante, sin una valla de por medio y poder observarlos así. Como ya me había percatado cuando los observaba en la lejanía, todos ellos eran trabajadores del puerto. Todos van ataviados con monos fluorescentes. Pobres desdichados, les pillo todo esto en el trabajo, ni si quiera tuvieron oportunidad de estar en sus casas junto a su familia en sus últimos momentos...

La horda estaba tan sumamente centrada en perseguirme que Thor podía escabullirse entre los cadáveres andantes sin problemas. El susto me lo lleve cuando salte a un nuevo coche y desde dentro de este, por la ventanilla abierta, salieron unos brazos que intentaron atraparme. Rápidamente pase a otro coche y así lo hice hasta que llegue a las proximidades de la terminal. Cuando más próximo estaba de esta, menos coches habían, pero también habían menos merodeadores. Sin pensarlo dos veces, baje al suelo y comencé a correr como alma que lleva el diablo, intentando salir lo antes posible del perímetro de visión de esas cosas. En mi camino encontré a unos pocos merodeadores que me intentaron interceptar pero conseguí eliminar fácilmente. Llegue al aparcamiento de la terminal y bajo un gran cartel de la puerta que ponía "MSC" (nombre de esa terminal) estaba la puerta de acceso. Entré y fui recibido por un seguridad de la empresa, pero como os imaginaréis, este ya no era tal y buscaba roerme los huesos. No me esperaba este recibimiento y mi reacción fue propinarle una patada a la altura de la boca del estómago. Mi pie se hundió en su blando cuerpo y este salió despedido hacía atrás, y antes de que se levantara, le atravesé la cabeza con una bala. Acto seguido y con el chucho también dentro, cerré la entrada. Las puertas son de cristal, así que si la horda de ahí fuera llegaba hasta aquí y se percataba de que yo estaba dentro, entrarían sin ningún tipo de problema. Pero no podía hacer otra cosa, tenía que jugármela si quería encontrar a los demás. A unos pocos metros de mi posición, la entrada estaba bloqueada por un torno giratorio, el cual se activaba con tarjeta de identificación. Por momentos pensé que ya me quedaba sin entrar, pero no, ya que al no haber corriente eléctrica, el torno giraba porque el mecanismo de bloqueo estaba inservible. Una vez cruzado el torno, ande unos metros hacía la siguiente puerta que me llevaba a la zona de trabajo, pero me detuve al ver una máquina expendedora de alimentos. Tras el cristal de la máquina, habían todo tipo de chocolatinas, patatas fritas, rosquilletas y ¡hasta un par de paquetes con sandwiches! Con el hambre que llevaba arrastrando de días, no pude hacer otra cosa que romper el cristal con la culata del rifle y comenzar a sacar todo lo comestible de allí dentro. Con todos los alimentos esparcidos por el suelo, me tire en este y empecé a abrir envoltorios y a comer como una alimaña, casi sin masticar. No importaba si lo que abría era dulce o salado, lo comía prácticamente sin mirar. Thor me quitó de la mano un sandwich y se alejó corriendo, mientras lo engullía. Por décimas de segundo afloraron mis instintos más primitivos y casi me lanzo sobre el chucho para intentar arrebatarle lo que creía solo mio. Pero conforme me afloraron esos sentimientos, desaparecieron, y comprendí que él también tenía derecho a comer de mi botín. Después de hincharme a comer, guarde en la mochila todo lo sobrante y reventé la máquina expendedora de bebidas. Abrí una lata de Coca-cola y me la bebí prácticamente de un trago. Hecho esto, continué la marcha y caminé hasta la puerta de acceso. Apenas di unos pasos cuando me tuve que agachar porque casi vomito. No se si fue debido a comer tan rápido o por llevar tanto tiempo sin ingerir alimentos, pero por poco arrojo casi todo lo que me había comido. Me pude contener las ganas de vomitar y me dirigí a la puerta. Cuando cruce esta, baje unas escaleras y observe mi alrededor. Para que os hagáis una idea de como es la zona, os explico. Me encontraba al aire libre, habiendo en frente mía una especie de calles y más calles de contenedores apilados. Mirara donde mirara, había maquinaria pesada, la cual me es prácticamente imposible de describiros, ya que no se como hacerlo. También habían bastantes camiones por la zona, habiendo uno delante mía, volcado. A mi derecha se encontraba el muelle. Ahí se encuentran una serie de grúas inmensas y bajo de estas, varios barcos amarrados.

Visto esto, comencé a andar, sin saber a donde dirigirme. Por el momento no había ningún tipo de señal de que los demás hubiesen pasado por aquí. Por momentos me iba desilusionando, pero a pesar de ello, no paré de buscarlos. Transite por las calles de contenedores. Estas eran muchas y parecían interminables. Por esta zona había mucha maquinaría pesada y camiones. Estaba caminando cerca de un camión, cuando me lleve un susto tremendo, y es que dentro de este había un merodeador, que al percatarse de mi presencia, comenzó a golpear violentamente el cristal. Rápidamente lo encañone con la pistola, pero no le disparé, ya que estaba encerrado en el camión y era absurdo gastar munición en él, ya que no podía salir. Esto es algo importante y que debéis tener en cuenta, y es que si una de estas cosas esta encerrada y fuera de combate, sin suponer un peligro, no debéis de gastar ni medios ni esfuerzo en eliminarlo. Algo que he aprendido en todo este tiempo es que es esencial para la supervivencia el ahorrar munición y evitar el enfrentamiento siempre que sea posible. Así que continué mi camino y lo dejé ahí encerrado. Andadas todas las calles de contenedores, me dispuse a andar por el muelle. Mientras iba andando por este, me percate que todo el material de trabajo y muchos objetos personales (chaquetas, mochilas, carpetas...) yacían tirados por el suelo. Es como si los trabajadores hubiesen salido a toda prisa al comenzar todo el caos. Con razón existe el bloqueo de coches ahí afuera. Quizás se enteraron de lo que estaba ocurriendo y todos intentaron ir a sus casas con sus familias. Pena que nunca lo consiguieron...

Caminando bajo las grúas, a la sombra de uno de los barcos y con el sonido del agua rompiendo contra la pared de cemento de muelle, se me ocurrió subir a uno de los barcos. En que mala hora lo hice. Subí la escalinata de metal y llegué a cubierta. Un pelotón de marineros carentes de vida salieron a mi encuentro. Sin otra posibilidad, comencé a bajar las escaleras cogiéndome de las barandillas para no caerme. Cuando llegué a tierra, estos ya habían comenzado a descender por estas. Eran demasiados y si bajaban, tenía que eliminarlos, así que intente buscar otra solución. Empujé la escalera con la intención de moverla y dejarla suspendida por encima del agua, alejada del suelo, pero era imposible. Esta estaba bien anclada. Detrás mía había una máquina elevadora, la cual me dio una idea. Monté en esta y vi que tenía las llaves puestas, algo frecuente en un lugar de trabajo. La arranqué y con las palas de esta empuje la escalera hasta que conseguí desplazarla. Esta crujió y cedió, quedándose alejada del suelo y por encima del agua. Cuando los merodeadores llegaron abajo, uno a uno fueron cayendo al agua. Hasta me llegó a resultar gracioso verlos precipitarse al agua y los chapoteos que producían al caer. Cuando cayeron todos, me asomé y mire al agua, y comprobé que no sabían nadar (jeje).

Pasaron las horas y di por sentado de que Belén y los demás no estaban allí. Poco a poco se iba acercando la noche, así que decidí pasar la noche allí. Me senté en un noray y desde ahí observe el mar y el horizonte. Aquí sentado me quedé sumergido en pensamientos mientras miraba a los peces danzar en el agua. Sentí tremendas ganas de darme un chapuzón, pero nunca fui un buen nadador, es más, apenas sabía mantenerme a flote. Cuando levanté la mirada, me fije en algo que había pasado desapercibido ante mis ojos hasta el momento. En la otra parte del agua, bastante alejada, había otra terminal de contenedores. Era similar a la que me encontraba, pero muchísima más grande y con muchas más grúas. También habían varios barcos atracados. Según parecía, esa era la siguiente terminal portuaria más próxima, la cual os dije que para llegar tenía que seguir la carretera. Esforzaba la vista en busca de algún signo de vida, pero no vi nada que me llamase la atención. Así pase largos y largos minutos, hasta que vi algo que me llamó la atención. Vi a tres siluetas andando. Por momentos pensé si era mi imaginación que me estaba jugando una mala pasada, pero no, era muy real como para ser una alucinación. Estos individuos andaban hacía lo que parecía un edificio de oficinas. Al estar tan sumamente lejos, no podía distinguir de quienes se podía tratar. ¿Serían ellos? ¿Sería mi grupo? Eso pasaba por mi mente. Empecé a gritarles con la esperanza de llamar su atención, pero fue en vano. Continuaron su marcha hasta el edificio sin percatarse de mi presencia. Efectué un par de disparos al aire, pero de nada sirvió, ellos ya no estaban a la vista. Esto me puso nervioso y con tremendas ganas de continuar la marcha para llegar allí. Hasta me dieron ganas de tirarme al agua e intentar llegar al otro muelle a nado. Menos mal que no lo hice, no habría llegado muy lejos. Hasta para un nadador experimentado, la distancia era bastante grande.

Las horas pasaron y un manto de estrellas se instaló sobre mi cabeza. Había luna llena, así que la visibilidad era bastante buena. Al estar tan cerca del mar, el frío era más fuerte y calaba mis huesos. Tuve que coger una chaqueta reflectante que encontré por el suelo y hacer uso de ella. Comí un par de chocolatinas mientras pensaba en cual era el lugar más seguro para dormir. Pensé en meterme en alguno de los muchos contenedores que habían abiertos, también pensé en encaramarme en algún sitio alto, pero la mejor idea la tuve cuando levante la cabeza y mire hacía arriba: dormiría en lo alto de la grúa, en la cabina. Así lo hice. Subí las escaleras que hay en el lateral de la grúa y continué el interminable ascenso hasta llegar arriba del todo. Aquí arriba tenía una panorámica perfecta de gran parte de Valencia. Observe todo detenidamente mientras el viento acariciaba mi cara, pero en seguida me metí en la cabina del gruero. Con la luz del día observaría todo, ya que de noche la visibilidad es muy limitada.

Dentro de la cabina, la cual esta suspendida en el aire, pase la noche. Esta fue una de las noches más largas de mi vida. Apenas dormí, como viene siendo costumbre, y notaba como mi cuerpo era tomado nuevamente por la fiebre. Tuve que tomarme otro paracetamol para contrarrestar esto. En la cabina permanecí hasta que las primeras luces del alba empezaron a deslumbrarme.


Continuaría esta entrada, relatándoos todo lo acontecido hasta ahora, pero es imposible resumirlo todo en una entrada. En las próximas entradas os iré relatando como han transcurrido los acontecimientos hasta llegar a mi actual posición. Disculparme, pero es que no quiero escatimar en detalles.


- Erik -


miércoles, 4 de noviembre de 2009

+ 04-11-09 + Delirios

01:20 - No me encuentro nada bien. Tengo mucho frío. He cogido la ropa que he encontrado aquí y la estoy utilizando para taparme. De nada sirve. No paro de tiritar y sentir escalofríos. No se cuanta fiebre debo de tener, pero soy consciente de que esto es muy peligroso. Si no la rebajo con algún medicamento, esto puede complicarse y puedo morir. Estoy empapado en sudor. Antes he ido a mear y apenas me puedo mantener en pie. He tenido que avanzar apoyándome en las paredes, moviéndome de lado a lado.

- Erik -


03:43 - Creo que ya no se ni lo que hago, digo o veo. Creo que deliro. Hace un momento me he sorprendido a mi mismo hablando solo, repitiendo el nombre de Belén y caminando por fuera, entre la oscuridad. No se como he llegado hasta ese punto, pero me he asustado. He vuelto rápidamente a la garita y me he acurrucado en mi rincón, en el cual estoy ahora. Tengo toda la ropa encima mía, a ver si así consigo entrar en calor. La gotas de sudor frío no paran de surcarme la frente. Mire donde mire, veo sombras y siluetas. Me acaba de parecer ver pasar algo por el cristal. Era como una silueta. ¿Será mi mente o realmente hay alguien ahí fuera? No lo se, no lo se... ni lo quiero saber. Por aquí debe de haber algún algún tipo de medicamento con Paracetamol o similar. Quizás si busco bien...

- Erik -


13:33 - Ya hace horas que estoy despierto. Al final, anoche rebusque por los cajones y encontré un botiquín. Además de vendas, un desinfectante y alcohol, cosas que ya me he guardado, había una caja de Termalgin 500 mg. Es lo más lógico que haya algo de eso por aquí. No se cuanto tiempo ha tardado en hacerme efecto, ya que al poco de tomarme la pastilla, me he dormido.

Mi amanecer no ha sido nada agradable. Os pongo en situación. Imaginar que estáis durmiendo, acurrucados bajo de una mesa, hechos un ovillo entre ropa. Bien, pues de repente, entre sueños, os sentís observados, como si un radar os avisara de algo, de que no estáis solos en la habitación. Entonces abrís los ojos, todavía con el sopor encima y sin saber donde os encontráis, y vuestra primera visión es un rostro ajado, a pocos centímetros de vuestra cara. Un rostro amarillento, casi sin pelo y lleno de heridas abiertas, con ojos desenfocados, sin vida, y la boca abierta y babeante. ¿Que haríais? Pues eso es lo que me ha ocurrido a mi. Un puto merodeador se me ha metido en la garita y lo tenía prácticamente encima mientras dormía. Estaba tan sumamente cerca que su cara casi tocaba la mía. El muy cabrón se había arrastrado por el suelo para llegar hasta mi posición. Mi primera reacción ha sido tirarle una de las chaquetas que tenía encima a la cara. Con esta he podido taparle la cabeza y sacarlo a patadas. Cuando lo he alejado de mi, he salido rápidamente y he comenzado a golpearlo con la culata del rifle. Ha parado de moverse cuando le he destrozado la cabeza a golpes de culata. Aun recuerdo el olor nauseabundo que desprendía ese ser. He sido un insensato por no parapetar la puerta. Parece ser que anoche, cuando salí al exterior entre delirios y volví, deje la puerta abierta.

Hoy ya me encuentro algo mejor. De momento no tengo fiebre, aunque esta siempre me ataca por las noches. De momento tengo el Paracetamol, así que si hoy me vuelve a dar, me tomare otro. Hace un rato he intentado desinfectarme la herida. La he lavado con un poco de agua embotellada y me he puesto alcohol y desinfectante. Sigue teniendo mala pinta. Mientras me realizaba la cura, me ha supurado bastante pus. Al menos ya la tengo cubierta con vendas limpias.

He estado observando el panorama de la carretera. Me he situado a bastante distancia y sentado en una silla de plástico que había por ahí tirada. He pasado un largo rato pensando en posibles rutas seguras o cualquier otra forma de pasar entre tanto merodeador. He pensado que podía intentar pasar a pie entre los coches y repeler a los más próximos, pero son tantos que me pueden rodear fácilmente. Además, el trayecto de la carretera es largo, así que una vez dentro tendría que continuar sin opción de retorno. Esta opción es peligrosa y la debo de dejar como último recurso. Tiene que haber otra forma de pasar... que estrés. En la garita he encontrado un mapa de toda la zona y alrededores. Desde mi posición, esta es la única entrada a las instalaciones. Hay dos entradas más, pero para tomarlas tendría que desandar lo andado y volver a caminar por la ciudad. Esto tampoco es seguro. Por cierto, en este mapa puedo ver que las instalaciones portuarias están divididas en varias secciones, las cuales son todas diferentes y están alejadas las unas de las otras. Casi todas son terminales de carga y descarga de contenedores. De estas hay 4 o 5, las cuales parecen que están valladas en todo su perímetro. Según el mapa, hay una terminal a la izquierda de la primera rotonda, la cual se encuentra en pleno atasco de vehículos. Esta es la más cercana, la siguiente terminal más próxima y la cual parece muchísimo más grande, esta en una carretera que sale por el ramal derecho de la rotonda. Es una carretera bastante larga, la cual tardare en andar y más si esta bloqueada. Luego hay otro problema, ¿como voy a adivinar en que terminal se encuentran todos?.

Voy a echar otro vistazo, a ver si se me ocurre algo y a ver si encuentro algo de comer, que las tripas no paran de rugirme.

- Erik -


16:00 - ¡No sabéis lo que acabo de encontrar! ¡Están vivos! Como lo he podido pasar por alto teniéndolo delante de mis narices. De camino entre la garita y el bloqueo de los coches, hay un coche de la guardia civil. Pues me acabo de dar cuenta que colgando de la sirena del coche, ¡está la chaqueta de Belén! ¡Sabía que han pasado por aquí! He cogido la chaqueta para asegurarme y sí, es la suya. Aún huele a su perfume. ¿Entonces han pasado por el atasco? Si ellos lo han hecho, yo también debo de hacerlo. He pensado en hacerlo ahora, pero creo que es demasiado precipitado. Debo de trazar un plan esta noche y llevarlo a cabo mañana a primera hora. Se me ha ocurrido una idea que creo que es mejor que transitar directamente entre los coches.

He encontrado un paquete de rosquilletas saladas. Estaban un poco rancias, pero me las he comido igual. A pesar de esto, sigo muerto de hambre...

Creo que voy a cerrar por hoy el pc. Tengo que ahorrar batería y además, tengo que pensar cual es la mejor forma de pasar mañana todo el colapso de coches.

Ahora me siento contento. Se que ellos han estado por aquí y se que han logrado llegar al otro lado. Ya queda menos para que pueda abrazar a Belén :)

- Erik -


martes, 3 de noviembre de 2009

+ 03-11-09 + Colapsado

Estos dos últimos días no lo he pasado muy bien. Estas dos madrugadas pasadas las he pasado delirando. No tengo termómetro para medirme la temperatura corporal, pero estoy seguro que he tenido una fiebre muy alta. No se porque. Quizás me he resfriado bastante, ya que por las noches hace mucho frió y apenas llevo abrigo. Hasta ayer, que encontré una chaqueta, iba en manga corta. Pero creo que el motivo de la fiebre no es que me haya resfriado, sino por la infección de la herida de la pierna. No entiendo mucho de esto, pero creo que es la causa. He quitado la venda, que ya la llevaba negra de tanta suciedad, y la herida no pinta nada bien. Tiene un color oscuro y no ha comenzado a cicatrizar. Me supura bastante. Tiene muy mala pinta... y aún me duele horrores. Esta mañana la he intentado lavar. He cogido agua en una cacerola y la he hervido para matar las bacterias que pudieran haber en el agua. Después, he enjuagado la herida. No se si esto servirá de algo, pero bueno, al menos lo intento. Mejor que nada debe de ser.

Estos días he andado mucho. He tenido que transitar por avenidas totalmente infestadas y he tenido que abrir fuego en más de una ocasión. Ayer me rodearon en dos ocasiones. Andaba entre los coches por la avenida llamada "Avenida del puerto", cuando de repente, me vi rodeado. De entre los coches comenzaron a levantarse varios merodeadores. Era como si estuviesen escondidos a propósito, aunque no creo que sea así, ya que no parecen tan inteligentes. Como decía, me vi rodeado por unos diez. Con la pistola abrí fuego, eliminando a los más cercanos. Thor también se puso a la defensiva y comenzó a atacar a los más cercanos. Poco a poco, me abrí un camino entre los infectados y pude salir. Cuando me di cuenta, el chucho ya había salido a escape, corriendo entre los coches. Yo lo seguí. No se como lo hace, pero siempre huye en la buena dirección. En la escapada, pase cerca de varios merodeadores. Muchos intentaron cogerme y uno lo consiguió. Mientras corría, note como algo me agarraba el tobillo y hacía que cayera al suelo. Una vez en el suelo, me di la vuelta y me incorpore. Todavía agarrado a mi tobillo y con la boca preparada para morder, había un merodeador. Este estaba mutilado. No tenía piernas. No me entra en la cabeza como alguna de esas cosas pueden seguir activas a pesar de no tener miembros. Le propine varias patadas cuando ya tenía la boca a centímetros de mi pierna. Cuando le destroce la cabeza a patadas y con el corazón que se me salía del pecho, me levanté rápidamente. Nada más ponerme de pie, me di de bruces con dos más que se habían acercado. Mi tiempo de reacción solo me dejo empujar al más cercano y, seguidamente, disparar al segundo. Aun recuerdo el aspecto de estos dos. Iban uniformados de policía.

Después he corrido entre los coches y he probado suerte por las calles contiguas. Estas parecían más tranquilas, así que he seguido por ahí. El chucho ha aparecido al rato. El sinvergüenza siempre escapa corriendo y me deja solo. Andando por estas calles, he visto a una persona asomada en un balcón, en un tercer piso. Era una mujer que llevaba puesto un camisón e iba semidesnuda. Yo cada día alucino más y no solo por estas cosas. Ha empezado a llamarme y a decir que me daba refugio. He hecho oídos sordos y he continuado. Ya no me fió de nadie. He hecho bien, ya que al ver que pasaba de ella, ha comenzado a dispararme con una escopeta de caza, mientras me insultaba. ¿Otra tía desquiciada? Seguro. No quiero ni pensar para que quería que subiera. Al ver que habría fuego contra mi, me he cubierto entre los coches y he devuelto los disparos con el rifle. Con los disparos silbando sobre mi cabeza, he corrido agachado entre los coches y he podido alejarme.

No se que le pasa a la gente. En vez de luchar por sobrevivir, se empeñan en acabar con los demás. Esta mujer que necesidad tenía de malgastar munición conmigo si yo no le he hecho nada. Esto es un claro ejemplo de que la gente ha perdido la cabeza. Sin leyes ni gobierno, en la anarquía pura y dura, en el caos extremo, la gente solo piensa en hacer el mal al semejante. Ahora solo manda la ley del más fuerte. Lo fácil que sería colaborar entre todos... Pero esta clase de gente solo mira el egoísmo, en su supervivencia a cualquier precio, despreciando al semejante. Con eso solo consiguen firmar su sentencia de muerte. Bajo toda esta mierda, nos es imposible sobrevivir solos. Nos necesitamos los unos a los otros. Un claro ejemplo somos nosotros. Nosotros no habríamos llegado hasta donde hemos llegado sin tener en el grupo a personas como Eduardo o Manuel.

Este último... pobre... no merece lo que le ha ocurrido. Debería estar aquí conmigo. No hay día que no me acuerde de él. Me come el remordimiento de pensar que he podido ser yo el que lo ha matado. Diossss... Que mal me siento. ¿Como se lo voy a explicar a su hermana? ¿Como se lo va a tomar?. Os lo digo con el corazón en la mano, con total sinceridad, y es que sin dudar, me cambiaría por él. Habría preferido ser yo el que recibe el tiro, o en su defecto, el muerto por los merodeadores. Me siento muy culpable... No debí de ser tan estúpido de disparar a ciegas. ¿Pero que podía hacer yo? ¡Los tenía encima! ¡Debía de actuar rápidamente!. De todas formas, de nada sirvió actuar sin pensar... solo lo arrastre más rápidamente a la muerte... Que insensato he sido...

Necesito cambiar de tema. Por fin he llegado cerca de las instalaciones portuarias. Es más, ya estaría dentro, buscando a los demás, si no fuera por un pequeño detalle. Nada más pasar por la que era la caseta de la guardia civil y la barrera para detener a los coches, la cual servía para controlar quién accedía o salía de las instalaciones portuarias, andando un kilómetro, me he dado de bruces con que la carretera esta colapsada de coches. El motivo de que haya una hilera inmensa de coches accidentados se debe a que en medio de la carretera hay varios camiones de mercancías volcados. Esto debería de parecerme lo más normal del mundo, ya que en los días pasados no he parado de transitar entre coches accidentados, pero esto es muy diferente. El embudo de coches continúa hasta donde pierdo de vista la carretera. Entre tanto coche estrellado, puedo divisar a cientos, ¡miles! de merodeadores. La mayoría de estos van uniformados con ropa reflectante, por lo que deduzco que eran los trabajadores del puerto. Hay sumamente tantos que no se me ocurre ninguna idea para pasar sin ser atrapado. Estoy empezando a perder la esperanza de que Belén y los demás hayan pasado por aquí... ¡Es imposible!. Si consigo cruzar y no los encuentro, ¿que voy a hacer? No quiero pensar eso. Debo de pensar que han encontrado el modo de cruzar la carretera y que yo lo voy a encontrar también. Cuando he visto el panorama, me he quedado a una distancia prudencial, pensando el modo de cruzar, pero no se me ha ocurrido nada. También he observado a los merodeadores en la lejanía. Con esa ropa reflectante y bajo la luz del sol, son completamente visibles. Eso es un punto a mi favor.

Viendo que por hoy, intentar transitar es imposible y que la noche comienza a caer, he desandado mis pasos hasta la garita de la guardia civil. He entrado aquí y aquí pasare la noche. Esta zona esta bastante despejada, solo hay algunos coches y ninguna actividad de infectados por el momento. Al lado de la barrera están los coches de la guardia civil, situados en forma de cordón. Parece que los situaron ahí para contener algo. Cuando he entrado a la garita, he visto a dos cadáveres en el suelo, ambos devorados casi en su totalidad y en muy avanzado estado de descomposición. Eran dos miembros de la guardia civil. Algo me ha llamado la atención y es que el suelo esta lleno de casquillos de bala, pero no están sus armas. Alguien se las ha llevado. ¿Habrá sido mi grupo? Esto me ha dado pequeñas esperanzas. Yo creo que sí, han sido ellos. Visto que era imposible hacer noche aquí con los cadáveres en la estancia, me he visto obligado a sacarlos fuera. Solo os digo que es repugnante coger a un cadáver de los pies y quedarte con estos en la mano. No digo más.

Hace un rato que he rebuscado por los cajones y armarios en busca de algo interesante. No he encontrado más que papeles, ropa y similares. En el baño he encontrado algo útil, como papel higiénico y jabón. Lo he guardado en la mochila como si esto fuese un tesoro. También he encontrado algo de munición del calibre de mi pistola. No mucha, pero con tanta escasez, cualquier cosa es bienvenida. Cuando he ido a inspeccionar los baños exteriores, casi lo lamento. Cuando he abierto la puerta de uno de los baños, se me ha venido encima un merodeador. Este a estado muy cerca de morderme, pero por mi rápida acción lo he evitado. Este también iba uniformado. He podido dejarlo fuera de combate sin disparar el arma.

No hay nada de comer y tengo un hambre atroz... Solo he encontrado una máquina de bebidas, la cual he tenido que abrir con mi ingenio. Cuando la he abierto, esta estaba llena de bebidas hasta arriba. He guardado en la mochila toda la bebida que he podido. Me vendrá bien. El que no parece tener problema para obtener comida es Thor. Acaba de venir con algo en la boca, lo cual se acaba de comer. No me gusta que esté por ahí merodeando. Puede llamar la atención de los merodeadores y atraerlos a mi posición. He optado por meter a Thor en la caseta también. No quería, pero al final lo he conseguido. Ahora esta tumbado sobre una manta, en una esquina, bajo uno de los escritorios.

La noche ya es casi total. Desde los cristales ya no diviso el horizonte, solo oscuridad. No me gusta este refugio. Si me descubren, estoy vendido. Pero no me queda otra opción más que esta. Al menos tengo una puerta trasera en esta garita de 5x2. Voy a seguir el ejemplo de Thor y voy a dormir bajo un escritorio. Acostumbro a dormir en sitios como este, ya que así estoy más escondido y resguardado.

Creo que me esta subiendo de nuevo la fiebre. Siento que la frente me arde y empiezo a tener mucho frío. No tengo con que taparme, el chucho tiene la única manta. Ufff... No me gusta nada la fiebre. Ojala tuviera algo para combatirla...

Me empiezo a sentir mareado...

- Erik -

sábado, 31 de octubre de 2009

+ 31-10-09 + Vagando entre la niebla

09:33 - Hoy hace un día bastante extraño. Como viene siendo habitual todos los años sobre estas fechas, en Valencia, las calles están llenas de niebla. No recuerdo un solo año que por estas fechas no haya habido niebla. Parece una tontería, pero en mi subconsciente siempre he relacionado este fenómeno meteorológico con el 1 de Noviembre. Para los que no sepan que se festeja (más bien, festejaba) el 1 de Noviembre, se celebraba "El día de los difuntos". ¡Que paradoja más macabra! Antes celebrábamos este día una vez al año y ahora tenemos a los difuntos vagando por las calles todos los días. En otra situación más simpática y relajada, o sea, hace meses, el humor negro que siempre me ha caracterizado me habría hecho decir "¡Vaya! ¡Que desagradecidos! ¡Les rendimos homenaje una vez al año y ahora quieren roernos los huesos!". En fin, que bellos tiempos aquellos pasados.

Como también ya es habitual, he pasado una noche demasiado inquieta. Salvo pequeñas cabezadas, he pasado toda la madrugada vigilante, sin perder de vista la puerta por si Roberto conseguía librarse de sus ataduras. Para colmo, la psicótica reanimada no se ha cansado de aporrear la puerta de su prisión y por mi mente no he parado de pensar en Belén. Esta incertidumbre es un sin vivir y no veo el momento de llegar y abrazarla, ya que doy por hecho de que esta bien, no acepto otra teoría. Mi mente no la concibe. También pienso que pasará por su mente. ¿Me habrá dado por muerto? Es lo más lógico. Si es así, ¿como se lo habrá tomado? ¿borrón y cuenta nueva? También sería lo más lógico por su parte. No le pido que se amargue por mi culpa. Aún así, no me gustaría que me olvide tan rápido...

Hace un rato que he sacado de la habitación a Roberto y lo he puesto aquí en el salón. Lo he sacado a rastras, como se merece. Hoy parece que esta más comunicativo. Me ha comenzado a hablar y a tutearme, como si nada. Ha empezado a decir que medite mis actos, que todos merecen una segunda oportunidad, que ahora se arrepiente de lo que ha hecho, que lo lleve conmigo y comenzara una nueva vida. ¿Sabéis cual ha sido mi respuesta? Esta: "¡Una mierda!". ¿Se cree que me he caído de un árbol? Esta clase de gente no cambia aunque se les de mil oportunidades. La gente escoge su camino y difícilmente lo desvía. Además, que su psicopatía la lleva en los genes y no voy a arriesgar a integrarlo con mi gente. Paso de que nos degüelle a media noche y nos cocine a fuego lento. ¿No dicen que cuando el perro prueba la sangre ya no puede parar de buscar más? Este es su caso. Cuando ha oído mi negativa, ha comenzado a decir "¡Hijo de puta! ¡Te deseo lo peor! ¿Acaso piensas que los demás estarán vivos? ¡Tu zorra ya estará muerta! ¡La habrán devorado lentamente! ¡Jódete!". En otra situación, me habría cebado a darle patadas, hasta quizás le habría pegado un tiro, pero no, no lo voy a hacer. Eso es lo que quiere, que lo quite del medio lo más rápido posible. No va a tener esa suerte. Va a pagar todo el daño que ha hecho a la gente que ha matado. Gente inocente que solo buscaba cobijo para sobrevivir. Va a lamentar haber hecho todo eso. Con toda la tranquilidad del mundo, le he respondido "Sí, quizás están muertos. ¿Sabes cual es la diferencia entre quizás y afirmar? Yo te lo digo: quizás es posiblemente, no es ni sí ni no, es algo que nadie sabe. Afirmar es decir algo que sabes a ciencia cierta, algo que ha ocurrido o va a ocurrir. Yo afirmo que tu puta esta muerta y que tú lo vas a estar en muy poco tiempo. Reza si sabes rezar. Intenta ponerte en paz con dios, porque pronto te vas a ver las caras con él. Él te dirá si esta bien o mal todo lo que has hecho."

Voy a preparar las cosas para emprender mi marcha.

- Erik -


10:10 - Ya tengo todo preparado. He cogido mis antiguas pertenencias y mi rifle. Como extra he cogido la pistola que era de Cristina y todas las cajas de munición que tenían de esta. He tenido suerte, también tenían munición del calibre de mi rifle. Entre las pertenencias de los desdichados que mataron, he encontrado un pc "Notebook". Creo que se llaman así. Son de esos que se pusieron de moda este año, de esos pequeños. Me va a venir de lujo si algún día me fallan las baterías de este pc.

Ha llegado el momento de continuar mi camino. Eso si, su moto me la llevo. También ha llegado el momento de que Roberto redima sus pecados.

- Erik -


17:57 - Acabada la anterior entrada, he cogido a Roberto y lo he cacheado buscando las llaves de su moto. Cuando he encontrado la llaves y me las he guardado, se ha puesto hecho una fiera. Ha comenzado a moverse violentamente como si estuviera poseído. Me ha dicho de todo, pero yo, sin hacerle el más mínimo caso, lo he arrastrado hasta el pasillo. Una vez allí, se ha tranquilizado y me ha comenzado a decir que le concediese un último deseo. Temiéndome cualquier cosa, le he dicho que hablase. Me ha pedido fumar un último pitillo. Como esa era su última voluntad, se la he concedido. El muy listo me ha pedido que le desatase una mano para poder fumar mejor. Me he reído y le he dicho que de eso nada, que si quería fumar tenía que hacerlo con el cigarro en los labios, o sino, nada. Ha accedido diciendo "Bueno, tenía que intentarlo" y a soltado una sonrisa. Le he puesto el cigarro en la boca, se lo he encendido y he esperado pacientemente mientras él no paraba de dar caladas al cigarro. Cuando le quedaba muy poco cigarro, me ha dicho "Pegame ya el tiro si es lo que vas a hacer". Mi contestación ha sido "¿Quién ha dicho que te voy a pegar un tiro? Tú vas a morir como has matado. Diferente forma pero para el mismo fin". Roberto me ha mirado confuso, con el cigarro en la boca. Yo he andado hasta el final del pasillo y he situado la mano en la manivela de la puerta del cuarto de baño. Al ver eso, se le ha caído el cigarro de la boca. "¿Recuerdas que tú mismo dijiste que comes o te comen? Pues que así sea". Dicho esto, he abierto la puerta del baño y he corrido en dirección opuesta. Me he situado al lado de Roberto y he mirado a mi espalda. De ahí ya había salido el cadáver reanimado de Cristina. Ahí estaba, totalmente pálida y ensangrentada, caminando más lenta que rápida pero con una dirección fija: nuestra posición. Roberto ha comenzado a gritar y a insultarme. Decía cosas como "¡Perro! ¡No me hagas esto! ¡Pegame un tiro, pero no dejes que me devore vivo! ¡Por tus muertos, Erik, dame un tiro!". Me he agachado y susurrado al oído "Ahora sí que la puedes satisfacer, créeme. Pásalo bien con tu zorrita". Dicho esto, he cogido mis cosas y he salido por la puerta de la casa. A mis espaldas, lo oía maldecirme. Sin tiempo que perder, he bajado las escaleras hasta que he llegado al rellano de la calle. Cuando abría la puerta para salir al exterior, he podido oír los gritos de Roberto, pero esta vez ya no eran de desesperación, sino de dolor. Pensar lo que queráis, para mi esto tampoco ha sido agradable, pero es lo que se merecía. Ha sido lo más justo.

Una vez en la calle, he visto el panorama. La niebla era muy espesa. A penas podía ver a 6 metros de mi. Cuando he ido a por la moto, he visto al lado de esta a Thor. Estaba sentado, como si me esperara. Cuando me he acercado lo suficiente, Thor se ha levantado y ha salido corriendo. No se porque me sigue si me tiene miedo :S Bueno, he montado en la moto y la he intentado arrancar. No arrancaba. Quizás el estar tanto tiempo parada se había descargado la batería. Aún así, he seguido girando la llave hasta que al final la he podido arrancar. Me ha costado, pero ya se oía el rugir del motor. Siempre quise tener una moto de estas. Es imponente montar semejante preciosidad. He acelerado la moto y me he puesto en marcha. Llevar un trasto de estos no es tan fácil como me parecía. Mientras me alejaba de esa calle que ya tan malos recuerdos me traía, he podido divisar por los retrovisores a Thor corriendo tras de mi. Poco a poco lo he tenido que dejar atrás, entre la niebla.

Como he podido, con visibilidad totalmente nula, he esquivado coches y merodeadores. He recorrido varias calles y he llegado hasta una larga avenida de nombre "Serrería". Cuantas veces he transitado esta avenida cuando todo iba bien... ahora estaba repleta de coches, escombros, cadáveres y algún que otro merodeador. A pesar de esto, se encontraba bastante transitable. Ahí ha sido cuando me he emocionado y he acelerado más de lo que debía. A mis 25 años actuando como un quinceañero. Pues lo que me ha pasado me le tengo merecido. Iba tan feliz, con el viento golpeándome la cara, hasta que he chocado con un coche que había en medio de la calzada. Solo recuerdo que he salido volando por los aires y he aterrizado sobre algo blando. Ahí mi cabeza se ha quedado en "Stand-by".

De repente, me he despertado con un dolor de cabeza horrible. Algo me estaba chupando la cara a lametones. Cuando me he incorporado, he visto a Thor. El chucho me había seguido y creo que me chupaba la cara para despertarme. Cuando he visto que era eso blando sobre lo que he aterrizado, casi vomito. Era un montón de cadáveres desmembrados. Me he levantado rápidamente y he visto todo lo que me rodeaba. Alrededor de donde estaba tirado, habían bastantes cadáveres. Estos no parecían victimas de los merodeadores, sino merodeadores "muertos". Habían bastantes y he pensado que si ha sido el chucho quién los ha matado. Mis sospechas se han confirmado cuando uno de los del suelo se ha movido entre gemidos y Thor ha comenzado a morderle el cuello gruñendo. Parece que el chucho me ha salvado la vida. Mientras yo estaba inconsciente, han intentado devorarme y él lo ha impedido. Y pensar que lo he dejado olvidado cuando me he montado en la moto... pobre. Le he acariciado el lomo en símbolo de agradecimiento y he emprendido la marcha, con él siguiéndome.

Sin la moto, que estaba con el manillar torcido, he tenido que andar bastante y, por suerte, con poca actividad de merodeadores. Creo que ya esta bien por hoy, así que he escogido este refugio, una planta baja que he encontrado abierta. La casa esta totalmente vacía y desvalijada y lo más importante, sin merodeadores. Quizás sus dueños intentaron huir con sus pertenencias. De todas formas han dejado lo más básico, así que voy a dormir en un mullido colchón. Voy a asegurar la puerta, que la noche esta cayendo. De todas formas, con Thor aquí conmigo, dudo que entre alguien sin que me entere.

- Erik -



viernes, 30 de octubre de 2009

+ 30-10-09 + Despertar

Casi tres días sin escribir una entrada. No os preocupéis, estoy bien. Todavía sigo en la casa. Se que debería haber continuado mi camino, pero han habido situaciones que me lo han impedido.

Nada más acabar el relato del día 27, caí rendido en la cama. Me desplomé en la cama, cayendo en redondo con el pc en mi regazo. Nunca me había ocurrido semejante cosa. No tengo ni idea de cuantas horas estuve durmiendo, pero no fueron pocas. Lo que si que recuerdo fue el despertar. Cuando me conseguí librar del sopor y abrir los ojos, me encontré totalmente desubicado y desconcertado. Todo me daba vueltas y fijar la mirada me era tarea prácticamente imposible. Era como si mis ojos estuviesen cubiertos por un velo opaco. Solo podía distinguir sombras y luces, nada más. Intente mover las manos, pero mis movimientos eran lentos y tardíos. A mi derecha pude distinguir una serie de luces anaranjadas. Supuse que serían las velas. Me resultó extraño, ya que no puse velas en la habitación. Todavía con los sentidos mermados, me percate de algo que me sobresaltó. Había alguien junto a mi. Solo podía ver una sombra, nada más. Intente moverme, pero mis extremidades no me respondían. Lentamente, volví a sumergirme en un nuevo sueño.

Cuando desperté por segunda vez, mis sentidos estaban mejor. Podía moverme con más libertad y fijar la vista. Lo primero que vi cuando me espabile, me dejo de piedra. Encima mía tenía a Cristina, completamente desnuda. Por lo visto, yo también estaba como mi madre me trajo al mundo. Ella se sonrió cuando me vio despierto y comenzó a besarme el cuello, el pecho... Yo no sabía que hacer. Por unos segundos me quedé quieto, sin hacer ni decir nada. Veía sus labios surcar mi piel y su negro pelo iluminado por la luz de las velas. También podía vislumbrar todos los tatuajes de su cuerpo. Poneros en mi situación, os despertáis y os encontráis este panorama, os encontráis a la mujer del tío que os esta dando cobijo, en pelota viva, encima vuestra y, prácticamente, violandoós. Sí, se que muchos de vosotros habríais continuado encantados de la vida, pero yo no soy así. Algo tenía que hacer para salir de esa situación tan sumamente embarazosa. La gota que colmó el vaso fue cuando ella me cogió la ...... y la intentó introducir en su ..... . Ya no podía fingir que ahí no ocurría nada. Casi sin fuerzas, intente quitarla de encima mía. La muy perra se resistía y me miraba con una mirada asesina. Al final lo conseguí y ella me pegó un tortazo (me habré comido de tortazos femeninos últimamente...). Acto seguido, me vociferó un "¡¿Tú eres maricón o qué?!". Mi contestación me salió del alma "¡¿Y tú una zorra?! ¿Que va a pensar tu novio?". Lo que yo no esperaba era que me contestara Roberto. Desde el fondo de la habitación, sentado en un sillón, me contestó "Tranquilo, tienes mi consentimiento". Sin saber que contestar, me levanté y busqué mi ropa. Cuando la encontré en el suelo, me dispuse a vestirme. Cristina me cogía del brazo y me pedía que volviera a la cama. La rechacé de un manotazo y continué con mi tarea. Situación embarazosa donde las haya. En ese instante, Roberto se levantó y dirigió a mi posición. Situó su mano en mi hombro y dijo "Relájate, hermano. Tiratela, no me importa que lo hagas, es más, me haces un favor. Me he metido tanta mierda en el cuerpo desde pequeño que apenas se me levanta y no puedo satisfacer a esta pequeña zorrita. Hazlo tú, tiene derecho a disfrutar. Solo déjame que me quede observando...". Me causo tanta repugnancia escuchar eso que le quite la mano de mi hombro y le dije que de eso nada. Eso no va conmigo. Roberto me miró sorprendido. Les dije que gracias por haberme salvado la vida, haberme dado cobijo y comida, pero que ya me marchaba. Camiseta en mano me disponía a salir de la habitación, cuando oí cargar el percutor de una pistola. Cuando me giré, vi a Cristina en la cama, todavía desnuda y apuntándome con la pistola. Roberto meneó la cabeza de lado a lado y dijo "Respuesta errónea, Erik, respuesta errónea...".

¿Cuando aprenderé a que no me puedo fiar de nadie? Siempre termino metiendo la pata. Después de esto, me maniataron y me llevaron al salón. Me sentaron en el sillón y Roberto hizo lo mismo en el sillón de en frente. Cristina se sentó a mi lado, pistola en mano y sobandome y besándome el cuello. Cuando les pregunte que querían de mi, Roberto empezó a hablar:

"Bueno, Erik, por donde puedo empezar para que te tomes lo mejor posible lo que te voy a contar. Te habrás dado cuenta de que el mundo ha cambiado, todo lo que conocíamos ha muerto. Antes, los actos que realizábamos estaban divididos en dos tipos: lo correcto o lo incorrecto. Ahora ya no hay nadie que pueda juzgar lo que esta bien y lo que esta mal. Si ahora quiero pegarte un tiro en la cabeza, ¿quién me va a decir que esta bien o mal hacer eso? Ahora la única moralidad que vale es la del individuo. Lo que para ti puede ser incorrecto, para mi puede ser lo más correcto del mundo. A lo que iba, Erik, que me voy por las ramas. En este puto mundo, hay que hacer lo posible para mantenerse con vida. Todo vale. Si para mantenerse con vida unos días más, hace falta matar a cuantas personas haga falta, se hace y punto..."

Me estaba poniendo nervioso con su discurso sin fin, así que le dije "¿Que cojones queréis de mi?"

Él continuó: "Tu carne, Erik...". Aquí es cuando me quedé tan sorprendido que no supe que decir. Siguió "Te habrás dado cuenta que el alimento es un bien escaso. Con toda esa horda de andantes de ahí afuera, es prácticamente imposible encontrar algo que llevarse a la boca. Y créeme, hemos intentado buscar alimentos en supermercados y demás, pero como tú ya has comprobado, no hay víveres, esta todo saqueado. Algo normal, ya han transcurrido muchos meses que empezó este caos y lo poco que había, ha sido agotado. Al principio, cuando te quedas sin alimentos y pasas días y días sin nada que llevarte a la boca, empleas todas las fuerzas en buscar alimentos. Pero cuando ves que no hay, hay que tomar decisiones drásticas pero efectivas. Ahora, las cosas funcionan de la siguiente forma: o comes o te comen, nunca mejor dicho. Pues bien, si las cosas tienen que ser así, que así sean. ¿Por qué molestarse en vagar por las calles para encontrar alimento y exponerse a los andantes si la comida siempre termina llegando a la puerta de casa? Créeme, no eres el único que ha pasado por esto. Antes que tú, llegaron otros. Ellos fueron más listos, ya que se follaron a mi chica. Eso que se llevaron al otro mundo..." Ahí es cuando Cristina me ha sonreído mientras me acariciaba la cabeza. "...Supongo que te estarás preguntando como hemos llegado a este punto. Tiene su explicación. Como te dije, al principio eramos 4. Llevábamos mucho tiempo aquí, resistiendo y sin alimentos. Una de ellos, Marta, la muy subnormal, se pegó un tiro en la sesera. No aguantaba toda la presión. Era una perra depresiva, que esperas... Bueno, lo típico, lloros, lamentos y demás sandeces. Cuando llego la hora de deshacerse del cadáver, se propusieron muchas cosas, pero visto la hambruna que estábamos pasando, imagínate que idea fue la que triunfó. Créeme, al principio, todo esto suena repugnante, pero una vez puesto en el tema, no lo es tanto. Despiezar el cadáver no se aleja al de despiezar el cadáver de un cerdo. No nos engañemos, es prácticamente lo mismo, solo que aquí lo hacemos con semejantes. Y luego, a la hora de comer la carne, no esta tan mal como parece. Solo un poco más dura que la de otro animal. Hasta esta buena, ¿verdad?". Con esa pregunta, yo me quedé un poco confuso. No entendía porque me preguntaba eso si yo no había probado carne humana. Se me cayó el alma a los pies cuando recordé que ellos me habían servido comida nada más llegar a su casa. En ese momento, me entraron unas ganas inmensas de vomitar, pero me contuve.

Siguió: "No te quejes, no es tan traumático. Por lo menos has comido carne de primera [jajaja] del muslo de una tía que estaba bastante buena. Como te decía, pronto hubo que pensar en conseguir más alimento, ya que Marta no daba más de si, así que cogimos a nuestro tercer compañero, un golpe seco en la cabeza y solucionado. Él habría hecho lo mismo, así que solo nos anticipamos. Una vez roto el hielo con estos dos primeros, todos los demás ha sido coser y cantar. Venís aquí, os ponemos la mejor de nuestras caras, os damos de comer y un whisky con una buena dosis de mierda de la buena para drogaros. Yo no os veo como semejantes, os veo como alimento, así que abstente de lloriquearme y suplicarme, que no voy a sentir ningún tipo de pena por ti. Lo siento, Erik, la cosa es así, funciona así. O comes o te comen, no hay más"

Dicho esto, me levantaron y me metieron en una habitación, donde me ataron a la cama. Hay me han tenido más de 24 horas, en plena oscuridad. En esas 24 horas no he hecho más que intentar librarme de las ataduras. Esta mañana, cual matarifes, han entrado ataviados con delantales y mascarillas. Me ha cogido y llevado al cuarto de baño. He intentado zafarme, pero era imposible. Una vez en el baño, he visto que lo tenían todo plastificado para la sangre. Suelo, paredes, etc. Me han metido en la bañera mientras los maldecía. El hijo de puta de Roberto ha tenido la sangre fría de decirme, en tono irónico y entre risas, "No te resistas, solo vas a conseguir endurecerte y no seras tan comestible". La zorra también se ha reído con su risa impertinente y repelente. Ella ha situado el cuchillo jamonero en mi cuello y se ha acercado para darme un lametón en la cara. Ahí es cuando esa zorra ha cometido el fallo. 24 horas a solas dan mucho tiempo para forzar las ligaduras que me ataban, hasta tal punto, que he conseguido aflojarlas y sacar una mano. Además de estúpida, no sabe hacer un buen nudo. Cuando la perturbada me chupaba la mejilla, he podido sacar la mano y arrebatarle el cuchillo. De un movimiento rápido la he metido conmigo en la bañera y le he asestado varias estocadas. Todavía recuerdo sus gritos... pero no siento pena, me iban a hacer lo mismo a mi. Roberto, al ver que tenía el cuchillo en mi poder, ha abierto la puerta del baño y ha salido huyendo. He salido tras de él, dejando a la psicópata en la bañera, desangrándose. Dicen que todos los hijos de puta tienen suerte, pues bien, este no es el caso de Roberto. Mientras huía por el pasillo, ha tropezado con una caja de herramientas y ha caído al suelo, rompiéndose el tobillo.

Con él ya en el suelo, lo he atado. Lo he atado bien, con varios nudos que le unen las manos con los pies. El maldito no ha parado de maldecirme e intentar morderme. Seguidamente, he cerrado la puerta del baño y la he parapetado con muebles. Es cuestión de tiempo que la psicópata se reanime, así que mejor tenerla bien encerrada. Luego he cogido todas las armas e inspeccionado todas las habitaciones. En una de las habitaciones he encontrado lo que me temía. La sala estaba llena de enseres: mochilas, armas, carteras, ropa... y también cráneos y demás huesos. Aquí el olor es insoportable. He mirado en el interior de unos bidones que había y he descubierto la carne de los desdichados que me precedieron. La carne esta bajo kilos de sal. Verdaderamente repugnante.

También he descubierto una pequeña batería eléctrica, que me esta sirviendo para cargar las baterías del portátil.

Ahora mismo estoy sentado en el salón y llevo horas meditando lo ocurrido. Desde aquí puedo oír los golpes que esta dando el cadáver reanimado de la psicótica. No para de golpear la puerta. Creo que voy a hacer una noche más aquí y mañana continuare con la marcha. Le cogeré prestada la moto a mi querido amigo el perturbado, el cual lo tengo aquí delante, totalmente atado e inmovilizado. Creo que sabe cual es su destino y lo acepta. No se queja, no pide nada, no abre la boca ni si quiera para maldecirme.

Hace bien, porque diga lo que diga, su destino ya esta escogido. Todo lo que ha hecho merece un pago y lo va a tener. No voy a tener piedad de él. Mañana pagará sus pecados.


- Erik -