martes, 13 de octubre de 2009

+ 13-10-09 + Refugiados en el hospital Clínico

12:02 - La verdad es que aquí no se esta tan mal como pensé en un principio. No se puede comparar con nuestra antigua casa, pero mejor que estar haciendo noche a la intemperie, expuestos a los merodeadores, es. Nos estamos ubicando en la tercera planta, que es la planta de neumonología. Desde aquí tenemos una amplia visión de las calles y estamos alejados de la última planta y de la planta baja. Resistiendo aquí, tendríamos tiempo de reacción si la horda de la última planta escapara o los de fuera accedieran por la planta baja. En caso que los de la última planta escaparan, podríamos huir al aparcamiento subterráneo y marcharnos, pero si nos acceden por la planta baja, no nos quedaría otra que encerrarnos en esta planta. Mejor no pensar en eso...

Por cierto, ayer subimos a la novena planta para ver hasta que punto era cierto lo que decían Javier y Rubén. Pues bien, como decían, lo que ahí allí dentro es para que no peguemos ojo en toda la noche. No se cuantos pueden haber allí dentro, pero por las embestidas que pegan a la puerta de emergencia, deben de ser muchísimos. No creo que puedan derribar la puerta por más que embistan, la cadena de la puerta es resistente. De todas formas, no me fío. Hemos atado una cuerda para más seguridad. No se porque, pero creo que esa escoria sabe que estamos aquí...

Hemos encontrado a algún que otro merodeador en las plantas 6 y 8. Eduardo los a eliminado fácilmente. Uno de los que hemos encontrado en la planta 8, era uno de los que resistieron escondidos junto a Javier y Rubén. Rubén nos ha dicho que era Juanjo, el jefe de planta.

- Erik -


14:02 - Belén y yo llevamos un rato observando la situación en la calle desde la ventana de nuestra habitación. Hemos podido ver como entre los coches, intentando esconderse, iban 4 personas. Creo que iban armados con varas de hierros y palos y cargados con mochilas. Parece ser que iban buscando refugio. Se han acercado a la puerta del hospital y al ver que estaba cerrada, han desistido y han decidido continuar. Rápidamente he llamado a los demás, pero cuando les he comentado que podíamos darles refugio, Javier se ha puesto hecho un basilisco y se ha negado en rotundo. Dice que por nada del mundo va a arriesgar la seguridad del lugar, que ya han hecho bastante dejando que nos refugiemos aquí. ¡Pero este tío de que va! ¡como puede ver a gente que necesita ayuda y pasar de ellos!. Le he dicho que no nos íbamos a quedar de brazos cruzados, dejándolos a su suerte, que eso no es humano. Cuando mire a todos, nadie se pronunció. Visto esto, me he indignado y me he salido de la habitación para dirigirme a la planta baja, para ir a dejarlos entrar. Mientras andaba por el pasillo, Javier a salido corriendo tras mía, como un poseso. Me he girado y él me ha cogido del brazo diciendo "Si les abres, sera la último que haces". Ha seguido cogiéndome del brazo a pesar de que me he intentado soltar, es más, me estaba apretando con todas sus fuerzas y mirándome con los ojos descompuestos. ¿Que creéis que es lo más correcto a hacer en esa situación? Yo os le diré. Lo más correcto es lo que he hecho. Le he propinado un empujón en forma de golpe seco en el pecho. A caído de espaldas, tambaleándose. Ahí a sido cuando le he dicho "No me vuelvas a poner la mano encima y mucho menos a amenazar o te arrancare la cabeza con mis propias manos, ¿entendido? Que trabajaras aquí y te hallas ocultado en este sitio no te da derecho a creerte dueño del lugar y mucho menos a dar órdenes. Tu no nos has dado nada, hemos llegado al lugar y accedido por nuestro propio pie". Dicho esto y viendo que estaba en el suelo con una mirada que me podía matar, he dado media vuelta y he continuado con mi camino. Eso a sido un error, y es que la primera regla del combate es que nunca debes perder de vista a tu oponente y mucho menos darle la espalda. Mientras andaba, he oído a Belén gritar "¡¡Erik!!". Cuando me he girado, me he encontrado lo que menos esperaba. Por décimas de segundo, he visto a Javier corriendo hacia mi y alzando la pierna cuando estaba encima mía. Me ha propinado una patada en las costillas que me ha lanzado hacia atrás. Aun me duelen las costillas una barbaridad, no se si me habrá roto alguna o me habrá hecho alguna fisura, pero me cuesta respirar. Una vez en el suelo, me he levantado y abalanzado sobre él. Nos hemos enzarzado a puñetazos y codazos, rodando por el suelo. Me ha dado alguna, lo reconozco, pero yo le he propinado más. Cuando todos nos han separado, me encontraba encima de él, golpeándole la cara. A pesar de eso, seguía con los ojos clavados en mi, totalmente descentrados. Hasta parecía que espumeaba de la rabia. Cuando nos han podido separar, casi arrastro a todos lo que me agarraban. Rubén, José y Eduardo se han llevado a estirones a Javier. Mientras se lo llevaban, iba gritando "¡¡Hijo de puta!! ¡¡como les abras, te mató!! ¡¡te lo juro!!". Pero menudo fantasma esta hecho. Nunca me cayeron bien las personas con carrera por gente como él. Pasado esto, ya no me ha dado tiempo a buscar a los supervivientes de ahí fuera. Ya no estaban por la zona. A saber donde estarán ya... lo mismo hasta quizás les han dado caza.

Esther me ha curado la brecha de la ceja que me ha hecho este idiota. Belén no ha parado de maldecir a Javier, hasta lo ha buscado y le ha dicho de todo. No debería echar más leña al fuego, pero es comprensible que este indignada. Elena, Raúl, María y Manuel, que estaban en la habitación mientras Esther me daba puntos de sutura en la ceja, me han dado la razón a mi. Normal, se ha puesto fuera de si por nada y me ha atacado a traición. ¿Ese tío esta mal de la cabeza o que? Todos estamos con los nervios a flor de piel, pero no hay razón de pagarlo con los demás. Esther dice que va a ver como esta Javier, que después de los golpes que le he propinado, dice que seguro que necesita puntos. Nosotros vamos a ver si comemos algo.

- Erik -


15:24 - Ya hemos comido. No sabéis como se disfruta un buen solomillo después de haber pasado meses a base de conservas. La nevera esta hasta arriba de alimentos congelados, a dios gracias. Hay que aprovechar mientras se pueda. Cuando hemos terminado de comer, me he cruzado a Esther y a Javier. Esther, que iba delante de él, me ha hecho un gesto con los ojos en señal de que me fijara en Javier. Cuando me he fijado en este, el cual no me ha mirado, tenía un pómulo hinchado y puntos en el labio. También llevaba la camisa desgarrada. He continuado mi camino y me he sentado a solas en una de las salas de espera. Ya le he dicho a los demás que tengan las armas vigiladas y las sobrantes las mantengan ocultas. Después de ver lo loco y traidor que es, no me fió de que me de un tiro por la espalda.

Hay una cosa que he pasado por alto en entradas anteriores y es que Elena, cuando bajo de su casa, traía consigo, en la mochila, un gatito de meses. No lo he dicho antes ya que me parecía absurdo nombrarlo sin venir a cuento. El bicho es adorable.. jaja. Bueno, pues me encontraba en la sala de espera jugando con el bichejo, cuando ha aparecido Rubén. Ha notado que, cuando ha aparecido, me he puesto a la defensiva sin perderlo de vista. Pensaba que vendría a decirme de todo, ya que lo más normal es que defienda a la persona que más conoce. Pues me equivocaba. Después de que se percatara de mi hostilidad, me ha dicho que solo venía a hablar conmigo, nada más. Se ha sentado en uno de los asientos y me ha preguntado que qué tal me encontraba. No me he podido contener y le he dicho que su amigo es un puto cobarde, traidor y loco. Para mi sorpresa, me ha dado la razón. Le he preguntado que sabe de él y me ha dicho (como siempre, intento transcribir lo mejor posible todo lo que puedo recordar de la conversación):

"¿Que se de él? Bufff... Tantas cosas. Cuando el hospital estaba en funcionamiento, Javier era famoso aquí. Pocos se llevaban bien con él. Discutía con todos y nadie aguantaba su carácter irascible y violento. En una ocasión, se peleó con un celador y le propino varios puñetazos. Este no denunció por miedo. Si lo hubiera hecho, lo habrían expulsado del hospital. Se ganó el apodo de "el loco" a la fuerza. Desde que todo esto comenzó, no ha parado de creerse el líder. Actúa como si fuera el dueño de este sitio. Ya lo has podido comprobar y ya era hora de que alguien le plantase cara. De todas formas, no te fíes de él, es sumamente vengativo. No le des mucho la espalda, estoy seguro de que te buscara la vuelta. No se hasta donde es capaz de llegar, pero si antes de que comenzará esto ya estaba un poco ido, imagina como es ahora..."

No me mola tener que dormir cerca de un hijo de puta de este calibre. Yo tengo más que perder que él. Si intenta hacer algo, a mi o a los míos, y en especial, a Belén, juro por lo más sagrado que lo estrangulo con mis propias manos...

- Erik -


20:47 - ¡Que dolor de costillas! ¡estoy que rabio! Seguro que tengo alguna fisura en alguna costilla. Ya me ha salido un terrible moratón. He ido por las habitaciones buscando a Esther, para que me diera algún calmante y me he encontrado a Raúl, José y Manuel completamente colocados. Por lo visto, se habían tomado unos Trankimazines. Para los que no sepan que es esto, son una clase de tranquilizantes. Que imagen más dantesca, los tres completamente atontados y casi sin poder hablar. Pero mira que pueden llegar a ser subnormales. Colocándose como niñatos. Esto ya es lo que nos faltaba, yonkis en el grupo.

He encontrado a Esther y me ha dado unas pastillas para el dolor. A ver si hacen algo. Dice que sí, que quizás tengo una fisura en las costillas, pero que sin radiografía no puede determinar la gravedad. Dice que si las molestias siguen, intentara hacer algo.

También he hablado con Belén. Esta de acuerdo en parapetar la puerta por las noches. Tampoco se fía de Javier. Quién sabe si viene a por mi a media noche. No hay que fiarse de los cobardes. Si me ha de pillar, que lo haga de cara y en igualdad de condiciones.

- Erik -


jueves, 8 de octubre de 2009

+ 09-10-09 + Nostalgia y añoranza

1:51 - Otra noche más a la intemperie. Aquí me encuentro, haciendo guardia en el jeep bajo un manto de estrellas mientras los demás duermen, o al menos, lo intentan, en el otro vehículo. Manuel esta sentado en el jeep, en el puesto del copiloto, ya que las guardias las estamos haciendo de dos en dos. Lo veo pegar cabezadas. Espero que no se duerma, es esencial que este expectante. Hemos "acampado" en la zona de la universidades. Este sitio parece tranquilo, sin movimiento. De todas formas, el sitio de ayer también era tranquilo, pero cuando los merodeadores nos localizaron, el sitio dejo de serlo. Hemos descubierto este sitio e intentado entrar en los edificios de la universidad, pero están completamente cerrados a cal y canto.

Ahora que observo el cielo, veo que este esta completamente estrellado. Gracias a la falta de luz eléctrica, puedo disfrutar de esto. Que noche más preciosa. A pesar de lo corrompido que se a vuelto el mundo, aun quedan cosas bellas... En cuantas ocasiones he pasado por alto cosas como esta solo por estar, por ejemplo, borracho como una cuba en cualquier tugurio de mala muerte.

Un momento, parece que sale Belén. No podrá dormir ahí dentro, todos enlatados como sardinas.

- Erik -


3:40 - En efecto, no puede dormir con tanta gente en el coche. Ahora se encuentra tumbada a mi lado, tapada con mi chaqueta e intentando dormir. Hemos estado hablando desde que se ha levantado. Nada más salir del coche, lo primero que ha hecho es darme un beso. Esta así de mimosa siempre que tiene ocasión. Creo que sé porque es. Tiene miedo a que ocurra lo peor, miedo a que nos pase algo y no me pueda expresar sus sentimientos jamás. Sé esto porque a mi me ocurre lo mismo. Pensar por un momento, ¿qué ocurriría si a un ser querido vuestro le pasase algo malo y nunca le hubieseis expresado vuestros sentimientos hacia él/ella? Os quedaríais destrozados, con una espina en el corazón que jamas podríais sanar. Esto es lo peor que le puede pasar a nadie.

Belén me ha estado hablando de como ve ella el futuro, de que haremos cuando todo esto acabe y podamos llevar una vida normal. Dice que quiere vivir lejos de la urbe, que viendo las cosas que ha traído vivir en una gran ciudad, ya no quiere saber nada más de estas. También me ha dicho que más vale que me gusten los niños, que hay que repoblar el país, jaja, con esto no he podido evitar soltar una carcajada y ella me ha guiñado el ojo. No me esperaba esa frase y menos de su boca. Con lo tímida que es y me la ha soltado. Ha continuado hablando de planes de futuro, de que le gustaría que viajásemos a Roma, visitar el Coliseo, que desde siempre quiso verlo. Le he dicho que cuando vayamos, lo bueno sera que no habrá mucha cola para visitarlo. Me he reído y ella, sonriendo, me ha soltado un mamporro en el brazo. Ha continuado hablando y hablando, haciéndome preguntas estilo "¿Y que te parece que...?", "¿Y que te gustaría a ti que...?" y así sucesivamente. Yo he asentido a todo y le he contestado a cada una de las preguntas que me ha formulado, pero dentro de mi, me he sentido mal. Mientras hablaba, mi cabeza pensaba "¿Futuro? ¡Si ni si quiera sabemos si podremos sobrevivir a mañana!". Tal cual están las circunstancias, tengo cero esperanzas de poder ver el futuro. Ojala me equivoque, pero es lo que siento. De todas formas, no hay cosa que más me gustaría en estos momentos que hiciésemos juntos todo lo que ella a dicho. Estoy de acuerdo hasta en lo de los niños, y no penséis mal, que no es por el mero hecho de hacerlos. Conozco poco a Belén, hace poquísimo que estamos juntos y tal vez las cosas han ido demasiado rápido, pero ninguna mujer me ha llenado tanto como lo esta haciendo ella. Esto no es a causa de las circunstancias en las cuales estamos inmersos, siento algo por ella que ni siquiera lo he sentido por ex-novias del pasado. Ni con 4 años de relación he sentido lo mismo. Pienso que toda persona tiene a su pareja ideal en otra parte y cuando ambos se conocen, ocurre esto.

- Erik -


4:22 - Eduardo acaba de relevar en la guardia a Manuel y Raúl también se ha levantando para relevarme a mi. Le he dicho que siga durmiendo, prefiero estar aquí haciendo la guardia que meterme en esa lata de sardinas. No podría dormir de todas formas, así que prefiero estar aquí, disfrutando de lo tranquila que esta siendo esta noche. Raúl no ha insistido mucho y ha vuelto al coche. Él que puede, que duerma. Se lo merece después de lo que ha pasado. Parece mentira, pero todos los que habemos aquí, hemos pasado lo nuestro. Belén, lo de su padre y hermano, Raúl, lo de sus padres, Eduardo, lo de su mujer e hija, lo que le ocurrió a Esther, nosotros lo de Alicia...

Voy a seguir con la guardia. Dentro de unas horas habrá sol y tendremos que ponernos en marcha.

- Erik -


6:12 - Acaba de ocurrir un imprevisto. Ahora vamos con los coches, estamos intentando llegar al hospital Clínico. Resulta que José, estaba durmiendo en el coche, con el arma entre sus brazos. No sabemos ni cómo ni porque, pero se le ha disparado y tiene todo el antebrazo destrozado. Esther le ha hecho un torniquete y dice que si no vamos a un hospital cercano donde haya material quirúrgico, se desangrará. También dice que sus conocimientos médicos no son lo suficiente extensos para tratar heridas de este calibre, pero que algo podrá hacer, ya que el disparo no ha impactado de lleno, más bien de lado. Sabía que este subnormal nos tenía que traer más problemas. Por el bien de todos, espero que aquella zona este despejada y, por su bien, que el lugar sea accesible. La avenida en la que se encuentra el hospital es la que esta colapsada por vehículos, así que tenemos que ir por calles contiguas. En cuanto sepa algo, os cuento.

- Erik -


6:23 - La parte trasera del hospital parece despejada. No hay muchos vehículos en esta parte. Vamos a intentar acceder por el aparcamiento subterráneo. Las puertas de acceso de la planta baja parecen cerradas.

- Erik -


8:06 - Estamos dentro. Hemos cerrado la valla del aparcamiento por seguridad. Hemos subido hasta la planta baja y no hemos encontrado a muchos merodeadores, solo a unos cuantos dispersados por la sala de espera, los cuales hemos eliminado sin problemas. Lo ha hecho Eduardo, así no ha sido necesario abrir fuego y llamar la atención. Hemos accedido a la sala de curas, donde Esther a encontrado el material necesario para atender a José. Ahora se encuentra terminando de curarle. Yo llevo un rato fuera de la sala, no me gusta ver tanta sangre. Me produce náuseas. Parece que todo va bien y la herida no es de tanta importancia como parecía. De todas formas, era necesario intervenirle.
Eduardo, Raúl, Belén y yo vamos echar un vistazo por la zona. Manuel, María y Elena se van a quedar abajo, vigilando.

- Erik -


10:34 - Vaya, que sorpresa, ¡no esperaba encontrar a supervivientes aquí dentro!. Hemos encontrado a dos personas en la tercera planta. Los hemos encontrado en una habitación y se han pegado un tremendo susto. Su primera reacción a sido tirarnos encima un colgador de goteros, el cual me ha impactado de lleno. A pesar de intentar tranquilizarlos, no se fiaban. Uno de ellos sostenía una vara de hierro preparada para atizarnos. Cuando los hemos tranquilizado, hemos podido averiguar quienes son. Son dos médicos de este hospital. Rubén es, o más bien era, cardiólogo y el otro se llama Javier, neurólogo. Lo primero que nos han preguntado es como hemos llegado aquí y si nos han seguido. Le hemos dicho como y porque y que pensamos que no nos han visto entrar.

Después de bajar y realizar las presentaciones pertinentes, les hemos bombardeado a preguntas. Por cierto, Esther ya había terminado con José y este se encontraba en la camilla con el antebrazo completamente vendado. Rubén y Javier nos han contado que cuando comenzó todo, el hospital fue un verdadero caos. Los hospitales fueron el primer foco de infección en Valencia. A partir de ahí, la infección se expandió. Cuentan que el hospital se hizo inhabitable, ya que los pacientes infectados atacaron a todo el personal y en poco tiempo se convirtió en una zona "muerta". Un grupo de 7 personas, 5 médicos (ellos dos incluidos) y 2 pacientes, pudieron esconderse en una de las salas de médicos. Resistieron allí dos días, escondidos, hasta que miembros del ejercito entraron y comenzaron a limpiar el lugar. Acabaron con la mayoría de los merodeadores que habían en casi todas las plantas, que eran bastantes. Cuando llegaron a su zona, 3 de los allí recluidos salieron a recibir a los militares pensando en que los iban a rescatar. Los militares, a sabiendas de que no eran infectados, les dispararon abatiendolos. Visto eso, los cuatro que quedaban se escondieron en un armario y los militares no se percataron de su presencia. Pasadas unas horas, pudieron salir. Los militares habían sellado las puertas del edificio. Eliminaron a una gran parte de los merodeadores, pero quedaron unos cuantos en plantas intermedias. Dicen que estos dieron caza a los otros dos supervivientes cuando todos estaban haciendo un reconocimiento del hospital. Ocurrido esto, tuvieron que esconderse en la habitación en la que los hemos encontrado.

Al ser médicos, he pensado que quizás tienen información de que es lo que a causado todo esto, si es un virus, como dijeron los medios de comunicación, así que les he preguntado. Dicen que no conocen mucho sobre lo que nos enfrentamos, que cuando empezó todo esto, nadie les proporciono información para tratar esta enfermedad, así que administraron diversos medicamentos y tratamientos sin conseguir nada. Parece ser que si se trata de un virus o una bacteria. Según dice Javier, el virus o la bacteria que sea, desencadena en el individuo una degeneración de una parte del cerebro, destruyendo las capacidades motoras. A lo que no encuentran explicación es que el individuo pierda las constantes vitales y aún así, siga con "vida". En otras palabras más simples, no se explican como el individuo puede morir y a pesar de eso, moverse, andar y alimentarse. Ninguno nos explicamos eso y menos aún, que sean caníbales en potencia.

Este lugar parece seguro, de momento. Si ya nos descubren y empiezan a apelotonarse en la puerta, este sitio se ira al garete. Entiendo que Javier y Rubén nos hallan prohibido terminantemente permanecer mucho tiempo por la planta baja. Quieren evitar que estemos a la vista y nos vea algún merodeador desde fuera. Por cierto, el hospital esta hecho un desastre. Hay camillas, asientos, sillas de ruedas, cadáveres, todo tirado por el suelo. Las plantas superiores, más de lo mismo. Ahora nos encontramos en la tercera planta. Según dice Javier, de la sexta planta a abajo, ya no hay merodeadores, ya que los militares hicieron un buen trabajo. A partir de la sexta para arriba, hay algún que otro merodeador suelto, pero que no pueden suponer un gran problema. Lo que me ha dejado frío, es lo de la novena planta, la cual dice que es la planta de enfermedades infecciosas. Resulta que esta planta, ¡esta totalmente llena de merodeadores!. La última vez que accedieron a esta planta, vieron que la puerta de emergencia tenía una cadena que impedía el acceso. La debieron poner los militares. Cuenta que desde dentro golpeaban la puerta lo que parece una multitud. Debe de ser gordo lo que hay ahí encerrado para que los militares no se atrevan a entrar y encadenen la puerta... De todas formas, dicen que estas plantas son muy seguras y más si llevamos armas. Puede haber quedado alguno perdido, pero yendo armado y asegurando las puertas de las habitaciones por la noche, no hay peligro alguno. De todas formas, no me hace ni puta gracia dormir a sabiendas que ahí arriba hay una horda que puede escapar. Bueno, por el momento, que José se haya pegado un tiro accidental ha sido lo mejor que ha hecho hasta ahora. Ahora mismo lo tengo por aquí al lado, con el antebrazo completamente vendado. Sigue sin darme pena... Creo que me estoy volviendo un insensible...

Belén insiste en que me acueste a descansar, que no he dormido nada. La verdad es que si, tengo bastante sueño y ver una cama delante mía no me ayuda nada. A pesar de eso, le he pedido que se acueste conmigo. No me fío de dejarla por ahí sola. Si tiene que ocurrir algo, quiero estar delante para defenderla. Ha dicho que bien, así que juntaremos dos camas. Los demás dicen que descansemos, que ellos estarán por la zona y que si ocurriese algo, nos llamarían. No hay de que preocuparse, dicen. Espero que sea así.

...se me cierran los ojos...

- Erik -


21:12 - ¡Más de 10 horas en la cama! Que barbaridad... ¿tanto necesitaba descansar? Y aun sigo teniendo sueño. La verdad es que estos últimos días no he dormido nada. Necesitaba dormir en una cama, a pesar que estas camas de hospital son una mierda. Belén también a dormido todo este tiempo. Ella aun sigue en la cama, pero despierta. Voy a hacerle un poco de caso ;) y después a comer algo, que según me ha dicho Raúl, hay una nevera que funciona ¡repleta de alimentos!

- Erik -


miércoles, 7 de octubre de 2009

+ 07-10-09 + Con la muerte por compañera

Cuando ves por primera vez un cadáver, sientes una sensación extraña. Todo lo de dentro del cuerpo se te revuelve, sientes náuseas, ganas de llorar, rabia... Te preguntas las cosas que pudo hacer esa persona en vida, si tenía familia, amigos, a que se dedicaba... te preguntas tantas cosas sobre el pobre desdichado. Lo imaginas en la cual podía ser su rutina habitual, lo imaginas con sus seres queridos celebrando algo, contento, o en el trabajo, riendo con los compañeros. ¿Sería una buena persona o un maldito cabrón? ¿Se merecía eso? Piensas en que si esa persona se había levantado feliz ese día, sin saber lo que le acontecía o si habría cambiado cosas de su vida si hubiera sabido que su final estaba cerca. Eso sientes la primera vez que ves un cadáver, pero cuando ves muchos, ya ni si quiera piensas en el desdichado, ni te inmutas. Se convierte en algo habitual, lo ves como algo normal y solo piensas en no ser tu el próximo cadáver. Parece que uno nunca se puede acostumbrar a ver a la muerte de tan cerca, pero si, uno se acostumbra. El ser humano se acostumbra a todo, se aclimata a cualquier rutina o situación. Tanto tiempo sobreviviendo y luchando por la supervivencia, ha hecho que apenas pueda recordar una vida normal. Cosas normales como beber una cerveza con los amigos o ir a trabajar, parecen ya impensables, son como si pertenecieran a otra vida, a otro mundo. No creo que el mundo vuelva a recuperarse de este duro golpe y solo nos queda conformarnos con seguir vivos y huyendo.

En fin...


La misión de ayer, dentro de lo que cabe, bien. La teoría siempre es fácil, la practica no lo es tanto. Una vez nos adentramos los 3 en las cloacas, comenzamos a buscar la tapa de salida más cercana a la casa de la chica. Tardamos más de una hora en encontrarla. Con la ayuda de una linterna y empuñando las armas en todo momento, recorrimos túneles y más túneles, abriendo tapas y comprobando si íbamos por el buen camino. Llegamos a zonas que el agua infecta nos llegaba por las rodillas... Casi nos asfixiamos por el olor nauseabundo, ¡que asco!. En un par de ocasiones pudimos ver cadáveres flotando. Cuando estábamos próximos de encontrar la tapa correcta, nos atacaron dos perros. Nos salieron por uno de los pasadizos y parecía como si estuvieran rabiosos. Uno era un Rottweiler, o al menos, lo parecía, y el otro era como una especie de cruce entre Pastor Alemán y Pastor Belga. No sabéis como impresiona ver a semejantes bestias correr hacía ti, soltando espuma por la boca. De varios tiros los pudimos abatir. Una vez muertos, los observamos más detenidamente. Tenían el cuerpo lleno de mordiscos, parte de la piel desgarrada y les faltaba algo de pelo. ¿Puede ser que los perros también se contagian con lo mismo que nosotros? No lo se, pero me horroriza pensarlo.

Después de este encontronazo, Belén trepó las siguientes escaleras, abrió la tapa y... ¡bingo!, delante teníamos la finca de la chica. Cerró rápidamente, ya que por la tapa entreabierta, se podían divisar las piernas de algunos merodeadores cercanos. Visto lo visto, subí yo para estudiar la situación. Abriendo la tapa tímidamente, observe un angulo de 360º. Dos cercanos al patio y otros dos al lado de la tapa. Los otros estaban más alejados y no suponían un peligro. Ya no podía ver más lejos, los vehículos allí abandonados me tapaban la visión. Visto esto y después de comentárselo a Eduardo, llegamos a la conclusión de que lo mejor era avisar a la chica, que bajase al patio y esperase a que le diéramos la orden de salir. Nosotros despejaríamos la entrada a la alcantarilla. Solo se podía posicionar uno en la escalera para despejar la entrada, así que me ofrecí voluntario. Así lo hicimos, una vez que estuvo en el patio, abrí la tapa y abrí fuego con el rifle. Elimine a los más próximos, los cuales se me intentaron abalanzar al verme aparecer. Seguidamente, elimine a los otros dos, fallando un tiro. Entonces, Eduardo le dio la orden de que saliera corriendo y así lo hizo. La vi aparecer por el patio, cargada con mochilas y empecé a retroceder peldaños para dejarle paso. Se metió por el agujero y comenzó a descender ella también. Nos faltaban pocos peldaños para llegar al suelo, cuando me percaté que se había dejado la tapa abierta. ¿Como se le pudo pasar eso por alto? ¡Es de cajón!. Le grité "¡La tapa! ¡Has dejado la tapa abierta! ¡Entrarán!". Intentó subir para cerrarla, pero ya no había tiempo, así que la cogí de la pierna y le dije que bajase rápido. Así lo hizo, a dios gracias, ya que los merodeadores no tardaron en hacer aparición. Se asomaron dos por la entrada y uno se dejó caer por el agujero. Cayó al lado nuestro y para mi asombro, ¡se comenzó a levantar como si nada!. No había tiempo que perder, así que emprendimos la huida. Detrás nuestra, los merodeadores comenzaban a bajar, dejándose caer. No se cuantos entraban, pero no paraban de aterrizar en el suelo. Doblamos la primera esquina e intentamos orientarnos. No sabíamos cual era el camino de vuelta, así que seguimos a nuestro sentido de la orientación. Perderse no era una opción, ya que nos podían dar caza.

Comenzamos a andar por los pasadizos y cuando nos dimos cuenta, ya estábamos perdidos. Subíamos escaleras, abríamos tapas y nada. Los pasadizos eran todos iguales y no nos ubicábamos. No se porque, pero las mujeres tienen un sentido de la orientación bastante bueno. Ya nos lo demostró María la anterior vez que pisamos unas cloacas, así que fue Belén la que se puso en cabeza, ya que según dijo, más o menos tenía una idea de por que sitios habíamos pasado. La comenzamos a seguir, oyendo los gemidos de los merodeadores que, con el eco del lugar, eran más siniestros todavía. Era como si estuviesen por todos los lados. Íbamos andando detrás de Belén, cuando algo nos alarmó. Se oían pasos detrás nuestra, como si se acercara alguien corriendo. No nos lo pensamos, comenzamos a correr como posesos. Mientras corría, yo giraba la cabeza para ver quién nos seguía y lo que vi no me molo un pelo. Eran tres merodeadores, pero de los que corrían, o sea, de los nuevecitos en el gremio. Tengo que buscar un nombre para esta clase de merodeadores, para citarlos mejor... ¿corredores? Si los otros son merodeadores porque siempre están merodeando, para los que corren y son rápidos, corredores es el más acertado. La cuestión es que teníamos a tres de esos detrás. Mientras huíamos, Belén iba guiándonos. Giraba a la derecha, a la izquierda, continuaba recto, mientras nosotros, en la retaguardia, buscábamos el momento de girarnos y llenarlos de plomo. Yo no podía correr más, mi corazón se iba a salir del pecho. Mis años de fumador me estaban pasando factura en ese justo momento. Mientras corríamos, Eduardo aminoro la marcha y se situó a mi lado. Sin parar de girar la cabeza, me dijo "Cuando te diga YA, nos paramos en seco y les atizamos. Dale con la culata del rifle y dispara al tercero más alejado, ¿Ok?". Le intente contestar pero no me salieron las palabras, me faltaba el aire, solo le pude asentir con la cabeza. Seguidamente, avisó a Belén de lo que pensábamos hacer y pidió a la otra chica que enfocase la linterna hacia detrás. Gire la cabeza y comprobé que los teníamos a dos metros. ¡Nos iba a cazar como liebres si no los eliminábamos! En ese momento, se nos apareció la virgen, la cruz y todo el santoral, ya que el tercero más alejado, tropezó cayendo al suelo de bocas. En ese momento, Eduardo dijo "¡YA!". Frenamos en seco y dirigí la culata contra la cara del que tenía más próximo. Creo que saltaron hasta dientes, pero lo que si que sé es que cayó para no levantarse más. Eduardo, de un movimiento circular, le segó el tronco a su perseguidor. Sin más dilación, apunte al tercero, que se estaba levantando del suelo y disparé. Seguimos la marcha después de que tomase unas buenas bocanadas de aire.

A partir de eso, 15 minutos nos llevo encontrar la salida. A pesar de la buena orientación de Belén, nos perdimos un par de veces más. Salimos a la calle y vimos nuestros coches. Estaban vacíos. Eso era señal de que se encontraban arriba. Cuando nos dirigíamos de camino al portal, la chica, muy nerviosa y como pudo, nos dio las gracias por haberla rescatado. Seguidamente me miró y dijo "¡Tú eres Erik seguro! No te esperaba así. Yo soy Elena" . Quizás sea manía mía, pero me da que Belén no la miró muy bien en ese momento.

Subimos las escaleras hasta el séptimo piso, altura donde esta ubicada la casa de los padres de Raúl. No se por qué, pero de camino me iba temiendo lo peor. Quizás es porque me estoy acostumbrando a que las cosas siempre vayan a mal. Nos encontramos la puerta de la casa destrozada, al igual que todas las del rellano. Saltamos los escombros y entramos. Caminando por el pasillo podíamos ver ropa, cajones, lamparas, zapatos... todo por el suelo. Llegamos al salón y esa escena habría sido mejor no verla. Todos estaban en la sala y ninguno dirigía la mirada al fondo del salón. En la cara de Manuel, el cual me miró a los ojos con cara de circunstancia, pude imaginarme lo que allí estaba ocurriendo. Miré al fondo de la sala y me vi a Raúl, de rodillas y sosteniendo a un cadáver. Raúl lloraba desesperadamente y el cadáver que sostenía era de una mujer mayor. Su madre. Tenía un tiro en la cabeza. A pocos metros, tumbado bocabajo, el cadáver de un hombre, su padre, con otro tiro de escopeta en la cabeza. Manuel se nos acercó en ese momento y dijo "Hemos entrado y encontrado este panorama. ¿No os es familiar este modus operandi?". Y tanto que nos es familiar... Esos hijos de perra han pasado por aquí también.

Después de que Raúl llorara, maldijera, se lamentara y todo lo normal en estas situaciones, conducimos los cadáveres a la cama. Una vez allí, Raúl posiciono las manos de tal forma como si los cadáveres se estuvieran cogiendo de la mano y los tapamos con una sabana. "Es el entierro más digno que les puedo dar. Seguirán juntos de esta forma". Raúl rompió a llorar en el momento que terminó esas palabras. Aproveche para cargar las baterías del pc portátil, ya que aquí si que había algo de electricidad. Mientras, los demás, buscaron cosas útiles. Pude ver como Raúl cogía y guardaba una foto de sus padres...

Esta maldita vida no para de apalearnos... ¿A caso nos merecemos esto?


Ahora nos encontramos en los coches, en una zona algo alejada y que parece que no hay infectados cerca. Quizás hagamos noche aquí, según veamos la actividad de la zona. Si hacemos noche, nos turnaremos para hacer guardia. De todas formas no creo que pueda dormir. La idea de hacer noche en la calle me pone los pelos de punta...

Os sigo informando.


- Erik -


lunes, 5 de octubre de 2009

+ 06-10-09 + Tomando decisiones

03:34 - No podemos dormir. No es solo por la incomodidad de estar tumbado en el suelo o apoyado en la pared, sino por los acontecimientos ocurridos y la incertidumbre futura. ¿A donde vamos a ir? Aquí no nos podemos quedar eternamente. No es seguro. Hemos tenido que posicionar los coches en la puerta para que los merodeadores no puedan entrar, ya que podemos oír a unos pocos ahí fuera. Las pocas ventanas que hay aquí las hemos tapado. Llevamos 2 días sin ver la luz del sol, aquí retenidos, hablando en voz baja todo el día e intentando dormir en este puto duro suelo.

A mi lado tengo a Belén. Parece que acaba de dormirse. Me alegro... pobre. Que habría sido de ella si no nos hubiésemos encontrado... y que habría sido de mi sin ella. Sintiéndolo mucho por los demás, es la persona que más me importa del grupo. Si alguno de los otros cayese, si, me jodería, derramaría lagrimas, maldeciría a todo lo sagrado y a todo lo impuro, pero si le pasase algo a ella... no se que iba a ser de mi, no se que haría. No lo podría soportar. Es duro decirlo, pero en esas circunstancias, me metería una 8x57 en la cabeza. No puedo permitir que le ocurra nada. Los peligros no residen solo en esa escoria andante, sino, como ya hemos comprobado, hasta en los propios supervivientes. ¿Que le pasa a este puto mundo? ¡Todo se a trastornado! Los muertos caminan por las calles alimentándose de los vivos, los supervivientes violan y matan a otros supervivientes... Si hace unos meses me hubieran contado que esto iba a suceder, me habría reído a carcajadas. A veces subestimamos todo y a todos.

Belén se acaba de despertar sobresaltada. Parece que ha tenido una pesadilla. Sí, confirmo, la ha tenido. Me lo acaba de decir. Ahora mismo esta abrazada a mi brazo, leyendo lo que os escribo. Los demás se encuentran por ahí, sentados o tumbados, pero todos ellos con la mirada perdida. Manuel esta sentado en frente nuestra, mirando el techo, sin soltar su escopeta y con María recostada en su piernas. Ella hace lo mismo y mira constantemente el reloj. Raúl se encuentra tumbado encima de un cartón, con su arma bien agarrada. Parece que duerme, pero no, sus ojos se cierran y abren intermitentemente. Es como si luchara por estar despierto, como si tuviera miedo a bajar la guardia. A unos pocos metros de él, cerca de Belén, se encuentra Esther. Aún va manchada de sangre en los brazos y pelo. Lleva unas ropas de María, que le quedan algo grandes. Hace horas que permanece con la cabeza entre sus rodillas. No se si estará durmiendo, pero lo dudo mucho. Después de lo ocurrido en casa, esta destrozada. Apenas habla, apenas come, nos evita la mirada... Otra victima más de este trastocado mundo. En una esquina, repudiado por todos, esta José. Todavía tiene la cara hinchada y con bastantes heridas. Por lo contrario que podáis estar pensando, no, no me da ninguna pena. Ni a mi ni a ninguno del grupo. Se que cuando lo encañone, me detuvieron más por mi que por él. No querían que me manchara con sangre de un "compañero", pero todos le deseaban lo peor en ese momento. Si por mi fuera, le pegaría un tiro aquí mismo. Belén me acaba de dar un empujón en signo de queja por estas palabras (cariño, ambos sentimos el mismo aprecio por él).
Eduardo esta apoyado en la pared, cerca del portón de entrada. No se por qué a escogido ese sitio. Sobre su regazo esta la espada y mantiene la mirada clavada en la pared de en frente. Es como si estuviera en tensión. Parece un hombre de hierro, pero yo se que no lo es. Ha pasado y esta pasando mucho, y eso le atormenta la mente, aunque no lo exprese. Ha perdido a su familia, ¡Joder!, no puede estar como si nada. Quizás ese es el motivo de porque tiene tanta valentía. Creo que no siente apego a este mundo y solo quiere acabar con el mayor número de podridos posible. Por otra parte, pienso que nos ve como a su manada, la cual intenta proteger como... como no pudo hacer con su familia. Si se siente culpable, no debería sentirse así, ya que él no tuvo ni culpa ni oportunidad de protegerlos. Esto nos pillo a todos en bragas. Si hubiésemos sabido la que se nos venía encima, todos habríamos huido con nuestras familias muy lejos. Sobre Eduardo, solo me queda decir que, al contrario que con José, me siento contento de que este entre nosotros y seguro de si es él el que me cubre la espalda.

Belén se ha que dado dormida profundamente. No me canso de mirarla cuando esta así... la miraría toda una eternidad y no me cansaría. Voy a intentar apoyarla encima de mi mochila sin que se despierte, ya que necesito pegar una meada y estirar las piernas, llevo horas aquí postrado.


4:40 - Ya estoy de vuelta. Después de levantarme, exitosamente, ya que he conseguido mover a Belén sin despertarla, y estirar las piernas, me he sentado al lado de Eduardo. Cuando lo he hecho, a salido de su letargo y me ha dado una palmada en la espalda con una sonrisa más que forzada. Yo, sin poder evitarlo, le he devuelto la sonrisa de la misma forma. Una vez a su lado, le he dicho en voz baja, que casi ha sido un susurro, "¿Como ves la situación? ¿alguna idea?". "Mal, como la voy a ver. Pero a pesar de esto, no podemos quedarnos aquí mucho tiempo" ha sido la respuesta. Le he dicho que si se le ocurría algún lugar seguro donde permanecer ocultos, pero dice que lleva todo el tiempo pensando y no se le ocurre nada. Le he propuesto varios lugares, pero me los ha descartado todos por diversos motivos. Cualquier casa es imposible, porque para entrar es necesario romper la puerta y con eso perdemos la seguridad que ofrece el refugio. Ir a casa de Eduardo, imposible, no tiene las llaves, las dejo dentro de la casa cuando lo recogimos. Tampoco hay nadie de aquí que conserve las llaves de alguna casa. Los grandes almacenes, hospitales, cárceles, etc., estarán plagados de merodeadores. A parte de estos lugares, no se me ocurre ninguno más.

Eduardo estaba demasiado pensativo, así que le pregunte que en qué pensaba. Su respuesta fue "En tantas cosas...". Después de quedarse unos segundos meditabundo con la mirada perdida, continuó:

"No se que puede haber desencadenado toda esta mierda. No se que puede hacer que los muertos se reanimen de esa forma. Es como si estuviéramos viviendo una película de ciencia ficción. ¿Esto sera obra del hombre u obra del creador? Quizás Dios se a cabreado por como hemos estado llevando el mundo. Violencia, perversión, lujuria, guerras... Quizás nos hemos creído amos del mundo y Dios nos ha enviado esto como castigo. O quizás, tanto jugar a ser Dios en los laboratorios, a conllevado a esto. Recuerdo como si fuese ahora como comenzó todo esto para mi. Conducía mi autobús, la linea 81. Me encontraba haciendo mi ruta habitual y veía a la gente más alterada de lo normal. La gente cruzaba la carretera corriendo, sin mirar, los coches se saltaban los semáforos y las señales. Yo maldecía constantemente, pensando en que el mundo se estaba volviendo loco, pero no podía ni imaginar hasta que punto. Llevaba el autobús lleno de gente. Ancianos, mujeres que llevaban a sus hijos a la escuela, hombres que iban al trabajo, universitarios... llevaba el bus cargado, como todas las mañanas. De repente, nos encontramos con el tráfico colapsado. Una larga hilera de coches se encontraba ante mis narices. Empecé a tocar el claxon impacientemente, ya que los semáforos estaban en verde, no había motivo para ese colapso. Pero algo no cuadraba. La gente pasaba corriendo por al lado del autobús. Corrían en dirección opuesta al embotellamiento. La gente de mi autobús empezaba a asustarse y muchos se acercaban a mi lado para observar mejor lo que ocurría ahí delante. Poco podíamos distinguir, más que gente corriendo. En ese instante, una serie de gritos rompieron el silencio del autobús. Me gire, pero solo podía ver a la muchedumbre levantada y dirigiéndose a mi posición. Algo estaba ocurriendo ahí detrás. Como pude, me levante a poner orden y lo que vi me impacto emocionalmente, hiriéndome la sensibilidad. Había un hombre atacando a los demás. Era como si tuviese la rabia, se abalanzaba contra las personas y les mordía, desgarrándoles la carne. Intente retroceder, pero no podía, la gente taponaba la zona del volante. Quería abrir las puertas pero no me dejaban llegar. En ese mismo instante, otro autobús impacto con el nuestro y nos hizo volcar. Mientras nuestro vehículo volcaba, todos salimos volando por la cabina y los cristales estallaron. Cuando pude ponerme en pie, estaba desconcertado. Me había golpeado la cabeza y todo me daba vueltas. Oía lamentos, lloros... algunas personas se levantaban, otras ni si quiera se movían del suelo, yacían inertes. Mire a mi alrededor y vi al individuo que parecía rabioso. Estaba devorando a una persona que estaba en el suelo. Al ver eso, no me lo pensé más y trepe hasta el exterior por una ventana destrozada. Una vez fuera, vi como el puto engendro hizo lo mismo y salió también al exterior. Yo comencé a correr aterrado y el inició una carrera tras de mi. No se si te habrás percatado, pero esas cosas, cuando llevan poco tiempo "muertas", no son como los de ahí fuera. Sus movimientos son rápidos, como si estuvieran en vida. Quizás se debe a que, al llevar poco tiempo "muertos", sus articulaciones y músculos no están agarrotados por el rigos mortis. Corrí como hacía años que no corría. Esa cosa me siguió y siguió hasta que desvió la atención hacia otro pobre incauto que pasaba por la zona. A pesar de eso, seguí corriendo sin parar hasta mi casa. En mi cabeza solo pensaba en llegar a casa a tiempo para evitar que mi mujer fuera a dejar a la niña en el colegio. De nada sirvió... de nada... ya no estaban... y nunca volveré a verlas. Desde entonces, no puedo pensar en otra cosa..."

Ahí ha sido cuando una lágrima ha surcado el rostro de Eduardo y mi corazón se ha encogido. No me ha salido ninguna palabra de consuelo, solo he situado la mano sobre su nuca, en señal de animo. Seguidamente, me ha dicho "Erik, necesito estar solo unas horas...". No he puesto ninguna traba, comprendo que quiera eso, así que me he levantado y he vuelto junto a Belén. Después de esa historia, me encuentro peor, aún si cabe.

- Erik -


08:06 - Me acabo de despertar. El cansancio a podido más que mi preocupación y he caído rendido. Me he despertado a causa de los lamentos e insistentes golpes que están dando en el portón de entrada. Ya nos han descubierto. Ahora no se como vamos a salir de aquí. No se cuantos habrán en la puerta, pero más de 4 seguro. También están en la puerta trasera. Cuando unas de esas cosas te descubren, es cuestión de tiempo que vengan más. No tardaran en multiplicarse en número como ocurrió en la urbanización, así que salimos hoy o no podremos salir.

- Erik -


08:40 - Por fin se nos a ocurrido algo. Raúl a propuesto dirigirnos hacía la casa de sus padres. Desde la última vez que los llamó por teléfono, no sabe nada de ellos. Supuestamente, ellos se encontraban recluidos en su casa y tenían alimentos. Si no han salido de allí, seguirán sanos y salvos, y nos podrán dar cobijo. Es buena idea, sin duda. Hay otra cosa en este plan, y es que tras preguntarle la ubicación de la casa de sus padres, esta está tras la larga avenida donde se encuentra la chica que comunica con nosotros por los walkies. Podemos recogerla y llevarla con nosotros. Esto aún no lo he comentado con los demás y se que va a parecer mala idea. La mayoría se va a oponer. ¿Que hago? ¿La olvido y cargo el sentimiento de culpa de haberla dejado morir? Le prometí que haríamos algo al respecto y ya me siento bastante mal por no haber hecho nada. Ahora que nos viene de paso, debería hacer algo por ella y cumplir lo que le prometí.

- Erik -



09:34 - Ya lo he comentado y he obtenido las respuestas que me temía. Manuel dice que no se quiere arriesgar innecesariamente, María, como no, sigue el criterio de Manuel, Eduardo a dicho que esta de acuerdo y me sigue, Belén dice que va donde yo vaya, Esther no ha contestado y José tampoco, pero tampoco me importa su opinión y mucho menos si viene o no. Raúl ha dicho que el se dirige a casa de sus padres y que allí nos espera. Pues eso, somos tres, más que suficientes.

Acabo de contactar con la chica mediante el walkie. Le he dicho que prepare sus enseres más importantes, que no coja nada innecesario y que observe desde la ventana como esta la situación y nos informe. Así lo ha hecho y las noticias no son nada halagüeñas. Siguen habiendo tantos infectados como siempre. Le he preguntado si hay alguna entrada al alcantarillado cerca de su patio y dice que sí, que esta a unos 5 metros. Bien, el plan sera el siguiente. Vamos a ir hasta la calle de los padres de Raúl. Una vez veamos como se encuentra esta zona y descubramos si es segura, nosotros tres accederemos al alcantarillado, mientras los demás se ponen a salvo en la casa. Por el alcantarillado nos dirigiremos hasta la entrada que hay próxima a su casa y le daremos el visto bueno para que baje cuando estemos en posición. Cuando ella este abajo, le dejaremos entrar y cerraremos la tapa. Parece fácil, como siempre, pero una vez ahí no siempre es tan simple.

Eduardo dice que tenemos que salir de aquí cuanto antes. Tiene razón. Me he ofrecido voluntario para ser quién abre la puerta.


10:11 - Ya estamos en el exterior, conduciendo por las calles. Nada más abrir la puerta, nos ha recibido una comitiva de bienvenida de 7 indeseables. He subido rápidamente al jeep y hemos salido cagando hostias. Un merodeador se ha enganchado en el jeep y a intentado subir a mi posición, pero le he destrozado los dedos con la culata de mi rifle y se ha soltado. Vamos de camino, no nos queda mucho trayecto. Es la primera vez que tengo la oportunidad de ver como se encuentran las calles que llevan al centro de la ciudad y creerme, es un completo caos. Hay coches por todos los lados, el mobiliario esta destrozado, hay cadáveres putrefactos por todos lados y, como no, merodeadores desperdigados por todos sitios. Esto intentan acercarse a nosotros, pero no les da tiempo, ya que pasamos a una velocidad en que les es imposible acercarse. En muchos de los balcones de las casas puedo ver carteles con pintadas, pidiendo ayuda. No hemos sido los únicos con esa idea.

¡Hace nada que nos han soltado unas ráfagas de ametralladora desde un balcón! ¡Pero que cojones le pasa a la gente! La lluvia de plomo ha caído cerca de nuestro vehículo y por poco nos impacta. He dejado el pc a un lado y me he posicionado en la ametralladora, mientras Eduardo a pisado a fondo esquivando coches y merodeadores. La segunda ráfaga ha quedado más atrás, pero he visto de donde procedía el fuego. Nos tiroteaban desde una finca, desde un séptimo piso. He abierto fuego contra su posición para cubrir la retirada. No entiendo porque hacen esto. Intentamos sobrevivir, nada más, porque nos lo ponen tan difícil. Quizás nos han confundido con otras personas o quizás era un perturbado de los muchos que hay últimamente.

- Erik -


10:41 - Ya hemos llegado y estamos en posición. La calle esta bastante despejada, al contrario de lo que pensábamos. Lo único es que todos los patios están destrozados, incluido el de los padres de Raúl. Vamos a dividirnos, Raúl nos ha explicado como llegar a esa dirección y también nos ha dicho que piso y puerta es la de sus padres. Vamos allá, sin más tiempo que perder.

- Erik -


domingo, 4 de octubre de 2009

+ 05-10-09 + A la deriva

Como cambian las cosas. En ocasiones, a pesar de estar bien dentro de las malas circunstancias, nos quejamos. Un error del ser humano es que nunca piensa que las cosas siempre pueden ir a peor. Entonces, cuando van a peor, decimos: "¡Ayy! ¡Si pudiera volver atrás!". Pero no se puede volver atrás. Nunca se puede volver atrás. Que tontos somos... Nunca nos damos cuenta de lo que tenemos hasta que lo perdemos. Ahora es cuando digo: ¡Si pudiésemos volver atrás!

Os preguntaréis a santo de que os cuento esto. Fácil. ¿Recordáis en la última entrada, que os dije que José había intentado comunicar con nosotros y parecía muy alterado? Lo estaba y con razón. Os puedo relatar lo que ocurrió exactamente y así lo voy a hacer. Tengo bastante tiempo para contaros todo, no os preocupéis.

La señal del walkie no era buena, ya que nos encontrábamos fuera del alcance que tienen estos aparatos, pero conforme nos acercábamos más a la zona, la señal era más clara. José repetía: "¡Están dentro! ¡Tienen a Esther, la tienen ellos, la tienen retenida...!". ¿Tienen a Esther? ¿La tienen retenida? ¿Quienes tienen a Esther? ¿Los merodeadores? No tenía sentido, pero por más que le preguntábamos, o repetía lo mismo o no contestaba. No tenía sentido hasta que llegamos y pudimos ver lo que estaba ocurriendo.
Cuando llegamos, accedimos al garaje por la puerta norte, la cual nos venía de camino. Entramos con suma precaución, ya que estábamos alarmados por los mensajes de José. Accedimos a nuestro patio por las escaleras que hay en el garaje. Cada paso que dábamos, lo dábamos muy cautelosamente, parándonos cada pocos pasos para no llevarnos sorpresas inesperadas. Belén marchaba a mi lado. Podía ver como le temblaban las manos de los nervios. A pesar de eso, mantenía el cañón de su arma alzado. Yo le decía "Tranquila, todo va a salir bien, confía en mi". Siempre me toca prometer cosas que no estan en mi mano para tranquilizar a las personas que me rodean. Su mirada era un verdadero dilema y yo le sonreía para tranquilizarla. De nada servía.

Seguimos ascendiendo piso por piso hasta que llegamos a nuestro rellano. Eduardo iba primero e hizo un gesto con la mano en señal de "stop". Eduardo avanzó hacia la puerta y yo le seguí. La puerta estaba abierta, es más, estaba destrozada y en el suelo. De dentro de la casa nos llegaban una serie de ruidos y gritos. Asomamos prudentemente la cabeza y vimos el panorama. Habían tres hombres de espaldas, de cara al sofá, y en este, uno más, encima de Esther. ¡La estaba violando!. Estos reían a carcajadas mientras observaban a su compañero violar a Esther. Eduardo me miro horrorizado. ¿Quienes eran? ¿que hacían en nuestra casa? Y lo más desconcertante, ¡¿Por qué hacían eso?! ¡¿Que no hay suficiente con intentar sobrevivir en este apocalipsis?! Mientras observaba aterrado, Eduardo me susurró en el oído: "Fíjate donde están las armas. Podemos acabar con ellos". Mientras, Eduardo hizo un gesto a Raúl y a Manuel para que se acercasen, y yo me fije en lo que me dijo Eduardo. Tenían las armas apoyadas en la pared, a metro y medio de ellos. Habían dos ametralladoras y una escopeta. Esther no paraba de gritar y llorar... no podía seguir observando eso, ¡había que hacer algo!. En el momento que Raúl y Manuel miraron la dantesca escena, Eduardo dijo "Estan demasiado entretenidos para percatarse de nuestra presencia. Vamos a entrar lentamente, encañonandolos y dispararemos. Raúl, dispara al de la izquierda, Erik, tú al del centro y Manuel, derecha. Apuntar bien, no falléis. A mi dejarme al que esta violando a Esther. Que lo paguen caro". Seguimos sus ordenes y entramos lentamente, cual comando, encañonando cada uno a su presa. Eduardo esgrimía la katana. Siguieron sin percatarse de nuestra presencia hasta que notaron el frío cañón en su nuca. Cuando yo grité "¡YA!", disparamos todos casi al unisono, sin piedad. Nunca había disparado contra alguien "vivo". Recuerdo ver la sangre salpicar, tintando las paredes de rojo, al violador y a Esther. Ese hijo de puta levanto la cabeza, mirándonos con unos ojos que eran un verdadero dilema. Esther seguía llorando empapada en sangre. Ahí fue cuando entró en acción Eduardo.

Poniéndole la katana en el cuello, le ordenó que se pusiera en pie. Este obedeció subiéndose los pantalones. Eduardo le preguntó que quienes eran y que hacían allí, que porque hacían eso. Su respuesta fue "No podréis salir vivos sin mi ayuda, así que no me mates. Los demás están por la urbanización, accediendo a otras casas. Si me matas, os darán caza, si me dejas con vida, os podéis unir a nosotros. Tenemos comida, agua, refugio seguro...". En ese momento, entraron Belén y María, dirigiéndose rápidamente hacia donde estaba Esther. Esta seguía en el sofá, llorando. Vi como ese perturbado hijo de puta dirigió la mirada hacia las chicas, observando, sobretodo, a Belén. En ese momento dije: "Solo quiere que lo dejemos con vida. Nos matarán en cuanto tengan oportunidad. Mira lo que le han hecho a Esther... ¡Mátalo!". Eduardo siguió sin moverse un milimetro, como si no me hubiese escuchado. En ese momento le preguntó "Saqueadores, ¿verdad?". Solo obtuvo por respuesta un sonoro "Que te jodan".

"Muy bien... Raúl, bajale los pantalones y la ropa interior" ordenó Eduardo. Raúl obedeció y en la cara del otro se pudo ver una expresión de horror, como si supiese que le iba a ocurrir. Sin decir nada, Eduardo hizo un movimiento con la katana y le cortó sus partes al perro mal nacido. Este grito cual cerdo en el matadero y se cayó en redondo al suelo. Volvió a ponerle la katana en el cuello y le volvió a preguntar: "Saqueadores, ¿verdad?". El otro, entre gritos de dolor, volvió a responder un "¡Que te jodan, hijo de puta!". Fue ahí cuando se oyeron dos sonoros disparos. El malnacido del suelo ya no se movía y pronto se encharco el suelo de sangre. Detrás nuestro se encontraba Esther, completamente desnuda y empuñando la pistola. Seguidamente escupió al cadáver y se derrumbo llorando. Belén y María la cogieron y la taparon con una sabana. ¿Donde cojones estaba José? Esther nos dijo que antes de que entraran, se había metido en la habitación. Entre a buscarlo y lo encontré escondido en un armario. No me pude contener, comencé a propinarle patadas y culatazos con el rifle, mientras le gritaba "¡Cobarde! ¡poco hombre! ¡te voy a matar yo mismo!". Me encontraba fuera de sí, y si os soy sincero, no me arrepiento, volvería a actuar igual, sin contemplaciones. Lo que hizo no tiene perdón alguno. No lucho por defender a su compañera, ¡se escondió como un cobarde!. No merece seguir con nosotros en esta sala.
Cuando acabe de golpearlo, dirigí el cañón de mi arma a su cabeza para disparar, pero Manuel me derribó de un empujón. Fue entonces cuando los demás me arrebataron el arma de las manos diciendo que me tranquilizara, que me arrepentiría, pero yo no podía escucharlos. Os lo juro, ¡no podía! ¡solo quería matarlo, que pagase por su cobardía!. Ni entre todos pudieron detenerme, seguí golpeándolo con los puños hasta que me canse. Solo paré cuando vi que su cara parecía un mapa.

Una vez me tranquilicé, José intento explicarse, pero no convenció a nadie. Alegó que tenía miedo, que solo pudo esconderse cuando derribaron la puerta, que Esther no tuvo tiempo y que eran cuatro y lo habrían matado, y más basura cobarde que expulsó por la boca. Raúl nos llamó. Estaba en la ventana, observando algo. Cuando nos acercamos, vimos que abajo habían más personas. Estaban dentro de la urbanización con coches, furgonetas, jeeps, motos... No recuerdo cuantos vehículos habían, pero si recuerdo como arrasaban todo a su paso. Según vimos, habían accedido por la puerta suroeste, la cual habían echado abajo. También pudimos ver como entraban y salían más individuos de los patios de en frente, todos armados y siempre con bolsas o mochilas. Eran saqueadores, no cabía duda. Debimos suponer que bajo este caos, algunos individuos aprovecharían la situación para violar, matar y saquear. Ahora todo cuadra. Los dos que dejaron el jeep ahí abajo eran de esta clase de gente, es más, serían compañeros suyos. Vinieron en misión de reconocimiento y el que consiguió huir, informó. Y nosotros, ignorantes por completo, llamamos su atención, delatando nuestra posición.

Vimos como algunos lanzaban mobiliario desde los balcones, o simplemente, abrían fuego contra cualquier tipo de mobiliario. Unos, desde un noveno piso, colgaron del cuello a unos merodeadores en el balcón. Estos quedaron suspendidos ante una caída de 9 pisos. Parecía que era una familia entera, ya que habían hasta lo que en antaño fueron niños. A pesar de estar colgados, seguían moviéndose violentamente, intentando liberarse. Que visión más tétrica...

Aguardamos a la espera de que se marcharan, sin dejar de vigilar la puerta por si aparecían más. Según parecía, estaban replegándose. Pero como buenos hijos de puta, no podían marcharse sin más, tenían que joderlo todo. Con una de las furgonetas, embistieron la puerta este, donde se amontonaba toda la horda. Con esta puerta destrozada, es cuando toda la horda entró a la urbanización. Por si esto fuera poco, los bastardos habían roto todos los cristales de los patios. Este lugar había dejado de ser seguro, era cuestión de tiempo que se nos presentara la horda en la puerta de nuestra casa, la cual estaba echada abajo. Cuando nos disponíamos a huir camino al garaje para alejarnos de aquí, pude ver como dos subían a un jeep, portando ¡dos garrafas de combustible! ¡y en el jeep habían más! ¡habían descubierto nuestro combustible y robado!. Abrí rápidamente la ventana y cogí el rifle de mira telescópica, apuntando al jeep. Todo el grupo comenzó a decirme que qué hacía, que teníamos que irnos. De mi boca solo salió un "¡Una mierda se van con nuestro combustible!" y ajuste la retícula en la cabeza de uno de los que había en el vehículo. Tenía que ser rápido, todos comenzaban a dirigir los coches hacia la salida suroeste, la cual estaba libre de merodeadores. Apreté el gatillo y lo siguiente que vi fue estallar la cabeza de ese individuo. Viendo lo ocurrido, el conductor piso a fondo, pero mi siguiente disparo fue dirigido a las garrafas de combustible. Ya os podéis imaginar lo que ocurrió a continuación. Habían suficientes garrafas para que eso estallase como una bomba devastadora. Una montaña de fuego se alzó, destrozando a varios coches de alrededor y destrozando todo lo cercano a ese perímetro. La onda expansiva se encargo del resto. Todo voló por los aires, casi toda la horda que se acercaba fue tumbada, todos los cristales estallaron, incluidos los de nuestra casa y yo fui empujado hacía atrás, cayendo al suelo. Después de esto, todo era un campo de llamas, pero a pesar de esto, muchos de los engendros de la horda se levantaban, algunos lo hacían hasta con el cuerpo ardiendo. Una vez hecho esto y después de ver la mirada atónita que me dirigían mis compañeros, cogimos todo lo necesario (las mochilas con la comida, el ordenador, la munición y armas, incluyendo la de los saqueadores que entraron en nuestra casa y varias cosas más) e iniciamos el descenso al garaje.

El descenso fue bastante fácil, no habían merodeadores por el camino, así que llegamos al garaje sin problemas. Una vez en los vehículos, montamos y salimos al exterior. Lo primero que hicimos fue buscar un lugar seguro en las proximidades, para estudiar nuestra situación y tranquilizarnos. Así hemos llegado a este taller de coches, ubicado a unas manzanas al sur de nuestra urbanización. Estaba abierto de par en par y era el lugar más seguro para refugiarnos momentáneamente, ya que además, en este sitio podemos meter los vehículos. Hemos cerrado la puerta del taller, pero sabemos que es cuestión de tiempo que los merodeadores se percaten de nuestra presencia y se agolpen en la puerta. Debemos tomar decisiones lo antes posible, pero no se nos ocurre ningún lugar seguro en las proximidades. Los nervios están a flor de piel... ¡Estamos desesperados! ¡Hacía donde nos dirigimos! Si alguien me esta leyendo, si alguien esta sobreviviendo en algún lugar próximo a nosotros, que por favor, ¡nos ayude!

- Erik -

sábado, 3 de octubre de 2009

+ 03-10-09 + La hora decisiva

05:04 - Un grito en plena madrugada hizo que el corazón me diese un tremendo vuelco. Procedía del piso de abajo, de donde estaban los demás. He saltado de la cama y he bajado corriendo, medio drogado por estar medio dormido. Mientras salía por la puerta, podía oír a Belén, atrás mio, gritando asustada. La he dejado atrás y en seguida me he presentado en el piso de abajo. María estaba histérica, en el balcón, junto a José. José miraba abajo, a la urbanización, con las manos en la cabeza y la cara desencajada. Manuel me interceptó a mitad de camino, lanzándome un rifle. Mientras me lo lanzaba, gritaba "¡Están dentro! ¡han conseguido entrar!". No me dejó asomarme al balcón, entre Raúl y él me sacaron a empujones al rellano. "¡Tenemos que asegurar la zona! ¡que no entren, que no entren!". No se quién decía eso, todo era confuso. El corazón me iba a cien por hora, parecía que se me iba a parar de un momento a otro por la presión. Cuando abríamos el cortafuegos para bajar abajo, Belén acababa de bajar. Estaba completamente asustada, preguntándonos que ocurría. Le dije que entrara en casa ¡rápido!. Ella obedeció. Cuando llegamos abajo, la escena era dantesca. Toda la horda, que hace unos días se amontonaba al otro lado de la valla, se encontraba ante la puerta del patio. Golpeaban el cristal, intentaban morder el cristal, soltaban espumarajos por la boca... No sabíamos que hacer, entonces algo me perturbo más todavía. Delante de la horda, se encontraba una cara familiar, pero que no podía ser esa persona, ¡no podía!. Alicia estaba allí, con sus ropas llenas de tierra y los ojos en blanco. Tenía el rostro amarillento y arañaba el cristal. No pude fijarme en más, de un golpe atravesaron el cristal. Ya no podíamos hacer nada, estábamos perdidos. Sin pensar, comencé a disparar el rifle. Las balas atravesaban a la horda, desmembrando a esa escoria, pero de nada servía. Habían muchísimos, no podíamos controlarlos. Sin que pudiera hacer nada, se abalanzaron sobre Manuel y Eduardo. Los tiraron al suelo y se abalanzaron encima de ellos. No podía verlos, solo oía sus gritos y la sangre, que saltaba alrededor de la horda. Raúl me gritó: "¡Subamos! ¡Nos mataran si no lo hacemos!". Corrí hacía arriba, pensando que Raúl me seguía, pero él se encontraba intentando alejar a la horda con la culata de su escopeta. Comencé a disparar para rechazarlos y que Raúl escapase, pero un amasijo de manos hicieron presa de él y lo introdujeron en el mogollón. Solo podía oír sus gritos mientras corría pisos arriba. Ellos me seguían. Podía oír sus gritos, sus pasos... ¡hasta podía olerlos!. Cuando llegue a la puerta del cortafuegos, se encontraba María empuñando la pistola. "¡¿Y los demás?! ¡¿Donde están?!". Sin aliento, solo le pude decir que entrara rápido, mientras yo habría la puerta del cortafuegos. No le dio tiempo. Mientras me miraba asustada, la horda la intercepto por la espalda. Conseguí cerrar la puerta de nuestro rellano antes de que una de esas cosas, más rápida, intentara entrar.
Entré rapidamente a la casa. Busque a los demás. Se podía oír a la horda agolparse en la puerta de la casa. ¡La iban a echar abajo si seguían empujando! Al final encontré a los demás... En el suelo yacían Esther y José. Se habían pegado un tiro en la cabeza, se habían suicidado... ¡Dios! Busqué rápidamente a Belén. Estaba en el balcón, de espaldas a mi. La llamé y se giró. Ella me miro, con el rostro lleno de lágrimas y me dijo: "Lo siento, Erik". ¡Seguidamente saltó al vacío!. Intente cogerla, pero solo la pude ver caer. En ese momento, la horda tiró la puerta abajo, entrando y dirigiéndose hacia mi... y he despertado dando un grito descomunal. Es la pesadilla más realista que he tenido en toda mi vida, os lo aseguro. Belén se ha asustado por mi grito y en seguida me ha preguntado que ocurría. Los demás han subido rápidamente, totalmente asustados.

Todavía me tiembla todo el cuerpo cada vez que me acuerdo... ¡Que horror!. No creo que pueda seguir durmiendo después de esto. Tampoco puedo seguir escribiendo, me están temblando las manos una barbaridad. Disculparme.

- Erik -


07:13 - Estoy mejor, pero sigo sin poder dormir. Me he tranquilizado bastante, ya que Belén no me ha dejado un solo segundo. Ha estado todo el rato abrazándome y besándome, que solo ha sido un sueño, etc. Nunca he sido muy supersticioso, pero, ¿y si esto es un mal presagio? ¿ deberíamos abortar la incursión por un simple sueño?. Mejor no lo intento o me tomaran por un idiota. Como si los oyera, me dirán: "Solo ha sido un sueño, ya eres mayorcito para creer en supersticiones". Cada vez que recuerdo ese sueño, como devoraban a Manuel y a Eduardo, como Raúl luchaba inútilmente por su supervivencia... la cara de pánico de María momentos antes de que la derribaran a mordiscos, los cadáveres de José y Esther encima de un charco de sangre... y lo peor de todo, como Belén se lanzaba al vacío sin que yo pudiese hacer nada. Que angustia me invade por momentos. No puedo contener que se me caigan las lágrimas... mierda, Belén esta despierta. No quiero que me vea así. Voy al cuarto de baño, necesito tomarme un tranquilizante...

- Erik -


10:21 - Acabo de despertarme hace unos minutos. Belén llevaba un buen rato zarandeándome y diciendo "¡Erik! ¡Erik!". Ese tranquilizante me ha dejado KO. No pensaba que fuera tan potente. Es hora de preparar todo. Estos ya están manos a la obra, cargando el jeep y mi coche. Sobre las 11:15 o 11:30 partimos.

No hemos tenido suerte, el día no se a presentado lluvioso.

Que sea lo que dios quiera.

- Erik -


12:02 - Llevamos la mitad de camino. Acabamos de realizar la quinta parada para apartar del camino otro coche abandonado. Parece que los dueños de este coche lo abandonaron para seguir a pie, ya que los anteriores, cuando hemos bajado para apartarlos, sus antiguos "dueños" han bajado del vehículo para darnos la "bienvenida". No es fácil ver a toda una familia reanimada, intentando sacarte las tripas, y mucho menos lo es encajarle una bala en la cabeza a "niños".

Al final, nos hemos repartido en los vehículos de la siguiente forma: Eduardo conduce mi coche y con el van María y Belén. En el jeep, conduce Manuel y de copiloto, Raúl. Yo estoy en la parte trasera, al mando de la ametralladora.
Las chicas se encuentran vigilando en este mismo instante.

Parece que el coche esta encallado en la tierra, a consecuencia de las lluvias de días anteriores. No pueden moverlo, así que voy a ayudar. Por los campos se divisa algún que otro merodeador, dirigiéndose hacia nuestra posición. Tenemos que ser rápidos o los tendremos encima en pocos minutos.

- Erik -


12:09 - Ya hemos despejado el camino, continuamos la marcha.

- Erik -


12:22 - Nueva parada. Esta vez son dos coches los que bloquean el camino. Por suerte, no hay ningún merodeador a la vista. Ya divisamos desde aquí la zona de ocio. En breves estaremos allí.

- Erik -


12:37 - Ya estamos a apenas 150 metros. Nos hemos ubicado detrás de una pequeña loma y desde aquí, ocultos por el accidente geográfico, hemos observado con los prismáticos como esta la entrada principal del centro comercial. Hay, aproximadamente, 35-40 muertos andantes, merodeando sin rumbo. Más de los que esperábamos. La puerta del centro esta cerrada. Tenemos que buscar otra entrada alternativa, no sería prudente abrir fuego sobre ellos, atraeríamos la atención de más merodeadores que pueden encontrarse por la zona. Vamos a bordear la posición. Lo haremos a pie, así no se percataran de nuestra presencia.

- Erik -


13:42 - Acabamos de acceder al tejado. Para subir, hemos utilizado la cuerda. Manuel a trepado por una tubería, a duras penas, y una vez arriba, ha atado la cuerda, pudiendo así subir todos, uno a uno. Eduardo y Raúl están buscando ahora mismo un acceso al interior desde nuestra posición. Parece que tendremos que descolgarnos con la cuerda por el techo descubierto. Si bajamos por aquí, accederemos al corazón del centro comercial.

Hemos tenido que acceder al tejado porque las demás puertas están tan inaccesibles como la principal, completamente llenas de merodeadores. Hemos rodeado el edificio, ocultándonos tras los matorrales o los coches que hay por aquí. Parece ser que no se han percatado de nuestra presencia. Por el camino nos ha interceptado algún que otro merodeador, pero los ha eliminado Eduardo con la katana. Si podemos eliminarlos sin utilizar armas de fuego, mejor que mejor.

Ya han descolgado la cuerda y nos hemos asegurado que no hay infectados en el interior. Al menos, no los hay que estén a la vista. Vamos para adentro.

- Erik -


15:21 - Es casi imposible describiros la situación aquí dentro. ¡Aquí hay tantos como los hay afuera! Ha sido imposible no abrir fuego. Hemos tenido que disparar nada más hemos doblado la primera esquina. Hemos atravesado la zona principal corriendo, esquivando a los infectados que nos intentaban capturar y disparando a los que se interponían en el camino. Lo difícil a sido cuando corriendo, Belén a tropezado con un cadáver y a caído al suelo. A rodado por el suelo y, junto a ella, la mochila y el arma. He tenido que retroceder entre la multitud de infectados, abriéndome paso a culatazos y disparos. He podido llegar hasta Belén, ayudarla a levantarse y emprender la huida. Los demás nos han cubierto desde su posición, abriendo fuego, pero también tenían que rechazar a los que se les acercaban. Cuando hemos atravesado la sala, he notado como algo se ha enganchado en la mochila. Sin mirar atrás, he imaginando que era, así que he soltado la mochila y he salido corriendo. Cuando he llegado donde los demás y he mirado atrás, he visto a dos de esas cosas pelearse por la mochila, estirando de esta y mordiéndola. A dios gracias, esa mochila era una de las vacías que llevaba para los víveres. Si hubiese sido la otra, no podría estar escribiendo esto, ya que en esta llevo el pc. Seguidamente, hemos corrido por los pasillos y hemos llegado a la zona de compra.

Ahora nos encontramos ocultos tras unas estanterías, en la sección de deportes. Parece ser que en esta zona no hay tantos, pero si los de la zona principal nos han seguido, en poco tiempo estarán aquí.

Debemos continuar ahora que podemos, estamos cerca de la sección de alimentos.

- Erik -


16:12 - Acabamos de llenar las mochilas con latas y demás alimentos que puedan durarnos tiempo, sin olvidar otras cosas esenciales como el agua embotellada. Hemos llenado 4 mochilas. Las estanterías se encontraban intactas y, visto lo visto, entiendo porque no han saqueado el lugar.

Un momento, se oyen ruidos.

Mierda, mierda.. ya vienen ,. hay que salir d aqui como sea


18:42 - Hemos conseguido salir y ya nos encontramos en los vehículos, de vuelta a casa. Lo ocurrido allí dentro no tiene nombre y todavía no se como hemos podido salir airosos de la situación. Nada más terminar el anterior párrafo, he podido ver lo que ocurría. La horda del patio principal nos ha alcanzado. Ocultos detrás de las estanterías, hemos podido ver como accedían al supermercado. Iban tropezando con todo a su paso, buscándonos. Viendo que por donde estaban entrando era la única salida que conocíamos, instintivamente hemos empezado a correr en dirección contraria a ellos, en busca de otra salida alternativa. Mientras corríamos, Raúl, María y yo abríamos fuego contra la horda. De nada servía, eran demasiados, así que hemos seguido corriendo. En el otro lado, hemos encontrado una salida de emergencia. Habría sido mejor no abrirla. Hemos cometido una pura insensatez abriéndola sin pensar. Nada más abrir, una nueva horda nos a dado una comitiva de bienvenida. De nada a servido intentar cerrar de nuevo la puerta, las manos y piernas impedían que cerráramos la puerta, así que hemos desistido y comenzado a correr otra vez. Hemos saltado las cajas de pago mientras a nuestras espaldas entraba la nueva horda. Nos encontrábamos en una zona de tiendas de ropa y aquí también habían merodeadores por todas partes. Sin saber que hacer, entre un conglomerado de voces, todos han entrado en una tienda. Eso iba a ser una ratonera, nos iban a bloquear la salida si nos metíamos aquí, pero movidos por el pánico, nadie me escuchaba. Estaba entrando al comercio en contra de mi voluntad cuando Eduardo me ha cogido del brazo, frenandome en seco. Alarmado, lo he mirado y me ha señalado al fondo del pasillo. Allí se encontraba una nueva puerta de salida. ¡Me estaba diciendo que corriéramos hacía la puerta, cruzando un pasillo completamente infestado de merodeadores! En esos segundos y viendo que no reaccionaba, Eduardo a empezado a correr hacia la puerta, haciendo uso de la katana contra los merodeadores que le intentaban atrapar. Entonces, he oído como cerraban la puerta del comercio. Cuando he mirado, lo he comprendido. Manuel y Raúl la han cerrado porque habían dos merodeadores intentando entrar... ¡y tenía a 4 más a mi lado! No había otra opción, tenía que correr hacía la puerta. Mientras corría, recuerdo a Belén gritándome desde dentro del comercio y golpeando el cristal, viendo como yo me alejaba entre un tropel de muertos.

Sin pensar, he corrido y corrido, apartando a culatazos a los podridos que me intentaban frenar. Tenía el arma descargada, así que no podía hacer otra cosa. He cruzado el pasillo y cuando me encontraba a 6 metros de la puerta, podía ver como Eduardo intentaba abrir la puerta, pero esta estaba cerrada. Al otro lado del cristal, habían 2 merodeadores golpeando la puerta. No se que me ha conducido a esto, supervivencia tal vez, o simplemente desesperación, pero de un salto he atravesado el cristal. He aterrizado encima de los putos merodeadores y un mar de cristales ha caído sobre mi. Una vez en el suelo, he situado mi rifle en el cuello de los merodeadores, evitando así que me mordiesen. Eduardo me ha ayudado a eliminarlos y una vez en pie, hemos corrido en busca de los coches. "¡Tenemos que volver, tenemos que hacerlo!" le gritaba a Eduardo mientras corríamos por el parking, esquivando coches y merodeadores. Él no contestaba, solo corría. Hemos conseguido llegar hasta las coches y hemos subido al jeep, entonces es cuando Eduardo me ha dicho: "¿Quieres que volvamos? Pues allá vamos". Me he situado en la ametralladora mientras Eduardo pisaba a fondo. Era difícil para mi mantener el equilibrio con tanto volantazo brusco y por poco me caigo fuera del coche. Hemos llegado hasta la puerta por la cual hemos salido y una vez allí, ha pisado a fondo hasta el interior. Los indeseables del pasillo eran arrollados a nuestro paso. Muchos eran pisados por las ruedas. Mientras nos acercábamos, vimos a una tremenda horda agolparse ante el comercio donde estaban los demás. Ellos, desde dentro, aguantaban la puerta ante las embestidas de la horda. Sin pensármelo, he abierto fuego con la ametralladora hacia la horda. Movido por algo que desconozco, he mantenido apretado el gatillo, aguantando los embistes del retroceso del arma. Recuerdo como las balas segaban los cuerpos de los podridos, como volaban brazos y trozos de carne. He seguido disparando y cuando me he dado cuenta, podía oír los gritos de Eduardo diciendo "¡Ya esta, Erik, ya esta!". Seguía apretando el gatillo a pesar de que había masacrado a la horda y la recámara de la ametralladora estaba vacía. Esta solo hacia un ruido parecido a un "TAC-TAC-TAC". Los demás han salido del comercio rápidamente, dirigiéndose al jeep y yo he empezado a recargar el arma. Se acercaban más por el frente. Han empezado a subir todos al jeep y cuando lo ha hecho Belén, me ha abrazado y besado. Yo he seguido cargando el arma, estaba demasiado exaltado para prestar atención a cualquier otra cosa que no fuera recargar el arma. Como han podido, se han posicionado todos en el jeep, más amontonados que otra cosa, y hemos huido en dirección al otro coche. No ha hecho falta volver a abrir fuego.

Y aquí nos encontramos ahora, volviendo con los dos coches a nuestra urbanización. Belén esta a mi lado, no quiere separarse de mi. A faltado muy poco para no contarlo. Le debemos mucho a Eduardo, su decisión en el último momento nos a salvado la vida.

Ahora mismos estamos muy preocupados, ya que José ha intentado contactar con nosotros por walkie, y por el tono de voz, parece afectado por algo. La señal del walkie no llega bien, así que solo lo escuchamos entrecortadamente.

Espero que todo vaya bien por allí. En cuanto lleguemos, os intento comentar que ocurre.

- Erik -




viernes, 2 de octubre de 2009

+ 02-10-09 + Preparandonos para cruzar el caos

10:10 - He pasado muy mala noche. No he parado de pensar en lo que nos espera mañana y eso me ha quitado el sueño. No he sido el único que le a ocurrido esto, Belén tampoco ha parado de dar vueltas en la cama. He pasado prácticamente toda la noche mirando las sombras y reflejos que la luz de la luna dibujaba en el techo. Mientras observaba, mi mente no ha parado de reproducir posibles acontecimientos. "¿Y si aquella zona esta infestada de merodeadores? ¿Y si logran darnos caza? ¿Y si nos acorralan dentro del comercio? ¿O si esta todo saqueado y no hay alimentos?" Buffff... ¡que mala noche! Y todo esto acompañado con la banda sonora habitual, los gemidos de la escoria desmembrada de ahí abajo.

La verdad es que ahora, viendo el sol brillar y la actividad de mis compañeros, los pensamientos nefastos han disminuido. Siempre me ocurrió que, bajo el manto de oscuridad de la noche, todo me parece imposible, todo es más difícil. Debe de ser que la noche me sumerge en un mundo de inseguridad, que se yo. Voy a bajar a ver que piensan hacer los demás.

- Erik -


11:01 - "¡Quién pudiera darse un baño en la playa!" le he comentado a Raúl mientras estaba con él en el balcón, observando el paisaje. Entre risas y con su típico tono irónico, me ha animado a hacerlo. Que cabrón que es... jaja. Cuanto daría por poder estar tirado en la arena, tranquilamente, con una buena Heineken bien fría y en buena compañía. Bueno, que se le va a hacer, lo que antes era una rutina normal, ahora es una maldita utopía.

He estado sentado en el salón con todos, charrando. Hemos gastado los tres últimos cigarros que nos quedaban, los cuales hemos compartido como buenos hermanos. A dos caladas por persona, que ridículo. No he pasado un cigarro desde que tenía 15 años. Ha sido peor hacer eso, ya que me he quedado con más ganas de fumar. Espero que si mañana las cosas marchan bien, podamos hacer una parada por el estanco.

- Erik -


12:21 - Hace un rato que he limpiado las armas y contado la munición. Manuel me ha ayudado en esta tarea. Mientras limpiaba el Kar-98 y aprovechando la ausencia de los demás, ha comenzado a bombardearme a preguntas. No se porque, pero me lo veía venir. "¿Te estas pillando por Belén, ¿verdad?", así a comenzado. Y yo, con lo reservado que soy, me ha tocado responder a todas las preguntas. Por lo menos he obtenido algo de información sobre los pensamientos de Belén, ya que ella le cuenta muchas cosas a Esther, y no olvidemos que Esther es la hermana de Manuel y este se entera de todo. Según dice Manuel, Belén esta muy ilusionada conmigo, después de todo lo que ha pasado, esta empezando a tener a alguien a su lado que le apoya y le ayuda a seguir adelante. El comentario que ya me ha tocado, con perdón por la palabra, los cojones, ha sido lo de "Creo que estáis yendo demasiado rápido y eso puede ser malo para ambos..." Tócate los cojones, ¡ha hablado el Doctor Amor!, el que cada noche se acuesta con María. Que sabrá él... además, no le he pedido su opinión.
Alegando que iba a supervisar el jeep, he conseguido escaparme de sus constantes preguntas.

He estado inspeccionando el vehículo, asegurando que este funcionara correctamente. He visto que el deposito de gasolina estaba semivacio de gasolina, así que he bajado al garaje a coger una garrafa de combustible y he subido. Por el garaje he visto a las chicas. María estaba explicándole a Esther y a Belén como extraer el combustible de los coches. Una vez arriba y llenado el deposito, he oído sonar el walkie-talkie. Este estaba en el interior del vehículo, quizás José ha estado utilizándolo y lo ha dejado ahí.

Cuando lo he cogido y he preguntado si hay alguien ahí, me han contestado rápidamente. Era la chica de 19 años y, para variar, estaba fuera de sí. Viendo que esta conversación iba a ser larga, me he sentado en el jeep, al lado de la ametralladora. Me ha empezado a contar que se ha quedado sola, que los miembros de su familia se fueron hace un día a buscar víveres y no han vuelto. Le he dicho que no pierda la esperanza, que quizás están bien y vuelvan de un momento a otro. He dicho eso para tranquilizarla, ya que no puedo decirle lo que realmente pienso, y es que, casi seguro, les han dado caza. Me siento un hipócrita diciéndole cosas que no creo, pero que puedo hacer yo. Dice que no tiene prácticamente alimento. No se que me ha movido a decir esto, pero le he pedido que me de su dirección, que intentaremos ayudarla de alguna forma, no se como, pero lo intentaremos. Ni si quiera podemos ayudarnos a nosotros mismos y le acabo de dar falsas esperanzas a la pobre chica... ¡que mal me siento!. Al menos se ha tranquilizado más. Va a tener el walkie encendido para seguir en contacto con nosotros.

- Erik -


16:46 - Antes de comer, hemos accedido a unas cuantas casas más para probar suerte, y como era de esperar, no hemos encontrado suficiente alimento para abortar la incursión de mañana. Un par de latas de guisantes, una lata de melocotón en almíbar, unos dátiles secos y unas latas de olivas. A este paso, si no nos sale bien el plan de mañana, pereceremos de hambre. No se que es peor, ser devorado por la horda de ahí fuera o morir lentamente de hambre. Por cierto, la horda ya tapa la valla este. Algunos golpean las puertas metálicas, pero es imposible que las consigan abrir. Son bastante seguras. La cuestión es que hay un número incontable y ya están amontonándose en la valla sur. Y yo, que cuando la chica del walkie me dijo que por su zona habían miles ¡casi no la creía! Ahora se que es posible. Espero que de aquí a mañana no se multipliquen hasta llegar a la salida de emergencia situada en el suroeste.

Voy a ver, que me ha dicho Raúl que Belén me esta buscando.

- Erik -


18:02 - He encontrado a Belén sentada ante la valla sur, a unos 8 metros de esta, observando a la horda. Estos, al vernos cerca de la valla, estaban muy excitados. Me he sentado en el césped, al lado de Belén y me he puesto a observar a los "muertos". Estar ante ellos es una visión muy dantesca. Verlos, con sus ojos carentes de vida, sus mandíbulas desencajadas, sus movimientos torpes, crujiendo sus articulaciones cada vez que se mueven, sus cuerpos llenos de moscas... ni la mente más enferma podría describir esto sin verlo.
Cuando le he preguntado a Belén que por qué me buscaba, ella no ha contestado. A guardado silencio por unos segundos y al final me ha preguntado "¿Nunca has hecho cosas de lo que te arrepientes profundamente? ¿nunca te sientes en una posición que no mereces?". En cuanto ha dicho eso, se por donde iba el tema. Siempre he sido una persona que consolar no ha sido su fuerte, pero como si mis palabras hubieran salido con un resorte, le he dicho:

"Desde que todo esto empezó, he hecho cosas de las que me arrepiento profundamente, pero lo he tenido que hacer por y para mi propia supervivencia y la de mi grupo. No he escogido este camino, me he visto obligado a tomarlo sin más, como todos los que aquí estamos. No se si me merezco o no estar en esta posición, no lo se, pero es una oportunidad que se me a brindado en este puto apocalipsis y no pienso desaprovecharla. Todos los que hay detrás de esa valla habrían matado por estar en nuestra posición, te lo aseguro, así que prefiero estar aquí y no ahí. Si te estas amargando por cosas que has hecho para seguir viva, olvídalo. Se que es duro, pero no tienes el porque arrepentirte de NADA, solo has hecho lo que debías y por eso estas aquí. Ahora tenemos que mirar hacía delante, no hay más, y mirar lo bueno que hay dentro de nuestra situación y disfrutar cada minuto como si fuese el último. Yo, hace unos días, no me sentía con fuerzas para seguir. Seguía hacía delante solo por el instinto de supervivencia, pero a parte de ese instinto, estaba derrotado y sin ganas de seguir. Ahora, por lo menos, tengo a alguien por quién seguir adelante y tener esperanzas de que todo esto salga bien. Llámame idiota si actúo como un quinceañero, pero es lo que siento."

Cuando he dicho eso, Belén me ha mirado fijamente. Seguidamente, me ha lanzado una sonrisa y se me ha abrazado. He hecho lo mismo y he aprovechado para decirle "Aun estas a tiempo de quedarte aquí mañana y hacer compañía a Esther y José...". No he terminado la frase, ha contestado rápidamente: "De eso nada".

Al menos lo he intentado.

- Erik -


23:06 - Ya quedan pocas horas para la incursión. He de reconocer que los nervios me corroen por dentro. Supongo que como a todos los aquí presentes. Hasta José esta nervioso y eso que no viene. Lo que me gustaría saber es si esta nervioso por lo que nos pueda ocurrir a nosotros o por lo que le puede ocurrir a él si no volvemos con alimentos. Parece que siempre lo pongo verde, pero es que no lo conocéis. Es buen chaval, os lo aseguro, pero demasiado egoísta y miedoso, y eso es una muy mala combinación. El ayuda en todo, pero si el ayudar presupone exponerse a un peligro, nos deja tirados sin pensárselo dos veces. Casi mejor que no venga, prefiero que sea otra persona la que me cubra la espalda y no él, ya que de lo contrario, me puedo encontrar con un merodeador royéndome la espalda mientras el corre gritando.

Esta noche, durante la "cena", parecía que todos estábamos de funeral. Todos con caras serias y hablando lo justo. No se que pasaría exactamente por sus mentes, pero seguro que nada bueno en respecto a mañana. No me gusta esa actitud, creo que los pensamientos negativos atraen a la negatividad. Esa no es la actitud que necesitamos, pero es inevitable estar así. Lo de mañana es un mar de incertidumbre, no sabemos como saldrán las cosas. Lo que si se es como saldrán si no hacemos la incursión de mañana, así que no nos queda otra opción.

Ahora mismo he cargado la batería del portátil y la batería de repuesto. Mañana me llevare el portátil con el modem USB, que funciona correctamente. Podre escribir lo que voy viendo por el trayecto.

Nosotros vamos a dormir, o al menos, intentarlo.

Hasta mañana...

- Erik -