viernes, 21 de mayo de 2010

+ 21-05-10 + Expulsados del Edén

Génesis 3:3
Pero del fruto del árbol que esta en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de el, ni le tocareis, para que no muráis.

Génesis 3:6
Y como viese la mujer que el árbol era bueno para comer, apetecible a la vista y excelente para lograr sabiduría, tomó de su fruto y comió, y dio también a su marido, que igualmente comió.

Génesis 3:23
Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado.

Génesis 3:24
Y habiendo expulsado al hombre, puso delante del jardín de Edén querubines, y la llama de espada vibrante, para guardar el camino del árbol de la vida.


Nunca me he considerado católico. Ni lo he sido ni lo soy. No creo que si Dios reveló su palabra y voluntad quisiese que una institución se lucrase y modificara su palabra a su antojo, siendo ellos dioses terrenales. Con esto no me refiero solo a la fe católica, sino me extiendo a todas las religiones que ha creado el hombre desde todos los rincones del mundo. Si he comenzado la entrada con estas frases del génesis es porque en la guantera del coche que tomamos prestado unos días atrás, hay cantidad de folios impresos del antiguo testamento. Parece ser, el antiguo propietario de este vehículo era una persona muy religiosa. Y no solo porque están estos textos, sino porque el interior del coche esta adornado con pequeñas cruces y pegatinas beatas, como por ejemplo, una que dice "Dios te ama". Me preguntó si al antiguo propietario del coche, su Dios le ayudo. Espero que sí. Como decía, he comenzado la entrada con estos fragmentos del antiguo testamento porque me han llamado mucho la atención. Aunque conocía algo de ellos, nunca hasta ahora los había leído. Y ahora, sentado en el asiento del conductor, he tenido oportunidad de leerlos detenidamente y ese fragmento es el que más me ha llamado la atención. Como Adán y Eva tenían todo. Tenían un paraíso para ellos solos, paraíso donde no existía el sufrimiento ni el dolor, solo tranquilidad y bienestar. La única condición era que no podían comer el fruto prohibido. Pero ellos no hicieron caso y aun así, a pesar de que lo tenían todo y perdían mucho si lo hacían, lo hicieron. Desoyeron las palabras de Dios y comieron de ese fruto. Entonces fueron expulsados del paraíso. Dejaron atrás ese precioso y tranquilo lugar para ir a un mundo lleno de dolor y sufrimiento. Ese fue su castigo por desobedecer. El mismo castigo que hemos sufrido nosotros.

El día de ayer fue muy movido. De buena mañana, María, Iván y yo fuimos a la gasolinera más próxima. Necesitábamos llenar los depósitos de los vehículos y coger unas cuantas garrafas con combustible para tenerlas en la reserva. El día había amanecido con tormenta y no paraba de llover. Lo rayos surcaban el cielo de lado a lado y los truenos sonaban constantemente. En otras circunstancias, no habríamos salido al exterior con ese clima, pero teniendo en cuenta de que los merodeadores se quedan inactivos bajo la lluvia, era el mejor momento para salir al exterior y realizar la incursión. Montamos en los vehículos, Iván en la furgoneta y María y yo en el utilitario. Circulamos autopista abajo, desandando el camino que semanas atrás habíamos transitado, ya que la gasolinera más cercana estaba en esa dirección. En nuestro camino hacía esta, encontramos a decenas de merodeadores desperdigados en la autopista. Bajo la lluvia, todos permanecían quietos, sin mover ni una sola extremidad. Era impresionante pasar por su lado como si fuéramos invisibles a sus ojos. Ojala fuese siempre así. Esto despertó una conversación entre María y yo. Ella tampoco lograba comprender porque bajo la lluvia se quedaban inactivos. Un comportamiento verdaderamente extraño. Mientras hablábamos de ello, me percate de otra cosa que no me gusto ni un pelo. Todos los merodeadores que nos íbamos encontrando, todos se habían parado hacía la misma dirección: autopista arriba, dirección donde esta la casa de los abuelos. Aunque se que los merodeadores nunca llegan a la casa, eso no me gusto nada.

Llegamos a la gasolinera y una vez allí, comenzamos a llenar los depósitos y las garrafas sin problemas. Mientras mis compañeros realizaban esta tarea, yo me di una vuelta por el recinto de la gasolinera. El suelo estaba lleno de marcas de neumáticos. Eran de no hace mucho. Seguí caminando y me adentré a la tienda 24 horas. Esta estaba patas arriba. Todos los artículos que habían quedado ajenos al saqueo ahora estaban todos esparcidos por el suelo del recinto. Las mesas de la cafetería, las que no estaban volcadas, estaban juntas. Cuando me acerqué a estas, pude ver que estaban llenas de sangre seca. Toda la mesa y parte del suelo. Encima del charco de sangre, habían varios paquetes de vendas. Alguien había utilizado este recinto como un hospital improvisado. Alguien había traído aquí a alguien herido y lo había intentado curar. Cuando me disponía a salir, me llamó la atención algo. En el suelo habían unas cuantas pisadas de bota. La sangre formaba el dibujo de la suela de la bota. Estaba de cuclillas observado esto cuando un ruido que provenía de detrás del mostrador me sorprendió. Giré la cabeza rápidamente y me quedé fijamente mirando esperando lo peor. Aguarde unos segundos, pero ya no se oía nada. Pensé que sería una alimaña, pero justo cuando pensé eso, un cadáver andante se irguió tras el mostrador. Me quedé observándolo por un instante. En ese trascurso de tiempo le dio tiempo a salir del mostrador y comenzar a andar torpemente hacía mi. Tenía toda la pierna vendada y parte del antebrazo. Llevaba una tremenda barba y unas gafas de sol todavía puestas. La hebilla de su pantalón colgaba de este y arrastraba por el suelo a su paso. Cuando estaba ya a apenas 3 metros de mi, le apunté y efectué 3 disparos con el subfusil en modo semiautomático. Este cayó al suelo desplomado. María e Iván no tardaron en entrar a la tienda gritando "¿Que ocurre? ¿Estas bien?". Les dije que me había aparecido un merodeador, nada más. Ellos se acercaron a este para cerciorarse de que estaba "muerto". Entonces salí de la tienda y María no tardó en seguirme. Me dijo "Vamos, tenemos que llenar las garrafas e irnos". Me extraño que Iván no saliera con ella, así que entre de nuevo a la tienda para buscarlo. Me lo encontré allí, de cuclillas junto al cadáver del merodeador. Lo observaba, totalmente absorto. Me acerqué a él y le pregunté que ocurría. Cuando me oyó, se sobresaltó y me apuntó con su arma. Cuando me reconoció, reaccionó y bajo su arma, no sin antes pedirme disculpas. Acto seguido se levantó y andó hacía la puerta. Cuando le pregunté que había visto, su respuesta fue "Nada. Llenemos eso y marchémonos". Nunca había visto a Iván así de extraño. Era como si estuviese preocupado por algo. Me acerqué al cadáver y lo observé para ver que había llamado la atención de Iván. No vi nada fuera de lo común. Un simple merodeador. Igual de asqueroso como todos. Pero había algo que me llamó la atención en el último momento. Le faltaba la hebilla del pantalón. ¿Donde estaba si cuando iba hacía mi la llevaba arrastrando? ¿La había cogido Iván? ¿Para qué? No lo sé. No me he atrevido a preguntarle.

Cuando terminamos de llenar las garrafas y con el depósito de los vehículos lleno de combustible, pusimos rumbo de nuevo a la casa. El trayecto transcurrió como el de ida, sin problemas. Los merodeadores permanecían quietos bajo la lluvia. Nada más llegar a casa, le entregamos las armas a Joaquin y descansamos un rato hasta bien entrada la tarde. Viendo que era imposible trabajar en la granja, decidí ayudar a Mercedes y las chicas a preparar la cena. Serían las 8 de la tarde aproximadamente, cuando mientras me encontraba en la cocina con Mercedes, Belén y Esther, que estábamos pelando y cortando unas patatas, se oyeron unos gritos provenientes del último piso. Todos nos quedamos congelados y nos miramos entre si. A Belén se le cayó la patata que estaba pelando al suelo. Cuando sonó el segundo grito, no perdí tiempo y cuchillo en mano, comencé a correr hacía el piso de arriba. Mientras iba subiendo las escaleras, oía un tremendo barullo. Era como si alguien estuviese volcando muebles y tirando el mobiliario contra las paredes. Llegué al último piso y comencé a buscar de que habitación procedían los gritos. Cuando vi la famosa habitación de los ruidos entre abierta y los golpes sonando en esa habitación, me estremecí. No me lo pensé más y de una patada abrí la puerta. Allí había una profunda oscuridad que era rasgada por los rayos de luz del ocaso que se colaban por la persiana. Hasta que mi vista no se acostumbro a esa oscuridad, no pude ver que estaba pasando. En una esquina estaba Elena, permanecía semidesnuda y acurrucada en un rincón. Delante de ella, con una lámpara de pie de madera en las manos y sin camiseta, estaba Iván. Esgrimía la lámpara contra alguien que había ante él. No tarde en descubrir que era un merodeador. Iván le propinó con la lámpara un golpe en la cabeza que lo hizo tambalearse. Entonces salté sobre el merodeador y lo derribé al suelo. Yo caí encima de él y comencé a asestarle puñaladas en la cabeza. No paré hasta que dejo de moverse. No lo vi venir, ni siquiera se de donde salió, pero otro merodeador se me echo encima. Estaba esperando que me clavara su dentadura en mi espalda, cuando Iván lo cogió y lo lanzó por la habitación. Este aterrizó sobre la ventana, rompiendo el cristal y la persiana. La persiana quedo hecha trizas y la luz entró en la habitación, haciendo desaparecer la penumbra. Entonces pude ver la escena. El merodeador que me había atacado e Iván lo había lanzado era un niño de unos 13 años. Este se estaba levantando. A su lado, había unos cinco merodeadores más. Uno de ellos, una mujer, estaba atada a una silla y luchaba por soltarse. Sus ojos estaban clavados en nosotros y abría y cerraba la boca sin parar. Otro de ellos caminaba junto a la pared. En su manos portaba una barra de hierro que arrastraba por el suelo. No parecía que sostuviera esa barra por voluntad, sino que murió con esa barra en las manos y ahí le quedo encajada, en sus dedos desencajados. Otro de los merodeadores estaba atado de un brazo a uno de los sillones. El brazo que tenía libre de las ataduras lo extendía hacía nosotros. Los otros dos los teníamos prácticamente encima. En ese momento, Joaquin apareció en la puerta y gritó "¡Malditos! ¡os dije que no abrierais esta habitación!". Salí corriendo hacía la puerta seguido de Iván, que llevaba a Elena en brazos. Cuando ya estábamos fuera, intente cerrar la puerta, pero el brazo de un merodeador se coló por la rendija de la puerta, impidiéndome cerrar la puerta. No había nada que hacer. Un par de brazos más se colaron. Entonces solté la puerta y les grité a todos que corrieran escaleras abajo. Así lo hicimos. Cuando inicié la huida, vi a Eduardo en las escaleras, mirando con cara de espanto la escena. Cuando llegamos al piso de abajo, Eduardo comenzó a gritarle a Joaquin que donde estaban las armas. El viejo solo repetía "¡Ni hablar! ¡Es mi familia! ¡No les haréis daño!". Iván, en un arrebato de locura, cogió a Joaquin de la camisa y lo elevó un metro por encima del suelo, empotrandolo en la pared. Le dijo "O nos das las armas o no espero a que esas cosas te maten a ti y a tu mujer. Yo mismo lo haré ahora". Joaquin no abrió la boca hasta que Mercedes, llorando y gritando, dijo que estaban en la despensa de la cocina. Iván lo soltó y junto a Eduardo corrieron a la cocina. Los cuatro merodeadores ya estaban a mitad de la escalera. Belén soltó un grito cuando los vio bajando. María cogió un jarrón y se lo lanzó a uno de ellos. Iván y Eduardo no venían y estos ya estaban casi en el comedor. Agarré fuerte mi cuchillo y me puse el primero para recibirlos. En ese instante, arriba, a espaldas de los merodeadores, apareció Fede, que por lo visto estaba en descansando en nuestra habitación cuando todo ocurrió. Portaba una silla y comenzó a gritarle a los merodeadores. Los dos más rezagados se giraron y cambiaron el rumbo escaleras arriba, hacía él. Los otros dos seguían bajando las escaleras, hacía nosotros. Fede fue a por el que tenía más cerca y le propino un golpe con la silla. Este se tambaleo y cayó rodando escaleras abajo. Cuando este aterrizó en el suelo del comedor, los otros ya habían llegado también a este. Tenía a uno casi encima y levanté mi cuchillo para asestarle una estocada, cuando la katana de Eduardo hizo aparición, decapitando al podrido. Eduardo me apartó de un empujón y fue a por el otro. De dos tajos lo dejo fuera de combate. En ese instante, sonaron dos disparos de escopeta que derribaron al niño merodeador que iba a por Fede. Eduardo eliminó al cuarto merodeador, que se estaba levantando.

La casa quedó hecha un cristo. Las paredes estaban llenas de agujeros por los disparos, el suelo lleno de mobiliario destrozado, los cadáveres de los merodeadores por allí destrozados... Mercedes permanecía arrodillada en el suelo ante uno de los cadáveres, llorando y repitiendo "Hijo mio... hijo mio...". Joaquin estaba en estado de shock, mirando todos los cadáveres. De repente, cogió y comenzó a subir escaleras arriba. En ese momento, cogí a Iván de la camiseta y lo arrastré hasta la cocina. Una vez allí, el cogió y me miró con ojos de sorprendido. Entonces me acerque a su cara y le dije "Dime que cojones hacíais en esa habitación". Iván guardo silencio como si no quisiera hablar, pero cuando se lo repetí, esta vez zarandeándolo, empezó a hablar. Dijo "Erik, tranquilízate, tío. En serio, no sabíamos que tenían esa mierda en la habitación, te lo juro. Hemos entrado porque la vieja no nos deja dormir con las tías y yo tengo mis necesidades, nano. Llevo sin zumbarme a Elena desde que estamos aquí y me subo por las paredes. Habíamos pensado que podíamos darnos un revolcón rápido en esa habitación, ya que los viejos nunca suben. Cuando nos hemos metido y estábamos en plena faena, nos ha sorprendido una de esas cosas. No tenía ni idea de lo que había ahí, créeme...". Me disponía a decirle lo capullo que es él y su amiguita, cuando la voz de Joaquin sonó en el salón. Decía "Fuera de esta casa". Salí a ver que ocurría y me encontré a todos mis compañeros a un lado del salón. Ante ellos, estaba el viejo con su escopeta. Al verme, repitió "No os quiero en mi casa. Os hemos dado nuestra hospitalidad, cobijo, habéis comido de nuestra comida, habéis sido uno más... solo os pedimos que acatarais nuestras normas y una de ellas era que no entrarais a esa habitación. No habéis respetado las normas de esta casa y por ello os tenéis que ir. Esa gente que habéis matado eran nuestros hijos, nuestras nueras, nuestros nietos...". No pude aguantar más y le tuve que contestar. "Esas personas ya no eran vuestra familia. Hace tiempo que dejaron de serlo. Solo eran unos merodeadores más y nunca volverían a ser las personas que vosotros conocisteis. Estaban muertos y eran un peligro..." dije. Joaquin, encolerizado por mis palabras, dijo "¡¿Y como sabes que nunca volverían ser personas normales?! ¡¿Como sabes que Dios no tenía otro destino para ellos?! Por culpa vuestra, por culpa de pecadores como vosotros, Dios nos envió este castigo y pagaron personas inocentes como mi familia. No merecéis estar en esta casa, merecéis estar ahí fuera y que Dios os haga padecer el mal que os ha enviado. Y pensar que mi mujer y yo estuvimos a punto de deciros que podíais quedaros para siempre... Por favor, coger vuestras cosas e iros de aquí. Tenéis diez minutos para recoger todo. Nosotros tenemos que dar un entierro cristiano a las personas que habéis asesinado". No necesitábamos oír más. Nos querían fuera y no era algo negociable. Recogimos nuestras cosas y las cargamos en los vehículos. Una vez fuera, miré a la casa y decidí entrar por última vez. Los ancianos estaban arrodillados ante uno de los cadáveres. Joaquin me miro y comencé a hablar. Mis palabras fueron "Sentimos mucho lo que a ocurrido. Si pudiéramos volver atrás en el tiempo, desharíamos este mal. Ya de paso, quiero daros las gracias en nombre de todo el grupo por la hospitalidad que nos habéis brindado... Gracias por todo". Joaquin me miró a los ojos, pero sin decir nada, cambio su mirada hacía el cadáver. Mercedes seguía llorando. Ande hasta la puerta, les dije "Cuídense" y cerré la puerta. Mis compañeros ya estaban en los vehículos esperándome. Me puse al volante del utilitario y nos pusimos en marcha.

Ya estamos de nuevo en el mundo real. Exiliados del paraíso. Expuestos a los peligros de un mundo podrido, de un mundo sin leyes, de un mundo muerto.


- Erik -





martes, 18 de mayo de 2010

+ 18-05-10 + Cacería humana

Hoy a amanecido un día bastante caluroso. Un día más típico de julio que de mayo. La verdad que con este tiempo, apenas tengo ganas de hacer nada, ni siquiera ni de moverme. A pesar de ello, no hemos parado en todo el día. Entre las tareas de la granja y el campo, y la incursión de esta mañana en busca de dos vehículos, estamos exhaustos. Las chicas tampoco están para muchos trotes. Mercedes no para de encargarles nuevas tareas. Esta mediodía, estaba en la granja con Eduardo, cuando ha aparecido Belén y María, que iban al pozo a recoger agua. Belén estaba muy agitada y cuando le he preguntado que le ocurría, ha comenzado a decirme que quiere irse de aquí cuanto antes, que no aguanta más. El motivo es que esta muy estresada y no soporta que no podamos dormir juntos ni tener intimidad. Yo lo llevo mal, pero ella lo esta llevando mucho peor. Y para colmo, cuando la he visto, acababa de tener una refriega con Mercedes. Una de tantas. Por lo visto, la señora Mercedes tiene muy poca paciencia. La discusión que acaban de tener era porque Belén, mientras lavaba los platos, se le había caído uno al fregadero y lo había roto. Al ver esto, Mercedes le ha echado un puro impresionante y Belén no se ha podido callar. Así que podéis imaginaros. Le he dicho a Belén que tenga paciencia, que en breves nos marcharemos y que durante la estancia que nos queda en esta casa, mire el lado positivo, la tranquilidad que ofrece este lugar, el no tener que estar huyendo cada dos por tres, no solo de hordas de merodeadores, sino de muchos más peligros... muchísimos más...

Bien. Como he dicho antes, esta mañana hemos hecho una incursión en busca de dos vehículos. Los hemos conseguido, aunque nos ha costado lo suyo, incluyendo algún que otro susto. Los vehículos que hemos tomado prestados es un utilitario y un furgón, que hemos encontrado en la autopista. Estos vehículos son grandes y espaciosos, así que podremos viajar en ellos sin problemas. La incursión de hoy la hemos realizado Eduardo, Iván y yo. Y digo la de hoy, porque ayer también realizamos otra, pero fue desastrosa. En la ayer solo participamos Iván y yo. Inicialmente, íbamos a ser tres, ya que iba a venir Fede, pero a última hora se echo atrás, ya que se vio aquejado de un fuerte dolor abdominal. Hoy también tiene molestias y se encuentra tumbado en la cama. Como os decía, la incursión de ayer fue un total desastre. Lo que vimos y nos ocurrió ayer, tan solo lo conoce Eduardo, y en breve, vosotros. Hemos decidido no contar nada para no alertar y preocupar a los demás. Al menos, por el momento.

Ayer, sobre las 10 de la mañana, tal cual habíamos acordado el día anterior, estábamos preparados para salir en busca de dos vehículos. Decidimos ir dos, ya que la tarea era simple y yendo solo dos es más difícil ser detectados por los merodeadores y huir en caso de que nos persiguieran. Le pedimos a Joaquin que nos dejara dos de nuestras armas, bajo la condición que se las devolveríamos para que las guardase cuando estuviéramos de vuelta. Joaquin nos dio dos de las armas a regañadientes. Y más regaño cuando tuvo que cambiar las armas, ya que nosotros queríamos dos de los subfusiles y no las pistolas como él nos había sacado. Con las armas en nuestro poder y los petates con algo de agua y algo de comida por si las cosas salieran mal, iniciamos la marcha. Teníamos previsto que nuestra misión fuese rápida y sin complicaciones, llevándonos solo un par de horas como mucho. Andamos hacía el norte y por el borde de la carretera. Por nuestro camino nos íbamos encontrando algunos merodeadores, los cuales, lentos y torpes, intentaban cogernos, pero nosotros, más rápidos, los esquivábamos y nos alejábamos de ellos. Nuestra primera prioridad era no abrir fuego salvo que fuera necesario. Así evitaríamos llamar la atención de una horda como la que nos sorprendió la última vez que estuvimos en la autopista. Caminamos varios kilómetros sin encontrar ningún vehículo que nos sirviera. El que no estaba destrozado, no arrancaba o no tenía combustible. Algo de esperar, ya que deduzco que muchas personas salieron huyendo de sus coches, dejando estos encendidos y gastando combustible. Durante todo el trayecto fuimos hablando de muchas cosas. Iván me contó cosas de su vida en el pasado y lo que opinaba de todo lo que estaba ocurriendo. También me habló de su relación con Elena. Él también opina que es una niña con muchos pájaros en la cabeza.

No sé cuanto habíamos andado, quizás unos 7 kilómetros, cuando un grito nos sacó de nuestra conversación y nos puso en alerta. Rápidamente nos ocultamos tras un vehículo volcado y apuntamos con nuestras armas en dirección a donde provenía el grito. Provenía de la arboleda que había a unos metros de la autopista. Aguardamos unos segundos esperando, hasta que de la arboleda salió una mujer corriendo. Llevaba un vestido destrozado y roído, como si hubiera estado todo este tiempo vagando por el bosque. Recuerdo las palabras de Iván, que fueron "¿Que cojones...?". Viendo que solo era una persona y parecía estar en problemas, salimos de nuestro escondite y nos dirigimos hacía ella. Esta, al vernos, corrió hacía nosotros, gritando y llorando. Solo decía "¡Mi hijo! ¡Mi hijo! ¡Ayudarme, por dios!". La tranquilizamos como pudimos e intentamos que hablara más detenidamente, para que así nos explicara quién era y que le ocurría. Conseguimos tranquilizarla un poco y nos contó que se llamaba Marta y que unos merodeadores la habían rodeado dentro de la arboleda. Según dijo, iba con su hijo de 8 años y cuando los rodearon, encaramo a su hijo en un árbol y ella escapó de la horda como pudo. Nos pidió que la ayudáramos, que sacáramos de allí a su hijo. Después de preguntarle de cuantos merodeadores se trataba, a lo que contestó que unos 10, accedimos a ayudarla. Sin tiempo que perder, nos adentramos en la arboleda y comenzamos a seguirla. Corrimos durante bastantes minutos y llegados a un punto de la arboleda, la señora se puso a llorar y se dejó caer al suelo. Decía "Me he perdido... no se como llegar... mi hijo... mi hijo...". Me agaché y comencé a consolarla. Le dije que no diera todo por perdido, que debíamos seguir buscando y que íbamos a encontrar y salvar a su hijo. En ese momento, un golpe seco sonó a mi izquierda. Iván había caído desplomado en el suelo. Mire sorprendido y cuando iba a ver que le ocurría, un cañón de un arma apareció ante mis ojos. Me apuntaba. El que llevaba el arma era un hombre de unos treinta y algo de años. Me dijo que tirara el arma y no intentara nada. De repente, aparecieron 3 personas más. Dos hombres y una mujer, los 3 armados con escopetas de caza. Tiré el arma al suelo y me levanté lentamente. Uno de los hombres levantó a la mujer que hasta hace apenas un minuto, estábamos ayudando. La mujer había cesado de llorar y parecía que se alegraba de ver a esos hombres. Comprendí que se conocían cuando uno de los hombres le dijo "Tu hubieras valido para actriz" y todos rieron. Esa perra nos había tendido una trampa. Habíamos caído como estúpidos en un truco muy viejo. Nunca aprendemos. Cuando les pregunté que quienes eran y que querían de nosotros, solo obtuve por respuesta un "Cállate la boca y haz lo que te digamos, si no quieres que te peguemos un tiro".

Permanecimos allí durante unos largos minutos. Nos querían llevar a algún sitio, pero dos de los hombres intentaron cargar con el cuerpo inconsciente de Iván y tuvieron que desistir en el intento, alegando que pesaba mucho y era mejor esperar a que se despertarse, palabras textuales de ellos, "la mole de músculos". Hasta que no despertó Iván, nos custodiaron apuntándonos con sus armas. Mientras tanto, se dedicaron a hacerme preguntas como "¿De donde venís?", "¿Sois de alguna comunidad?", "¿Os han mordido?" y una pregunta que me llamó mucho la atención: "¿Sois de 'La iglesia del fin de los tiempos'?". Obviamente, mentí en todas mis respuestas menos en la última. "La iglesia del fin de los tiempos"... No tengo ni idea que es eso. Cuando Iván se espabilo y vio el panorama, pude ver en su cara el desconcierto. Hizo la misma pregunta que momentos antes había hecho yo, pero le dijeron"Venga, machote, a andar y hacer lo que digamos nosotros o te llenamos de plomo". Iván, como es habitual en él, no se mordió la lengua y soltó un "Me vais a comer la p...", a lo que obtuvo por respuesta un puñetazo y un "Tranquilo, eso no te lo vamos a comer, grandullón". Nos hicieron andar durante al menos 30 minutos. Durante todo el trayecto, en el que nosotros íbamos delante encañonados por ellos, estos iban hablando de sus cosas. Hablaban de compañeros suyos, de la mujer de un tal Pedro, de sus hijos pequeños, de discusiones en el campamento y demás cosas que me hicieron deducir que a donde nos llevaban, habían muchas más personas. Llegué a pensar que todo esto estaba siendo un mal entendido, nos estaban confundiendo con otras personas, con algunos de esa "iglesia", ya que mi mente no concebía que una comunidad con mujeres y niños actuara así. Cuando llegamos allí lo comprendimos todo.

Ante nosotros se extendía un campamento inmenso. Cientos de tiendas de campaña estaban allí montadas y había personas por todas partes. Hombres armados, mujeres y niños andando de un lado para otro. Todos nos miraban detenidamente, como si se alegraran de ver gente nueva. Cuando ya estábamos dentro del campamento, vimos una cosa que a mi me heló la sangre. Colgando de un árbol, había un cadáver bocabajo. A este le faltaba la cabeza y estaba despellejado. En el suelo yacía una montaña de vísceras y a su alrededor... a su alrededor dos hombres y una mujer que lo estaban terminando de despellejar. Ya no me cabía duda de que estaba ocurriendo allí. Eran caníbales. Uno de esos hombres se levantó y se acerco a nosotros con un amplia sonrisa. Con sus manos ensangrentadas me cogió de la cara y me observó, diciendo"Menos mal que habéis capturado a dos más... Ya se nos estaban acabando los víveres. Con estos dos tendremos para abastecer al campamento un par de semanas más...". Luego dirigió su mirada a Iván y dijo "Rectifico. Más de dos semanas. Esta mole de carne nos va a dar para más. Eso si, con tanto músculo estará bastante duro...". Iván respondió "Para duro lo que tengo entre las piernas. Eso me lo podéis comer si queréis". Uno de nuestros captores le dio un empujón y le dijo "Camina. Tu no te preocupes por eso. Aquí se aprovecha todo y lo que tienes entre las piernas servirá para alimentar a los perros". Seguimos andando hasta una cerca metálica, situada en el centro del campamento. Esta verja era al menos de tres metros de altura, con alambre de espino en el extremo superior. El interior sería de unos cinco metros cuadrados y allí dentro habían más personas. Cinco personas para ser exactos. Tres hombres y dos mujeres. Una de ellas estaba acurrucada en una esquina, llorando amargamente. Los otros solo se dedicaron a mirarnos fijamente con sus ojos apagados. En sus ojos vidriosos pude ver su tristeza, la falta de esperanza. Uno de nuestros captores quito la cadena de la puerta y nos metió allí dentro. Acto seguido, puso de nuevo el candado en la cadena y se alejo. Mientras se alejaba, los demás que nos habían dado caza dejaron nuestras armas apoyadas en un árbol, al lado de una tienda de campaña. En ese mismo árbol, había un clavo que sobresalía y fue allí donde colgaron las llaves del candado.

Una vez allí dentro, yo me senté en el suelo, mientras Iván comenzó a buscar un punto débil en la verja que nos sirviera para escapar. Yo me dediqué a observar todo el campamento. Habían chicos y chicas jóvenes, niños, hombres y mujeres de todas las edades... Parecían personas normales, no me cabía en la mente que fueran antropófagos sin escrúpulos. ¿Como podían llegar hasta este extremo?. Estaba sumido en mis pensamientos, cuando uno de los hombres con los que compartíamos cautiverio me habló. Era un hombre de mediana edad. Vestía unos pantalones de pinzas sucios y destrozados y una camisa que debió ser blanca pero ahora era casi negra de tanta suciedad que llevaba. Me dijo "Siento que os hayan capturado. Esta gente no tiene piedad de nadie. Cuando me trajeron a mi, eramos 9 personas y ya han matado a todos los que faltan... son salvajes...". No supe que contestarle. No me salió ninguna palabra. Solo lo mire a los ojos y cuando vio que no le contestaba, se apartó y se sentó apoyado en la verja. Yo seguí absorto en mis pensamientos hasta que un olor nauseabundo me despertó de estos. Cuando mire a mi alrededor, descubrí de donde procedía ese olor. Detrás de mi, en una esquina, había un cubo. No tarde en averiguar que ese cubo servía para realizar nuestras necesidades fisiológicas y... estaba repleto. Rápidamente y conteniendo las ganas de vomitar, me aleje de este. Iván se percató de esto y aprovecho que pasaba un tipo del campamento para decirle "¡Eh! El cubo esta para cambiar". Este, con una mirada de desprecio, desenfundó su pistola, cogió las llaves del candado y comenzó a abrir este. Una vez abrió, se quedó quieto, como si esperara algo. Nosotros nos quedamos mirándolo. Entonces le dijo a Iván "¿A que esperas? ¿A que lo vacié yo? Ya lo estas cogiendo, te llevó a que lo vacíes y te traigo de vuelta a tu jaula, gorrión. ¡Ah! Y no intentes nada o te pego un tiro". Iván cogió el cubo y se dirigió a la puerta. Cuando llegó a la altura de este, hizo algo que no me esperaba. Le tiro todo el contenido del cubo a la cara. Cuando vi esto, pegué un salto y me incorpore al instante. Después de vaciarle el cubo en toda la cara y mientras este intentaba quitarse la inmundicia de los ojos, Iván cogió la cadena de la puerta, que llevaba el candado en el extremo, y con un rápido movimiento le golpeó en toda la cabeza. El golpe fue tan sumamente fuerte que la cabeza de este individuo se hundió y la cadena se le quedó incrustada. Cayó desplomado en el suelo como un muñeco de trapo. Iván salió rápidamente y cogió nuestros dos subfusiles. Yo le seguí y cuando ya tenía mi arma, comencé a decirle a los demás que nos siguieran. Salieron todos menos la chica que estaba llorando cuando nosotros habíamos llegado. Seguía allí acurrucada, con la cabeza entre sus piernas. Me dirigí hacía ella para sacarla de allí, pero en ese momento, alguien comenzó a gritar "¡Escapan! ¡Los presos se escapan!". Cuando estaba a punto de entrar a la verja para sacar a esa chica, de una tienda de campaña salieron dos tipos y se abalanzaron sobre dos de los hombres que nos acompañaban. Los derribaron al suelo y allí los inmovilizaron. Esta era nuestra oportunidad de escapar. No podía arriesgarme a ayudar a la chica y que nos capturaran en ese momento. Al menos pensé en ese momento. La mire por última vez mientras Iván me llamaba y comencé a correr con Iván y los otros dos, el hombre de pantalones de pinzas y la otra chica.

Corrimos por todo el campamento, mientras salían individuos de todas partes. En nuestra huida, vi una mujer que cogía a varios niños y los metía en una tienda de campaña. La mujer y los niños parecían asustados, como si nosotros fuéramos los dementes. Un chico joven se interpuso en nuestro camino, pero lo derribé de un placaje en el pecho, quitandolo así del medio. Cuando ya estábamos casi fuera del campamento, comenzaron a dispararnos. Iván y yo nos tiramos cuerpo a tierra. Las balas pasaron rozándonos y un par de ellas alcanzaron al hombre que huía junto a nosotros. Este cayó al suelo y fue entonces cuando pude ver que estaba muerto. Una de las balas le había acertado de pleno en la cabeza. La chica seguía huyendo. Cuando las ráfagas cesaron, nos levantamos y abrimos fuego hacia el interior del campamento. Las balas atravesaron todo lo que pillaron a su paso. Las tiendas de campaña saltaban por los aires, empapadas de sangre, cuando eran atravesadas por las balas. Pude ver como acertamos a dos individuos que estaban disparándonos tras unos bidones. Yo paré de disparar, pero Iván seguía ametrallando todo el campamento. Entonces le dije que cesará, que habían niños que no tenían culpa de nada. Iván no me hizo caso y siguió disparando hasta que vació el cargador. Antes de comenzar a correr, observé detenidamente el campamento. Era un absoluto caos. Las tiendas de campaña estaban destrozadas, había cadáveres desparramados por el suelo, el humo brotaba de todos los lados... No había nada más que ver, teníamos que alejarnos de allí.

Comenzamos a correr como alma que lleva el diablo. Lo hicimos tan deprisa que no tardamos en alcanzar a la chica que había escapado con nosotros. Cuando llegamos a su altura, ella nos dijo"¡Vamonos lejos! ¡No tardaran en soltar a los perros! ¡Lo hacen siempre que huye algún preso!". Nada más terminar esa frase, oímos algo a nuestras espaldas. En efecto, eran los perros. Al menos una decena de perros, entre los que distinguí Pitbulls y Mastines entre otros, y nos pisaban los talones, ganandonos terreno rápidamente. Pararse a disparar era arriesgado y si fallaba sería cuestión de segundos que los tuviera encima. No quedaba otra opción que correr. Así lo hicimos. Estábamos tan concentrados en huir que olvidamos a la chica. Esta había quedado rezagada y nosotros no nos habíamos percatado de ello. Cuando lo hicimos fue porque oímos sus gritos. Ya estaba en el suelo y tenía a media docena de canes destrozándola. Era demasiado tarde, no había nada que hacer por ella. Me siento culpable por haberla olvidado de esa forma. Media docena de chuchos estaba cebándose con el cadáver de la chica, pero otros cuatro nos perseguían a nosotros y los teníamos prácticamente encima. No quedaba otra. O disparaba o nos daban caza. Decidí arriesgarme y así lo hice. De una ráfaga elimine a tres de los perros, dejando solo a uno. Este lo tenía a un metro de mi y le disparé cuando estaba saltando en dirección a mi cuello. Le acerté en plena cabeza y la bestia, un grandisimo Rottweiler, salió despedido hacía atrás. Seguimos corriendo hasta llegar a la autopista. Cuando llegamos a este punto, dos perros más nos alcanzaron. Los abatí sin problemas, pero ya no podía repetir la misma hazaña si aparecían más, ya que no me quedaba más munición. A Dios gracias, no apareció ninguno más y pudimos llegar a la casa sin problemas, sanos y salvos, pero fatigados y con un gran susto. Por poco casi servimos de comida para una comunidad de tarados antropófagos.

Como ya he dicho, esto solo lo sabe Eduardo. Por el momento no vamos a hablar de ello con los demás. No quiero ni imaginar el disgusto que se llevaría Belén si se lo contase. Ya ha tenido suficientes sustos estos últimos meses, así que le evitare este. Eso sí, tengo claro una cosa. Cuando nos vayamos de aquí, quiero pasar por ese campamento y liberar a los que han quedado allí. No me quitó de la cabeza a esa pobre chica que se quedo allí. Anoche, con el tema todavía reciente, no pude pegar ojo. Entre los ruidos de la habitación contigua y la imagen de esa chica en mi mente, pase una noche espantosa. En mi cabeza veía una y otra vez a esa joven, allí, acurrucada y llorando, esperando a que llegara su turno para ser devorada. Tuve oportunidad de salvarla pero el instinto de supervivencia me lo impidió. A quién pretendo engañar... Un acto de cobardía nunca puede ser llamado instinto de supervivencia. Creo que esta noche tampoco voy a poder pegar ojo. No lo haré hasta que no vuelva allí y enmiende mi error.


- Erik -

jueves, 13 de mayo de 2010

+ 13-05-10 + La habitación contigua

Clac... Clac... Clac... Todas las jodidas noches oyendo ese claqueteo. Lo tengo clavado en el cerebro. Y siempre proviene del mismo lugar, de la habitación contigua. Si bien os comenté que había oído ruidos en alguna ocasión, ahora los oigo todas las noches. Apenas puedo pegar ojo. Mientras mis compañeros duermen y roncan en mi habitación, yo me concentro en esos sonidos. Los oigo, de un lado a otro de la pared. Es como si alguien caminara de un lado a otro de la habitación, dando golpecitos en la pared o rasgando esta. Me pone los pelos de punta pensar en ello. He intentado darle múltiples explicaciones, todas ellas descabelladas. Por pensar cosas absurdas, hasta he llegado a barajar la idea de que el viejo sube por las noches a la habitación a hacer sabe Dios el qué. Si de algo estoy seguro, es que de ratas no se trata. O el viejo me dijo eso para engañarme o no le dio mucha importancia al asunto cuando se lo comenté.

Esta última noche, cuando comenzaron a sonar los golpes, Eduardo me llamo en voz baja. El también los estaba oyendo. Me dijo "Erik... ¿Estas oyendo eso?". Después de contestarle, guardamos silencio durante unos segundos, agudizando los oídos. Enmascarados por los ronquidos de Iván, se distinguían los dichosos golpes. Parecían más insistentes, más agudos. Eduardo se levantó se su improvisada cama y se subió a la mía. Podía distinguir su cara de asombro iluminada por los rayos de luz de la luna que se filtraban por la ventana. Entonces me dijo "Fíjate... no se oye solo eso...". Guarde silencio pero salvo los intermitentes golpes de siempre, no entendía que quería decir Eduardo. Le dije que no escuchaba nada más, pero me cortó en seco diciendo "Escucha detenidamente, Erik. Entre golpe y golpe...". Así lo hice. Me llevó unos 30 segundos más o menos escuchar lo que oía Eduardo. Se me pusieron los pelos de punta al oír esto. Como decía Eduardo, entre golpe y golpe, se oía otro ruido. Era menos sonoro y cuanto apenas perceptible, ya que los ronquidos de Iván eran descomunales y lo enmascaraban. El sonido venía a ser como un ruido metálico. Un ruido que al igual que los golpes, era más audible o menos según se acercaba o alejaba de nuestra posición en la habitación. El ruido era similar como el que se produce al arrastrar una barra metálica por una superficie dura y lisa. Eduardo se levantó de la cama y ando hacía la pared con cuidado, esquivando a Fede, que estaba en su colchón ubicado cerca de la pared. Una vez en esta, pegó la oreja y guardo silencio. Acto seguido, me hizo un gesto con la mano para que lo imitase. Así lo hice. Una vez me encontraba con la oreja pegada a la pared, escuché más claramente los ruidos. De repente, cesaron. Yo mire a Eduardo y pegué la oreja izquierda, pudiendo así observar a mi compañero. Ya no se oía nada. Cuando me iba a separar de la pared, se volvió a escuchar algo. Pero no eran los ruidos que habíamos oído antes. Estos eran diferentes, como los que escuche por primera vez. Eran como... si rasgasen la pared. Pero los oía muy cercanos, no como si rascasen cualquier pared, sino como lo estuvieran haciendo en mi posición, a la misma altura en la que tenía la oreja pegada. Al darme cuenta de esto, me retire de la pared rápidamente mientras un escalofrió me recorrió todo el cuerpo. Mire a Eduardo, que al verme reaccionar así, él también se había retirado de la pared. Le susurré en voz baja "¿Que cojones será eso?". Él me contestó con el asombro todavía en su rostro "No tengo ni idea... pero me resulta muy extraño que se oigan todas esas cosas y que Joaquin nos prohibiera entrar en esa habitación nada más llegar. Aquí hay algo que no cuadra. De todas formas, no pongamos el grito en el cielo demasiado pronto. No le digamos nada a los demás por el momento. Vamos a dormir antes de que alguno de estos dos se despierte y nos vea aquí plantados...".

Hoy, en un momento del día en el que me quedado a solas con Joaquin, he estado a punto de comentárselo. Nos encontrábamos en la granja, apilando fardos de heno, cuando casi se lo pregunto. Pero en ese momento a aparecido Iván y no he podido. Se que Joaquin me va a decir lo mismo que me dijo la última vez y que Eduardo no quiere que le diga nada, pero quiero ver la expresión de su cara al oír esto. Quizás así pueda saber si oculta algo o, por el contrario, él no sabe nada de lo que ocurre en esa habitación. Después de terminar mi tarea en la granja, me he paseado alrededor de la casa. Mi propósito era encontrar la ventana de la dichosa habitación. Cuando la he encontrado, la he observado detenidamente. Al contrario que las demás ventanas de la casa, esta tiene la persiana bajada. Casi que esto me mosquea más.

Cambiando el tema de la habitación de marras, hoy ya hemos comenzado a prepararnos para marcharnos pronto. No se cuando más permaneceremos aquí, pero no le hecho más de un par de semanas. Fede y Eduardo ya han comenzado a trazar la ruta en el mapa. Según han calculado, desde nuestra posición hasta Reus hay al menos unos 97 kilómetros. Son pocos kilómetros, pero hay que tener en cuenta muchos factores. Antes de que ocurriera todo esto, 97 kilómetros se podían realizar en poco más de una hora y algo, pero ahora, con tramos de autopista colapsados, rodeos para evitar dichos colapsos de vehículos abandonados, paradas para buscar víveres y demás contratiempos, estos 97 kilómetros se pueden hacer en un mes como mínimo. Ya os habréis dado cuenta lo que hemos tardado en llegar hasta este punto desde Valencia. Pero antes de nuestra partida, aun quedan muchos cabos sueltos. Aprovechando la tranquilidad de este sitio, debemos planificarlo todo bien y hacer recuento de munición, la cual comienza a escasear. También tenemos que hacernos con un par de vehículos grandes para seguir con nuestra ruta. Esto no sera fácil. Pero por eso he dicho que calculo que hasta dos semanas no partiremos de aquí. Muy mal tiene que tomarse Joaquin nuestra estancia en su casa para que salgamos de aquí pitando. La verdad es que aquí se esta tan sumamente seguro y tranquilo que da pereza marcharse y volver a la realidad de este mundo hostil.

Hablando de la tranquilidad de este lugar. Creo que comienzo a entender el porque ni los merodeadores ni los corredores se aproximan a este lugar. No estoy seguro, pero llevo días dándole vueltas al asunto, buscando posibles explicaciones, y creo que me estoy aproximando al motivo de porque esa escoria no se acerca. Bien, os explico mi teoría. Estos días, sentado en el porche, he estado observando en la lejanía decenas de siluetas de podridos. Como siempre, han ido transitando de arriba a abajo de la autopista. En alguna ocasión, alguno de ellos a intentado cruzar la llanura camino hacía nuestra posición, pero no han tardado en desviarse de su ruta y alejarse, internándose en alguna de las arboledas próximas. La última vez que estuve observando esto, me percate de algo. El sol sale por el este, punto cardinal donde se encuentra la autopista y se oculta por el oeste, punto cardinal donde se encuentra nuestra casa. Cuando las primeras luces del alba brillan, la cantidad de cristales y espejos que adornan la fachada y el porche, realizan una serie de fulgurantes destellos. Esto lo pude comprobar alejándome de la casa bastantes metros. Dichos reflejos llegan a cegar, siendo molesto fijar la vista en la casa. Hasta que el sol no esta cayendo, este efecto se prolonga con mayor o menor intensidad. Cuando el sol ya se encuentra en el ocaso, ocultándose tras las montañas que hay a las espaldas de la casa, se crea un efecto diferente al de antes pero muy similar. El sol del ocaso ciega, haciendo que sea difícil fijar la vista en la casa. Luego hay otro curioso detalle que llevo semanas percatándome. El aire siempre sopla en dirección hacía el oeste. Siempre. Parece ser que la ubicación de las montañas que tenemos detrás nuestra crea un fenómeno que desconozco y que hace que el viento siempre sople en dirección, de la autopista hacia el oeste. Desconozco el comportamiento exacto de los merodeadores, no se de que modo localizan a sus presas, pero sabemos que lo hacen. La forma más lógica de que lo hagan es como cualquier otro depredador, utilizando la vista, el oído y el olfato. Me cuesta creer que esas cosas hagan uso de sus sentidos, pero más surrealista es que los muertos anden por la tierra devorando a los vivos y ocurre. Ya me lo creo todo. Así que esa es mi teoría de porque no se acercan. Resumiendo, mi teoría viene a ser que desde el alba hasta el ocaso, el sol crea una serie de luces que ciegan a esas cosas que se pasean por la autopista, y el aire, que sopla siempre a nuestro favor, nos mantiene a salvo de su olfato y aleja el poco ruido que realizamos. Parece descabellado, pero no se me ocurre otra teoría más razonable que esta... Más coherente que pensar que este enclave esta protegido por un ser divino es...

Creo...


- Erik -





martes, 4 de mayo de 2010

+ 04-05-10 + El calor de un hogar

Hola a todos. Soy Erik. Ya estoy de nuevo aquí. Ha pasado mucho tiempo desde mi última entrada. Casi el mismo tiempo que me ha costado poder ponerme en pie y poder andar sin ayuda. Creo que ya estoy perfectamente recuperado de mis heridas. Puedo respirar sin notar esa presión dolorosa en el pecho, síntoma de tener medio costillar roto. Puedo mover la mandíbula sin tener que agonizar en el intento. Puedo tocar mi pecho sin bramar de dolor al tocar piel en carne viva. Puedo mover todos los dedos de mi mano. Sí, estoy recuperado al 100%. Pero hay dolores que no se curan tan fácilmente. El dolor que me corroe el alma creo que ya no tiene solución. Todo lo que ha ocurrido solo ha servido para azuzar la hoguera que llevo en mi interior. Una hoguera que se alimenta de más y más sufrimiento, y que solo hace que cuestionarme si merece la pena vivir un día más en este podrido mundo...

¿Que puedo decir de lo ocurrido meses atrás? Creo que nada. Ya conocéis todo. Yo no lo podría haber relatado mejor que mi compañero Eduardo. Hace unos días, mientras reunía fuerzas suficientes para retomar nuestro relato y hacer una nueva entrada, pude leer las entradas de mis compañeros, en especial, la de Eduardo. Yo no habría podido ser tan explicito. Os ha narrado todo lo que ocurrió, sin omitir ningún detalle por crudo que fuese. Hay cosas que ni si quiera recuerdo. Supongo que en esos momentos estaría en estado de shock (no hace falta explicar porque).
Hay muchas cosas que no logro entender. Una de ellas es, y creo que ya os he hablado de ello, es porque con todo lo que a ocurrido y esta ocurriendo, bajo este jodido apocalipsis, ¿por qué cojones hay gente que se empeña en hacer esto más difícil? ¿por qué en vez de ayudarnos entre todos, los hay que se empeñan en complicar más las cosas? Nunca entenderé que han ganado esos bastardos del "Skull Korps" con todo esto. Que han ganado persiguiéndonos tantos kilómetros, malgastando fuerzas en buscarnos, que han obtenido torturándonos, haciéndonos sufrir a mi y a todo nuestro grupo, directamente o indirectamente, matando a Ana... no han conseguido absolutamente nada. Solo se han buscado morir inútilmente. Si tan preparados estaban para luchar, entrenados con las armas de fuego, en la lucha contra cualquier objetivo, ¿por qué no han hecho algo útil y se han dedicado a limpiar Valencia de los merodeadores? ¿por qué no han ido calle por calle, limpiándolas y abatiendo a todo andante? Eso si sería algo útil y no el pillaje al que se han dedicado desde que todo esto empezó, actividades que los han llevado a su propia destrucción.

Esto ha sido otro ejemplo más de que los seres humanos somos destructivos y ruines por naturaleza. No vemos más allá de nuestro propio ombligo y nos importa un cuerno el sufrimiento del que tenemos enfrente si con ello obtenemos algo, ya sea por mantenernos vivos como por alimentar nuestro ego. Por todo esto, cada día que pasa estoy más convencido de que este castigo nos lo merecemos. No me cabe duda de que ahí arriba hay alguien que nos ha enviado toda esta basura, alguien o algo que ha hecho que los muertos anden y nos atormenten la puta existencia. Ese alguien o algo se ha cansado de nosotros, de nuestras absurdas guerras, de nuestra falta de humanidad, de nuestro comportamiento egoísta, de nuestra sociedad podrida entregada a los sin valores... Ese ser, divinidad o como narices queráis llamarlo, se ha hartado de nosotros hasta tal punto que ni se ha molestado en separar a los justos de la escoria y nos esta haciendo pagar a todos por igual. Nos lo merecemos... todos. Unos por sus actos, otros por nuestra complicidad, nuestra pasividad. Cuando lo teníamos todo, solo nos preocupamos por nuestra comodidad. No nos importaba una mierda si al vecino del quinto le rajaban el cuello para robarle el reloj, lo importante era que no fuésemos nosotros los que nos veíamos en esa situación. Que más daba que medio país no tuviese trabajo para mantener a sus familias si nosotros podíamos costearnos una nueva televisión de plasma donde poder ver el fútbol. Todo tenía que estallar, de una forma u otra. Esta sociedad corrompida no podía continuar. La injusticia debía de acabar y este es nuestro castigo. Ahora solo nos queda lamentarnos y ver el reflejo de nuestra sociedad desmoronada.

En fin...

Como os decía al principio, mis heridas han curado bien. He necesitado mi tiempo, ya que hasta hace poco, apenas podía comer y ni si quiera hablar. Belén no se ha apartado de mi en ningún momento y si lo ha hecho, ha sido porque no había otro remedio. Ha permanecido a mi lado desde el principio. No esperaba menos de ella. Lo ha pasado tan mal... Yo también la perdí en una ocasión y se lo que es eso. Es un trago muy amargo el pensar que nunca vas a volver a ver a la persona que amas. Por eso, cuando vuelves a tener a esa persona de nuevo junto a ti, valoras todo más.
Han ocurrido muchas cosas desde que estado inútil. Muchas de ellas me las han tenido que contar mis compañeros, ya que yo estaba demasiado ocupado agonizando. Fijaros si han ocurrido novedades, que ahora mismo estoy tumbado en una cama bajo unas mantas limpias, mi ropa limpia y colgada en un impecable armario, y respirando el sabroso aroma del café recién hecho que sube del piso de abajo. Parece mentira, ¿verdad? Ni un solo podrido que quiera destriparnos cerca, todo como si nunca hubiera ocurrido nada malo y todo siguiera como hace un año. La verdad es que observando la habitación, viendo la normalidad que aquí se respira, me parece mentira que hayan ocurrido tantas cosas. Parece que todo ha sido una horrenda pesadilla. ¿Donde estoy? ¿Que hago aquí? Os cuento.

No se cuanto tiempo hará. Quizás un mes y algo. Yo todavía estaba aturdido por las heridas. Apenas me enteraba de lo que ocurría a mi alrededor. Solo se que Eduardo conducía el bus con menos regularidad, debido al malestar de sus heridas. Realizábamos muchas paradas y eso nos impedía avanzar los kilómetros que nos habría gustado. Según me han contado, tuvimos que desviarnos de la autopista, ya que estaba colapsada de coches accidentados, y atravesar un pueblo con el autobús. Este estaba infestado de merodeadores y nos abrimos paso arroyandolos con el vehículo. Según me cuentan, la avenida principal del pueblo era un hervidero de merodeadores y corredores. Por poco consiguen colarse por el cristal roto. Eduardo condució hasta llegar de nuevo a la autopista y seguimos nuestro trayecto. No se en que kilómetro estábamos de esta, cuando ocurrió algo que hasta ahora ni siquiera habíamos pensado que pudiese ocurrir. Pinchamos una rueda. Recuerdo cosas de ese justo momento. Iván y Fede tuvieron una pequeña refriega cuando ocurrió esto. Mientras Eduardo estaba fuera examinando la rueda, estos comenzaron a discutir que debíamos hacer. Iván quería ir andando por la carretera intentando buscar otro autobús para quitarle la rueda de repuesto, mientras que Fede quería buscar un par de utilitarios y continuar con ellos. Iván se argumentaba que la seguridad del autobús no la ofrecían dos coches normales, mientras que Fede se defendía alegando que era imposible encontrar otro bus con ruedas del mismo calibre en la autopista. Tuviese la razón quién la tuviese, acabaron enzarzados en una refriega en la que se empujaron y no llego a mayores porque Elena, María y Esther se metieron por el medio para poner paz. Cuando volvió Eduardo, después de haberse asegurado que el vehículo no había rueda de repuesto, dio una solución al dilema. Iríamos a buscar una rueda. El grupo encargado de esto andaría varios kilómetros en busca de un bus y si no encontraba la rueda de marras, volvería y seguiríamos sin el bus, con vehículos normales. Así fue. El grupo encargado de ir fue Iván, Eduardo, Fede y María. Belén, Esther, Elena y el perro se quedaron en el bus, conmigo. No se cuantas horas tardaron el volver. No lo recuerdo. Pero si que se que cuando volvieron, lo hicieron corriendo y con caras de horror. Habían encontrado algo que no les gustaba nada. Sin tiempo que perder, nos sacaron rápidamente del bus. Yo no podía mantenerme en pie y valerme por mi mismo, pero Iván me cogió como se coge a un saco de patatas y me cargó en su hombro. Acto seguido y bajo toda la confusión, comenzaron a llevarnos campo a través corriendo, alejándonos de la autopista. Mientras Iván me llevaba, yo solo podía observar el camino que dejábamos atrás. Veía a Thor corriendo a un metro de Iván, veía como nos alejábamos de la autopista, veía como una serie de rápidas siluetas hacían aparición en esta, veía como estas salían de la calzada y comenzaban a perseguirnos... pero yo estaba tan sumamente aturdido que no era consciente de la gravedad de la situación. Pude oír como Belén gritaba que qué pasaba para tener que huir. Le contestó Eduardo, casi sin poder hablar a causa de la fatiga. Dijo "Corredores... corredores... ¡toda la autopista llena!... ¡una horda de corredores!". En la autopista seguían llegando más y más siluetas y todas comenzaban a correr tras nosotros, uniéndose a las que ya habían comenzado la persecución. Estos nos ganaban terreno por momentos. Iván y yo íbamos de los últimos. Cargar conmigo le estaba retrasando. Yo intentaba decirle que me dejara allí, pero apenas salía un hilo de voz de mi boca. Cuando los corredores nos ganaron terreno, Fede y María comenzaron a abrir fuego. No sabría decir a cuanta distancia tendríamos a los más cercanos, solo se que podía verlos claramente. Quizás a unos 10 metros, no se. Era mucho tiempo corriendo y todos comenzaron a aminorar la velocidad. Los corredores nos ganaban terreno. Fue entonces cuando Belén comenzó a gritar que había una casa. Yo no pude ver donde estaba esta, pero se que la distancia era mucha porque Iván dijo que estaba muy lejos y no podríamos llegar con los corredores detrás. Algunos de estos ya estaban muy cerca de nosotros. Entonces ocurrió lo inesperado. Recuerdo que Iván exclamó un sonoro "¡¡A la mierda!!" y frenó en seco. Acto seguido, me lanzó por los aires, alejándome de su posición. Aterrice sobre los matojos y fue como si todas las heridas de mi cuerpo se pusieran de acuerdo para dolerme en ese instante. Seguidamente, comenzaron a sonar disparos. Belén se echo encima mía para protegerme mientras empuñaba su pistola y disparaba. El dolor me impedía girar la cabeza y solo podía ver a Belén agarrándome y disparando a todos lados. Las ráfagas de ametralladora no cesaban y me ensordecían. Veía los casquillos salir de todos los lados y aterrizar a mi lado. Oía los sollozos de Elena muy cerca de mi, la voz de Eduardo gritando que eran demasiados y teníamos que escapar, veía a Esther intentando llevarse a Belén a estirones... En ese momento, Belén efectuó dos disparos y su arma quedo descargada. Pude ver como junto a mi aterrizó un corredor con las piernas destrozadas a causa de un disparo de escopeta. Belén comenzó a buscar un nuevo cargador mientras yo veía al corredor arrastrarse por el suelo hacía mi. Sus ojos estaban clavados en mi y de su boca, la cual se abría y cerraba intermitentemente, brotaba una masa parduzca. Encima mía estaba Belén, buscando el cargador y temblando como un flan. Intente alejarla de mi, pero apenas tenía fuerzas. Cuando encontró el cargador, este se le cayó al lado del corredor. Este ya había extendido el brazo y me estaba agarrando el mio. Era cuestión de segundos que me mordiera. Pero Belén actuó rápido y le aplastó la cabeza a culatazos con la pistola. Los gritos y disparos seguían sonando por todos los lados y pude oír a Iván como llamaba a Elena, diciéndole "¡Elena! ¡¿Donde cojones vas?¡ ¡Ayuda a Belén, pedazo de zorra!". No cabe duda que Elena estaba huyendo. Esther se acercó a Belén y comenzaron a intentar levantarme. Cuando lo consiguieron, comenzaron a arrastrarme, intentando alejarnos. En el horizonte podía ver a Elena huir y a lo lejos, una casa situada en medio de una extensa llanura. Mientras me llevaban a rastras, oía como Belén decía que llevábamos a un corredor detrás nuestra. Como pude, gire la cabeza y lo vi. Estaba lisiado de una pierna y no podía correr tan rápidamente como los otros. Su pierna estaba totalmente roída y prácticamente era solo hueso. Detrás de este, veía a los demás, luchando contra una marea de corredores que los rodeaban y desbordaban. Y yo no podía hacer nada...

Seguimos corriendo y vimos como Elena cayó al suelo. Mientras nos íbamos acercando, vi como ésta seguía allí tirada y no se levantaba. Se cogía el tobillo mientras lloraba. Se lo había torcido. Cuando llegamos a su altura con el corredor detrás nuestra, Esther hizo un amago de ayudarla. Ella nos gritaba que no la dejáramos allí, pero Belén le dijo a Esther "Déjala. Si la ayudamos nos atrapará el corredor a nosotros también. Ya esta muerta... que le jodan". No la juzgó por haber actuado así, pero... no sé. Me impactó su forma de actuar. El corredor que iba tras nosotros cambió su rumbo y comenzó a dirigirse hacia Elena. Esta intentaba levantarse pero volvía a caerse. Cuando tenía al corredor prácticamente encima y nosotros ya estábamos lo suficiente alejados, un disparo alcanzó al podrido y cayó desplomado al suelo. Eran los demás. Habían conseguido acabar con los corredores que tenían encima y corrían hacía nuestra posición. A lo lejos se divisaba otra horda, pero no parecían que fueran corredores, salvo unos cuantos. Eran merodeadores, lentos y torpes, pero tras nuestros pasos. Los demás no tardaron en alcanzarnos. Estaban todos, sanos y salvos, incluyendo a Thor. Fede y Eduardo ocuparon el puesto de Esther y Belén y cargaron conmigo, mientras que Iván cargó con Elena. Seguimos en dirección hacía la casa. Cruzamos la larga explanada de hierbas y no tardamos en encontrarnos en el porche de la casa. Apenas se divisaba a la horda. Eduardo intento abrir la puerta, pero estaba cerrada a cal y canto. Cuando Iván se disponía a propinar una patada a esta, la puerta se abrió de golpe e Iván cayó al interior de bruces. Tras el umbral había un hombre apuntándonos con una escopeta paralela. El hombre aparentaba unos 70 años más o menos y nos apuntaba a cada uno de nosotros, incluyendo a Iván, que permanecía en el suelo sin atreverse a levantarse. El hombre dijo que qué queríamos y fue Eduardo quién le dijo que veníamos huyendo de una horda y necesitábamos ocultarnos. Este nos invitó a pasar con la única condición de que dejáramos las armas en el suelo. Así lo hicieron todos y a mi me dejaron sobre un sillón de la casa. El anciano cerró la puerta y puso un simple cerrojo. Fede le dijo que debía poner al menos un parapeto, un armario o algo que frenara a los merodeadores en caso de que nos descubrieran, pero el hombre, sin inmutarse, le contestó "No, no hace falta. Aquí no van a entrar. Nunca lo hacen. Dios nos protege". Esa respuesta nos extraño a todos por partes iguales. Algo que también me extrañó fue ver que en la puerta y en cada una de las ventanas, había un crucifijo colgado. Detrás de mi, escuche una voz femenina. Cuando se puso en mi campo de visión, pude ver quién era. Se trataba de una señora, al igual que el hombre, de unos 70 años aproximadamente. Luego resultó ser la esposa del señor mayor que nos había recibido. Ambos nos interrogaron sobre quienes eramos, de donde veníamos, que hacíamos allí, como hemos sobrevivido tanto tiempo... preguntas que se han convertido en típicas para mis oídos. Después de esto y una vez más relajados, nos presentamos y ellos hicieron lo mismo. El hombre, de aspecto curtido, pelo blanco y cara ajada, se llama Joaquin. La señora, de profundos ojos azules y pelo blanco, se llama Mercedes. Después de las presentaciones, Joaquin nos dejo algo claro: "No podéis quedaros aquí por mucho tiempo. Haceros la idea de que tenéis que marcharos. Lo siento mucho". A su aclaración, Eduardo añadió que no era nuestra intención y que pensábamos marcharnos lo antes posible. Le contó lo del refugio de Reus, con lo cual aprovecho para invitar a la pareja de ancianos a acompañarnos, invitación que Joaquin y Mercedes rechazaron alegando "No nos moveremos de nuestra casa. Aquí tenemos todo y estamos seguros. Ellos nunca se acercan. Jesús vela por nosotros". Visto lo visto, Eduardo les pidió que nos dieran cobijo durante un tiempo, el suficiente para mi recuperación, entonces nos marchariamos. A cambio obtendrían protección y toda clase de ayuda en las tareas domésticas y obtención de alimentos. La pareja de ancianos dudaron unos segundos, pero accedieron, no sin poner antes sus normas, en las cuales entraban el no llevar las armas, las cuales las guardarían ellos hasta el día que nos fuéramos. A Iván no le hizo gracia la idea, pero yo la comprendo. Con todo lo que nos ha ocurrido a nosotros, no creo que fuéramos capaces de dar cobijo a una serie de desconocidos armados.

El tiempo que llevamos aquí resguardados, me han llamado la atención cantidad de detalles. Detalles como lo son que una pareja de ancianos haya sobrevivido todo este tiempo aquí refugiados, sin ni siquiera reforzar las puertas y ventanas, haciendo vida normal, saliendo al exterior, hasta tal punto que Joaquin trabaja su campo y su pequeña granja de donde saca gran parte de los alimentos que comemos. Mercedes cocina todos los días con total normalidad, abre las ventanas y hasta la he visto en el porche remendando sabanas. Aquí es como si el tiempo se hubiese parado. La vida continúa tal cual lo habría hecho antes de que comenzara esta locura. Hay otros y curiosos detalles a los que no les encuentro explicación. No entiendo como los merodeadores no se adentran en el terreno de la casa. En la lejanía se puede divisar algún que otro merodeador, pero aunque estemos fuera de la casa, pasan de nosotros, como si no nos vieran. Quizás no nos ven. Pero aun así, me resulta extraño. Esas cosas, al mínimo síntoma de vida humana, se arremolinan como moscas a la miel. Pero aquí no ocurre esto. La pareja de ancianos lo achacan a cuestiones religiosas. No paran de repetir que Jesús los protege, que Dios esta de su lado. Iván se ríe de esto y yo lo haría si no fuera porque aquí ocurre algo realmente extraño y que escapa a mi comprensión. No lo entiendo. Al final acabaré creyendo yo también que Dios esta de su parte.

Me llevé una gran sorpresa cuando Joaquin me llevó a la granja por primera vez. Esta esta situada tras la casa. Es pequeña y solo tiene unos pocos animales. Unos cuantos cerdos, un gallo y varias gallinas, una vaca... los suficientes para darnos de comer a todos. Durante toda nuestra estancia, mis compañeros y yo (yo desde que me he recuperado, antes me era imposible), no hemos parado de ayudar a Joaquin y Mercedes. Los hombres hemos estado ayudando en la granja y en el campo, mientras que las chicas han ayudado a Mercedes en todo tipo de tareas domésticas. Nuestra intención es pagarle de esta forma todo lo que están haciendo por nosotros. Joaquin y Mercedes parecen estar contentos con nuestra ayuda, pero Joaquin no es nada flexible. Desde que me ha visto recuperado, no para de recordarnos que cuanto antes tendremos que abandonar la casa y seguir nuestro camino. Es como si nos viera... impuros. O como si nosotros fuésemos a ser los promotores del fin de su tranquilidad, como si por nuestra culpa los merodeadores fueran a poner la casa en su punto de mira. No sé... Quizás sea una manía mía, quizás solo quieren continuar su vida como lo era antes y tener víveres suficientes para ellos. Pero lo que no se puede negar es que son muy extraños. Tienen cosas que me sacan de mis casillas, pero nos toca respetarlas porque somos sus "invitados". Me parece muy bien que ellos sean beatos y crean firmemente en Dios y su divina providencia, pero no me hace ninguna gracia que sus creencias nos afecten a nosotros. Por ejemplo, intentan de todos los medios que no nos quedemos en una sala solos un hombre y una mujer. Los motivos son obvios. Cuando esto ocurre, en seguida viene Mercedes, se mete por medio y allí se queda. A la hora de asignarnos las habitaciones, lo hicieron de forma que las mujeres y los hombres estemos separados. A las chicas les dieron una habitación en el segundo piso, al lado de la suya. A nosotros nos dieron la habitación en el tercer piso. Y por supuesto, una habitación para todos y otra para todas. No comprendo porque mi novia no puede dormir conmigo. Algo absurdo. Todo este tiempo que he estado sin levantarme de la cama, mis compañeros han tenido que acostumbrarse a dormir en el suelo, con mantas y colchones viejos. Yo he sido el privilegiado que ha dormido en la cama. No es que la casa tenga muchísimas habitaciones, pero si que se que hay un par de estas libres. Una en el segundo piso y otra al lado de nuestra habitación. Esta última ha permanecido cerrada desde que llegamos. Aquí entra otra extraña manía de la pareja, y es que desde que llegamos, nos dijeron que la habitación esa la dejáramos tal cual, que ni se nos ocurriera entrar. Si lo hacíamos, nos largarían a la calle en menos que canta un gallo. No nos han dicho el motivo de porque no podemos entrar, aunque supongo que tampoco nos tienen que dar explicaciones, estamos en su casa. Pero esa habitación... me mosquea. Y más todavía desde que hace unas semanas, en plena noche, escuché una serie de ruiditos que provenían de ésta. Era unos ruidos como los que se producen al rascar un papel de pared roído. Así toda la noche. Mis compañeros sobaban a pierna suelta y no se percataron de ello, pero yo si. El dolor me mantenía despierto. Cuando se lo comenté a Joaquin, él lo atribuyo a ratas. No le dio mucha importancia. No sé...

La verdad es que estamos muy bien aquí y comienzo a sentirme seguro. Hacía tiempo que no me sentía así. Para ser exactos, desde que abandonamos la urbanización. Pero prefiero no encariñarme mucho con este lugar, ya que Joaquin es como una mula vieja y terca, y esta empeñado en que tenemos que irnos. De todas formas, si tuviese que elegir, creo que prefiero comenzar una nueva vida en una ciudad segura como lo promete ser Reus. Prefiera lo que prefiera, tenemos que marcharnos de aquí. Supongo que lo haremos en una semana o así, cuando consigamos planearlo y conseguir unos vehículos.

Voy a tomarme el café. Hasta hace unos pocos días ya había olvidado por completo el sabor de este :)


- Erik -








sábado, 27 de febrero de 2010

+ 27-02-10 + Nuestro cautiverio

Hola a todos. Me presento. Soy Eduardo Álvarez Castillo, 38 años, trabajaba como conductor de autobús y ahora soy miembro de este grupo que lucha día a día por sobrevivir en un mundo muerto. Posiblemente sobra la presentación. A quién le importa a estas alturas como me llamo, a que me dedicaba o que edad tengo. Supongo que ya tendréis suficiente con intentar sobrevivir como para que os importe esto.
De siempre me ha llamado la atención el trabajo de Erik en este blog. Me resulta curioso que una persona, no bastante con cargar la cruz que presupone el luchar día tras día por su propia integridad física y la de sus compañeros, se preocupe de narrar las vivencias del grupo para que puedan servir de ejemplo a otras personas de cualquier parte del mundo. Me parece algo noble por su parte. Para quitarse el sombrero. Pero yo sería incapaz de hacerlo. Quizás sea algo egoísta al respecto y prefiera centrar todo mi esfuerzo físico y mental para el bien de mi grupo. Ojo, no estoy diciendo que todo esto sea una perdida de tiempo, solo que ahora mismo, todo esto no sirve para nada. Esa es mi humilde opinión. Vosotros, si leéis esto, no es para informaros de lo que ocurre en el exterior de vuestros cómodos refugios. Yo creo que lo hacéis para no sentiros solos. Para sentir que hay alguien al otro lado de la linea, alguien que sufre y esta en la misma situación que vosotros. Nada más. Por otra parte, creo que todas estas vivencias que recoge Erik en cada entrada, son solo útiles para que en un futuro, un futuro en el cual tengo la esperanza de que toda esta inmundicia desaparezca, quede constancia de lo que ocurrió. De como se vivió en primera linea el peor desastre conocido hasta la fecha por la humanidad. Y digo hasta la fecha, porque estoy seguro de que si el mundo se recupera de esto, nuevos y peores desastres acontecerán a la humanidad, todo porque el ser humano no aprende ni tropezando mil veces. Quién sabe, quizás este diario sea lectura obligatoria en una aburrida aula de colegio, donde una horda de quinceañeros coja el libro y diga "¡Bah! ¡Que me importara a mi lo que les pasara a esos!". Sinceramente, ojala fuera así. Que a las nuevas generaciones no les importara lo más mínimo nuestra historia. ¿Sabéis porque digo que ojala fuera así? Porque si esto sucediera, querría decir que existiría un futuro. Un futuro en el que todo esto habría quedado atrás, siendo solo una aburrida y antigua anécdota del pasado. Algo que ocurrió tiempo atrás y que ya de nada sirve recordar sino es con fines educativos. Una etapa de sufrimiento como lo fue la primera y segunda guerra mundial. Épocas en las que el dolor y el sufrimiento llegó a cumbres impensables, donde se destrozaron las vidas de millones y millones de familias, pero de lo cual el mundo consiguió recuperarse y levantar cabeza.

No os voy a seguir aburriendo con mis tribulaciones mentales, ya que vosotros queréis conocer lo que aconteció durante nuestra etapa de cautiverio, así que no voy a seguir dando rodeos. A parte, os aseguro que utilizar el teclado con dos dedos menos es un poco difícil. Al menos, hasta que consiga acostumbrarme a la vida de tullido. je, je.
Por lo que he podido leer en entradas anteriores, algunos de mis compañeros os han relatado como transcurrieron los acontecimientos. Desde que ese grupo nos dio caza hasta que nos sacaron de allí. Pero lo que nos ocurrió a nosotros durante esos dos días de cautiverio solo lo conocemos Erik y yo. Ahora se el sufrimiento por el que paso Belén, Ana, María y Fede en manos de ese grupo de mezquinos. Como ya conocéis, nos cazaron por sorpresa cuando estábamos Erik, Fede y yo en el bus. No tuvimos tiempo para reaccionar, varias motos y un jeep aparecieron de la nada y en seguida nos vimos encañonados por los individuos que iban en los vehículos. Fede fue rápido y pudo escapar, ya que el estaba un poco más apartado de nosotros. No se si decir si hizo bien o hizo mal. Esta claro que hizo lo más adecuado, ya que le salió bien la huida, pero se jugó la vida haciendo esto. Me alegro por él que no lo hicieran preso. Me alegro mucho que no padeciera lo que padecimos nosotros.
En un abrir y cerrar de ojos, nos vimos en la parte trasera del jeep, atados y amordazados, custodiados por un mastodonte que parecía un armario empotrado. Este simpático personaje se entretuvo durante todo el viaje dándonos puntapiés. Una extraña forma de diversión, sí, pero que se puede esperar de una persona que es miembro de un grupo de sádicos. No tardamos nada en llegar al campamento que habían improvisado en mitad de la autopista. Allí, junto a varios hombres, estaba ese tal Vladimir. Nunca he sido una persona muy fisonomista y siempre me ha costado reconocer una cara, pero con él me basto mirarlo a los ojos para reconocerlo. Esa mirada penetrante no se olvida tan fácilmente. Esos ojos azules inmersos en esas cuencas hundidas, ese rostro largo y demacrado, esa sonrisa maquiavelica... un rostro que no se olvida tan fácilmente. Cuando nos bajaron del jeep de forma poco delicada, el protestó. Ese comportamiento me desconcertó. ¿Un sádico como él protestando porque nos tratan de forma brusca? No podía ser. Con las horas comprendí que su extraña cortesía formaba parte de su carácter irónico y si en algún momento no quería que nos hicieran daño era porque quería infringirnoslo él. Algo de lo que también me percaté fue en su obsesión por Erik. Para él, era como si yo no existiera. Era como si el único secuestrado fuese Erik y yo un simple pegote a ignorar. Lo miraba de forma extraña, como si él fuese un trofeo que llevaba mucho tiempo buscando. Recuerdo que se le acerco y comenzó hablarle. Yo no escuche nada, ya que estaba bastante ocupado buscando como salir de esa situación, buscando puntos débiles en su organización. Era prácticamente imposible por el momento, nos rodeaban hombres y más hombres, todos armados hasta los dientes y nosotros ahí, inmovilizados por las ataduras, en el centro de todos. Sí pude escuchar algo que le dijo Vladimir a Erik. Era algo como "...¿Tú zorrita bien? Tranquilo, pronto estará aquí con nosotros y se unirá a la fiesta. En la última ocasión lo pasamos muy bien, ¿no te lo ha contado? Es una máquina en la cama...". Lo demás que dijo fue una serie de obscenidades que dijo haberle hecho durante el cautiverio que solo consiguieron que Erik se revolviera intentando aflojar sus ataduras. Por respeto a Erik y a Belén no mencionare lo que dijo Vladimir.

Cuando terminó su aburrido discursito, nos arrastraron dirección al trailer. Al pasar cerca de este, vi en la parte delantera el cadáver reanimado de Juan. Lo tenían atado y este se revolvía gimiendo. Lo llevaban ahí como si fuese un adorno. Nos arrastraron hasta la parte trasera del trailer, abrieron las compuertas de este y nos metieron allí dentro, entre cajas y garrafas de combustible. Luego cerraron las puertas y nos dejaron allí inmovilizados, en plena oscuridad. No se cuanto estuvimos allí metidos. Calculo que unas 7 u 8 horas. 7 u 8 horas en las que luchamos por soltar nuestras ligaduras, pero fue algo imposible, estaban atadas a conciencia, de tal forma que apenas podíamos mover las manos y los pies. Cuando desistimos, Erik y yo comenzamos a hablar, a contarnos nuestras penas. El me contó cosas, sueños que ya daba por perdidos, ya que él ya asumía que nos iban a ejecutar en poco tiempo. Yo también pensaba eso, solo que no lo expresaba. Hacerlo habría significado derrumbar más aun el espíritu luchador de Erik. Me contó los proyectos que tenía con Belén, la esperanza de crear una nueva vida en Reus, el poder vivir en una comunidad segura lejos de los merodeadores. Durante las horas que permaneció hablando, recreaba todo lo que decía en mi mente. Y creerme, me llene de esperanza e ilusión, con ganas querer ver un nuevo amanecer. Algo absurdo, ya que eran momentos de abandonar toda esperanza y resignarse a morir. Pero no, oírlo narrar todo eso me contagio con sus ganas de seguir adelante. Nuestra conversación fue interrumpida cuando abrieron las puertas y nos enfocaron con una linterna. Cuando nos sacaron de allí a estirones pensé que ya nos iban a matar, pero no, tenían otros planes para nosotros. Y no se cual de las dos opciones era peor. Era de noche y nos llevaron al centro del campamento, donde estaba todo el grupo bebiendo y riendo. Cuando nos tiraron al lado de una hoguera que había allí encendida, comenzaron a patearnos en masa. Solo se detuvieron cuando Vladimir lo ordenó. Fue ahí cuando el grupo se apartó de nosotros y vi a este junto a un jeep, que tenía el capó levantado. Vladimir sostenía en sus manos dos pinzas de batería, que estaban conectadas al vehículo. Cuando me di cuenta, ya habían cogido a Erik y lo estaban acercando. Les grité, pero me callaron a patadas. Lo siguiente no me es agradable contarlo. Sentaron a Erik en una silla, le quitaron la camiseta y comenzaron a darle descargas eléctricas con las pinzas. Me dolía tanto como a Erik lo que le estaban haciendo. Verlo gritar de dolor y revolverse hacía que yo sufriera tanto como él. Así siguieron durante un rato, hasta que se cansaron. Pensaba que el siguiente sería yo, pero no fue así. El objetivo principal era Erik. Con un hierro al rojo vivo, calentado en la hoguera, Vladimir continuó su sádico juego. La gente vitoreaba y reía cada vez que quemaban su piel. Podía ver el sufrimiento en los ojos de Erik. En varias ocasiones perdió el conocimiento, pero lo reanimaban con pozales de agua. No conozco cuanto dolor puede soportar el cuerpo humano, pero él suyo estaba al limite. No tuvieron suficiente con todo esto. Colgaron en un árbol dos cuerdas con dos garfios. Estos garfios se los introducieron en la carne, en el pecho para ser exactos, y lo dejaron allí suspendido, mientras que con unos palos lo golpeaban, como si de una piñata se tratase. Después de esto y con Erik inconsciente, todavía suspendido en el aire, llego mi turno. Me sumergieron la cabeza en un gran barreño de agua, creándome un ahogo "controlado". Cada vez que me sumergían la cabeza allí, era un calvario. Me sacaban unos pocos segundos para que tomara el oxigeno suficiente y me volvían a sumergir hasta que me quedaba sin aire. Cuando se cansaron de esto, comenzaron a hacerme cortes por todo el cuerpo. El dolor era insoportable, sobretodo cuando, entre risas, me echaban whisky de las botellas por las heridas abiertas. Disfrutaban con esto, con nuestro sufrimiento. Vladimir parecía estar en un estado de trance mientras ejercía las torturas. Ni los gritos de dolor, ni las suplicas, nada hacía cambiar ni un ápice su rostro, su rostro seguía impasible sin mostrar el más mínimo de compasión.
Temí lo peor cuando vi a cuatro hombres llevando con ellos a cuatro merodeadores atados con correas, los cuales los habían sacado de una jaula que llevaban llena de merodeadores. Los azuzaban como si fueran perros de presa y me los estaban acercando a mi posición. Todos se apartaron al ver a esto y alguien me lanzó un palo para que pudiera defenderme. No creo que esto lo realizaran por pena, sino porque el juego sería más divertido si duraba más. Me rodearon los cuatro individuos con los respectivos merodeadores, los cuales estiraban los brazos para atraparme. Como pude, aparte al primero de un palazo en las costillas. A otro le propine un golpe en la cabeza, la cual se le hundió como mantequilla y cayó al suelo sin volver a levantarse. Otro merodeador me sorprendió por la espalda, cogiéndome del hombro, pero pude escapar y golpearlo. La gente gritaba y vitoreaba. Hasta vi como algunos apostaban tabaco y bebida. Al final, me pude hacer con los merodeadores y los dejé fuera de combate. Tal como esperaba, no me iban a felicitar por ello, al contrario, me quitaron el palo y me comenzaron a golpear con las culatas de sus rifles, hasta que perdí el conocimiento. Cuando desperté, estaba en el interior del trailer, rodeado de oscuridad. Llamé a Erik mientras intentaba moverme. Una lastimera voz me contesto, era Erik. Mi única preocupación era que no siguiera con vida y al oírlo, me tranquilicé. Desde ese momento, comencé una nueva lucha por librarme de mis ataduras. Lucha que duró horas y que al final, dio sus frutos. Conseguí aflojarlas. Necesite un par de horas más para desatarme completamente. Después, desate mis pies y busque a Erik en la oscuridad. Cuando lo encontré, lo liberé a él también. Pero él estaba tan sumamente magullado, que apenas podía moverse. Había que escapar de allí como fuera, pero con Erik en esas condiciones era prácticamente imposible. En la oscuridad comencé a buscar la puerta del trailer. Mientras tanteaba en la oscuridad, toqué una rueda. Seguí palpando y toque un manillar. Era un quad y tenía las llaves puestas. Esto nos podía servir para escapar, pero ahora necesitábamos abrir las compuertas. Nosotros no podíamos hacerlo desde dentro, así que nos tenían que abrir ellos. Subí a Erik al quad, monté yo y pedí al altísimo que esto saliese bien. Sin saber si el vehículo tenía combustible o no, decidí jugarme el todo por el todo. Comencé a gritar como un poseso, mientras Erik estaba sentado tras de mi, moribundo. Grité como nunca lo había hecho, pedí auxilio con tal de llamar la atención de nuestros verdugos y que nos abrieran. Así sucedió. Atraídos por los gritos, comenzaron a abrir las puertas y cuando ya la tenía prácticamente abierta, giré la llave y el vehículo arrancó. Cuando la puerta estaba abierta casi del todo, aceleré y salimos de allí. El trasto ese salió volando del trailer al exterior y nos llevamos por delante a uno de los que estaban abriendo. Cuando aterrizamos en tierra firme comenzamos la huida mientras nos disparaban.

Nos alejamos de la zona tan rápido como nos permitió el trasto con ruedas. No se cuanto trayecto habíamos recorrido cuando comenzaron a perseguirnos con las motocicletas. Al menos 8 de estos vehículos con dos personas en cada una nos perseguían, pero no nos disparaban. Parece ser que nos querían con vida. En la huida pude derribar una moto de un choque lateral, pero fue la única, porque de repente me cayó encima una cuerda que me aprisiono todo el cuerpo y nos hizo caer al suelo a Erik y a mi. El golpe fue brutal y el quad continuó solo a toda velocidad. Nuestras esperanzas de recuperar la libertad se habían desvanecido en cuestión de segundos. Nos ataron de nuevo, esta vez más fuerte y con más nudos, nos cargaron en las motos y nos llevaron de vuelta al campamento. El primero que nos recibió allí fue Vladimir. En su cara se dibujo una expresión de alivio al vernos de vuelta. Nos sentaron en el suelo y Vladimir comenzó uno de sus discursitos habituales, que vino a ser algo como: "¿A donde pensabais iros? Con lo bien que os estamos tratando. Que falta de educación... iros sin permiso. No me esperaba eso de vosotros. Ahora que pronto estaremos todos en familia, ¿verdad, Erik? Creo que os voy a contar lo que tenemos planeado para vosotros y para vuestros amiguitos. Os explico. Vosotros no vais a ver muchos amaneceres más. Vais a ver los suficientes para conseguir que vuestros compañeros piensen que os vamos a intercambiar por Iván. Tu novia accederá a esto sin duda alguna y convencerá a los demás, Erik. Ella creerá que decimos la verdad, querrá creerlo, porque sus ganas de tenerte de vuelta la obligaran a creer cualquier falsa esperanza que le demos. Cuando accedan y procedamos al intercambio, no habrá dicho intercambio. Ellos entregaran a Iván y vosotros os quedaréis aquí. Acto seguido, mataremos al que intente algo raro, pero no te preocupes, tu chica sobrevivirá. Cuando los tengamos, lo siguiente sera hacerte sufrir más aun. Nos la follaremos delante tuya. La torturaremos ante ti y tu no podrás hacer nada, solo mirar. Cuando hayas sufrido bastante y pagado todo lo que nos hiciste, haremos lo siguiente. Te mataremos a ti y a tu amigo, pero no lo haremos de forma convencional, lo haremos de forma para que te reanimes. Esto se consigue dejando intacto el cerebro, por si no lo sabíais. Una vez reanimados, seréis mi mascota, como él (señalo a Juan que estaba atado en el trailer). Cada vez que os mire y os vea podridos, gimiendo como otro andante cualquiera, recordare que yo os maté. Que conseguí lo que quería. Que en este mundo, nada se me puede interponer en mi camino, este vivo o muerto. Os tendré como un trofeo, como un cazador conserva la cabeza de su pieza cazada. A tu chica la mantendremos con vida. Nos servirá para desahogarnos y me dará un vástago. Alguien que continuará mi legado. Cuando lo haya hecho, se la entregaré a mis chicos para que hagan con ella lo que quieran. Eso es lo que ocurrirá. Deberíais descansar, tenéis mal aspecto y mañana será un día largo. Vamos a visitar a vuestros amigos para decirle nuestras intenciones de "negociar". Hasta mañana, chavales" Cuando termino, se dispuso a irse, pero a mitad camino se detuvo y se giró, diciéndome "Eduardo, ¿ese es tu nombre? Olvidaba una cosa. Hay alguien que quiere hablar contigo..." A su lado apareció un chico muy joven, de unos 16 años. Este sonreía al mirarme y yo no tenía ni idea de porque. Mientras el cogía carrerilla y corría hacía mi, dándome una patada en la cara, a mi mente vino el motivo de que lo conocía. Este era el niño que azote con mi espada durante el asalto al Palacio de la Artes y las Ciencias Reina Sofia, refugio del Skull Korps. Mientras el crío, con sádica sonrisa me golpeaba y golpeaba en el suelo, en mi cabeza pensaba como un niño como él había acabado en un grupo así. Sentía pena por él en vez de odio. El dolor de cada patada y puñetazo era menor que la pena que sentía por ese joven. Me golpeó hasta que se cansó y cuando termino, nos llevaron de nuevo a nuestra prisión, la parte trasera del trailer. A partir de este momento, mis recuerdos están a trozos, a retazos. Se que cuando me metieron ahí dentro me quede dormido. Cuando me desperté, el trailer se movía. Después recuerdo que estábamos cerca de nuestro autobús mientras Vladimir hablaba por megáfono. Acto seguido, me cortaron los dos dedos de la mano izquierda y perdí el conocimiento. Lo siguiente fue más de lo mismo, otra noche de tortura. Torturas peores que las del día anterior, sobretodo para Erik. Esa noche ya no tenía fuerzas para intentar una nueva fuga. Me había resignado a morir.

Cuando llego el nuevo día, nos sacaron a golpes del trailer y así permanecieron durante todo el día, hasta que llegó la hora del intercambio. Cuando se iba a realizar el intercambio, a Erik y a mi nos subieron en lo alto de la jaula de los merodeadores, la cual tenía arriba una portezuela abierta por la cual nos amenazaban con tirarnos dentro. Tras de nosotros había un individuo encargado de hacer esto si nuestros compañeros no accedían a entregar a Iván. Mientras estábamos arriba de la jaula, yo miraba a su interior y observaba a todos los merodeadores de allí dentro. Los miraba uno a uno, viendo sus podridas caras, sus manos despellejadas y brazos estirados intentando cogernos, sus amarillentos y astillados dientes... Los seguí mirando hasta que allí vi algo que hizo que mi corazón se desbocara. Esa mujer que allí había, esa mujer que gemía con los brazos estirados, yo la conocía. Pero no podía ser ella. Recé porque no fuera, suplique a dios que por favor estuviese equivocado, que no fuera ella... Si era ella, esa visión me atormentaría cada noche de mi vida repitiéndose en mi mente sin cesar. Mis miedos se confirmaron cuando vi su mano. En su dedo anular estaba ese anillo, el mismo anillo que lucía en mi mano también. Ese cadáver reanimado era mi mujer, la cual no volví a ver desde que todo esto estalló. Las lágrimas se deslizaron por mi rostro mientras no podía dejar de mirarla. Llamé a Erik, que estaba a mi lado y se lo dije. Le dije que ahí estaba mi mujer. Él solo me pudo contestar con un leve balbuceo. Mientras la miraba, la llamaba por su nombre, le decía cariño, que la había echado de menos todo este tiempo... era como si esperase que ella me contestará. Todavía no me puedo creer que ella estuviera ahí. ¿De donde la capturaron? Es algo que todavía no entiendo. Si ella esta muerta... mi hija... mi pequeña...

No se que me pasó por la cabeza durante esos instantes. Comencé a inclinarme hacía la portezuela de la jaula, hasta tal punto que las manos de los infectados tocaban mi cara. Yo seguía mirando a mi esposa mientras ella extendía los brazos y tocaba mi cara. Cuando estaba a punto de dejarme caer adentro de la jaula, una explosión nos hizo saltar por los aires y volar varios metros. Lo que sucedió a continuación ya lo conocéis.
No se que me ocurrió para hacer eso. No se porque estuve a punto de dejarme caer al interior de la jaula. Si la explosión no hubiera tenido lugar y yo me hubiera dejado caer al interior de la jaula, me habrían devorado. No puedo decir que haya superado la perdida de mi hija y mi esposa, pero si que había aprendido a vivir con esa perdida. Y verla allí... trastocó mi mundo. Me siento que no soy el mismo de que vi a mi amor allí adentro. Estos meses que he pasado sin saber que ella estaba muerta, podía soportar esta carga mejor. Tenía una ligera esperanza de que ella y nuestra pequeña estuvieran en un lugar seguro, sanas y salvas. Pero ahora... ahora se que no. De nada sirve lamentarme y derramar más lágrimas. Esto no va a hacer que vuelvan a mi lado. Debo de asumir los hechos y mirar hacía delante. No hay más.

Erik esta bastante mal. Desde que nos liberaron a estado tumbado. Apenas puede moverse y articular palabras. Pasa la mayor tiempo del día durmiendo. Las torturas que le infringieron fueron brutales. Belén lo ama con locura. No se separa ni un segundo de su lado. Envidio a Erik. Tiene a su amor a su lado. Es un chico afortunado. Yo daría lo que fuera porque mi esposa y mi hija estuvieran a mi lado también. Daría hasta todos los dedos que me quedan si eso fuera a servir para que ellas estuvieran aquí.

Erik va a estar un largo tiempo sin escribir. Por lo menos, hasta que se recupere. Ser pacientes.

Ha sido un placer escribir para vosotros.

Un afectuoso saludo y cuidaros lo mejor que podáis.


Eduardo Álvarez Castillo


miércoles, 24 de febrero de 2010

+ 24-02-10 + El intercambio

09:15 - Pobre Erik y pobre Eduardo y pobre de todos nosotros. Espero que con el intercambio las cosas salgan bien y nos dejen en paz de una vez por todas. Hemos visto morir a mucha gente y hemos sufrido mucho así que nos merecemos vivir en paz. Nuestra intención es llegar a Reus y olvidar todo lo ocurrido, nada más. No queremos hacer daño a nadie, solo olvidar y retomar una nueva vida, así de simple y fácil. A veces, me paro a pensar y no me creo todo lo que ha sucedido hasta ahora. Cada mañana en la que despierto quiero creer que todo ha sido una pesadilla y estoy en mi casa, en mi habitación y solo tengo que preocuparme por no llegar tarde al trabajo, pero pronto me doy cuenta que todo es real y tenemos que seguir huyendo. Durante esos segundos en los que creo eso soy feliz. Que ingenua soy a veces. Muchas veces pienso en el tiempo que estuvimos en la urbanización de Erik. Aquello si que era un sitio seguro y no nos dábamos cuenta. Ahora que estamos 24 horas expuestos al peligro se apreciar lo que era aquel refugio. También pienso mucho en Alicia y los demás. Alicia siempre fue una buena amiga para mi. Nos conocíamos desde niñas y desde entonces nos hicimos inseparables, como uña y carne. Fuimos al mismo cole juntas, quedábamos para estudiar en su casa, cuando crecimos un poquito más y estábamos en la edad del pavo, tonteábamos con chicos, con el tiempo nos echamos novio y salíamos de cena con nuestras parejas... hasta esos chicos rompieron con nosotras casi al mismo tiempo jaja ahora me río, pero por aquel entonces lo pasamos fatal. Y nosotras creíamos que por eso se nos acababa el mundo.. que ironía. Alicia nunca fue una chica de tendencias suicidas, así que todavía no me explico porque hizo lo que hizo. Nunca entenderé porque se quito la vida, si estaba con nosotros, yo cuidaba de ella, no tenía nada por lo que temer. Para mi fue un shock muy grande ver su cuerpo allí dentro de la bañera con esos cortes en la muñeca, pero me impacto más verla convertida en una de esas cosas. Desde entonces, todas las noches sueño con ella, la veo una y otra vez reanimarse en la bañera mientras grita mi nombre. Creo que arrastro un sentimiento de culpa ya que tenía que haberme centrado más en cuidar de ella. Si hubiera hecho esto habría impedido que realizara esa locura y ella seguiría con nosotros. No soy una chica de lágrima fácil, pero me estoy emocionando.

María


12:45 - Nunca he confiado en el nuevo. Creo que oculta algo y que no es de fiar. Actúa de forma extraña, es violento, esta medio loco, fue miembro de esa organización de psicópatas. No me gusta juzgar a la gente sin estar segura del todo, pero este chico tiene todas las papeletas de ser como pienso que es. Yo voto por entregarlo si es que a cambio nos devuelven a Eduardo y a Erik. No soporto ver a sufrir a Belén, ella es como una hermana para mi, solo quiero que su sufrimiento acabe y Erik vuelva a su lado. Por ese Iván no tengo ningún tipo de aprecio, todo lo contrario que por Erik. Si ese tal Vladimir ha dicho que nos dejara en paz supongo que sera así, porque para ellos no es un problema eliminarnos de un plumazo, así que porque iban a negociar con nosotros? A mi nunca se me dio bien utilizar un arma de fuego y lo mismo le pasa a Belén y a Elena, así que solo somos un estorbo si nos enfrentamos a esos pirados, por eso pienso que lo más fácil es acceder a las peticiones de Vladimir y confiar en que haya dicho la verdad. Se que Fede y Ana me apoyan y anoche, mientras todos dormían, lo estuve hablando con ellos. Ellos también creen que lo mejor es entregar a Iván, pero no se como lo vamos a conseguir, porque esa mole de músculo no va a estar por la labor. Fede dice que si se niega, habrá que hacerlo a las malas. No me gustan estas soluciones, pero si con ello se va a conseguir que Eduardo y Erik vuelvan a estar de nuevo con nosotros, apoyo la moción.

Esther


13:02 - Eyy, veo q todos estan escribiendo aqui. yo no se q decir! jeje. Elena :P


16:33 - Solo queda hora y media para que vengan Vladimir y los suyos para hacer el intercambio. Estoy nerviosa por lo que pueda suceder. Si las cosas salen mal, matarán a Erik y a Eduardo y luego harán lo mismo con nosotros. Me es indiferente lo que me pueda ocurrir a mi, yo solo tengo miedo por Erik, mi Erik. Ya nos hemos puesto de acuerdo sobre lo que vamos a hacer. Iván esta conforme. Solo nos queda esperar a que vengan y rezar porque todo salga bien. Tengo fe en que todo saldrá bien, estoy segura de ello. Hasta dentro de unas horas... porque todo va a salir bien.

Belén.


21:35 - Todo a acabado. Se han presentado a la hora que dijeron que lo harían y con ellos traían a Erik y a Eduardo. Lo primero que han hecho nada más llegar ha sido dispersarse por la carretera a la espera de un ataque. A Erik y a Eduardo los han subido al techo de la jaula de los merodeadores y nos han amenazado con tirarlos al interior si hacíamos algo raro. Yo les he suplicado que no lo hagan, que accedíamos a sus peticiones. Hemos salido del autobús Fede, Ana y yo apuntando a Iván que iba delante de nosotros. Cada paso que dábamos podía ver más claramente a Erik. He intentado no estallar a llorar al ver su aspecto, su rostro totalmente ensangrentado. Lo he intentado, pero no lo he conseguido. Cuando hemos andado veinte pasos, nos hemos detenido. Estábamos a unos 40 metros y Fede les ha gritado que los bajasen de la jaula y los acercaran para el intercambio. Vladimir ha dicho que de eso nada, que primero teníamos que entregar a Iván. Iván ha comenzado a gritarnos y a insultarnos, pero Fede lo ha empujado con el cañón del arma y hemos seguido, pero hemos andado cinco pasos y nos hemos detenido de nuevo. Vladimir se ha enfurecido y ha empezado a chillarnos que lo entregáramos ya. Todo su grupo se ha puesto a apuntarnos con las armas. Nosotros nos hemos mirado e Iván ha andado unos metros, se ha parado y ha dicho "Vladimir... ¡Que te jodan!". Esa era nuestra señal. Un coche que había cerca de unos de los hombres de Vladimir ha estallado en llamas y la explosión los ha alcanzado. Varios coches que habían cerca de ellos han explotado también, y es que ese era nuestro plan. Iván y los demás se han pasado toda la mañana colocando coches abandonados repletos de garrafas de gasolina que han traído de la gasolinera con la intención de que María, Esther y Elena, ocultas fuera de la carretera, les disparasen a mitad del intercambio. A pesar de que Fede, Ana y Esther querían realizar el intercambio, hemos decidido hacer esto porque sabemos que nos iban a matar igualmente.
La última explosión a alcanzado a Vladimir de pleno y ha tirado al suelo la jaula de los merodeadores, con Erik y Eduardo encima. Cuando esto ha pasado, hemos corrido hacía ellos y los hemos levantado, pero mientras hacíamos esto, un chorro de fuego ha aparecido de repente y ha alcanzado a Ana... Era un tipo del Skull Korps con un arma que tiraba fuego, "lanzallamas" dice Iván que se llama. Ana ha sido envuelta en llamas... ha muerto allí mismo. No hemos podido hacer nada por ella, joder... Aun oigo sus gritos...

Iván, Fede y yo hemos cogido a Erik y a Eduardo y hemos comenzado a retirarnos mientras los disparos sonaban por todas partes. Iván ha encontrado el cadáver de Vladimir tirado en el suelo y con las ropas quemadas. Le ha pegado un tiro y ha comenzado a huir junto a nosotros. Cuando hemos subido al bus han llegado María, Esther y Elena. Las dos primeras le iban gritando a Elena, le recriminaban que no había disparado. Dentro del bus, Iván se ha puesto al volante y ha acelerado. Una bala a roto la luna trasera, pero yo ni me he dado cuenta porque estaba atendiendo a Erik. Estaba viendo todas sus heridas, su nariz rota, labio y ceja partidos, un ojo amoratado, un profundo corte en la mejilla... pero esto no es nada comparado con su cuerpo, lo tiene todo lleno de hematomas, quemaduras de cigarro por todo el pecho y cuello, dos dedos rotos... Porque a él... Porque... Él no se merece esto... Mi pobre Erik...

No me he percatado de nada más de lo que ha sucedido, pero por lo que me han contado, de la parte trasera del trailer que llevaban esos hijos de puta han salido varias motos y quads y nos han perseguido durante varios kilómetros, disparándonos, pero Fede los ha matado con la metralleta e Iván ha arrollado con el bus a los demás. Me alegro de que estén muertos y espero que hayan agonizado antes de morir.

La pesadilla ya ha acabado y Erik vuelve a estar a mi lado, aunque este destrozado, pero lo importante es que esta vivo. Apenas habla, no puede ni articular palabras. Cuando le hablo, solo me contesta llamándome por mi nombre con un débil hilo de voz... Hemos limpiado los cristales que hay en la parte trasera del bus y allí lo hemos tumbado. No se puede ni mover, esta hecho polvo. Eduardo esta magullado, pero se puede poner en pie, pero Erik... se han cebado con él. Lo han destrozado esos hijos de puta... Esther ha dicho que tardara mucho en recuperarse, pero mientras lo haga, yo estoy tranquila. Lo importante es que esta de vuelta, esta junto a mi de nuevo. No os hacéis ni idea de cuanto lo quiero...


Belén.